| Tremendo
dramón, estética sublime. |
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Dirección:
Pedro Almodóvar
España,
2002
112 minutos
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Hable
con ella
¡Por fin consigo
ver la última película del Gran Almodóvar! Se desvía
de la tradición: esta vez los protagonistas no son mujeres, pues
ellas se pasan la mayor parte del tiempo en coma, y, salvo una fugaz y
bienvenida aparición de Chus Lampreave, falta la figura graciosa
que quite algo de hierro al drama, la Agrado de Todo sobre mi
madre.
Otros muchos parámetros
permanecen constantes, afortunadamente: dramón tremebundo, excelente
dirección de actores que, pese a ser caras conocidas de la televisión,
interpretan personajes creíbles, atención al detalle...
El argumento gira
alrededor de una historia de amor imposible, de un enfermero enamorado
de su paciente, quien no es capaz de corresponderle ni de rechazarlo.
No se trata de una indecisa, sino que lleva cuatro años en coma,
la pobre. Asistimos a la tragedia a través de los ojos del amante
circunstancial de una torera, Rosario Flores, internada en el mismo hospital.
La coincidencia hace que los dos hombres traben amistad, y llega el momento
de que yo me calle antes de destripar nada.
Como suele suceder,
Almodóvar sale airoso de un argumento de culebrón puro,
y de qué manera. Cada secuencia, cada plano es parte de una coreografía
perfecta: tardaré en olvidar la secuencia inicial, visión
cenital de dos enfermeros limpiando y cambiando de ropa a la paciente
inmóvil, y las preciosas imágenes de la bellísima
Leonor Watling yaciendo inconsciente. Incluso las escenas de toreo, algo
que no me atrae en absoluto, impactan; puede verse cómo se tensa
cada músculo del toro, cómo gira y se vuelve para embestir,
algo grande.

Leonor Watling
Casi dos horas de
arte de un gran director probablemente en la cima de su carrera. No se
la pierdan.
Ah, y Rosario Flores
no canta. Menos mal.
21/4/2002
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| Anime
espectacular |
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Dirección:
Rintaro
Guión: Katsuhiro Otomo
Japón,
2001
107
minutos
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Metropolis
de Osamu Tezuka
Confieso avergonzado
que no he llegado a ver la película homónima de Fritz
Lang, pero, por lo que recuerdo de carteles y fragmentos, sigue
la misma estética, aunque, según la prensa entendida,
el argumento no sea muy parecido. Metropolis es una futurista
ciudad de rascacielos art déco donde se inaugura el
más alto de todos, un inmenso ziggurat al estilo de
la torre de Babel. En plenas fiestas de inauguración, tenemos
un gobierno débil, un barón que quiere dominarlo todo,
un partido fascista y otro revolucionario, unos bajos fondos ocultos
en el subsuelo de la ciudad, continuos progroms de los camisas
pardas contra los robots... quienes, además de hacer los
trabajos desagradables para los humanos, marcan la única
diferencia con el Berlín
de 1930.
Entre todos
estos elementos se desarrolla un argumento sencillo y resultón,
pero que no es lo más importante en este largometraje de
anime (animación manga): acción espectacular,
con gran derroche de medios (¿alguien ha visto Akira?),
la creación de una megalópolis bullendo de gente,
vehículos, robots... una hora y media trepidante.
El único
reparo que le pongo es parte creo que irrenunciable del estilo anime,
aunque creo que en esta película está aún más
marcado: la exagerada infantilización del dibujo de los personajes.
Ya sé que es así, y no van a cambiar, quizá
porque si lo hicieran serían películas perfectas...
1/6/2002
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| Desempleo |
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Dirección:
Fernando León de Aranoa
España,
2002
113
minutos
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Los
lunes al sol
Vigo. Han pasado
unos años desde que cerró el astillero, y los protagonistas
de esta película siguen en el paro. Hay quien intenta buscar
trabajo, chocando contra la barrera de la edad; quien ya no puede
mirar a su mujer, que a duras penas le mantiene; quien, alcoholizado,
ya no espera nada...
Vemos cómo
pasa una semana en la vida de estos hombres, expulsados de la sociedad
productiva sin haber hecho nada para merecerlo, sin esperanzas,
destilando una amargura que envenena todo lo que intentan.
Más
que dura, Los lunes al sol es una película amarga.
No hay nada que equilibre las cosas, momentos agradables, salvo
la dignidad de que hace gala algún personaje, como el protagonista,
interpretado por Javier Bardem, quien, soportando todo el peso de
la película, hace un soberbio papel.
Recuerda al
cine de Ken Loach y a otro
largometraje del mismo director, Barrio: cine social, pero
bien hecho, sin caer en el panfleto ni cargar demasiado las tintas,
que no es necesario. Hay un par de ocasiones en que la narración
se acerca a situaciones excesivas, pero las soslaya hábilmente,
apoyándose en unos personajes llenos de matices y por ello
poco previsibles.
Mi único
error fue ir a verla el mismo día en que la mitad de mis
compañeros de departamento supieron que iban a ser despedidos.
No fue buena idea, no.
1/10/2002
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