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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
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~ Capítulo XIV ~ por Ayoze ~ |
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Roxana, que ya no era ella misma sino Shàsera, se dirigió con pasos sigilosos hacia los aposentos del mago. No sabía cómo pero la asesina no estaba en su cama; aún recordaba con odio la impotencia de apuñalar el colchón para descubrir al levantar las sábanas que Rowina no estaba. No volvería a fallar. Armwood moriría aunque para ello fuera necesario sacrificar el cuerpo de la maga verde.
Seloé estaba nerviosa, demasiado nerviosa para el gusto de Kiria. Era normal por supuesto sentirse así. Los dragones son tremendamente vulnerables en su forma humana con el añadido de que Seloé era aun joven y estaba aún menos acostumbrada a lidiar con las debilidades que conlleva la metamorfosis.
Ambos dragones notaron la magia que se iba acercando. No sería fácil reducir a Roxana pues el poder de Shàsera era grande. Esperaron tras la puerta en completa penumbra. El pomo de la puerta comenzó a girar; ambos asaltantes tensaron de nuevo sus músculos y pusieron a punto sus sentidos. Por fortuna, verían mejor que su adversario en esta oscuridad. Kiria no entendía cómo su viejo amigo podía tener el sueño tan pesado. Armwood roncaba sonoramente cuando en pocos minutos la muerte podía rondarle. La puerta finalmente se abrió. Todo fue rápido, demasiado rápido.
Roxana/Shásera entró velozmente en la habitación; detectó el movimiento de Kiria que levantaba la espada para después descargarla sobre la cabeza de la maga por su parte plana. La joven de la túnica verde alzó la mano pronunciando unas palabras ininteligibles y el templado acero de la espada rebotó contra el aire sin rozar siquiera a la mujer, lanzando al gigantesco humano al suelo. Seloé, sorprendida por la defensa de Roxana, no fue capaz de reaccionar. Eso fue su perdición. La túnica verde saltó felinamente hacia ella hundiendo la hechizada daga hasta la empuñadura en el corazón de la dragona. Acto seguido recibió un tremendo golpe en la cabeza y todo se volvió oscuridad. El grito de cólera de Shàsera por haber fracasado en su cometido de acabar con el mago heló la sangre de los que estaban lo suficientemente cerca para oírlo. Había perdido el contacto con Roxana.
Armwood finalmente había despertado de su letargo y viendo la situación, cogió de su mesilla de noche la vasija de agua y la rompió sobre la cabeza de la que resultó ser su hija. Por suerte la vasija era de mala calidad, o la cabeza de su hija extraordinariamente dura, pues por ningún lado se veía sangre. Por desgracia Seloé no había tenido tanta suerte. Kiria se había acercado a ella y arrodillado la acunó entre sus brazos. La dragona no entendía qué era ese frío que la inundaba. Había tanto dolor; la vista se le nublaba y notaba un líquido cálido resbalando por su pecho. Desesperada y con la mirada desenfocada, empezando a comprender, preguntó a Kiria:
-Me muero ¿verdad?
-No pequeña, te recuperarás, ya lo verás-dijo Kiria mientras amargas lágrimas resbalaban por sus mejillas.- Volaremos juntos cuando todo esto haya pasado, mi niña.
Pero Seloé sabía que ese día no llegaría o al menos no en este mundo. La vida se le escapaba en cada latido de su agonizante corazón. Agarró con fuerza la mano de Kiria, devolviéndole este el apretón.
-Volaremos juntos cuando te reúnas con nuestro señor Akaron. Pero prométeme que eso será tarde y que liberaréis al mundo de la amenaza de la bruja- alcanzó a decir la joven dragona mientras sus ojos se ponían vidriosos.
-Te lo prometo niña. Serás recibida por Akaron con todos los honores-al terminar estas palabras notó que la presión en su mano se debilitaba. Cerró cuidadosamente los ojos de la dragona convertida en muchacha.-Ve en paz pequeña y que las estrellas guíen tu camino.
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