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motor

Septiembre de 2007. El lavaplatos de mi casa, cumpliendo un destino cruel, hace un ruido muy raro, ruido que puede describirse como "zumbido de intensidad brutal". A la vez siguiente, se niega a lanzar el agua y jabón contra los platos, por lo que la limpieza resultante no es del todo aceptable. Al final, llamada al técnico que se resuelve con el cambio de una pieza y una facturilla de 160 euros.

Como consuelo me queda la pieza defectuosa, que tiene el honor de protagonizar esta página.

Un motor de electrodoméstico es un animal muy distinto de un walkman, disco duro o incluso de una grabadora de cds. En lugar de los destornilladores de precisión y las pinzas, es necesario tirar de alicates y martillo, y tener un trapo preparado para limpiar la grasa y la sangre —el nivel de acabado de las piezas no es tampoco el óptimo—.

Hace su entrada el protagonista: un motorcete eléctrico, compacto y pesado, probablemente de jaula de ardilla, de un tamaño y peso similares al de una lata de fabada tamaño familiar (para familias numerosas, se entiende):

motor eléctrico

Vista anterior del motor

Esta es su vista más favorecedora, apoyado sobre la pieza que le unía al chasis del lavaplatos. Por arriba se ve el cordón umbilical, los tres cables que le proveían de energía.

Si lo giramos, veremos la bomba del agua, unida muy estrechamente al motorcillo:

motor y bomba

Vista posterior del motor

El agua entraba por la abertura grande, prolongación del eje del motor, y era soltada a presión por la salida lateral, en la parte superior de la fotografía. Resulta muy difícil hacer girar el artilugio, por lo que se adivina ahí la razón de la avería.

Para terminar la presentación, un vistazo a la matrícula de nuestro amigo:

Placa de características

Ya sabemos de dónde salió este motorcete, de 180 w (un cuarto de caballo, para quien quiera comparar). Bonferraro es una compañía del corazón industrial italiano, nombre de un pueblo entre Verona y Mantua, no muy interesada en mantener una mínima presencia web, probablemente porque no vende a clientes finales. Por cierto, este Bonferrarino salió de las entretelas de un lavaplatos Fagor.

Pasamos al destazado. Esto no es el delicado mundo de la electrónica, aquí hace falta fuerza (y palancas). Tras mucho sufrir, arranco la parte superior de la carcasa, aquí fotografiada yaciendo junto al euro que tan gentilmente nos da la escala:

Carcasa superior

Imponente, ¿eh? Pues ni para pisapapeles, está hecha de fundición de aluminio, a juzgar por el peso, y muy mal acabada, no hay más que ver las rebabas. Y cómo quedaron mis manos. Del otro lado de la carcasa salió la tapadera de la bomba, dejando ver la rueda alabeada succionadora:

Interior de la bomba

Dentro había unos trocitos de cristal, probablemente causantes del atasco que llevó a la muerte a nuestro protagonista. ¿Cómo llegaron hasta allí? ¿No debían haber sido detenidos por el filtro de las inmundicias? Ah, el diseño Fagor, el día que me ponga a contar mis tropiezos con tan gloriosa marca...

No hubo forma de separar la bomba del eje del motor y de la parte posterior de la carcasa, así que juntos encontraron su final. Si damos la vuelta al engendro de la última foto, vemos algo muy parecido a un instrumento de tortura, aunque basta con saber que se trata del eje del motor, con el rotor y el rodamiento que le unía al resto de la carcasa:

Rotor de jaula de ardilla. Los picos hacen de ventilador.

¿No falta algo? Pues claro, donde hay un rotor tiene que haber un estator, con sus bobinados y sus láminas de hierro. La parte más pesada con diferencia, y también la más difícil de fotografiar. No hay nada peor que los objetos brillantes:

Estator

Para terminar, el cojinete que remataba el eje: un dispositivo sólido y fiable, como demostró, girando perfectamente tras la sesión de martillazos que tuve que aplicarle para desprenderle del eje.

Este cojinete lusitano es lo único que me queda del motor.

Publicación: 27-11-2007

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