Relatos - La página de MillerNov




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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía
 ~ Capítulo XIX ~ por Anacanudas ~
El viejo Armwood no podía respirar. Había hecho un conjuro negro, un conjuro prohibido, y estaba pagando las consecuencias. Roxana intentaba devolver la vida a su padre sin mucho éxito. Los magos verdes no acostumbraban a aprender ningún tipo de conjuros, y los conjuros sanadores no eran, de ningún modo, de los que se les daban bien a Roxana. En esos momentos le hubiera gustado tener a su lado a Danae, ella siempre sabía qué hacer. Inquieta miraba a su padre ahogarse sin acertar qué hacer.

Su padre movía los brazos arriba y abajo, con fuertes aspavientos, y sé retorcía en fuertes espasmos de un lado hacia otro. Roxana tardó en comprender una eternidad, para horror del pobre viejo, que su padre quería que ella extrajera algo de sus enormes bolsillos. ¿Pero qué? Roxana sabía de los bolsillos extradimensionales de su padre, donde si no metías la mano sabiendo lo que querías no lo encontrarías nunca. No podía concentrarse, no podía pensar, y su padre cada vez más rojo, ya casi lila, seguía sin poder respirar. Cuando su padre dejó de moverse, Roxana fue consciente que debía actuar ya. Metió la mano en el bolsillo y pensó- algo para curar a mi padre- sacó la mano y se extrañó de tener una redoma. No tenía ni idea de qué era; podía ser un veneno igual que una cura. Pero cuando vio a su padre poner los ojos en blanco, decidió que no tenía opción. Cogió la redoma, le abrió la boca y se la metió hasta el fondo. El líquido rezumó, pegajoso, por todo el arrugado rostro del viejo cayendo por su barba.- Al menos no es ningún ácido. De momento, el rostro sigue intacto - pensó la maga verde.

Cuando el viejo comenzó a toser, Roxana sonrió y se apartó rápidamente esperando la furia de su padre. El viejo se incorporó, tosiendo aún y protestando.

¡Pero qué diablos os enseñan en la torre jade, si se puede saber... ! ¡Por ti ya estaría muerto! El viejo siguió rezongando mientras su hija se le echaba al cuello. - No pienses que cuatro carantoñas me van a ablandar, niña... tendrás que hacer horas extras de estudio con Danae... Ella sí es una maga práctica-. Roxana se separó con un gestó torcido.
-Sí, ella es mucho más práctica que tú. Me temo que me parezco a ti, querido padre- contestó Roxana punzante. Pero a su padre las sutilezas le resbalaban, así que haciendo caso omiso comenzó a reordenar sus bolsillos.- Tu no deberías haber hecho ese conjuro negro, no eres un mago negro-. Su padre alzó una ceja.
-Eso nunca me ha impedido hacer un conjuro, pequeña... los magos rojos somos inteligentes, sabes- Roxana resopló- ¿Sin Kiria cuánto crees que habríamos tardado en llegar hasta Sháhera, querida? Ella está preparada desde hace tiempo, y nosotros sólo hemos hecho que caer en sus redes.
-¿Y crees que ese conjuro de transportación la habrá sorprendido? Al fin y al cabo tú eres un desastre y ella sí que es una INTELIGENTE maga verde-. Armwood no hizo caso de las palabras de su hija, y siguió removiendo en sus amplios bolsillos.

Roxana, enfadada consigo misma por ser una pésima maga, y con su hermana por ser tan buena, se separó de su padre para ver dónde les había llevado aquel desastroso conjuro. Se acercó a la ventana más próxima y vio dos cosas realmente sorprendentes. Por un lado el conjuro de su padre había funcionado. ¡Estaban en la torre de Odlon! Y por otra parte tenían problemas graves pues tres enormes comerrocas estaban intentando tirar la puerta de la Torre. Roxana se giró asustada. Armwood alzó una ceja con curiosidad, mientras prestaba atención.

-Vaya, la sutileza está claro que no forma parte del vocabulario de tu hermana-. Roxana miró a su padre con sorpresa.- Sí chica, Danae, ¿es que no la puedes percibir? -Roxana se sintió enrojecer. No, la percepción tampoco estaba entre sus artes. Armwood alzó los brazos- Supongo que Yan le ha prestado esos amigos. Bien. Sháhera sabe que estoy aquí pero no nos ha prestado mucha atención, pues está entretenida con tu hermana, y algo más que no logro percibir con claridad pero que la tiene sumamente concentrada.
-Bien. Y a eso se le supone una ventaja, si Danae no tira toda la torre a bajo con nosotros dentro- replicó Roxana. Su padre volvió a hacer caso omiso a su tono punzante.
-Querida, no sé qué tiene tan ocupada a esa bruja pero es evidente que es importante para ella, así que debería encargarme de ello,- Roxana asintió, pensando que para su padre encargarse podría significar un total desastre- mientras tu le robas la estrella de los tiempos- Roxana tardó unos instantes en reaccionar, de asimilar lo que su padre había dicho. Su padre alzó los ojos, y le dirigió su límpida mirada. La muchacha comprendió por fin y dio un paso atrás.
-¿YO? - Su padre la regañó con un gesto
-Tú sí, tú, claro, ¿es que no eres una maga verde? ¿A qué pensabas que venias aquí? ¿Quién mejor que tú para quitarle ese artilugio a esa bruja?- Roxana era consciente que su padre no esperaba respuestas, solo pretendía que ella no tuviera tiempo de asustarse. No había resultado, estaba terriblemente asustada.
-Padre yo no puedo robarle eso, la tendrá terriblemente custodiada. - Su padre asintió mientras la empujaba hacia la puerta. Habrá gárgolas, y ogros, y otras terribles criaturas.- Su padre siguió empujándola y asintiendo.- Padre, no puedo hacerlo-. Su padre se detuvo y la miró con seriedad.
-Eres una excelente maga verde, ¿ Para qué crees que el destino te ha traído aquí? Sea lo que sea que pretende Sháhera, estoy seguro que necesita la Estrella de los tiempos. Y tú vas a robársela.- afirmó. Roxana, guardó silencio un instante, indecisa- Kiria lo hubiera querido así- replicó por fin el viejo, empujándola fuera de la habitación, escaleras abajo. La joven, incapaz de resistirse, bajó a trompicones las escaleras de la torre, mientras oía decir a su padre que ya se encontrarían cuando hubiera conseguido el artilugio.

Cuando unos recios pasos resonaron en la piedra del piso de abajo, Roxana instintivamente comprendió que ya no tenía remedio. Como un gato saltó ágilmente hacia la pared, y se pegó a ella en silencio, sacando su cuchillo envenenado. El cuerpo que arrastraba sus pies por el frío enlosado ya empezaba a subir la escalera, y Roxana sabia que era atacar o morir. Un rápido gesto, dio la vuelta a la figura que subía y la mano fuerte de la maga verde rebanaba el cuello de un ..... ¡Un no muerto! ¡Maldición! ¡Se le había olvidado nombrar a su padre que habría no muertos! El soldado sonreía ladinamente mientras su cuello se abría lentamente y la sonrisa se ladeaba a medida que la cabeza se despegaba del cuello. Roxana saltó por encima del cuerpo no muerto, y corriendo como una posesa siguió bajando las escaleras, mientras que el no muerto con el cuello hendido seguía riendo a mandíbula batiente.

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