| No soy lector habitual de libros de gestión o management:
la gran mayoría no son más que exégesis de las enseñanzas
del gran Pero Grullo, eso sí, trufadas con órdenes, que
hay que cumplir al pie de la letra, del estilo de "los 10 mandamientos
del marketing del pollo",
y con conclusiones basadas en una interpretación muy laxa y aprovechada
de los mecanismos de la estadística, y otras lindezas que hacen
que no valgan ni el papel en que están impresos. Eso sí,
triunfan apoyados en espectaculares campañas de promoción,
con todos los periódicos cacareando
el título de moda, los jefes
como el de Dilbert comprándoselo,
el autor forrándose, y en unos meses está olvidado. Demos
gracias al Padre Tiempo por mostrarse una vez más como aliado
del sentido común.
Si alguien quiere perder el tiempo comprobando estas rotundas afirmaciones,
que eche un vistazo a "¿Quién se ha llevado mi queso?" o "Inteligencia
emocional"; pero que conste que va bien avisado.
Afortunadamente, Peopleware es de otra pasta. Publicado inicialmente
en 1987, el hecho de que se siga imprimiendo (y recomendando), puede
indicarnos algo sobre su calidad. Pero examinemos su contenido, y decidamos
si vale la pena:
Peopleware se refiere constantemente al desarrollo software,
aunque puede aplicarse a muchas otras áreas laborales en las que
predomina el trabajo intelectual. Trata de sugerir cómo mejorar
la calidad del trabajo, algo que podríamos definir como sigue: proyectos
que se entregan en la fecha planeada, dentro de presupuesto, y dando
como resultado un producto que funcione correctamente. La definición
es mía, pero nada revolucionaria.
Comienza con un capítulo dedicado a las condiciones materiales
del puesto de trabajo, atacando duramente esos “estudios científicos ” que
tan alegremente han supuesto la condena de millones de trabajadores en
entorno oficinesco: el cubículo, o, lo que es peor, el espacio
diáfano. Nada
peor para un tipo de trabajo, como es la programación o la redacción
de estudios técnicos, que requiere un alto grado de concentración,
que las continuas interrupciones, ruido, timbrazos de teléfono,
y todos los demás estímulos que serían tan fáciles
de evitar con una sencilla puerta.
Sólo por este capítulo, muy bien argumentado, merece la
pena el libro. Esto lo escribe un damnificado que tiene que diseñar
sistemas de nivel complicadillo de espaldas a una cafetería, sentado
prácticamente en mitad
de un pasillo y con una fotocopiadora a un metro de distancia. En un
edificio que está constantemente en obras. Podría colocar una
foto, o mejor aún, una grabación de la fotocopiadora arrancando por seguiriyas,
pero soy capaz de cosas más bonitas:
El progreso, a veces tan extraño.
Madrid, noviembre 2004.
Siendo un libro dirigido a managers y fauna similar, prosigue
con un análisis de las condiciones que ayudan a la moral de la
tropa: reconocimiento, capacidad de decisión, trucos de motivación,
etc. Lo bueno está en los ejemplos negativos, las acciones tan
de moda en muchos recetarios-para-jefes: nada mejor para destrozar la
motivación de un
equipo que necesita colaborar estrechamente para hacer un trabajo difícil
que someterlos a competencia interna o remunerarlos de forma individualizada.
Lector: ¿conoces
lo que es una “charla de evaluación” o “performance
appraisal”? Si tu respuesta es no, qué suerte la tuya.
También dispone de una parte más centrada en la ingeniería del software,
bien crítica con los remedios milagrosos a la moda y con los programas
de mejora de procesos: el CMM (Capability Maturity Model) como
método seguro de cargarse la creatividad y la capacidad de arriesgarse
de una organización.
Termina con un recetario para hacer más agradable esa maldición divina
conocida como trabajo, probablemente la parte menos lograda del libro.
Sin embargo, mantiene un tono correcto, sugiriendo ideas pero dejando
bien claro su dificultad práctica, y la inexistencia de soluciones rápidas
y milagrosas, lo que es muy de agradecer.
El estilo general de Peopleware, sin ser demasiado árido,
está dirigido
claramente a un público adulto, lo cual ya es una agradable
novedad en este tipo de literatura. Huye de simplificaciones exageradas
y de ejemplos de ratoncitos, aunque no puede resistirse a incluir leyes
del estilo de la ley de Murphy. Lo perdonaremos, pues la conclusión
es clara: Peopleware se ha ganado su fama merecidamente. Es
un buen compendio de lo que funciona y lo que no en el complicado mundo
de la gestión de personal que tiene que producir unos resultados creativos
en un área muy compleja, se enfrenta valerosamente a las modas y tiene
los pies bien anclados en el suelo: nada de soluciones simples. El mundo anti-Dilbert.
Realmente es una delicia trabajar en un buen equipo dirigido por alguien
competente, ¡pero es tan raro!. La alternativa más común
en este mundo cruel es obedecer las órdenes de un mostrenco, resistiendo
gracias a las enseñanzas
del más sabio entre los sabios: el soldado
Schwejk. |