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Filmoteca: página 8

 
Ostalgie

Goodbye Lenin!

Dirección: Wolfgang Becker

Alemania, 2003

121 minutos

Goodbye Lenin!

Hace ya 14 años que cayó el muro de Berlín, y, en el este de Alemania, esta temporada ha hecho furor la 'Ostalgie', nostalgia de los tiempos de la RDA, aquella república de trabajadores y campesinos. No creo que la echen mucho de menos, más bien se trata de objetos, palabras y tradiciones irremediablemente perdidos, y asociados a los recuerdos de mucha gente que en aquella época, para empezar, era más joven. Supongo que algo similar a los anuncios de Cola-Cao de los años 60 en España y la película "El milagro de P. Tinto", para los que ya estaban en el planeta en aquel tiempo. Ignoro si la relación entre Good bye Lenin y la Ostalgie es de causa o efecto, lo cierto es que en Alemania ha hecho furor, logrando millones de espectadores en un país donde lo que triunfa es la mierda que suele producir Hollywood.

El argumento se puede resumir en tres palabras: una mujer, aparentemente comunista entusiasta, no se entera de la caída del Muro, pues pasa ocho meses en coma. Cuando despierta, los médicos aconsejan a sus hijos que le eviten cualquier sobresalto, y ellos deciden ocultarle los cambios políticos, dedicando mil esfuerzos a algo tan trivial como conseguir un frasco de pepinillos orientales "Spreewald", ante la invasión repentina y total de lo occidental.

Se trata de una película simpática, una comedia muy sentimental, pero también divertida, que se merece el éxito que ha tenido, pues refleja perfectamente el terremoto que supuso el fin de la República Democrática para sus habitantes. Es un poco tramposilla, y seguramente es el resultado de un hábil estudio de mercado, pero lo hace de forma agradable y correcta. Tiene un par de salidas de pata de banco, como la camiseta de The Matrix que lleva un personaje ¡en 1990! y, sobre todo, la secuencia apocalíptica consistente en la aparición fantasmal de una estatua volante de Lenin, llevada por un helicóptero. Pero el cabreo se supera en pocos minutos.

Una reflexión: para los alemanes, el piso de 79 metros cuadrados en un Platenbau (un edificio de viviendas de hormigón) en que viven los protagonistas es un símbolo de la deficiente calidad de vida de los ciudadanos de la RDA. Para los españoles, un sueño inalcanzable.

29/11/2003

 
Final de la saga, tal y como estaba previsto

gollum gollum

Dirección: Peter Jackson

Estados Unidos, 2003

210 minutos

El Señor de los Anillos III: El Retorno del Rey
(The Lord of the Rings III: The Return of the King)

Tras esperar otro año, repetimos ritual y pasamos por taquilla a contemplar la última parte de la mayor aventura jamás contada. La película, como las dos partes anteriores, cumple a la perfección su cometido, llevando muy fielmente el texto de Tolkien a la pantalla. Las escenas de grandes cataclismos, de batallas de cien mil guerreros, volcanes en erupción, son un ejemplo inolvidable de las maravillas que se pueden hacer hoy en día con unas cuantas bestias de procesamiento en coma flotante.

Sin embargo, y a pesar de cumplirse mis expectativas, no salí muy contento del cine. Quizá porque ya sabía lo que me iba a encontrar, o por el maltrato sufrido a cuenta del avispado dueño de la sala, capaz de meternos un cuarto de hora de anuncios a toda tralla a pesar de las tres horas y media que teníamos por delante. O por la media hora, excesiva a todas luces, de recreación en el final feliz: despedidas aquí, bodorrio allá, reencuentro más lejos, otra vez nos despedimos con lagrimita... esos treinta minutos se podían haber empleado mucho mejor en narrar alguno de los episodios omitidos por motivos de duración.

Las otras dos partes de El Señor de los anillos fueron: La comunidad del anillo y Las dos torres.

26/12/2003

 
Tan triste, tan sin sentido

All or nothing

Dirección: Mike Leigh

Reino Unido, 2002

127 minutos

Todo o nada
(All or Nothing)

Mike Leigh es un director muy enfocado hacia el cine social, à la Ken Loach, con lo que uno sabe lo que se va a encontrar antes de poner pie en el cine. Personajes muy maltratados por la vida, algunos ya antes de nacer, con todos sus defectos hechos mucho más evidentes por una pobreza que se lleva todo el protagonismo.

En la película de hoy, conoceremos a una familia habitante de una vivienda social del East End, la zona tradicionalmente proletaria de Londres -acento cockney evidente incluso para unos oídos tan negados como los míos. Padre taxista y muy vago, madre cajera de supermercado que se multiplica para que salgan adelante, pero cada vez más cansada y más harta de su marido y de su hijo. El entorno, la pesadilla resultante de la utopía laborista de los años 60, un bloque de council housing de hormigón, devastado por sus propios habitantes. Los pocos que conocemos, además de la familia protagonista, son finos: alcoholismo, violencia, desamparo, hay de todo en tan paradisíaco lugar. La selección de actores es tremenda: tipos que llevan escrita la derrota en la cara, la brutalidad de los bajos fondos al más puro estilo de Dickens.

Ya no hará falta que repita que Todo o nada consigue reflejar perfectamente el ambiente de penuria total, no sólo económica, en que naufragan los personajes. Lo que no logra en la misma medida es crear una trama: aunque se desarrolla un suceso catárquico que da un vuelco a las relaciones entre los protagonistas, no tiene la relevancia suficiente para justificar las dos horas de película. Salí de la sala deprimido (era de esperar) y descontento, con la sensación de que no me habían contado ninguna historia.

Películas de Ken Loach en mic-culturilla: La cuadrilla y Sweet Sixteen.

1/2/2004

 

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Última actualización: 29-02-2004

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