Por aquellos tejados
y aquellas callejillas de los pueblos
ya estarán al volver las golondrinas
le dijo ella a uno y no hace días tantos
ella
diáfanas diáfanas las manos
ay Señor Señor
en la laguna chica de la mesa camilla
tristialegres los ojos bajo las desoladas alas de las cejas
ay Señor Señor
bajo la derrotada golondrina de las cejas
y segura serena la voz de madre magnífica.
Y al otro lado casi humano ya de la mesa camilla
se quedó unos momentos callada
ella
en la misericordia de sí misma por los tres nombres suyos de los tres
hombres suyos
-Macario Miguel Luis-
y la admiraba uno salve salve regina
tanto dolor ay tanto esfuerzo alto en materia tan frágil
ay Señor Señor
y salve salve era el tributo callado de uno a la admirable amiga dolorida
ay Señor Señor
a la serenísima reina.
Que allá allá se iba por los caminos aéreos de la memoria
llevándose a sí misma de la mano de la princesilla antigua que
fue ella
ay Señor Señor
por el antiguo reino de su infancia entre aquellos tejados...
ay Señor Señor
por las calles buenas de la alegre ruralia de Moraña
donde ya estarían al llegar las golondrinas...
Y uno: que se lo iba a decir a las golondrinas de Bruselas y de Luxemburgo
que alguien en España le había preguntado por ellas
y que ya lo sabían y que ya lo sabían
y que seguían escribiendo en el aire de aquellas avenidas
el verso más alacre -el más alegre-
y por todo lo alto
el verso más alegre -el más alacre-...
Y al otro lado de la laguna chica de la mesa camilla
triste triste triste ella sonreía.
Y sobre el agua serena donde descansaba diáfanas diáfanas las
manos
revolaron algunos nombres de vosotros
ay Señor Señor y quién lo diría
y no después de días tantos alrededor ahora de su cuerpo
ay Señor Señor
al fin fin derrotado por el trallazo seco del cáncer
ay Señor Señor
de parte a parte y dolorido mucho el vientre
ay Señor Señor y tanto alegre alegre cuando fueron fruto los
hijos...
Y ella sonrisaba ay Señor Señor ¿la última sonrisa?
sosteniéndola como una bandera en un montoncito de arena
a la otra orilla de la laguna chica de la mesa camilla.
Ay Señor Señor
y enseguida como un pajarito
como un gorrión chico calenturiento y aterido se iba quedando quedando
dicen
ay Señor Señor la mujer fuerte
como un pajarito
cuando ya estaban al volver las golondrinas
cuando ya estaban llegando las golondrinas
cuando ya habían llegado todas las golondrinas de Moraña
ay Señor Señor
desoladas porque ya sólo nos iba quedando su nombre
ay Señor Señor
que ya ni siquiera en el triste cuerpo derrotado
ni eco hace ahora.
¿Se habrá llevado ella allá
algo de los nombres de nosotros
aunque ya para ella allá le sean poco más que un rumor lejanísimo
talismán y blanca piedrecilla en la mano
para irse recomponiendo la rompida memoria
ay Señor Señor
la memoria hecha añicos como un vaso al manotazo duro
como un espejo al portazo tremendo de ayer mismo?
Ay Señor Señor
y la noble cabeza cenicienta
en donde el pensamiento revolaba
se iba ayer ayer hundiendo en el escondite frío nidal de la almohada
ay Señor Señor
¡frío frío frío!
Y hoy hemos traído el triste cuerpo en las volandas de los hombros
a esta sala grande y alta de Santo Tomás de Ávila
donde ahora hace eco en las bóvedas y en los nuestros su nombre.
O igual que una macolla de trigo dicen
desde las alegres sementeras del otoño en aquellas tierras pardas
de cuando Dios araba
de cuando Dios era geórgico y rural
de cuando veíamos a Dios arando al salir de la escuela
¡y era el padre de uno!
dicen que igual que una macolla chica de trigo
es tocada y traspasada del hielo bajo los grandes luceros
ay Señor Señor
bajo los hermosísimos luceros de las gélidas noches de la Meseta
Alta
que así se iba quedando ella decían
y así la vimos
ay Señor Señor
como pajarita de papel apretujada entre las manos frías de la Muerte
ay Señor Señor
cuando ya habían vuelto las golondrinas.
Y ya andaban ellas por los claustros de Ávila
remejiendo ya el aire de los patios de Ávila
de Ávila mis ojos
y en el aire de la almena escribiendo el verso más alacre
y el más alegre por las almenillas del palacio mudejarillo de Montellano
ay Señor Señor
en Narros de Saldueña
donde jugaba ella a las casitas...
Y por los corrales encielados de Constanzana
y por los azules altísimos de Papatrigo
y por los dorados de Fontiveros en el retablo de oro de las tardes
y por los añiles de Albornos
y por los tejados de Muñomer del Peco
y por el niño Arevalillo que quería ir hasta el mar
y por el cielo alto alto de San Juan de la Encinilla...
que ellas se saben todos estos nombres
y a la querencia de ellos y de los nuestros vuelven
soliviantando los idus de marzo.
Por marzo era cuando el curso más que demediaba
y entre poemas repetidos y análisis sintácticos
en el departamento de la Lengua Madre en el Alonso Madrigal
le preguntaba a uno ella si ya las había visto
y era como si le nombrase a uno el mensajero de ellas
¡el heraldo de las oscuras golondrinas!
y a lo mejor al día siguiente podía decir uno el verso más
alegre
porque uno era el primero que las veía siempre en los corrales
y en las cijas de La Blasquetilla como azoradas ellas
las muy simuladoras
y las viejas vigas de la casa se acordaban estremeciéndose
de cuando eran árboles verticales
porque habían vuelto ellas las de la flecha y el arco juntos
a los nidos de siempre
a los humildes a los casi humanos nombres de siempre
por los kilómetros maratonísimos de la memoria
y como sorprendidas las muy simuladoras de sí mismas
como si no hubiera sido lo más natural el esfuerzo
el soberano esfuerzo de los 60 gramos de su cuerpecillo con alas
en volandas en las volandas del aire y de la luz
por los kilómetros maratonísimos de la memoria.
Madre, para tu muerte
una catedral de mármol.
Hijo, una casita chica
de barro.
Una catedral chica,
madre, y un almendro de marzo.
Hijo, una casita chica
de barro.
Una casita chica
madre, de barro.
Y Dios, hijo, dirá
en el silencio largo.
Ay Señor Señor
y en tanto que daremos el triste cuerpo ya macolla helada a las llamas
a los abrazos seguros y terribles de las llamas los 35 kilos de su cuerpo
allá se andará ella el alma ahora orientándose
por los hondos barrancones oscuros
ay Señor Señor
y que acierte a cobrar el tino y memoria perdida de su origen primero
y que aguante que aguante la memoria con los nombres de acá
al menos los tres nombres suyos de los tres hombres suyos en la lejanísima
memoria
por encima volando de las aguas quietas quietas de la laguna grande
en donde desemboca el tenebroso río del olvido...
ay Señor Señor
hasta darse de ojos ¡con tu Luz!
Señor Señor
¡la luz insuperable de tu R e s u r r e c c i ó n!
Ayer en el libro de condolencias
escribió uno este verso tristísimo:
Jacinta Jacinta Rodríguez ya han llegado las golondrinas.
José Luis López Narrillos