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Rafael Sánchez Ferlosio: “La hija de la guerra y la madre de la patria”

Colección de ensayos, pensamientos y alguna que otra idea.

 

Aunque hace ya mucho tiempo que las leí, guardo un grato recuerdo de las dos novelas escritas por Sánchez Ferlosio durante los años 50: Alfanhuí y El Jarama. Por tanto, al encontrar el presente volumen, lo abrí con verdadera ilusión, esperando encontrar buenas y deleitosas páginas.

Cuán amargo error. La hija de la guerra... es un conjunto de ensayos, estructurado en tres partes. La primera y la última son series de artículos de variable extensión, siendo la parte central una sucesión de lo que Ferlosio llama pecios: ideas resumidas en una frase o, como mucho, en un par de párrafos. Al que suscribe nunca le gustaron las colecciones de citas o proverbios: eso de soltar una idea, normalmente revolucionaria y macanuda, sin luego demostrarla o al menos elaborarla un poco, me parece un recurso muy barato y que desperdicia la posibilidad de una buena discusión, quedándose el lector en ayunas, por no hablar de la imposibilidad de asimilar media docena de ideas por página.

Puerta de una iglesia
Villatoro (Ávila), noviembre de 2002

Nos quedan, por tanto, los artículos de ensayo. Si dijese que me parecen decepcionantes, me quedaría corto, pues estoy convencido de que han sido publicados gracias al buen nombre del autor.

Los temas elegidos son interesantes: la educación, la historia, la guerra, llegando a tratar los luctuosos acontecimientos de Nueva York y sus consecuencias inmediatas. El autor derrocha erudición -rozando peligrosamente la pedantería, me atrevo a sugerir-, tampoco se le podría acusar de desconocimiento.

En lo que falla estrepitosamente es en su discurso. La estructura y ordenación de las ideas, tan cruciales en un ensayo, faltan casi por completo, sobre todo en la primera parte del libro. Se puede estar o no de acuerdo con las peregrinas tesis del autor sobre la educación de la historia, por ejemplo; pero cuando no resulta fácil saber cuáles son esas tesis, o en qué argumentos se apoyan, la lectura se convierte en una difícil persecución de la elusiva idea central de cada ensayo, entre un bosque de notas, paréntesis, citas o digresiones a veces más largas que el artículo en sí. Hay veces en que toda la argumentación de un ensayo recae sobre un par de frases rimbombantes, muy provocadoras y discutibles, que por esta misma razón requieren de una elaboración más ordenada y completa. Sin ella, todo se viene abajo, y lo que podría haber sido una enriquecedora exposición de ideas se queda en una estéril pérdida de tiempo.

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Última actualización: 6-11-2002

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