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Descubrí a
Philip Roth (nacido en 1933) muy recientemente, al leer La mancha
humana (The Human Stain), novela que recomiendo
sin reservas. Una consecuencia lógica fue buscar más obras
del mismo escritor, a ser posible en su idioma original. No fue difícil:
Roth es un autor muy prolífico. Me acerqué a la librería
sin saber más que el nombre del autor, y escogí el libro
cuya portada me parecía más atractiva, sin descuidar por
supuesto la relación precio/número de páginas. A
falta de mejor criterio...
Acerté. Ojalá
siempre me salieran tan bien las compras.
American Pastoral
tiene prácticamente la misma estructura que La mancha humana.
En ambas, el narrador, Nathan Zuckerman, escritor judío ya viejo
que vive retirado del mundo en una remota comarca de Nueva Inglaterra,
escribe sobre la vida de un hombre al que admira y que en una ocasión
le ha encargado escribir sobre él, encargo que Zuckerman esta vez
incumple, pero que le sirve de acicate para una larga reflexión
sobre esa persona.
A diferencia de La
mancha humana, en esta ocasión la relación de Zuckerman
con el protagonista de la novela viene de lejos, de su infancia en un
área judía de Newark, New Jersey. Seymour 'el Sueco'
Levov había sido el héroe a imitar durante la niñez
y adolescencia del narrador: alto y rubio, buena persona, destacaba en
todos los deportes no sólo en su instituto, sino que también
era conocido en toda la ciudad. Representaba la encarnación del
sueño americano en la tercera generación de inmigrantes
judíos; se enriquece honradamente, haciendo progresar el negocio
heredado de su padre, y su biografía de triunfador culmina casándose
con una gentil también fuera de serie, Miss New Jersey 1949.

Sydney
Bridge, octubre 2004.
Parece imposible
que pueda existir semejante dechado de virtudes; sin embargo, una vez
aceptado esto, es lógico aceptar que triunfe en la vida, ahorrándose
las inseguridades, fracasos y desgracias que suelen marcar la existencia
de cualquier mortal. Esta es exactamente la opinión de Zuckerman,
quien, gracias a un par de encuentros casuales, tiene la oportunidad de
indagar en la verdadera vida de El Sueco Levov. Aquí comienza
verdaderamente la novela.
Detrás de
la fachada correcta y amable de El Sueco, se esconde una vida comparable
a la del santo Job, a quien Yahvé envía desgracias sin cuento
para probar su fe. Para no echar a perder ni un átomo del interés
de la novela, detendré aquí mi descripción del argumento.
Algunas partes de
American Pastoral me pusieron innecesariamente en guardia: no la
excesiva perfección del protagonista, algo necesario dado el enfoque
de toda la novela, pero sí la visión tantas veces repetida
de ese paraíso sobre la tierra llamado high school, con
sus equipos de baseball y fútbol americano, las taquillas en los
pasillos y horror de horrores el baile de graduación.
También entré con dificultad en la visión de Roth/Zuckerman
sobre los disturbios de la década de los 60 en Estados Unidos y
la oposición a la guerra de Vietnam: se desprende un tufillo reaccionario
nada desdeñable.

Zona
fabril, Newark.
Pero esos momentos
de pánico quedan de sobra compensados por la calidad general de
la novela: el lector es transportado con maestría al espacio de
la narración, una ciudad de inmigrantes judíos en los años
posteriores a la Segunda Guerra Mundial, llega a conocer a una galería
completa de personajes, principalmente la familia del protagonista, y
se involucra de lleno en sus vicisitudes. Para un servidor, American
Pastoral es una reflexión muy válida sobre la siempre
difícil relación entre padres e hijos, exacerbada por enfrentamientos
entre distintos modos de entender la política y la ética,
que normalmente acaban estando muy relacionadas.
La forma escogida
por Roth es la narración en primera persona, siguiendo las investigaciones
de su alter ego Zuckerman, quien paulatinamente va desapareciendo de la
escena para limitarse a contarnos la vida de El Sueco. Es una narración
bastante sobria, huyendo de la excesiva omnisciencia, y bien ajustada
al objetivo del relato. Quizá sea algo extensa, sobre todo la tercera
parte, mas se lee con placer.
Tenemos aquí
un buen ejemplo de narrativa norteamericana contemporánea, agradable
de leer algo cada vez menos corriente, y capaz de ganarse
el interés del lector página a página.
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