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Julio Llamazares:
“El cielo de Madrid”

La muy esperada y promocionada novela del autor de “La lluvia amarilla”
 

Leí “La lluvia amarilla” durante mi adolescencia, y fue tal la impresión, que no olvidé el nombre del autor: una novela así cada par de años, y a disfrutar. Me quedé con las ganas.

Pasan los años, Llamazares escribe libros de viajes, algún relato corto, artículos, pero no repite la proeza. Hasta el 2005, en que tropiezo con un número de Babelia del que es protagonista indiscutible. Con mi perspicacia habitual, y sabiendo que en el mencionado suplemento literario nunca se habla de nadie ni de nada si no hay dinero cerca, pronto deduje que don Julio estaba próximo a publicar toda una novela. Poco tardé en hacerme con un ejemplar.

El cielo de Madrid sigue las peripecias de un artista de provincias, llegado de jovencito al Madrid agitado de la Transición con muchas ganas de triunfar. Su estructura apunta a la de la Divina Comedia: división en círculos, Limbo-Infierno-Purgatorio-Cielo. En cada uno de ellos, se detiene en un momento muy concreto de la vida del protagonista, que se dirige a un lector determinado de quien no sabremos nada hasta el final.

En el primero, situado en el bar el Limbo una noche de verano (en la ciudad del título, la estación menos poética imaginable), el protagonista-narrador, a punto de marchar de vacaciones, reflexiona sobre los diez años pasados en Madrid, la vida bohemia, los amigos y los amores. Un largo lamento sobre la juventud que se escurre entre los dedos para dar paso a una desconocida madurez, sobre aquello que se pierde a cambio de nada. Es el año 1985 y el narrador tiene 30 años.

Unos pocos años más tarde, aparecemos en el Infierno: al protagonista le ha llegado la hora del éxito económico, aunque se siente mucho más desorientado que antes. Reniega de falsos oropeles y trata de mantener su rebeldía anterior; mas para saber si lo consigue durante el purgatorio que viene a continuación, tendrán que leer la novela.

el cielo de Madrid
El tan cacareado cielo, a la entrada de la estación de Atocha. Madrid, noviembre 2002.

Yo me quedo aquí, una vez esbozado el argumento que, por fortuna, no es “la novela de los 80” que trataba de sugerir el suplemento de El País, qué ganas tienen de dar con ella, cada dos meses encuentran una. La ciudad de Madrid, sus calles y personajes, sí es uno de sus pilares, influencia determinante en la vida del protagonista: no falta ni un providencial oráculo urbano.

La decepción sentida al leer El cielo de Madrid ha sido directamente proporcional a la ilusión con que recibí la novela. Mientras que la primera parte, ese momento de balance de una época en la vida del narrador con sentimiento de derrota en el aire, prometía algo más, según transcurre la novela mi interés se iba desvaneciendo entre tópicos sobre las servidumbres del éxito y reiteraciones continuas de cuatro conceptos y descripciones, que se alargan página tras página. Da la impresión de haberse escrito con prisa y poco cuidado —también puede ser que yo no me haya enterado de nada: ojalá. Tampoco me ha agradado el estilo empleado: me gustaría saber qué motivo tienen las continuas repeticiones, son demasiado chirriantes para haber sido pasadas por alto.

Una vez terminado el libro, pocas ganas me han quedado de sacar conclusiones. Lo olvidaré pronto. Podría haber sido un relato sobre lo difícil e ingrata que es la búsqueda de la felicidad, un objetivo que siempre se moverá más deprisa que nosotros...

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Última actualización: 11-04-2005

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