| Sumire es una muchacha muy poco convencional. Lo único que
le interesa es la escritura, llevando este interés hacia el final,
con lo que es una buena representación del ideal bohemio: lleva
una existencia ascética
y bastante aislada de todo contacto humano cuyo único objetivo
es escribir novelas. Uno de los pocos seres humanos con los que se relaciona
es el narrador, un compañero de estudios enamorado perdidamente
de ella pero que tiene que conformarse con largas conversaciones telefónicas
a unas horas en las que la mayor parte de la población, él
incluido, suele estar durmiendo. El pobre hombre siente todo tipo de
punzadas y dolores pero acepta el destino de confidente, consejero y
paño de lágrimas.
Esta situación dramáticamente poco prometedora es alterada
por el enamoramiento, súbito y arrollador, de Sumire, quien tras
conocer a Myû, una mujer bellísima, madura
y para colmo casada, decide abandonar su pasión literaria y hasta
acepta un trabajo convencional, con tal de estar más cerca de
su amada. El narrador, por su parte, acepta resignado los acontecimientos
y tiene la deferencia de seguirlos contando... yo no, prefiero recomendar
la novela.
Banco de España. Madrid, verano de 2005.
Lo que sí voy a contar es que "Sputnik, mi amor" me
ha parecido una novela muy bien resuelta y de agradable lectura, que
logra evocar sentimientos intensos de una forma engañosamente
simple. Lo de menos es la peripecia; importan más los personajes,
narrador incluido, quienes son tan extraños como podemos serlo
cualquiera de nosotros, y sus motivos, a pesar de no ser muy convencionales,
son perfectamente asumibles a la luz de los perfiles trazados por Murakami
con gran habilidad.
Los verdaderos protagonistas de la novela son sentimientos como la alienación,
la soledad y el vacío, descritos magistralmente con una especie
de parábola
en que una persona se puede desdoblar, perdiendo todas sus pasiones y
emociones cálidas y humanas y dejando un cascarón gélido
y triste, aunque perfectamente funcional en nuestra sociedad. Es
muestra del talento del autor que, a pesar de un argumento poco atractivo
y a veces un tanto absurdo (prefiero no indicar por qué para no destriparlo),
consigue mantener la atención del lector y llevarlo al terreno donde
más brilla, la descripción de los fundamentos de la vida y del amor,
dejando un poso de tristeza. Nota: aun sin tener ninguna prueba al
respecto, sospecho que el autor de esta novela no tiene ninguna relación
con la protagonista de "El jardín de la señora Murakami".
De nada. |