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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
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~ Capítulo I ~ por MillerNov ~ |
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-Tenías que haberme dejado que la matara, ya te lo advertí- dijo Kiria mientras se colocaba junto a su mago.
La mujer adoptó una postura defensiva, a la vez que pasaba rápidamente la mirada del mago al dragón y calculaba sus posibilidades. Con un movimiento tan rápido que hasta el mago se sorprendió, la espada quedó apuntando directamente a las fauces del dragón. -No te atrevas ni a parpadear, apestoso dragón; y tú, viejo, esas manos quietecitas- dijo con voz firme la asesina sin apartar la mirada de los ojos del dragón.
Al mago no se le escapó que la espada que sujetaba la mujer llevaba grabado "El Juramento" a lo largo de la hoja. Se le ocurrían mil razones por las que una humana como ella habría ingresado en el gremio de los asesinos de Karkur, pero muy pocas por las que portara una espada tan especial. A pesar de que en apariencia era una espada muy pesada, el pulso de la mujer no tembló lo más mínimo.
Por fin Armwood habló -Vaya, parece que todo lo que tienes de fortaleza y vitalidad, también lo tienes de insensata estupidez.
-Por no hablar de ingratitud- terminó diciendo el dragón, - este al que tú llamas viejo, te acaba de salvar la vida.
Algo incómoda, bajo un poco la espada, pero su instinto de supervivencia le impedía guardar la espada en su funda, que llevaba sujeta a su espalda.
-Eso está mejor, como ya te he dicho, lo mejor será que busquemos cobijo, la noche se nos echa encima.
-¿Que propones, mago?- preguntó ella, a la vez que daba un paso atrás para alejarse del dragón ahora que tenía la guardia baja. El dragón no apartaba sus ojos de los de ella, totalmente inmóvil, como si estuviera disecado.
-Yo digo que lo más prudente dadas las circunstancias, sería pasar la noche en la torre Avern, todavía tienes que recuperarte- opinó Armwood.
-¡Ja! Esa torre está embrujada, todo el mundo lo sabe, y además... está muy lejos, no llegaríamos antes de la salida del sol ni forzando al máximo la marcha-. Ahora la mujer miraba desafiante al mago.
-Eso, ¡está muy lejos!- puntualizó el dragón, que también se encaraba a su compañero.
En la cara del mago, apareció una sonrisa a la vez que anunciaba -no, si vamos volando- dijo divertido.
Mujer y dragón se miraron por un instante, y acto seguido, como si se hubiesen puesto de acuerdo, giraron sus cabezas a la vez para terminar mirando al mago con gesto de reproche. Antes de que ninguno de ellos abriera la boca para protestar, Armwood se adelantó -Ya sé, tú no quieres montar en un dragón, - dijo señalando a la asesina, - y tú, estás tan cegato, que no te atreves a volar de noche.- Esperó un instante, y ante las miradas atónitas de los otros dos, continuó - lo que decía, una asesina cobarde y un dragón senil, vaya compañía para una noche como esta.
-¡Cobarde! ¿Yo?- farfulló la mujer mientras con un preciso movimiento envainaba su espada y caminando hacia el costado del dragón. -¿Cómo subo a esta mole?-
-Voy a demostrar a este vejestorio que puedo volar igual de bien de día que de noche, - y movió una de sus patas a un lado, ofreciendo a la asesina algo parecido a una escalera para que subiera a su lomo, además de mostrarle su confianza.
Armwood sacudió la cabeza con la mirada posada en el suelo, - más fácil que engañar a niños- pensó, y se dirigió a la pata extendida del dragón.
Una vez encaramados y sujetos a las escamas del lomo del dragón, este, extendió sus correosas alas, tomó impulso con las patas flexionadas y saltó, batió las alas fuertemente, lo que hizo que ganaran altura, se inclinó para facilitar el giro hasta que su testa enfiló el Norte, y ya de forma más suave los pesados aleteos les elevaron mientras avanzaban en dirección a la torre. Al cabo de un corto espacio de tiempo, notaron por el vacío que se creó en sus estómagos, que el dragón estaba perdiendo altura. El mago indicó con el codo a la mujer que mirara al frente. Por encima del hombro del mago, pudo distinguir la silueta de la torre fortificada, negra, más oscura aún que la propia noche. El dragón se posó con un ligero impacto, y esperó que sus jinetes bajaran a la plataforma que ofrecía la balconada más alta de la fortificación.
-Toma esta sopa mientras esté caliente- ofreció el mago.
-¿Y el dragón?- preguntó ella cogiendo el humeante cuenco que le tendían.
Después del vuelo, habían bajado a las dependencias que el mago usaba en la torre, además de algo parecido a un laboratorio y varias bibliotecas, había estancias suficientes como para albergar a un centenar de personas, amén de almacenes, cocinas y muchos habitáculos en los que Armwood no había entrado nunca.
