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Miguel Espinosa:
“La fea burguesía”

Verdadera ejecución literaria de toda una clase social.

 

El primer capítulo nos cuenta, en pocas páginas, la vida, cómoda pero gris, de un catedrático en una universidad de provincias. Mediocre como muchos, obtuvo su puesto por recomendación de su suegro, y continuará la estirpe haciendo él lo mismo por su yerno, de mala gana y convencido de la futilidad de la existencia.

Después nos son mostrados dos matrimonios de la burguesía comercial-oficinesca, trabajos fáciles que reportan amplias ganancias, empleadas en rodearse de objetos y de actividades obligatorias para su clase social. Los múltiplos del salario de un obrero sirven para poner precio a sus bienes y diversiones. Un industrial de las lacas y un médico público-privado, con sus respectivas familias, completan esta serie de biografías resumidas, en orden creciente de riqueza, pero compartiendo todos el afán por hacer ostentación, por despreciar al pobre y al que se quedó atrás, más si pertenece a la propia familia.

A continuación, un representante de la "clase gozante", tenida por superior a la "clase media" antes descrita por su cercanía al Benefactor quien, colmándolos de bienes, premia su adhesión total, toma la palabra, relatando en cortos capítulos causas y escenas de su rica existencia a un antiguo amigo de juventud, más inteligente y menos servil, y por ello habitante de la perenne miseria.

Camilo, así llamado el gozante burgués, reconoce una y otra vez al Benefactor como la fuente de esa riqueza que confiere sentido a su vida, declarando sin vacilar que sería capaz de cualquier cosa, sin importar lo criminal o abyecta que fuere, con tal de conservar su privilegiado puesto. Repite e ilustra con ejemplos su superioridad ante familia y antiguos condiscípulos, consistente en dinero y relaciones directas con los círculos del poder. Como bien dice,

“el salario de treinta obreros sutiliza mis proposiciones, moraliza mis actos, insufla sabiduría en mis determinaciones y preña de sentido mi pasado”.

Que otros sean más buenos o más sabios no cambia nada, pues no existen para un mundo en el que sólo el dinero justifica los actos de una persona.

Castillo de Aunqueospese
Castillo de Aunqueospese, mayo de 2003

"La fea burguesía" es una de esas raras obras que, trascendiendo el momento y lugar en el que fueron escritas -los últimos años de la dictadura de Franco- son aplicables a multitud de personas y situaciones a lo largo del mundo y del tiempo. Retrata a los fieles seguidores de un partido político, capaces de aguantar (y apoyar) todo con tal de obtener la sinecura bien pagada; al ejército de "colaboradores" y segundones gracias al cual Rumsfeld, Cheney y compañía están dominando el mundo... pero también a todos aquellos a quienes el dinero es capaz de sofocarles la conciencia, los que abandonan a sus compañeros por unas migajas de la mesa del jefe, los que, habiendo nacido bajo otras condiciones, evitan avergonzados a familiares y amigos de antes de la traición.

Por si esto fuera poco, Miguel Espinosa se sirve del idioma de una manera magistral: emplea un estilo frío, muy solemne, de cultísimo léxico que premeditadamente se aleja del lenguaje hablado. La forma subraya así la terrible crueldad narrada en el libro, la importancia que cobran los objetos a costa de las personas, el abismo que se abre entre ellas.

No creo que hayan quedado dudas sobre mi opinión respecto a "La fea burguesía". Su lectura requiere cierto esfuerzo, recompensado con creces por una prospección tan certera en el interior del alma de muchos. Espero que nunca se trate de nosotros.

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Última actualización: 6-05-2003

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