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Haruki Murakami:
“Sputnik, mi amor”

Tres personajes envueltos en tristeza y aislamiento.
 

Sumire es una muchacha muy poco convencional. Lo único que le interesa es la escritura, llevando este interés hacia el final, con lo que es una buena representación del ideal bohemio: lleva una existencia ascética y bastante aislada de todo contacto humano cuyo único objetivo es escribir novelas. Uno de los pocos seres humanos con los que se relaciona es el narrador, un compañero de estudios enamorado perdidamente de ella pero que tiene que conformarse con largas conversaciones telefónicas a unas horas en las que la mayor parte de la población, él incluido, suele estar durmiendo. El pobre hombre siente todo tipo de punzadas y dolores pero acepta el destino de confidente, consejero y paño de lágrimas.

Esta situación dramáticamente poco prometedora es alterada por el enamoramiento, súbito y arrollador, de Sumire, quien tras conocer a Myû, una mujer bellísima, madura y para colmo casada, decide abandonar su pasión literaria y hasta acepta un trabajo convencional, con tal de estar más cerca de su amada. El narrador, por su parte, acepta resignado los acontecimientos y tiene la deferencia de seguirlos contando... yo no, prefiero recomendar la novela.

Banco de España
Banco de España. Madrid, verano de 2005.

Lo que sí voy a contar es que "Sputnik, mi amor" me ha parecido una novela muy bien resuelta y de agradable lectura, que logra evocar sentimientos intensos de una forma engañosamente simple. Lo de menos es la peripecia; importan más los personajes, narrador incluido, quienes son tan extraños como podemos serlo cualquiera de nosotros, y sus motivos, a pesar de no ser muy convencionales, son perfectamente asumibles a la luz de los perfiles trazados por Murakami con gran habilidad.

Los verdaderos protagonistas de la novela son sentimientos como la alienación, la soledad y el vacío, descritos magistralmente con una especie de parábola en que una persona se puede desdoblar, perdiendo todas sus pasiones y emociones cálidas y humanas y dejando un cascarón gélido y triste, aunque perfectamente funcional en nuestra sociedad. Es muestra del talento del autor que, a pesar de un argumento poco atractivo y a veces un tanto absurdo (prefiero no indicar por qué para no destriparlo), consigue mantener la atención del lector y llevarlo al terreno donde más brilla, la descripción de los fundamentos de la vida y del amor, dejando un poso de tristeza.

Nota: aun sin tener ninguna prueba al respecto, sospecho que el autor de esta novela no tiene ninguna relación con la protagonista de "El jardín de la señora Murakami". De nada.

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Última actualización: 5-03-2006

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