Relatos - La página de MillerNov




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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía
 ~ Capítulo XX ~ por Millernov ~
Rowina, sabiendo que Shàsera en ese preciso momento, estaría más preocupada por el gran estruendo que causaban en la puerta de la torre los tres Comerrocas, decidió abandonar los arbustos cercanos al baluarte. Había permanecido oculta el tiempo necesario, y ahora, sabía cuáles eran los lugares por los que podía trepar, y por los sitios por los que acceder al interior con el mayor sigilo. El cerebro de la asesina trabajaba con increíble precisión; en unos pocos minutos, había calculado las distancias, memorizado los salientes, grietas y ventanas, como sí hubiese transcurrido toda su vida al pie mismo de la torre.

Un último vistazo a las ventanas superiores, le indicó que era el momento preciso de correr hacia su objetivo. La oscura capa de nubes facilitaría la aproximación, ya que no habría sombras que pudiesen delatar sus rápidos y sigilosos movimientos. Cubierta con su capa, y tan agachada como su ágil cuerpo le permitió, su imagen pareció fundirse con la tonalidad del suelo, y así, llegó a la pared más cercana.

Sin perder un solo segundo, dejó caer la capucha que cubría su cabeza hacia atrás, levantó la vista y sus manos ya se asían a los salientes adecuados, mientras que los pies ya conocían las grietas que debían buscar, comenzó a ascender rápidamente trepando por el muro.

A mucha distancia de allí, pero lo suficientemente cerca como para poder distinguir las grandes puertas de la torre y las pétreas criaturas que trataban de derribarlas, Danae mantenía con mucho esfuerzo un hechizo de protección. Trataba de mantener a las tres incansables moles a salvo de la furia de Shàsera. Sabía que pronto la bruja haría lo necesario para defender su fortaleza. Gotas de sudor corrían desde el nacimiento de su cabello, recorriendo toda la cara hasta el cuello de su blusa. Nunca había generado un sortilegio tan potente, que tan lejos cubriera un espacio tan grande como el que ocupaban los Comerrocas. Su fuerza comenzaba a flaquear y las puertas no daban muchas muestras de dejarse derrumbar.

Shàsera se separó de la ventana por la que instantes antes viera al grupo de Comerrocas. Con una sonrisa que denotaba crueldad y malicia, agitó las manos en el aire. Sus dedos comenzaron a formar rápidas y extrañas figuras, estas permanecían flotando en el aire durante escasos segundos, y antes de desaparecer definitivamente eran sustituidas por otras más complejas cada vez. Miles de chispas de brillantes colores, se iban formado como un remolino alrededor de su cuerpo, estaba dando forma a un sortilegio de destrucción total. Su cuervo incapaz de agitar las alas en el denso aire que se formaba en la habitación, voló torpemente hasta la ventana opuesta y salió por ella al exterior.

Algunos pisos más arriba, Armwood se debatía en un terrible dilema, bajar en pos de la ayuda de su querida Roxana o hacer trampas, y ayudar sutilmente a los lentos Comerrocas a derribar la pesada puerta. -Maldito Kiria, cuando más falta me haces, te dejas matar, así te juzguen los espíritus. -Pensó en voz alta. Finalmente decidió que debía hacer lo que cualquier mago sensato habría hecho sin dudar. Buscó distraídamente un componente en uno de sus bolsillos, miró el frasquito y sonrió, lo había encontrado al primer intento. -Vas mejorando Armwood. -Se dijo a sí mismo. Volvió a introducir la mano en el bolsillo, rebuscó un par de veces, y en su mano apareció una pequeña cajita de madera, -el catalizador, perfecto, ya está todo. Mezcló en una de sus manos un poco de cada clase de polvos y los lanzó al aire por encima de su cabeza. Agitó la varita como si quisiera remover el aire donde flotaba la nubecilla de polvos, a la vez que sus labios se movían rápidamente, lanzando al aire inaudibles e incomprensibles palabras. Una forma homogénea e indeterminada se formó uniendo todas las partículas que flotaban en la habitación. Finalmente el mago echó sus brazos por detrás de su cabeza, sin dejar de mover su varita, el hechizo de debilidad estaba prácticamente listo.

