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Elika se encuentra
en un momento realmente bajo, deprimida, abandonada por su prometido y
aún no recuperada de las secuelas de la guerra cuando, al visitar
a unos antiguos amigos, conoce a un estrambótico personaje, el
Profesor, quien de rodillas frota el suelo de su casa, que da a un
patio interior muy cutre, en un suburbio de Praga.
El Profesor es un
tipo curioso: trabaja en un almacén de reciclaje de papel, pero
luego sube una mesa y una silla al tejado y se pone a escribir, en un
lenguaje lleno de faltas de ortografía, pues su máquina
de escribir es alemana y carece de los acentos y sombreritos del checo.
Lo que más le gusta es la cerveza, organiza bodas en casa,
desaforadas celebraciones a las que invita a multitud de amigos para emborracharse
hasta perder el sentido, para desesperación de los vecinos.
Gracias a este hombre
tan peculiar sale Elika de su marasmo sentimental, aceptando casarse
con él a pesar de sus rarezas. Entra en un mundo rodeado de locos,
pues tanto la familia como los amigos del Profesor están a su altura
en cuanto a excentricidades y alcoholismo. Pasan los años, la vida
sigue y pocas cosas cambian

Podemos reconocer a Bohumil Hrabal y su amor por las
aguas y los árboles...
El Profesor no es
otro que el propio Bohumil Hrabal, quien, puesto a escribir su autobiografía,
no ha podido resistirse a convertir a su mujer en protagonista y narradora.
Se autorretrata a través de los ojos de ella, una mirada normalmente
muy crítica y sin pelos en la lengua, pues él mismo le
había dado tanto trabajo como varios niños subnormales.
Aparece un borrachín un poco pirado, impredecible, muy cobarde,
un tanto egoísta, capaz de hacer las tonterías más
absurdas, infantil, pero entrañable, como no podía ser de
otra manera. Pero, a pesar de tratarse de unas memorias, el autor no acapara
demasiado espacio: es mayor el dedicado a Elika, quien nació
rica y fue despojada del todo por la guerra, para luego aprender a conformarse
con lo poco que le da la vida. Aunque tenga que recoger al borrachuzo
de su marido de todas las tabernas de Praga.
El trasfondo histórico
también está presente en Bodas en casa. La narración
comienza unos años después del final de la Segunda Guerra
Mundial, que dejó grandes cicatrices en los protagonistas, sin
bienes y casi sin familia -ella hija de acomodados alemanes de los Sudetes,
él de un rico industrial cervecero. Sigue durante los grises años
de la dictadura comunista, con los primeros éxitos literarios de
Hrabal, convertido ahora a los ojos de su mujer en el Premio Nacional,
en hilarantes páginas, y termina poco después de la invasión
soviética que puso fin a la Primavera de Praga, cuando Elika
y el Profesor abandonan el cuchitril del patio interior por un piso moderno
y con cuarto de baño.
Bodas en casa
habría funcionado también como novela, pero el descubrimiento
de que se trata de una autobiografía le hace aumentar mucho de
valor. Qué diferencia respecto a tantos otros libros de memorias,
utilizados bien para saldar cuentas, bien para presentarse ante la posteridad
como el colmo de la bondad, en ambos casos una colección de mentiras
que sólo importan al autor y a su entorno más cercano. En
el caso que nos ocupa, da igual que los personajes sean reales o de ficción,
pues no dejan de tener su carga poética; cuando el Profesor se
queda embobado ante cualquier árbol o montón de trastos
viejos, se convierte en un personaje mucho más real y sincero que
la imagen convencional de un escritor ajustando cuentas con su pasado.
Y la humildad de ponerse en segundo plano detrás de su mujer, quien
ni siquiera lee sus escritos porque le parecen un galimatías incomprensible,
también tiene su mérito.
He disfrutado Bodas
en casa desde el principio hasta el final; no es un libro que se lea
en un par de tardes, pues su estilo caótico a menudo obliga a volver
unas páginas atrás para no perderse. No importa, puesto
que lo que se lee despacio tardará más en olvidarse.
Recomiendo leer
esta semblanza del autor, interesante y bien escrita.
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