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Cuarta sala
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En Madrid, el otoño es la mejor estación
del año para asistir a todo tipo de exposiciones. He aquí
algunas.
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Turner y el mar. Acuarelas
de la Tate.
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Fundación Juan March. Del 20 de septiembre
de 2002 al 19 de enero de 2003.
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Tras un terrible
día en el trabajo, soportando transporte público, órdenes
absurdas y tareas frustrantes, nada mejor que refugiarse en la visión
del mar. Problema: en Madrid no hay mar. Solución: verlo pintado,
por uno de los pintores que mejor lo hayan hecho. Y aquí estamos.
70 obras, acuarelas
en su mayoría, que nos presentan el mar de múltiples maneras:
en calma, luminoso, oscuro, atormentado, nebuloso... es un ser vivo, cambiante
y poderoso, mientras que barcos, puertos y hombres son meros accidentes
que no le inmutan.
Hay algunas acuarelas
magníficas, que preludian el movimiento impresionista, sin ser
superadas por él. Turner controla la técnica perfectamente,
plasmando lo que desea -el cambio, el fragor o la serenidad- sin que ningún
academicismo lo eche a perder. Un acierto de la exposición es el
reunir dos versiones de varias obras: la acuarela original, espontánea
y vigorosa, frente al grabado hecho para imprimir estampas, acartonado,
feo.
5/11/2002
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Malevich y
el cine.
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Fundación "la Caixa".
Del 13 de noviembre de 2002 al 12 de enero de 2003.
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Qué
exposición más extraña. Con el objetivo
de mostrar el cruce de influencias entre Malevich y el cine
ruso de los años 20 Eisenstein, Vertov,
alterna tres o cuatro lienzos de Malevich, un par de docenas
de estudios o esbozos, una serie de carteles de películas
probablemente lo más interesante y vídeos
con secuencias extraídas del primer cine soviético:
El Acorazado Potemkin, Octubre, El hombre de la cámara
de cine, montadas en forma de videoclip anfetamínico.
Como con esto no llenan más que media sala de exposiciones,
añaden una serie de obras de artistas plásticos
de los años 70 y 80, pretendidamente influidos por
lo anterior. Yo no lo sabía y al subir las escaleras
pensé que me había metido en otra exposición.
El único
punto de interés es que mi visita coincidió
con la lectura de la Historia
de la Revolución rusa, y no pude dejar de lamentar
el amargo fin que tuvieron tanto ingenio y tanta vanguardia.
A pintar murales de exaltación del obrero o a Kolyma.
19/11/2002
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Colección de fotografía
del museo Cerralbo.
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Museo Cerralbo. Del 19 de diciembre de
2002 al 30 de marzo de 2003.
Foto: Don Carlos de Borbón,
quien tiene una sala dedicada.
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Atraído
por la exposición temporal de fotografía antigua,
me acerqué a ese desconocido museo. Pocas fotos y de
formato minúsculo, así que, para aprovechar
el paseo, subí a echar un vistazo a la colección
permanente.
Y qué
descubrimiento, amigos. Se trata de una colección privada,
reunida por el marqués de Cerralbo, un aristócrata
carlista que la donó a la nación poniendo como
condición que permaneciese reunida tal como él
la dejó. Gracias a esa feliz condición, podemos
disfrutar de una experiencia única, algo parecido a
subir a un enorme desván familiar lleno de cachivaches.
No quiero decir que carezca de piezas de valor lienzos
de Zurbarán, Tintoretto, de las escuelas flamenca y
francesa, porcelana china de la dinastía Ming, increíbles
arañas... pero lo mejor es la puesta en escena:
todo repartido por los dos pisos de un palacete, con cientos
de piezas en cada habitación, por lo que el visitante
pasa de una sala llena de armaduras y chatarra en general
al siglo XVIII francés, con sus porcelanas de Sèvres
y sus cuadros de damiselas en el columpio, pasando por vitrinas
llenas de antigüedades romanas, un gabinete lleno de
recuerdos de don Carlos, porcelanas chinas, relojes ingleses,
expolios de sacristías...
El personal
del museo lo pasa fatal para cuidar tal avalancha de objetos,
por eso es de destacar que mantengan la calma y las ganas
de ayudar a las hordas visitantes. Únase a ellas.
9/2/2003
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Vermeer y
el interior holandés.
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Museo del Prado. Del 19 de febrero al
18 de mayo de 2003.
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Los placeres
de la vida burguesa. Si me hubiera tocado nacer en el siglo
XVII, un siglo asqueroso, de guerras, oscurantismo y barroco,
habría elegido hacerlo en Holanda, en una de esas casas
de grandes ventanas en la que una mujer rubia y rolliza limpia
el pescado mientras vigila a un niño que juega sobre
baldosas impolutas.
Y claro,
con semejantes inclinaciones, no podía perderme esta
exposición de un tipo de pintura poco presente en España.
8 telas de Vermeer, el gran maestro, rodeado de una buena
muestra de sus contemporáneos. Me quedo con Mujer
con aguamanil, un cuadro que podría estar mirando
durante horas.
18/3/2003
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