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A los 13 años,
Ditie entra a trabajar como ayudante de camarero en un hotel de una ciudad
checa de provincias. Son los años previos a la Segunda Guerra Mundial,
y el trabajo es duro, pero Ditie lo sobrelleva bien: conoce a gente muy
interesante, viajantes de comercio principalmente, y todo lo que gana
honradamente o no tanto lo gasta en visitas al Paraíso,
el burdel local. Sin embargo, es un cliente muy especial, y una prostituta
acaba enamorándose de él.
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Su aprendizaje
continúa en varios hoteles, encontrando al maestro definitivo
en el camarero jefe de un gran hotel de Praga, quien justifica todo
lo que sabe porque sirvió al Rey de Inglaterra. El
protagonista disfruta de una ocasión similar, en la que sirve
nada menos que al Emperador de Etiopía.
Poco después
se enamora de una deportista alemana, pero en un mal momento, pues
el III Reich invade su país y pronto es tachado de colaboracionista.
Pese a su carácter eslavo y baja estatura, Ditie puede presumir
de una soberbia cabellera rubia y de apellido germánico,
lo que le permite obtener el reconocimiento de su pura raza aria,
la mano de su amada y seguir trabajando en un delirante lugar de
las montañas de Bohemia, donde rubias walkirias son cruzadas
con los mejores ejemplares del ejército alemán, con
el fin de obtener una raza de Superhombres bajo la supervisión
de las SS.
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Los avatares de la
guerra le hacen perderlo todo, y después cumplir su sueño
más preciado; la llegada del régimen comunista a Checoslovaquia
hace dar otro vuelco a su vida, aunque prefiero no entrar en detalles
para no privar al lector del placer de descubrirlo por sí mismo.
Como todos los pícaros,
Ditie es un personaje con el que el lector no tarda en identificarse;
pero no sólo se trata de un Buscón clásico, sino
que conserva una inocencia y un modo poético de enfrentarse a la
vida, tanto a los reveses como a los golpes de buena suerte, que es el
gran hallazgo de esta novela, por lo demás originalísima.
Cada poco, lo
increíble se hace realidad, y el lector tiene el placer de
asistir a cómo el protagonista, narrador de su propia vida, reacciona
ante cada situación, armado de la experiencia ganada al haberse
encontrado con tanto personaje notable, y también, claro está,
por haber servido al Emperador de Etiopía. Según avanza
la narración, podemos contemplar cómo la inocencia y la
curiosidad se van transformando en melancolía y en recuerdos. Vienen
años malos, y a Ditie le hacen más sabio. El interés
de la novela se traslada de la riqueza de las anécdotas de los
primeros capítulos a la tristeza de los últimos, pero manteniendo
el sentido del humor; es evidente el cariño que siente el autor
por el protagonista.
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Bohumil
Hrabal (1914-1997), asiduo cliente de las cervecerías de
Praga.
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Bohumil Hrabal,
autor checo recientemente fallecido y no muy conocido en nuestro
país, pues siempre estuvo apartado del show business
literario internacional, es sin duda un maestro de la novela, prefiriendo
aquéllas protagonizadas por personajes humildes, pero no
por ello menos especiales. Según el traductor, su uso de
una versión muy particular del checo hizo de su tarea poco
menos que un infierno; algo se habrá perdido, pero eso no
impide disfrutar de una gran novela que recomiendo sin reservas.
Existe una
traducción al español, titulada Yo que he servido
al rey de Inglaterra y publicada por Destino.
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Una semblanza interesante y bien escrita
sobre Bohumil Hrabal puede encontrarse en el sitio mexicano Espejo
Fatal.
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