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Eric Hobsbawm es
un historiador inglés de origen alemán, nacido a principios
de siglo, por lo que fue testigo de buena parte de los acontecimientos
que describe. Según sus propias palabras, está especializado
en el siglo XIX; ha escrito una trilogía sobre ese siglo, compuesta
de: La Era de la Revolución, La Era
del Capital y La Era del Imperio. El libro
que nos ocupa, titulado en inglés La Era de los Extremos,
sería una continuación de los tres anteriores.
Hobsbawm es partidario
de no ceñirse demasiado a fechas tan arbitrarias como el principio
o fin de un siglo para definir las épocas históricas. Para
él, al igual que el S. XIX es un siglo 'largo', pues comienza en
1789 y no termina hasta 1914, el S. XX es un siglo corto, de 1914 hasta
1991. Lo divide también en tres períodos: la era de las
catástrofes (1914-1945), la edad de oro (1945-1973) y el derrumbamiento
(1973-1991). Más que en guerras o acontecimientos aislados, el
autor se detiene a analizar los procesos que caracterizan a cada periodo,
y cómo se enlazan con los de épocas anteriores y posteriores.

Detalle
de 'Los constructores', por Ferdinand Léger, 1950.
Eric Hobsbawn ha
estado siempre catalogado como historiador de izquierdas, y hace 30 o
40 años probablemente lo estaba como abiertamente marxista.
Basta con leer sus ensayos sobre movimientos revolucionarios. Sin embargo,
es capaz de mantener una distancia crítica suficiente para analizar
los hechos sin demasiadas ideas preconcebidas. Para el autor, mientras
que el siglo XIX, pese a todos sus defectos, fue un periodo de progreso,
el XX supuso, desde sus comienzos, el truncamiento de una etapa de avances
en la humanidad iniciada como mínimo en el siglo XVIII; pues el
progreso no puede limitarse tan sólo a lo científico y técnico,
sino que debe corresponderse con mejoras éticas y sociales. El
siglo que descubrió los totalitarismos, la guerra total, genocidios
y bombas atómicas, entre otras cosas, deja mucho que desear. Hobsbawm
lo ilustra continuamente con ejemplos: basta con comparar las reacciones
que suscitaba en la prensa occidental una matanza de 10 personas en la
Rusia de los zares con lo que vemos a diario en Palestina, para concluir
que, en cuanto a los valores fundamentales, hemos empeorado gravemente.
Por supuesto, un
libro de 600 páginas no se puede limitar a desarrollar esta tesis,
sino que hace un recorrido bastante completo sobre los movimientos políticos,
culturales, económicos y científicos fundamentales del siglo,
de los cuales quizá el más importante haya sido la enorme
transformación provocada por el desarrollo económico de
los años 50 y 60: por primera vez desde el Neolítico, la
mayor parte de la población mundial vive en ciudades y de actividades
que poco tienen que ver con la agricultura y la ganadería.

"Kampf
um Rotterdam": de un comic de propaganda nazi.
Una diferencia positiva
de este libro sobre los cientos de libros escritos sobre el siglo recientemente
concluido es el cuidado puesto en la forma: a diferencia de otros muchos
historiadores, Hobsbawm sostiene que la forma es importantísima,
aunque se trate de un libro de historia; este libro es buen ejemplo de
ello. Se lee como si fuera una novela; exposiciones ordenadas, con numerosos
ejemplos de la vida cotidiana e incluso anécdotas personales del
autor: una persona que vivía en Berlín cuando Hitler se
hizo con el gobierno, que estudió en Cambridge a la vez que Turing,
Watson y Crick y que ha conocido personalmente a muchos líderes
guerrilleros de América Latina, tiene mucho que contar. Los comentarios
de índole personal no tienen desperdicio.
Esta Historia
del siglo XX se ha convertido en uno de los libros fundamentales
de mi biblioteca; de los pocos que he leído varias veces y que
sin duda volveré a releer en el futuro. Entre mis capítulos
favoritos están el de la Gran Depresión de 1929 (quizá
por la situación económica actual) y el dedicado a la ciencia
y a la técnica del siglo. Pocas veces he encontrado en una obra
de historia, una de las ciencias sociales al fin y al cabo, un análisis
tan lúcido y tan bien fundamentado de materias que en principio
le son tan ajenas.
El libro concluye
con una reflexión sobre los desafíos a que nos enfrentamos
en esta época de total incertidumbre: la explosión demográfica,
que no tiene visos de remitir, y la destrucción de los recursos
naturales son los más graves a largo plazo, pero tampoco podemos
olvidarnos de la incapacidad de amortiguar los efectos de los ciclos económicos,
del abandono de los usos democráticos en buena parte del mundo,
y de la pérdida de puestos de trabajo por los avances técnicos,
que no se llegan a recuperar.
Me gustaría
ser más optimista que él, pero no puedo. Carpe diem.
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