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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
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~ Capítulo II ~ por Ayoce ~ |
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A la mañana siguiente Armwood relató a Kiria la historia de la joven y hermosa asesina. El dragón no pudo evitar que una enorme lágrima resbalara por su escamosa mejilla tras oír la triste crónica. Por supuesto, al preguntarle el anciano mago sobre esto, su respuesta fue que la incipiente catarata de su ojo derecho le dolía más que nunca. Fuera como fuese, decidieron que debían ayudar a la muchacha en su cometido, porque era lo justo y porque así librarían al mundo de la pérfida Shásera. Con la intención de trasladarle la decisión a la mujer entró Armwood en las cocinas de la torre, paladeando el olor de las tortitas de maíz. La cocinera se había esmerado hoy y por los Dioses que esa mañana correría el sirope de frambuesa.
Rowina, pese a tratar de ocultarlo, pareció enormemente emocionada al saber que sus dos nuevos amigos estaban dispuestos a ayudarla en su cometido. Ella estaba obligada a cumplir con su venganza y dejó bien claro a los que serían sus acompañantes que el cuello de la bruja era suyo. Así, se dispusieron a realizar los preparativos para la partida.
-Bien, bien, bien- el mago hablaba consigo mismo-. ¿Dónde habré puesto esos malditos ingredientes para hechizos?- rezongaba mientras buscaba entre numerosos botes. Entonces oyó un sonido a su espalda.
-De nuevo de viaje - afirmó una joven voz. Se trataba de una mujer, una túnica roja como él.
-Ya ves hija mía- respondió con una sonrisa en los labios-. El deber me llama. Se ha presentado una oportunidad inmejorable de acabar con esa renegada de Shásera.
La joven comenzó a moverse lenta y vaporosamente por la habitación, acariciando las mesas de excelente madera, abarrotadas de quinqués y objetos varios para probar fórmulas y crear nuevos componentes de hechizos. Habría sido hermosa, muy hermosa, si no tuviera un gesto tan adusto y serio. Pero así había sido siempre Danae. Con tan sólo veintiún años ya era la segunda de la orden por detrás de su padre. En unos años más su poder sería incalculable. Por desgracia no sabía vivir la vida, es más, su vida era la magia. Finalmente se detuvo frente a la ventana, desde la cual se observaba el bosque de Darktree, y volvió a dirigirse a su padre.
-Sabrás que en diez días el cónclave se reúne aquí, padre. Opino que convendría que nuestra orden estuviera representada por su más alto exponente.
-Lo que ahora tenemos entre manos Kiria, nuestra nueva amiga y yo, es mucho más importante que mi presencia en una reunión de ratones de biblioteca- dijo Armwood con cierta impaciencia al ver que su sucesora no sabía establecer prioridades-. Deberías saberlo tan bien como yo. Además tú eres muy capaz de ocupar mi sitio en el cónclave. Nadie me echará en falta.
Siguieron divagando sobre el tema y discutiendo. Cuando finalmente el mago se dirigió a las puertas de la torre donde le esperaban Rowina y el enorme dragón, lamentó haber reñido con Danae. A su vuelta solucionaría el problema; si es que volvía claro.
Una vez juntos, el trío de viajeros decidió que lo más adecuado resultaría volar hasta Quetas del Norte. En esa urbe próxima a la ciudad fortificada de Odlon, plaza fuerte de la bruja Shásera, bajarían a tierra. Rowina y Armwood opinaban que era mejor que la última parte del trayecto la realizaran a pie y con Kiria adoptando su forma humana. Pues de todos es sabido que ocultar un dragón de quince metros de longitud es harto difícil. Pese a las protestas del dragón, entraban pocas horas después por las puertas de la ciudad de Quetas una grácil mujer, un anciano y un apuesto hombre de mediana edad de casi dos metros de altura.
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