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Ryszard Kapuscinski
(1932) es un famoso periodista polaco especializado en el Tercer Mundo.
Hace un tiempo leí Ébano, una colección de
crónicas sobre la absoluta miseria material y moral que devora
al África negra, y me produjo tal impresión que, al ver
El Imperio en la biblioteca de mi barrio, no pude resistir tomarlo
prestado.
Como polaco, Kapuscinski
se ha visto obligado a convivir con el gigante que tienen a Oriente y
que les ha dominado durante casi toda su vida; como periodista, no ha
podido menos que investigar en su interior para contárselo al mundo.
El Imperio
comienza con el primer encuentro que tiene el autor con la URSS, a los
7 años, cuando el Ejército Rojo ocupa su ciudad natal tras
el pacto Molotov-Ribbentrop, practicando deportaciones en masa y demás
muestras de amistad. Prosigue con la crónica de unos viajes realizados
durante los años 60 por las repúblicas caucásicas
y del Asia Central: es esta la parte más floja del libro, deteniéndose
casi exclusivamente en aspectos turísticos, monumentos, arte y
tradiciones populares.
A continuación,
comienza lo verdaderamente bueno: un par de viajes entre los años
1989 y 1991, a lo largo y ancho del Imperio, entre cochambre, corrupción,
aviones que nunca despegan... Pasa por Armenia ya prácticamente
en guerra con su vecino Azerbaiyán, Georgia donde también
empiezan los líos nacionalistas, el Moscú de las aberraciones
estalinistas, el desierto de Aral, antes conocido como "mar de...".
Todo ello descrito de forma veraz y razonable, aunque -y es de agradecer-
el autor no se recata de dar sus opiniones y añadir toda la información
necesaria para situar al lector en el contexto histórico.

Aunque
nevado, lugar infinitamente menos nocivo que los Lager de Kolyma.
La Rioja, marzo 2003.
Sin embargo, la parte
más impresionante del viaje es la que discurre por las oscuras
y gélidas ciudades mineras del norte de Siberia: Vorkutá,
Yakutsk, Magadán y la región de Kolyma. Regiones repletas
de lagers de tiempos del Gulag abandonados, ciudades construidas
sobre cadáveres: de los campos auríferos de Kolyma, en el
extremo noreste de la URSS, no sobrevivía ni el 10% de los condenados.
Tremendo.
Lo ya presentado,
y otros capítulos que no voy a resumir aquí, basta para
poder recomendar este libro a cualquiera. Agradezco especialmente el que
Kapuscinski haya sabido distanciarse de su condición de polaco,
eterna víctima del coloso ruso etc., así como la ausencia
de fundamentalismo dogmático de ninguna clase. El estilo es sumamente
claro y ameno, apoyándose en citas y relatos de testigos presenciales
pero de forma ágil, sin entorpecer una lectura que fluye sin esfuerzo,
pero sin descuidar un nivel intelectual exigente. Ojalá muchos
de sus colegas de por aquí le tomaran como ejemplo...
A modo de epílogo,
el autor formula una serie de reflexiones sobre el momento histórico
en que se encuentra el Imperio, en pleno proceso de implosión y
de transición hacia algo desconocido (1992-93), y expresa lo que
a su juicio son los principales peligros que le acechan. Evidentemente,
da en el clavo. Me gustaría posar mis garras sobre lo que sin duda
ha escrito sobre Yeltsin, Chechenia y demás logros de la libertad...
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