libros
 

E. H. Carr: “La revolución rusa. De Lenin a Stalin (1917-1929)”
(The Russian Revolution from Lenin to Stalin 1917-1929)

Robert Service: “Historia de Rusia en el siglo XX”
(A History of Twentieth-Century Russia)

Comentario de dos libros de historia, cuyo objeto de estudio se superpone. Afortunadamente, no son exactamente iguales.

 

Disfruto leyendo libros de historia, particularmente los escritos por historiadores ingleses. Admiro a Eric Hobsbawm por su planteamiento moderno, en el que cobra más importancia la vida de la gente que la de los políticos e instituciones, y por su ecuanimidad en el tratamiento de hechos que, al no sernos demasiado lejanos, depende mucho de la ideología del historiador. Hobsbawm lo logra dejando muy claro cuáles son sus ideas personales, para que el lector tenga más fácil la separación entre opinión y hecho, como debería hacer también el buen periodismo. Todo esto unido a una prosa ágil y amena, hace de la lectura de sus obras una delicia.

Sirva el párrafo anterior como justificación a la ilusión con que el que esto escribe adquirió el primero de estos dos volúmenes. E. H. Carr, británico, diplomático de carrera, dedicó treinta años de trabajo a la investigación y escritura de una monumental Historia de la Rusia Soviética (1917-1929) en varios volúmenes, de la que el libro que nos ocupa es un resumen para el gran público —del que orgullosamente formo parte—.

El asunto tratado no podía ser más interesante. De pequeño yo tenía una adoración ilimitada hacia la Unión Soviética: tanta película de Hollywood (o de James Bond, tanto da) en la que los rusos, además de malos malísimos, eran tontos y tragadores, provocó esa reacción inexplicable en las coordenadas socioculturales donde me criaron. Más adelante, según fui descubriendo que los enemigos de los malos no tienen por qué ser buenos, me fui convenciendo de que la URSS, pese a no ser el Imperio del Mal ni haber amenazado nunca de forma creíble a Occidente, era un lugar horrendo para vivir. Y que el culpable de todo había sido Stalin, un bicho verdaderamente malo.

Por tanto, La revolución rusa es el libro ideal para confirmar o destruir mis rudimentarias ideas previas, o, más bien, para poner algo de orden en un marasmo de dudas. Y verdaderamente lo hace: limitándose al período que va de la Revolución de octubre de 1917 a la toma del poder por Stalin, explica los acontecimientos revolucionarios, el golpe de estado bolchevique, la guerra civil, la NEP (Nueva Política Económica) y el inicio de la planificación económica, que coincidió con el triunfo de Stalin sobre sus antiguos camaradas.

Omite tanto una introducción que presente el estado en que se encontraba el Imperio Ruso antes de la revolución, como una interpretación o discusión de los hechos: ambas cosas muy necesarias para entender los hechos descritos en todo el libro. Opta por un enfoque mucho más distante, de enumeración de acciones y discursos, que pronto se hace pesado y aburrido. Enumera multitud de actos políticos: creación de instituciones, maniobras en el congreso de turno, artículos en Pravda, firma de acuerdos, leyes, diplomacia... estoy seguro de que el señor Carr se pasó largos años buceando en archivos polvorientos, pero tanta atención a ese tipo de detalles es a mi juicio un enfoque demasiado limitado para el estudio de la historia. Acabaremos sabiendo los nombres de muchos de los actores principales: Lenin, Bujarin, Trotski, Stalin, Zinoviev, Kamenev, y otros muchos, pero estaremos ante un caso evidente de "árboles que no nos dejan ver el bosque".

Tras leer La revolución rusa, sabremos muy poco sobre qué pensaban los habitantes de Rusia sobre sus nuevos gobernantes, sus condiciones de vida, la efervescencia cultural de los primeros años, la vida en el campo antes del exterminio de los kulaks, cómo se inició la industrialización de un país horriblemente atrasado... El aburrimiento hace estragos, ante tanto dato accesorio, tanto comité y tanto rollo.

Ilustración no relativa al texto
Méndez Álvaro. Madrid. Octubre 2002.

Por suerte, a escasos metros de mi humilde morada hay una biblioteca pública decentemente surtida, y pude remediar mi decepción con la lectura del libro de Robert Service. Como su nombre indica, la Historia de Rusia en el siglo XX cubre mucho más que el librillo del plúmbeo Carr: los años anteriores a la Primera Guerra Mundial se cuentan como una introducción, como los precedentes a lo que vendría después. Los capítulos que tratan el período cubierto por Carr, mucho más llevaderos, evitan tanto politiqueo (una revolución engendra mucho) para centrarse más en las consecuencias que tuvo la revolución para los que la acogieron con entusiasmo, y para los que no: guerra civil, NEP, primer Plan Quinquenal... Cuando Stalin comenzó a mostrar su verdadero carácter, la desdichada Rusia que le tuvo que sufrir era ya muy distinta de la que gobernaron los zares.

Los capítulos que narran los años de las purgas y del terror estalinista, incluyendo la Gran Guerra Patria y la segunda posguerra mundial, han sido para mí los más interesantes. Hambruna, industrialización forzosa, deportaciones, masacres y guerra: peor que eso no podía ser, y no fue. Historia de Rusia sigue con los años de la desestalinización y relativas esperanzas, con Jruschov y el primer Breznev, para terminar con esa gran mentira que suponía el estancamiento bajo la gerontocracia del Partido. Cuando Gorbachov intentó reformarla, terminó con la Unión Soviética. Y así llegamos a la Rusia actual, la cara más mafiosa del capitalismo salvaje. El libro termina en 1997, con la reelección de Yeltsin.

Robert Service hace un buen trabajo condensando un siglo de historia en un volumen; se puede decir que se libra de los defectos de Carr, pues es más ameno y profundiza más en los aspectos que este último deja desatendidos, aunque creo que le siguen sobrando crónicas de congresos del Partido y conspiraciones del Politburó. Trata de interpretar los hechos y de explicar los desarrollos históricos a partir de las situaciones precedentes, lo cual es muy de agradecer, aunque no siempre estemos de acuerdo con las conclusiones. Quizá Service sea demasiado crítico: casi todo el mundo estará de acuerdo en denigrar las atrocidades cometidas desde Lenin hasta Breznev, pero algún logro tuvo que haber en la URSS para durar tanto tiempo y conseguir un nivel de vida que, aunque triste, era bastante mejor que el de muchos rusos hoy en día.

 

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Última actualización: 30-11-2002

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