
(Vencejo)
Los vencejos son unos pájaros que poca gente puede observar en detalle. No porque se escondan, sino porque son más rápidos que nuestra vista. Verdaderos habitantes del cielo, una vez abandonan el nido sólo se posan para incubar los huevos y criar a la descendencia. Aves migratorias, normalmente las asociamos a las golondrinas y los aviones, aunque pertenecen a un orden distinto (no es el de los pájaros).
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Estos bichos tan veloces siempre han sido los protagonistas del verano en mi ciudad, un lugar vetusto del centro de España. De tan ubicuos, pasarían desapercibidos, de no ser por sus continuos (y no muy armoniosos) chillidos.
Pero el género más numeroso ha sido, ciertamente, el vencejo desenfocado. Ya es bastante esfuerzo subirse a la muralla, buscar un buen puesto de observación, esconderse tras una almena para evitar ser visto (si no, el enjambre, aparentemente caótico, evitará atravesar por donde esté la potencial amenaza), pero, si no conseguimos acertar con el enfoque, le tendremos presente en todos nuestros fotogramas.
La solución, difícil, consistió en una mezcla de perseverancia e ingenio. Enfocando a un objeto situado entre 10 y 20 metros (utilidad de las almenas, con esos merlones puestos a intervalos regulares), puse la cámara en modo enfoque manual, y a disparar como un paparazzo. Total, el revelado lo subvenciona la National Geographic. Así que, a partir de ahora, hacen su aparición los vencejos nítidos, tanto surcando el cielo como haciendo arriesgadas maniobras a pocos centímetros de la pared, ganándose su nombre inglés (swift, como Jonathan, quiere decir “raudo”).
Entrecerrando los ojos y acercando la nariz a la pantalla, se adivinan algunos detalles anatómicos. Por ejemplo, yo sería capaz de asegurar que tienen dos alas. Confirmemos:
Acercándome a la muralla, veo más acrobacias aéreas que en la peor película de la Batalla de Inglaterra que ustedes se puedan imaginar:
Finalmente, el líder, capaz de ir rozando las piedras con la punta del ala. Probablemente, mientras se lía un canutito y tararea un Lied de Schubert...
A pesar de no ser el más nítido, éste es mi favorito: el rey de los cielos, protector de los campos que se adivinan allá abajo. Como un águila poco amiga de aparecer en los escudos de los asesinos. |
Publicación: 7-07-2005