-Kiria se busca bien la vida, pero está adelgazando, ya no es lo que era, y ese problema de ceguera incipiente ya no le permite disfrutar con sus cacerías nocturnas como hacía antes- el mago parecía divertido. - Luego se dormirá con el estomago lleno, sobre la torre o en algún promontorio del bosque.
La mujer parecía disfrutar con la cena caliente mientras escuchaba al mago. - Sólo es una sopa de cebolla con un toque de cilantro- anunció el mago, - te vendrá bien para recuperarte y te ayudará a expulsar el veneno de tu organismo- dijo Armwood, con gesto inquisitivo hacia la asesina. Ella se sintió incómoda, por lo que dejó el cuenco sobre la mesa de madera. - Por cierto, no me has dicho tu nombre, el mío es Armwood, y no "viejo" ni "vejestorio"-.
-Rowina, es mi nombre, y asesina es mi profesión- declaró la mujer.
-Sin duda eres fuerte, y pareces una persona lista, pero creo que con muchos problemas- el mago miraba desafiante a Rowina. - Como esa espada que llevas; o la has robado o la has comprado a otro ladrón, ya que el dueño de una espada juramentada no se deshace de ella ni aun después de haber cumplido su propósito.-
-¿Y tú? Pareces un mago muy tonto, si esos argumentos son los únicos capaces de exponer porque yo tenga esta espada.- se defendió Rowina.
Las espadas juramentadas se otorgaban a los asesinos que habían firmado un contrato especial, algo que cuestionara los pilares del propio gremio o bien a los que exigían una venganza por cuestiones personales, y que el gremio de Karkur aceptaba y legitimaba, aunque muy pocas veces se había concedido dicho derecho. Las espadas con el juramento grabado sólo podían salir de la fragua del gremio, además, había que pagar su valor en oro, y no eran precisamente lo que se dice muy baratas. Las espadas juramentadas otorgaban muchos derechos a sus portadores, pero también la obligación de cumplir su trabajo… al precio que fuere.
Armwood ignoró la ironía. - No pareces tan mayor como para haberte granjeado tantos enemigos y necesitar una espada como esa.-
-No, esta espada fue forjada por encargo de mi difunto padre: compró un contrato para vengar al suyo, y el gremio se lo concedió -. Rowina tenía la mirada perdida por algún punto cercano al cuenco que reposaba delante de ella. -A mi abuelo lo mato Shàsera, la bruja, y mi padre clamó venganza- parecía a punto de romper a llorar, pero se repuso y continuó. -Mi padre fue el primer asesino de mi familia, y yo, tras su muerte, he heredado el honor y esta espada, y ahora tengo que terminar el contrato de mi padre y después su venganza- hizo una pausa, dos lágrimas rodaron hacia sus mejillas. Miró fijamente al mago y siguió. -Tú mismo lo has comprobado esta tarde, hay alguien que está empeñado en que no logre mi propósito, y las malas artes que utilizan, pero esta espada me obliga a no morir antes de cumplir con mi deber. Yo no tengo descendencia que me honre -. Se secó las lágrimas de las mejillas con el borde de su túnica, respiro hondo, y habló con un hilo de voz, - No te he dado las gracias por salvarme la vida, y permitir que aún tenga la oportunidad de lavar el recuerdo de mi padre.
Algo bullía en la cabeza del mago. -Cuando dices Shásera, ¿te refieres a la bruja de los páramos más allá del monte del Este?- preguntó con cara de asombro. - Creo que tienes más problemas de los que se pueden solucionar en una vida-. Será mejor que duermas algo, ya queda poco para el amanecer. Mañana terminaremos esta conversación.- El mago abrió un armario y sacó de él un par de mantas. –Tú puedes tumbarte en este jergón; el efecto de la sopa hará que duermas tranquila- dijo soltando las mantas sobre un viejo camastro. -Yo iré arriba- se despidió Armwood.
-¡Despierta lagarto baboso!- gritó el mago en la oreja del dormido dragón, -esa Rowina, o como se llame, está con un saco de problemas, y tú te dedicas a roncar-.
-Vamos, que has vuelto a apiadarte de una jovencita. Si tanto te gusta cásate con ella- ironizó Kiria. -¿Qué quieres que haga yo?-
-Tenemos la oportunidad de... no, tenemos la obligación de ayudar a esa joven.- cortó el mago, -y tú, lagartija de roca, vas a formar parte del equipo.
-¡Vaya! Parece que aquí hay algo más que una dama en apuros. Cuándo me lo vas a contar.-
El mago se sentó con las piernas cruzadas apoyando su espalda en el largo cuello del dragón. -Mañana; mañana hablaremos del tema, - abrió la boca en un gran bostezo, cerró los ojos y se dispuso a dormir. El dragón levantó las cejas haciendo acopio de toda la paciencia que un dragón es capaz de tener con su mago, separó los labios para protestar, pero escuchó la pesada respiración de Armwood, volvió a reposar su enorme cabeza en la fría piedra, extendió un ala y con ella dio cobijo al entrañable mago. Segundos después se mezclaban los ronquidos de ambos en la fría noche.
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