|
El número 11 de la calle Simon-Crubellier, distrito 17, París,
es un edificio de viviendas como tantos otros, seis plantas más
dos pisos de buhardillas y sótanos. La vida instrucciones de
uso no es más que una descripción de la finca, pero
tan pormenorizada que llegará a cubrir buena parte de la historia,
geografía, política y bellas artes del último siglo.
Cada uno de sus breves capítulos está dedicado a una estancia
del edificio -el comedor del tercero derecha; el dormitorio de los Foulerot;
un tramo de escaleras- y consiste en una descripción meticulosa
y exacta de la habitación y de los objetos allí presentes:
mobiliario, adornos, cuadros y estampas, cualquier cosa nos será
dibujada con palabras, tantas como sea necesario para evitar ambigüedades:
las descripciones de centenares de objetos podrían ser recuperadas
para un catálogo de venta por correo, siendo más fieles
y vivaces que muchas fotos. Si, por casualidad, se encontrase alguien
en la pieza bajo estudio (persona, animal o recuerdo de antiguo inquilino),
también nos será descrito, con menos énfasis en lo
físico que en sus ocupaciones y breve biografía. En caso
de existir anécdotas interesantes protagonizadas por el personaje,
o por alguien muy próximo, nos serán relatadas en este momento.

Una entrada muy señorial. Madrid, 2003.
Capítulo a capítulo, el libro se enriquece con una variada
colección de objetos, personas e historias que poco a poco, al
establecerse nexos entre ellos, van dibujando algo mucho mayor que una
simple aglomeración de habitaciones, tal como las teselas de un
mosaico van formando una figura: una "novela de novelas", riquísima,
con interesantes personajes cuyas aventuras se extienden, durante décadas,
por varios océanos y continentes. Dentro de todas ellas, un par
de metáforas de la novela: el pintor que quiere representar en
un gran lienzo a todos los inquilinos de la casa, presentes y pasados,
y el inglés excéntrico que dedica su vida a no dejar huella,
mediante un complicadísimo procedimiento en el que los puzzles
juegan el papel principal. Como prueba del abrumador contenido del libro,
varios índices al final: de nombres, cronológico, de historias.
El lector hará bien en acercarse con prudencia a tal profusión
de cosas, hechos y personas. El estilo de Georges Perec es muchas veces
árido, semejante al de un acta policial o notarial, y la sucesión
de descripciones resultará agotadora. El autor quiere mantenerse
neutral frente a lo descrito, por lo que, para no discriminar lugares,
objetos o personas, lo retrata todo con parecida meticulosidad,
nos parezca o no relevante. El lector temblará, y con razón,
cuando llegue al sótano del anticuario, pues Perec, fiel a la tarea
que se ha impuesto, no dejará bibelot, candelabro o taburete
por describir.
Cuando el hipotético lector note próximo el agotamiento,
le aconsejo que deje este libro para el día siguiente y descanse.
Pero no le recomiendo que abandone, pues entre estampas de Épinal
y baúles de cuero repujado brillan historias como la del acróbata
que no quiso bajarse del trapecio, o la del magistrado y su esposa que
se hicieron ladrones.
La vida instrucciones de uso es un mosaico monumental, una obra
que logra su ambicioso propósito, muy gratificante para el lector,
pues a su calidad intrínseca une el placer aumentado de la gratificación
retrasada, ya que en este caso el disfrute intelectual hemos tenido que
trabajarlo. Vale la pena, háganme caso.
|