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Artefa es un pueblo, no importa si real o imaginado, perdido en Las Alpujarras,
una comarca muy real. Probablemente tendrá casitas blancas de tejados
planos de pizarra, agrupadas a media ladera y demás rasgos propios
de su comarca, pero lo que de verdad le distingue, y de paso protagoniza
esta novela, es su población. Unos habitantes geniales, si los
juzgamos opr sus actos, palabras y pensamientos; el autor se detiene en
una docena de familias y nos cuenta sus avatares a lo largo del siglo
XIX, siguiendo un desorden más o menos cronológico y a modo
de una larguísima epístola dirigida a un cierto Teófilo,
escrita por un narrador que no se da a conocer. Se adjuntan árboles
genealógicos, para no perdernos del todo. Como si importara.
La descripción anterior, siendo cierta, no se acerca ni a mil
leguas de lo que es este libro: un anecdotario increíblemente divertido,
de reírse hasta tener agujetas, repleto de episodios grotescos,
escatológicos, burlones, descojonantes en suma. Hilvanadas en torno
a las familias ya citadas, encontraremos cientos de historias: la del
famoso coño de la Bernarda, la del piropo increíble ("te
quiero más que a un buen cagar"), el gitano de los pulmones
de pez, la lluvia de mierda, las guerras entre el cura y el ateo del pueblo,
y así hasta llenar más de 300 páginas. Podría
compararse a La vida instrucciones de uso:
allí donde la cuadrícula usada para organizar las narraciones
eran las habitaciones de un edificio de París, aquí son
las vidas de unas familias del pueblo alpujarreño. Aquí
terminan las semejanzas: el tono coloquial y jocoso, el vocabulario llano,
la agilidad narrativa convierten su lectura en una jartá de reír,
provocando todo tipo de comentarios de quienes tengan la suerte de encontrarse
en torno a tan extraño lector.

Toda una filosofía vital. Béjar, 2003.
Talens escoge una muestra sociológica de lo más variado;
se detiene en la vida del cura, de la rica del pueblo además
de explicar el origen de su fortuna, de la gitana, del médico
judío, y de varias familias campesinas, el grueso de la población,
donde cada hombre y cada mujer son, cómo no, bien distintos. La
más guapa y más lista, Carmen Botines la Reina,
es la culminación de todos los linajes de Artefa.
Cuanto más humildes y más alejados del poder, mejor humor
parece que gastan ante las desgracias que les tiene preparado el Destino.
De fondo, las pocas y lentas transformaciones que las convulsiones del
lejano mundo exterior, del agitado siglo XIX en España, van causando
en el pueblo; cómo la situación social heredada, ya de por
sí brutal e injusta, se logra empeorar aún más, entre
restauraciones y liberalismo, que coinciden en aumentar las riquezas del
terrateniente a costa de los que a duras penas sobreviven. El tono de
La parábola se hace más amargo a medida que se acerca
el final de la narración y la maldad es premiada una y otra vez.
Tan sólo el uso liberal del humor más salvaje nos libra
de caer en el pesimismo.
Además de tanto merecido elogio, una pequeña crítica
a la estructura de la narración, por reiterativa, que llega a cansar.
Para cada pareja del embrollo genealógico, y no son pocas, el lector
asistirá al encuentro, cortejo, enamoramiento, boda, noche de bodas
y fundación de familia; cuando lleva unas cuantas seguidas, el
lector, junto a Teófilo el destinatario de la epístola,
pide clemencia.
Pero la profusión de amoríos felices, aunque pesadísima,
nos lleva a la moraleja del cuento: con humor, cariño y una buena
dosis de rebeldía, se aguanta cualquier cosa y se consiguen hasta
momentos de felicidad. Como al leer esta Parábola, háganme
caso.
Por si todo esto fuera poco, Manuel Talens
tiene una magnífica página web, de la que destaco su colección
de cuentos (El rincón de Chéjov) y su recopilación
de artículos periodísticos.
www.manueltalens.com
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