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Francisco Casavella: “Viento y joyas” (El día del Watusi II)

Segunda parte de esta extraordinaria trilogía, manteniendo el magnífico nivel de la primera parte.

 

Tengo que decir que abrí este libro con grandes expectativas, y ahora, una vez terminado, declaro con alegría que las he visto colmadas. Continúa el informe de Fernando Atienza, unos años más tarde, los de adolescencia y primera juventud, marcados sin embargo por los sucesos del Día del Watusi, ya narrados en la primera parte.

Como ya sabíamos, Fernando y su madre abandonan el barrio chabolista para ocupar una portería en la zona más mediocre y gris del Ensanche barcelonés. Asistimos por un lado a los intentos cutres de la madre por ascender un par de peldaños en la sociedad, y por otro al crecimiento de Fernando, chico solitario, sin un mísero amigo, pero con el recuerdo constante de su día del Watusi. Llegado a la edad de trabajar, entra de botones en un banco de lo más absurdo, el Banco Comercial Ciudadano.

Estamos en plena transición, y a los azares corrientes de la vida se suman las mudanzas propias de una época de grandes cambios externos, por lo menos superficiales, en todo lo referente al poder y a la autoridad. Como no podría ser de otra manera, tienen su reflejo en la vida de nuestro protagonista.

Gracias a un golpe de suerte, Fernando se ve rescatado del archivo subterráneo y siniestro donde consumía sus días, y pasa al servicio personal —como chófer y para lo que mande— de Guillermo Ballesta, hombre de confianza de la inepta, borrachuza y putera dirección del banco. A través de los ojos de Fernando somos testigos de la depravación y la estulticia de la clase social que se hizo con el poder en 1939, a caballo del ejército de ocupación, y que se resiste a cederlo, intentando aprovecharse de todos los recursos a su alcance. Llegan a fundar —estamos en 1977— un partido político, de "centro", cómo no, para hacerse con un cómodo lugar en la nueva democracia.

Estación del Norte, Madrid
Madrid, febrero de 2003

Dejo aquí el argumento, con el que espero haber despertado el interés del hipotético lector de esta reseña, mas sin haber desvelado demasiado, y paso a intentar justificar por qué me entusiasma esta novela.

La peripecia, tal y como la he ventilado unas líneas más arriba, parece la del típico best-seller anglosajón de ascensión social, de don nadie que pasa a convertirse en protagonista de la Historia, mezclado con buenas dosis de sexo y drogas. Pero Casavella lo plantea de una forma bien distinta: hace una crítica, demoledora y bien fundamentada, del proceso de transición a la democracia que tuvo lugar en España hace 25 años, en el que todo cambió para que lo más importante siguiera en las mismas manos; para ello tiene que colocar al protagonista/narrador en un lugar privilegiado, pero teniendo muy en cuenta un orden de prioridades en el que la evolución de la personalidad de Fernando Atienza ocupa el primer lugar.

Vemos desplegada ante nuestros ojos la secuencia de acontecimientos que irán convirtiendo al protagonista en el desecho social que, a finales de los 90, redactará el Informe que estamos leyendo. Intuimos que la violencia de algunos hechos —no necesariamente física— puede cambiar la vida de una persona para siempre.

Si hubiera que criticar algo en esta novela, yo me referiría a su longitud, al hecho de que hay episodios que poco aportan a la evolución de los personajes y sí nos llenan de datos poco menos que inútiles. Por ejemplo, la exitosa incursión del protagonista en el mundo de la publicidad televisiva, una fantasmada nada propia del personaje. Por otro lado, hay verdaderas joyas, como la aparición de un todavía poco conocido Jordi Pujol en un entierro, o las cortas semblanzas de los presidentes del banco. Y la ternura con la que trata a algunos personajes, como la madre de Fernando, cuyo día del Watusi fue un mágico episodio de fiebres, lluvia y baile en el pueblo manchego donde pasó sus primeros años.

Todo esto, unido a un estilo ágil y aparentemente sencillo, muy irónico, hace de esta novela una digna continuación de la primera parte y, esperemos, un preludio de la tercera, la cual deseamos que no se tarde mucho en publicar.

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Última actualización: 20-03-2003

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