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Bohumil Hrabal: “Trenes rigurosamente vigilados”
(Ostrê sledované vlaky)

Breve y hermosa novela de mi escritor checo favorito, autor de Bodas en casa y de Yo que he servido al Rey de Inglaterra.

 

Probablemente la novela más conocida de Hrabal, al haberse llevado al cine, Trenes rigurosamente vigilados se desvía del estilo habitual en sus novelas: es mucho más sencilla. Pero su brevedad esconde mucho contenido...

Milos Hrma es un joven aprendiz de ferroviario en una pequeña ciudad checa. Se reincorpora al trabajo tras una larga ausencia, consecuencia de una tentativa de suicidio, pues Milos sufre ciertos problemas con sus amores. Encuentra la estación hecha un avispero: la hazaña del factor Hubicka, quien ha colocado todos los sellos de la estación en el trasero de una vendedora de billetes, corre de boca en boca; algunos le vituperan en público, todos le envidian.

Para completar esta puesta en escena, tenemos que desvelar en qué año sucede: 1945, hay bombardeos, los alemanes, en retirada, siguen ocupando Checoslovaquia, y los ferroviarios tienen que atender especialmente los trenes rigurosamente vigilados, transportes de tropas y de munición en un sentido, y de muertos y heridos en el otro.

Vías rigurosamente bloqueadas
Méndez Álvaro (Madrid), octubre de 2002

A partir de este punto, mejor que sea el lector quien descubra cómo se desarrollan los acontecimientos. Yo prefiero detenerme en lo que más me llama la atención de esta magnífica novela. Bien escrita -y muy bien traducida-, de desarrollo ágil, peripecia interesante y, sobre todo, un tratamiento de los personajes realmente digno y hermoso.

Según transcurre el relato de Milos, vamos descubriendo a los demás personajes y sus rasgos más notables. Todos tienen alguno más favorecedor o incluso realmente bello: no sólo el protagonista, sencillo y vulnerable en una sociedad rígida y severa, que recuerda al pequeño camarero de Yo que he servido al Rey de Inglaterra, o el factor y su amante, sino también otros, a priori más antipáticos, como el tradicionalista y gruñón jefe de estación, quien ve esfumarse sus sueños de ascenso al encontrarse con los inspectores vestido con un uniforme roto y lleno de mierda de paloma -inolvidable escena-. Hrabal consigue destacar ante el lector la humanidad de todos los personajes; repletos de defectos, vemos sin embargo sus razones para actuar, reconocemos nuestras debilidades en las suyas, seríamos capaces de perdonarles.

Conseguirlo en una novela bastante realista, sin caer en sensiblerías de ningún tipo, es todo un logro. Comprobarlo está al alcance de cualquiera: lean este libro.

Recomiendo leer esta semblanza del autor, interesante y bien escrita.

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Última actualización: 26-07-2004

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