Relatos - La página de MillerNov




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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía
 ~ Capítulo V ~ por MillerNov ~
-¡Estúpida!; ¡estúpida!- graznó el negro cuervo sobre el hombro de Shàsera. - Siempre utilizas el mismo hechizo de protección, esas nubes se ven desde muchas leguas.
-Sí, pero esta estúpida ha conseguido poner ojos en las nubes. Ahora, además de protección tenemos cientos de vigías- remató la bruja, -dentro de poco ni siquiera serán necesarios los ojos, podré controlar cualquier parte del mundo sólo con pensar en ella-. En el laboratorio más alto de la torre principal de Odlon, Shàsera observaba con orgullo los oscuros nubarrones que había invocado. En sus manos sujetaba con fuerza un brillante amuleto que emitía destellos grisáceos en dirección a la gran masa de tétricas nubes.

Después de suntuosos e interminables pasillos, largas escalinatas de mármol rosado y varios tropezones de Armwood, llegaron por fin a la sala Capitular del templo de Ornoi, donde Yan les esperaba. Primero pasó el mago, deleitando su vista con la fabulosa decoración. Por muchas veces que alguien visitara la sala, nunca podría dejar de maravillarse de los asombrosos tapices que vestían las paredes de la sala Capitular, en los que se contaba uno a uno, la historia de la Creación. Las hermanas siguieron a su padre al interior.

-Dioses, magia, increíbles criaturas ya olvidadas; y por fin el hombre- la voz, firme pero agradable, llegaba del fondo de sala, una alta figura de espaldas a ellos, recortada por la silueta de una capa hasta el suelo contra lo que parecía un altar de ceremonias de blanca piedra. Yan se dio lentamente la vuelta hacia los recién llegados, señalando con su mano derecha los tapices -. Humanos, ¿en qué nos hemos convertido? Hemos cambiado la magia en nuestro favor.
-No te molestes en relatar toda la historia. ¿Ya no recuerdas que fui Yo quien te la enseñó?- Cortó el mago.
-Viejo rojo, cómo se me podría olvidar- respondió Yan. -Llevas tantos años sobre esta tierra, que perfectamente podrías haber inventado tú toda esta historia- mago y nigromante se dieron un fraternal abrazo.
-De hecho es tan viejo, que hasta podría haber sido él quien tejiera estos tapices, que deben tener la misma antigüedad que su capa-. Todos se volvieron hacia la entrada, al reconocer la voz de Kiria.
-Te hacía fuera de las murallas de la ciudad, chamuscando carroña y masticándola con la boca abierta- ironizó Armwood.
-He acompañado a Rowina al edificio de Cortesía. Allí estará segura y bien atendida hasta que partamos- anunció Kiria, ya junto al grupo.

Yan y Kiria, mantenían un duelo con sus miradas, Armwood nunca supo si es que se odiaban o se temían mutuamente. En tiempos pasados, Yan y él habían recorrido todo el continente a lomos de Kiria, formaban un buen grupo, pero la decisión de Yan de convertirse en Sacerdote Nigromante le enfrentó a Kiria, ya que la fundación del templo de Ornoi dictaminó la expulsión de todos los dragones de la ciudad de Quetas. Kiria era uno de los pocos dragones que tenía permitida la entrada en la ciudad, pero únicamente bajo su apariencia humana, y sólo gracias al favor del mago. Esto molestó mucho al dragón, que hacía directamente responsable a Yan.

-Bien chicos, la cuestión que nos ocupa no son viejas rencillas entre ingratos - dijo el mago-. Necesito vuestra ayuda, no vuestros rencores- dio media vuelta y se dirigió a una mesa cercana, que alguien había preparado con bebida y algo de comer. Armwood se sentó, y con un gesto de su cabeza, invitó al resto del grupo a que le imitaran.
-Supongo que tu presencia aquí y los oscuros nubarrones sobre el monte de la ciudad de Odlon, no son pura coincidencia- inquirió Yan mientras ofrecía una bebida de té con miel al mago.
-Supones bien, veo que esa maldita bruja no se deja intimidar. Cada vez tiene más poder- Armwood mostró su amargura.
-Creí que ya te habrías olvidado de ella- replicó el nigromante, como si pidiera explicaciones al mago.

Había tristeza en el rostro del mago, su mirada busco la de su hija Roxana, y habló sin apenas mover un músculo de su cara. -En tiempos ya lejanos, Shàsera fue una maga de túnica verde, no muy distinta a ti, hija, pero la codicia y la necesidad de reconocimiento la llevaron a cometer robos más descabellados cada vez-. Armwood hizo una pausa, los demás, excepto Kiria, que conocía perfectamente lo sucedido, estaban tan pendientes del mago que apenas respiraban. -En un alarde de valentía o estupidez, Shàsera penetró en la torre de Avern y consiguió robar sin que nadie se diera cuenta La Estrella de los Tiempos. Hasta entonces había sido el artefacto mágico más poderoso y complejo que habíamos poseído los rojos-. Respiró pesadamente, bajó la mirada hasta perderse en el humeante líquido que contenía el tazón que sujetaba con ambas manos, y al cabo continuó con el mismo tono de voz, -Yo era su custodio, pero fallé, fallé a todos los magos rojos, y por ende, a todo el continente. -Durante años hemos intentado sin éxito recuperar la Estrella, o anular su poder. Ahora Shàsera controla el tiempo en la ciudad de Odlon, y sólo los Dioses saben cuanto tardará en hacerlo en el resto del continente-. Armwood clamaba venganza, pero el paso del tiempo había restado las esperanzas.

-Es la vergüenza de nuestro gremio, pero hay quien opina que es digna de imitar- intervino Roxana, como intentando quitarse una culpa que no le pertenecía.
-El cónclave de los rojos consideró que tal conducta era deleznable, aun tratándose de una verde y exigió responsabilidades al gremio. Estos para evitar enfrentamientos, se limitaron a repudiar a Shàsera, pero ella ya era consciente del poder que encerraba La Estrella de los Tiempos- Sólo era cuestión de tiempo que fuera capaz de controlarla, y fijaros en qué se ha convertido- el mago rojo, dio por terminada la explicación, al menos de momento.
-¿Y qué tiene que ver la asesina con todo este asunto?- preguntó Yan, incómodo por la situación del mago y Roxana.
-Su abuelo debió ser un aventurero, y seguramente se dejó llevar por las historias de las tabernas, y pensó que no sería difícil hacerse con la Estrella en la guarida de la bruja, las riquezas que le aportaría, por no hablar de la fama que tendría en el gremio de los ladrones- dijo Kiria con tono divertido, -el resto de la historia, ya os la podéis imaginar, esos asesinos se toman sus contratos muy en serio- terminó con algo que parecía una mueca en la boca humana del dragón.
-Bien Armwood, debes saber que Risnailint y cuatro blancos más han entrado en la ciudad hace apenas una hora. Creo que todavía no se fían de los rojos, además están esos malditos nubarrones sobre Odlon, que sólo pueden significar que la magia que lleva Shàsera en sus huesos ya le ha advertido de tanto movimiento- sentenció Yan.

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