libros
 

Tom deMarco & Timothy R. Lister :
“Peopleware: Productive Projects and Teams”

Un libro que examina factores que inciden en la productividad de proyectos de desarrollo software.
 

No soy lector habitual de libros de gestión o management: la gran mayoría no son más que exégesis de las enseñanzas del gran Pero Grullo, eso sí, trufadas con órdenes, que hay que cumplir al pie de la letra, del estilo de "los 10 mandamientos del marketing del pollo", y con conclusiones basadas en una interpretación muy laxa y aprovechada de los mecanismos de la estadística, y otras lindezas que hacen que no valgan ni el papel en que están impresos. Eso sí, triunfan apoyados en espectaculares campañas de promoción, con todos los periódicos cacareando el título de moda, los jefes como el de Dilbert comprándoselo, el autor forrándose, y en unos meses está olvidado. Demos gracias al Padre Tiempo por mostrarse una vez más como aliado del sentido común.

Si alguien quiere perder el tiempo comprobando estas rotundas afirmaciones, que eche un vistazo a "¿Quién se ha llevado mi queso?" o "Inteligencia emocional"; pero que conste que va bien avisado.

Afortunadamente, Peopleware es de otra pasta. Publicado inicialmente en 1987, el hecho de que se siga imprimiendo (y recomendando), puede indicarnos algo sobre su calidad. Pero examinemos su contenido, y decidamos si vale la pena:

Peopleware se refiere constantemente al desarrollo software, aunque puede aplicarse a muchas otras áreas laborales en las que predomina el trabajo intelectual. Trata de sugerir cómo mejorar la calidad del trabajo, algo que podríamos definir como sigue: proyectos que se entregan en la fecha planeada, dentro de presupuesto, y dando como resultado un producto que funcione correctamente. La definición es mía, pero nada revolucionaria.

Comienza con un capítulo dedicado a las condiciones materiales del puesto de trabajo, atacando duramente esos “estudios científicos ” que tan alegremente han supuesto la condena de millones de trabajadores en entorno oficinesco: el cubículo, o, lo que es peor, el espacio diáfano. Nada peor para un tipo de trabajo, como es la programación o la redacción de estudios técnicos, que requiere un alto grado de concentración, que las continuas interrupciones, ruido, timbrazos de teléfono, y todos los demás estímulos que serían tan fáciles de evitar con una sencilla puerta. Sólo por este capítulo, muy bien argumentado, merece la pena el libro. Esto lo escribe un damnificado que tiene que diseñar sistemas de nivel complicadillo de espaldas a una cafetería, sentado prácticamente en mitad de un pasillo y con una fotocopiadora a un metro de distancia. En un edificio que está constantemente en obras. Podría colocar una foto, o mejor aún, una grabación de la fotocopiadora arrancando por seguiriyas, pero soy capaz de cosas más bonitas:

el cielo de Madrid
El progreso, a veces tan extraño. Madrid, noviembre 2004.

Siendo un libro dirigido a managers y fauna similar, prosigue con un análisis de las condiciones que ayudan a la moral de la tropa: reconocimiento, capacidad de decisión, trucos de motivación, etc. Lo bueno está en los ejemplos negativos, las acciones tan de moda en muchos recetarios-para-jefes: nada mejor para destrozar la motivación de un equipo que necesita colaborar estrechamente para hacer un trabajo difícil que someterlos a competencia interna o remunerarlos de forma individualizada. Lector: ¿conoces lo que es una “charla de evaluación” o “performance appraisal”? Si tu respuesta es no, qué suerte la tuya.

También dispone de una parte más centrada en la ingeniería del software, bien crítica con los remedios milagrosos a la moda y con los programas de mejora de procesos: el CMM (Capability Maturity Model) como método seguro de cargarse la creatividad y la capacidad de arriesgarse de una organización.

Termina con un recetario para hacer más agradable esa maldición divina conocida como trabajo, probablemente la parte menos lograda del libro. Sin embargo, mantiene un tono correcto, sugiriendo ideas pero dejando bien claro su dificultad práctica, y la inexistencia de soluciones rápidas y milagrosas, lo que es muy de agradecer.

El estilo general de Peopleware, sin ser demasiado árido, está dirigido claramente a un público adulto, lo cual ya es una agradable novedad en este tipo de literatura. Huye de simplificaciones exageradas y de ejemplos de ratoncitos, aunque no puede resistirse a incluir leyes del estilo de la ley de Murphy. Lo perdonaremos, pues la conclusión es clara: Peopleware se ha ganado su fama merecidamente. Es un buen compendio de lo que funciona y lo que no en el complicado mundo de la gestión de personal que tiene que producir unos resultados creativos en un área muy compleja, se enfrenta valerosamente a las modas y tiene los pies bien anclados en el suelo: nada de soluciones simples. El mundo anti-Dilbert.

Realmente es una delicia trabajar en un buen equipo dirigido por alguien competente, ¡pero es tan raro!. La alternativa más común en este mundo cruel es obedecer las órdenes de un mostrenco, resistiendo gracias a las enseñanzas del más sabio entre los sabios: el soldado Schwejk.

ir al índice

 

Última actualización: 31-07-2005

Ponte en contacto conmigo