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Daniel Pennac:
“El hada carabina ”

(La fée carabine)

Malaussène, la policía y la tercera edad.
 

Una serie de asesinatos de viejas sacude al barrio parisino de Belleville, donde habitan Benjamin Malaussène y su variopinta colección de hermanastros, al que se añaden un bebé berreante y unos cuantos abueletes drogadictos en cura de desintoxicación. Pero lo que pone todo patas arriba es el inexplicable (para la policía, los lectores lo sabemos desde la primera página) asesinato del inspector de narcóticos y fan del Frente Nacional Vanini.

La novela se llena de policías. Inspectores, comisarios normales, comisarios de división, interrogatorios, promociones… sólo faltan los de Asuntos Internos, pero claro, esto ni es una película ni es americana. Hay dos inspectores que acaparan todo el protagonismo, Van Thien, que va disfrazado de vieja vietnamita, y Pastor, el de los viejos jerseys de lana, dotado de una mente prodigiosa y capaz de hacer cantar al criminal más encallecido.

Tal es el predominio del trabajo policial, que nuestro querido Malaussène se ve relegado a un segundo plano: ha pedido un par de meses de baja, por lo que no tenemos el placer de verle actuar de chivo expiatorio, y ya bastante tiene con frenar a su estrambótica familia en su descenso al caos absoluto.

Gato alerta
En guardia. Lisboa, septiembre 2005.

No soy aficionado a las tramas policiales. Si son muy enrevesadas y el autor no es un maestro consumado, tienen que recurrir a casualidades inverosímiles y a forzar demasiado las motivaciones de los personajes. Además, hay una convención en el género que obliga al autor a no dejar cabos sueltos, con lo que componen el problema: en la vida real, siempre nos quedamos sin saber las razones de muchas cosas, importantes o triviales.

Sin embargo, una novela policiaca puede ser una buena excusa para usar la peripecia de crimen e investigación como útil andamio para construir unos buenos personajes y una particular visión del mundo. Siempre pongo como ejemplo las aventuras del inspector sueco Kurt Wallander, por Henning Mankell: no me hace arder de impaciencia por descubrir al asesino ni sus motivos, pero disfruto como espectador de los esfuerzos del protagonista, y de sus eternas quejas sobre la decadencia y caída de la sociedad sueca del bienestar. Algo similar me ocurre con El hada carabina: a pesar de que me habría gustado que la trama investigadora no hubiese cobrado tanto protagonismo, el humor que destila, el estilo irónico de denuncia social, y la ternura con que ha construido sus personajes –incluida parte de la pasma— fueron suficientes para hacerme disfrutar de su lectura.

La invasión de las páginas de la novela por la compleja investigación policial también se ve reflejada en el estilo usado por Pennac: la narración en primera persona de Benjamin Malaussène se ve reemplazada, en más de la mitad del libro, por un relato casi omnisciente de las idas, venidas, encuentros y pesquisas de la pasma, los sospechosos y alguna víctima que otra. Con fortuna, sin abandonar el carácter guasón de las descripciones, y coloquial de los diálogos, bien conservado por una traducción ágil y correcta.

Otras obras de Daniel Pennac en mic-culturilla: La felicidad de los ogros.

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Última actualización: 8-02-2006

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