| Miguel Torga no se llamaba así, ni siquiera nació en
Agarez. Adolfo Correia de Rocha nació en Sao Martinho de Anta,
pero fue médico y poeta, pasó su adolescencia en el Brasil,
padeció prisión bajo la abyecta dictadura de Salazar, y
probablemente perdió muchos amigos durante su larga vida (1907-1995).
Con estos datos podemos deducir que, aunque no se trata de sus memorias,
"La creación del mundo" es una autobiografía
novelada, en la que se trata de relatar una vida, basándose en
la suya propia, probablemente alejándose de la realidad cada vez
que le conviene o interesa. Perfecto, para mí: podemos suponer
que el protagonista del libro es un Miguel Torga idealizado, coincidente
con el ideal que el autor tenía de sí mismo.
"La creación..." es un libro largo, dividido
en seis días, correspondientes a la infancia en Agarez, adolescencia
en Brasil, estudios en Coimbra, viaje por Europa en el invierno de 1936-37,
establecimiento en Leiria como médico, truncado por la prisión,
y, finalmente, el sexto día corresponde a la madurez y entrada
en la vejez, en Coimbra. Se dedica mucho más tiempo a los primeros
años, los de aprendizaje y formación de carácter,
y lo mínimo a los transcurridos en la segunda mitad de su vida.
Termina tras la alegría de la Revolución de los Claveles
y la decepción consiguiente, de una forma muy pesimista.
Los tres primeros días, infancia y juventud, narran el
crecimiento de una persona muy inteligente, que lucha contra su destino
de campesino pobre mediante inteligencia y esfuerzo. Las anécdotas
de infancia en Agarez y el descubrimiento de su posición social,
lo que destruye la bucólica ficción de paz rural, son de
lo mejor del libro. Años de trabajo y triunfos en los estudios
culminan con el doctorado en Medicina, lo que habría sido un buen
final feliz para la historia. Pero para Miguel Torga se trataba de un
empleo secundario, pues su vocación real era la literatura, publicando
libro tras libro de poemas.

Personaje digno de figurar en el panteón de Agarez. Navalosa, Ávila,
agosto 2004.
La literatura y la medicina son el telón de fondo de la segunda
mitad del libro. Aparecen y desaparecen los amigos, las ciudades, los
viajes y la represión política. Al pasar los años,
crecen la desilusión y la amargura, acentuadas al llegar la vejez,
pero perviven algunas constantes que le sostienen: sus raíces campesinas,
algunos amigos fieles, la familia. Me resultan especialmente emotivas
las cartas del padre, cómo es capaz de sintetizar en unas pocas
líneas consejos, preguntas, informaciones sobre el pueblo y la
familia. Sirven de medida del tiempo, de resumen de eventos y muertes,
y siempre ponen el dedo en la llaga.
"La creación del mundo" es un buen libro, de
los que enseñan a través de la experiencia ajena. De lenguaje
cuidado, pero sin hacerse complicado, transmite una gran impresión
de sinceridad, mucho mayor que si se tratase de unas puras Memorias: las
reflexiones del narrador/autor, sus sentimientos y motivaciones, ocupan
gran parte del libro, y el lector hará bien en compararlas con
las suyas, tratando de analizarlas de la misma manera.
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