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John Self nos cuenta
su historia. A caballo entre Londres y Nueva York, John, hasta entonces
un avezado director de publicidad televisiva, es reclutado para dirigir
un largometraje contando con las más rutilantes estrellas americanas.
Sin embargo, el lector
tardará en enterarse; se le presenta un cuadro de depravación
extrema, en el que el protagonista sale de una borrachera para caer en
la siguiente, aderezándolas con visitas a burdeles, sex shops,
peleas, consumo desaforado de pornografía y demás actividades
de las que dicen muy poco sobre las virtudes del género humano.
Poco a poco el depravado
John nos va desvelando a qué se dedica, mientras va cerrando tratos
con productores y actores, vuelve a Londres, maltrata a su novia Selina
la cual está con él solamente por dinero, y no se
molesta ni en disimular: si no hay cheque, no hay polvo se mete
en más peleas, con el dinero siempre presente: llega sin esfuerzo
y se despilfarra con mayor facilidad aún, con John Self disfrutando
enormemente del proceso.
Una vez alcanzada
la velocidad de crucero, la novela, durante centenares de páginas,
nos cuenta los progresos de John hacia una vida más refinada, con
frecuentes recaídas en los comportamientos más abyectos,
presentándonos por el camino a una tremenda galería de gentuza,
entre la que cabe descatar al propio autor, y al único ser por
el que John se preocupa, su carísimo e inútil automóvil
deportivo: el Fiasco.

Antro
de perdición como los frecuentados por nuestro héroe. Madrid,
julio 2003.
Se trata de una novela
bien estructurada, con su planteamiento, nudo y desenlace, que no pienso
desvelar aquí. El bueno de John se permite incluso el lujo de endilgarnos
un bonito epílogo a modo de moraleja. Borracho, claro. Pero, como
él mismo dice, no es un alcohólico. A los verdaderos alcohólicos
no les sienta tan mal la bebida.
Money es la
primera novela que cae en mis manos de Martin Amis, uno de los novelistas
británicos contemporáneos de quien más se oye hablar.
Por supuesto, no de lo que escribe, sino de las peleas con su padre, también
escritor, y de querellas y polémicas varias. Tres hurras por los
suplementos literarios; pero vayamos al grano. Lo primero que llama la
atención es la riqueza de vocabulario de la novela: los tres kilos
de The Collins English Dictionary han ocupado un sitio
fijo en mi mesa durante la lectura de Money, y han añadido
cierta dificultad a lo de leer en la cama. Empieza a ser raro encontrarse
algo así en los tiempos que corren, y se recibe con agrado tras
tanto Technical Reportcon amplísimos vocabularios
de hasta 100 palabras y 200 acrónimos, repetidos hasta la náusea.
Mi trabajo es muy duro.
Puede parecer chocante
que un garrulo como John Self sea capaz de usar tan rico y variado léxico;
probablemente este hecho le quita verosimilitud a la novela, pero creo
que es una libertad que pronto se agradece. La verosimilitud va bien servida
con el desarrollo de los acontecimientos, y, como mandan los cánones,
con el comportamiento de los personajes. Son unos perfectos cabrones,
pero tienen sus pliegues y, sobre todo, son coherentes.
Publicada por primera
vez en 1984, con el título que tiene, y dados los personajes y
su desprecio por la moral convencional, es inevitable ver por todas partes
menciones a la década de los 80, Ronald Reagan, los yuppies y demás
farfolla: bullshit. Quien salga con esas, o no ha leído
el libro o es subnormal. En mi humilde y debatible opinión, Money
no es tan corta de miras y tiene la suficiente profundidad para perdurar
unas cuantas décadas.
Según la contraportada
del ejemplar que obra en mi poder, se trata de una obra 'tremendamente
hilarante', etc. Concedo que tiene pasajes que sí me han movido
a risa, después de otros he necesitado diez minutos para calmarme,
pero no es una novela 'divertida'. No puede serlo, ¡se trata
de una tragedia!. Que el héroe sea un payaso beodo que va de un
desastre a otro, mereciendo todo lo que le ocurre, no puede ocultar la
horrible realidad de la situación. Quizá me he involucrado
demasiado en la novela y he llegado a simpatizar con ese desecho humano,
pero en ese caso hay que apuntar otro tanto en la cuenta de Money.
Léela. Vale la pena.
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