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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
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~ Capítulo III ~ por Esdrás ~ |
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Danae se paseaba con fría furia por los jardines que rodeaban la torre. Su padre no había dudado en ridiculizarla ante una extraña, una ... asesina, cuya historia había creído a pies juntillas y por la cual iba a enfrentarse a la cruel Shàsera.
-Oh, padre. En ocasiones eres tan simple. Y si todo esto no fuera más que una trampa de la propia Shásera para destruirte – exclamó en voz alta.
El jardín de Danae era terriblemente hermoso a aquellas horas del mediodía. Las flores sol se abrían perezosas exhalando su delicado perfume y algunas se inclinaron hacia la maga cuando esta pasó por su lado. Los capullos de los lirios cristal tintineaban como pequeñas campanas con la suave brisa y los nenúfares del estanque lanzaban destellos irisados. Un pequeño y agónico grito la despertó de su reflexión. Apretó el paso aproximándose a un macizo cuyo tallo estaba siendo devorado por un topillo. Mató al roedor, y el grito pasó a un suave jadeo. Acarició las suaves y carnosas hojas de la planta que emitió un gorjeo de placer, extendiendo ansiosa sus flores púrpura hacia ella. Sonriente, deslizó en una de ellas al topillo que fue rápidamente absorbido y celebrado con un estentóreo eructo.
-Esto es lo que ocurrirá cuando Shásera te devore, padre y yo no estoy dispuesta a permitirlo. Te quiero aquí dentro de diez días para el cónclave, te quiero aquí toda mi vida.
El problema es que le llevaban notable ventaja. A estas alturas estarían a punto de llegar a su destino, a Quetas, la perla del Norte. Si quería llegar hasta donde ellos no tendría más remedio que conseguir una montura aún más rápida que un dragón, necesitaba una criatura alada de las ciénagas de Brea. Un escalofrío recorrió su espalda, pues todo aquel que se atreviera a llamar a una de estas criaturas sabía que el pago por el viaje consistía en ser devorado por la misma. Sólo la magia podría ayudarla, y esto no siempre funcionaba. A pesar del temor. Apeló a una de estas monturas y logró sujetarla con un hechizo “pacto de seguridad”, provocando su furia y decepción. Montó en ella e inició su viaje hacia las tierras del norte. Bajo sus ojos desfilaron las montañas Grasne, las estribaciones del desierto Iargo, para finalmente alcanzar los vastos bosques del norte y la cada vez más próxima ciudad de Quetas. La criatura aprovechó un claro para posarse plegando sus correosas alas. Los efectos del hechizo empezaban a disiparse y Danae desmontó rápidamente, sumergiéndose en las protectoras sombras del bosque. Su suspiro de alivio se vio ahogado por un poderoso aleteo acompañado de un chillido de frustración.
Poco después Quetas se abría a sus ojos. Sus siete puertas se alzaban dando acceso a siete calles que confluían en el centro en el Gran Templo de Ornoi, cuya cúpula dorada brillaba bajo la luz del ocaso. Enfiló sus pasos con decisión hacia el Gran Templo. Sabía que su padre iría allí en primer lugar, para visitar al gran sacerdote Yan.
Yan. La sola mención de su nombre le trajo a la memoria los dulces recuerdos de cuando siendo una niña jugaba con su joven tío, antes de que los deberes y responsabilidades lo alejaran de su lado. Yan, el más poderoso sacerdote ornoiano y guardián del talismán de la verdad. Si la asesina Rowina decía la verdad no temería someterse al escrutinio del talismán y ella, Danae, ayudaría en la empresa de su padre. Si mentía, ... la asesina lamentaría haber nacido. Avanzaba por las calles de la ciudad cuando oyó a sus espaldas la sorprendida voz de su padre:
- Danae, hija. ¿Qué haces tú aquí?
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