| Un
remake magnífico, pero remake: sobraba. |
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Dirección:
Joel & Ethan Coen
Estados
Unidos , 2004
104
minutos |
Ladykillers
Cinco personajes
de lo más estrambótico, propios del Sur profundo del
Mississippi y del gospel, preparan un golpe de lo más
complicado: desvalijar la caja fuerte de un casino, cavando un túnel
desde el sótano de una vieja desvalida, una negra viuda,
gorda y muy beata. Surgen los problemas típicos de un proyecto
complejo, empeorados por la pésima gestión que el
jefe de la operación (un redicho profesor de lenguas
clásicas) hace de los recursos y metas parciales del proyecto.
La ambientación
es espléndida, muy del estilo de O Brother, acompañada
de una banda sonora perfecta. Los personajes, delirantes, desde
el profe (Tom Hanks), hasta el hippy reciclado en trabajador manual
totalmente inútil que me recuerda a Scruffy de Futurama,
hacen una delicia seguir los diálogos y el desarrollo de
la narración.
Pero hay un
grave problema. Ladykillers no es una historia original,
sino una adaptación de una película homónima,
inglesa, de los años 50, que en España sufrió
el llamarse El quinteto de la muerte. Y un servidor ya
vio esa película, a los 10 o 12 años, y lo recordó
apoltronado en su butaca. Mierda.
¿Para
qué tanto esfuerzo? ¿Para volver a contar algo que
ya estaba bien contado, aunque pasemos del Londres del ferrocarril
y las nieblas a la Louisiana del gran río y de las barcazas?
Todo en esta película es sobresaliente, pero resulta baldío,
porque aporta bien poco. ¿No podían haber dedicado
su ingenio a poner en imágenes algo que no hubiéramos
visto antes?
Otras
obras de los Coen en mic-culturilla: El
hombre que nunca estuvo allí, Crueldad
intolerable.
30/5/2004 |
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| Del
valor de la vida |
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Dirección:
Lone Scherfig
Dinamarca-EEUU-Suecia,
2002
109
minutos |
Wilbur
se quiere suicidar
(Wilbur begår selvmord)
Una historia extraña y original, trágica y humana
—humana porque descansa en las acciones de unas cuantas personas,
nada de máquinas ni grandes masas de gente ni efectos especiales—
y su relación con el último acto: la muerte.
Las pulsiones suicidas de Wilbur sirven para que el espectador
conozca a su hermano Harbour, nombre metafórico, protector
por vocación y por destino. Para mí, el verdadero
protagonista, inverosímil de puro bueno. Mejor no contar
nada del argumento, sólo decir que transcurre en una ciudad
de Escocia, que la gente intenta ayudarse aunque con distintos grados
de paciencia, y que de vez en cuando hay destellos de humor. No
es una historia de lágrimas, aunque sí melancólica.
En lo formal, escuela Dogma aligerada de unas cuantas ataduras:
hay música, movimientos de cámara, iluminación,
aunque todo muy moderado.
Esta película me ha gustado. Triste, pero con sitio para
la esperanza y el valor de la vida, a pesar del título. Personajes
de carácter un tanto exagerado: el Egoísta, el Protector
Generoso, el Pajarito Desvalido, pero que no son de papel, tienen
sus recovecos, y lo mejor de todo, nos hacen plantearnos en cuál
de esas categorías queremos estar.
14/6/2004 |
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| Los
deberes de la clase dirigente |
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Dirección:
Per Fly
Dinamarca-Suecia,
2002
107
minutos |
La
herencia
(Arven)
Un hombre vive feliz y contento con su guapísima novia,
actriz teatral, en el elegante barrio de Östermalm, Estocolmo.
Evidentemente, cuando una historia empieza así, mala cosa,
y no tarda en llegar la desgracia: el padre del protagonista, dueño
de una acería en Dinamarca, muere. La madre insiste en que
el feliz expatriado se haga cargo de la empresa —preteriendo
a su cuñado, que llevaba 15 años de eterno vicejefazo—,
y el hombre, en contra de su voluntad, acepta.
A partir de aquí, todo va cuesta abajo, aunque no lo debería
contar todo: el protagonista cambia, tiene que tomar decisiones
duras, de auténtico cabrón, lo cual se refleja en
todas las facetas de su vida, y no para bien.
Tengo que avisar que es una película muy lenta, y predecible,
en la que todo lo que llegará a ocurrir lo sabemos durante
el primer cuarto de hora. A mucha gente no le gustará. Pero
a mí sí: la reflexión sobre el poder, sobre
las decisiones terribles que parecen la única salida a ciertas
situaciones —que lo parezcan no quiere decir que lo tengan
que ser, no somos un diario financiero—, la tristeza del que
lo pierde todo por un espejismo árido, sin recompensa ni
a corto ni a largo plazo para quien ya nació teniéndolo
todo.
Bonitos ambientes nórdicos, todo muy lindo y muy pijo (de
eso se trata), aunque cuidado: la película ganaría
mucho sin algunas escenas un tanto histéricas que resultan
extrañas al ritmo general, muy sereno.
4/7/2004 |
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| Política
mundial, qué pena |
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Dirección:
Michael Moore
Estados
Unidos, 2004
122
minutos |
Fahrenheit
9/11
Por fin se estrena en España el cacareado documental, premiado
en Cannes y censurado en su país de origen por la muy democrática
y gentil Disney Corporation. Aunque supongo que a estas alturas
casi todo el mundo habrá oído hablar de su contenido,
no está de más dedicarle cuatro líneas:
Comienza con la irregular subida al poder del presidente Bush,
la abulia de sus primeros meses de gobierno y la transformación
acaecida a raíz de los atentados del 9 de septiembre de 2001.
Las relaciones de la familia Bush con los Bin Laden, el enorme nivel
de las inversiones saudíes en Estados Unidos (¡el 7%
del PIB!), las declaraciones de unos y otros, todo contribuye a
explicar la forma que ha tomado la respuesta norteamericana: ataque
vil y salvaje a un tercer país, gobernado por un mal bicho,
pero que no tenía nada que ver ni era amenaza para nadie.
La película se detiene en las víctimas de la guerra,
tanto iraquíes como soldados USA, sin ahorrarnos imágenes
truculentas, y también en los beneficiados, las empresas
de venta de armamentos y servicios afines. En frase muy afortunada
de un ejecutivo demasiado sincero: "Malo para la gente,
bueno para el negocio".
Documental muy bien narrado, enfocado hacia las relaciones personales
de unos y otros y trufado de declaraciones gloriosas, tiene un final
inevitablemente orwelliano, la guerra permanente de 1984. Y es que
estos no son buenos tiempos para muchísima gente, no señor.
No salí del cine tan sorprendido y satisfecho como tras
ver Bowling for Columbine,
quizá por tener ya una idea muy aproximada de lo que iba
a contemplar, pero sigo convencido de que Michael
Moore es un maestro del género documental, mucho más
que de los panfletos que escribe.
23/7/2004 |
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