En un último intento por mantener a salvo a los tres Comerrocas, calculando el tiempo que les faltaba para conseguir derribar la entrada, Danae, hizo un último esfuerzo, reforzó el hechizo de protección que mantenía a salvo a los seres de piedra. Rebuscó en los restos de su energía vital, concentró toda su magia en el plexo solar, y justo cuando notó que iba a quedar exhausta, liberó todo el poder concentrado, dirigiéndolo hacia la puerta de la torre, sobre las cabezas de los Comerrocas.

Tres potentes rayos cargados de poderosa magia partieron de distintos sitios. Fatalmente todos convergieron en el mismo punto y en el mismo momento. El tiempo se detuvo, se generó tal vació delante de las puertas que los Comerrocas, a pesar de su contundente naturaleza, quedaron suspendidos en el aire, su lento metabolismo no les dejó ser conscientes todavía de lo que estaba ocurriendo. Una burbuja de energía translúcida de enormes dimensiones, comenzó a crecer cerca de la puerta, vibrante, inestable y cargada de una incalculable mezcla de poder. Se alimentaba de sí misma, las partículas mágicas chocaban en su interior generando más potencia, hasta que la gran masa esférica llego al límite de poder contenerse.

Todo ocurrió muy rápido, nadie que estuviera en la torre o en sus inmediaciones, podría decir con certeza lo que allí aconteció. Una explosión tan fuerte, que la onda expansiva hizo temblar los cimientos de la fortaleza. Rowina sin tiempo para reaccionar, sintió como si el tambaleante muro la empujase al vacío, cayó hasta que sus manos rozaron algo, ella ni siquiera tuvo tiempo para distinguir que era, pero su instinto, hizo que los dedos se aferraran con toda la fuerza nacida de la desesperación. Su hombro se quejó con un fuerte chasquido cuando frenó la caída de su peso, y su cuerpo guiado por la inercia, golpeó fuertemente la consistente pared de piedra. Consiguió mantenerse sujeta, pero estaba exhausta, los dedos de la mano palpitaban de dolor. Su único pensamiento fue que no podría sujetar la espada. Un pie encontró una fina grieta, se afianzó como pudo y esperó unos minutos para recuperar un mínimo de fuerza.

El cuervo, esperando a que los mágicos efectos desaparecieran, pudo observar como la asesina había conseguido mantenerse sujeta a la resquebrajada pared. Sus alas dirigieron un rápido vuelo hacia la ventana por la que había salido. Mientras entraba de nuevo en la torre, gozaba pensando como la bruja disfrutaría con la noticia. Aunque la torre había quedado seriamente dañada, las puertas seguían intactas, pero muchas grietas se abrían separando las piedras de las altas paredes.

El cuerpo sin energía de Danae yacía detrás de un montículo. Ni siquiera tuvo tiempo para observar como uno de los Comerrocas se había derrumbado. Su cuerpo quebrado había absorbido la mayor parte del choque de la explosión. Su sacrificio aseguraba que los otros dos restantes pudiesen continuar derribando la puerta, ignorando los fuertes rugidos de Tronh que ahora se escuchaban tras ella.

Roxana tumbada en el suelo boca abajo, sintió cómo muchos pares de frías y ásperas manos asían fuertemente su cuerpo y la levantaban sin ningún esfuerzo. Cuando comprendió lo que ocurría, gritó desesperadamente.

Mientras Armwood se sobreponía de la fuerte explosión, oyó la amortiguada llamada de socorro de su hija, sin perder un segundo, dando tumbos escaleras abajo, corrió en su ayuda, su mano ya estaba sumergida revolviendo el interior de sus bolsillos.

 Capítulo XIX    Capítulo XXI