| Escrita con trazas de novela histórica, Just another empire
relata las aventuras de Beauregarde du Spoiler, personaje sumamente pijo
y malcriado, al que sus calaveradas acaban metiéndole en un barco
con destino a la recién creada colonia de Nueva Orleans.
Estamos a finales del siglo XVII. La vida en las colonias americanas
es dura y corta, los pioneros se enfrentan a una naturaleza brutal prácticamente
sin recursos, por los que sus huesos suelen acabar blanqueándose
al sol. Pero a cambio disfrutan de una libertad inconcebible en la vieja
Europa semifeudal de la época, llena de señores, obispos,
reyes y demás calaña. Abunda la novela en el tópico
colonizador, rebosante de libertarianismo naïf, tan popular
en Norteamérica, el mismo que canta Dire Straits en “Telegraph
Road”. Al igual que en la canción, en cuanto los pioneros
han logrado establecerse mínimamente, llega la civilización
y todo se va al carajo:
Then came the churches then came the schools
Then came the lawyers then came the rules
Triste y cruel. Los bravos pioneros, sufriendo tanto para acabar esclavizados
por la burocracia real, la policía y las grandes empresas que pronto
han monopolizado todo. Y si esta novela tratase sólo de eso, sería
la bazofia menos original del universo mundo. Pero, como veremos, lo supera:
Paralelamente a la historia de Beauregarde, sus juergas y sus sufrimientos
bajo los acharolados zapatos de los chupatintas, el narrador, mediante
abruptas digresiones, nos cuenta su propia vida, en el Seattle de principios
del siglo XXI: la transformación, rápida y siguiendo las
convenciones del “descenso a los infiernos”, desde el estado
de oficinista limpio, responsable y dócil, al de parado anarquizante,
nihilista y mucho más libre, pero que no puede encontrar trabajo
ni de camarero. Lo que al principio parecen interrupciones graciosas a
una narración que ni el propio autor se toma en serio, van alineándose
con la historia principal, hasta la resolución de ambas en los
últimos capítulos.

Estación de Atocha. Madrid, marzo de 2004.
Este libro empezó siendo toda una incógnita. Tras un comienzo
flojo, embarullado y pesado de leer, consigue absorber el interés
del lector: la trama se libera de complicaciones inútiles, la prosa
se simplifica, librándose de ese preciosismo adjetivesco tan de
moda en Estados Unidos, y que tan poco me gusta. Cuando me quise dar cuenta,
estaba disfrutando de “Just another empire”, de su
humor negro al describir las mil alienaciones a que estamos sometidos
en esta “vida moderna”, tan extraña, tan falsa y en
la que tan poco depende de nuestro esfuerzo personal.
No está libre de defectos: creo que el principio es innecesariamente
farragoso y hay veces en que el autor se deja llevar demasiado por las
digresiones sin cuento, pero en conjunto considero que los aciertos superan
a los fallos, conclusión a la que no llegan muchas novelas de autores
consagrados, quizá con muchos recursos técnicos, pero con
muy poca originalidad, sentido del humor y amor al arte que dicen practicar.
Desde aquí, deseo a Mark Driver el éxito suficiente para
que le merezca la pena seguir escribiendo.
Por si alguien está interesado en hacerse con el libro, la única
forma posible es pedirlo directamente al autor: www.blindwino.com/book/index.html.
|