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Aunque hace ya mucho tiempo que las leí, guardo un grato recuerdo
de las dos novelas escritas por Sánchez Ferlosio durante los años
50: Alfanhuí y El Jarama. Por tanto, al encontrar
el presente volumen, lo abrí con verdadera ilusión, esperando
encontrar buenas y deleitosas páginas.
Cuán amargo error. La hija de la guerra... es un conjunto
de ensayos, estructurado en tres partes. La primera y la última
son series de artículos de variable extensión, siendo la
parte central una sucesión de lo que Ferlosio llama pecios:
ideas resumidas en una frase o, como mucho, en un par de párrafos.
Al que suscribe nunca le gustaron las colecciones de citas o proverbios:
eso de soltar una idea, normalmente revolucionaria y macanuda, sin luego
demostrarla o al menos elaborarla un poco, me parece un recurso muy barato
y que desperdicia la posibilidad de una buena discusión, quedándose
el lector en ayunas, por no hablar de la imposibilidad de asimilar media
docena de ideas por página.

Villatoro (Ávila), noviembre de 2002
Nos quedan, por tanto, los artículos de ensayo. Si dijese que
me parecen decepcionantes, me quedaría corto, pues estoy convencido
de que han sido publicados gracias al buen nombre del autor.
Los temas elegidos son interesantes: la educación, la historia,
la guerra, llegando a tratar los luctuosos acontecimientos de Nueva York
y sus consecuencias inmediatas. El autor derrocha erudición -rozando
peligrosamente la pedantería, me atrevo a sugerir-, tampoco se
le podría acusar de desconocimiento.
En lo que falla estrepitosamente es en su discurso. La estructura y ordenación
de las ideas, tan cruciales en un ensayo, faltan casi por completo, sobre
todo en la primera parte del libro. Se puede estar o no de acuerdo con
las peregrinas tesis del autor sobre la educación de la historia,
por ejemplo; pero cuando no resulta fácil saber cuáles
son esas tesis, o en qué argumentos se apoyan, la lectura
se convierte en una difícil persecución de la elusiva idea
central de cada ensayo, entre un bosque de notas, paréntesis, citas
o digresiones a veces más largas que el artículo en sí.
Hay veces en que toda la argumentación de un ensayo recae sobre
un par de frases rimbombantes, muy provocadoras y discutibles, que por
esta misma razón requieren de una elaboración más
ordenada y completa. Sin ella, todo se viene abajo, y lo que podría
haber sido una enriquecedora exposición de ideas se queda en una
estéril pérdida de tiempo.
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