Relatos - La página de MillerNov




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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía
 ~ Capítulo XXIV ~ por Ayoze ~
Rowina abrió poco a poco los ojos con un cierto martilleo en su cabeza. La visión de su niñez había sido tan vívida. Parpadeó varias veces para aclarar la vista que aun tenía nublada. Apoyó las manos en el frío suelo de la gris sala en que se encontraba ajena a los acontecimientos que se sucedían en el exterior de la torre y se levantó. Pese a que a su llegada al enorme habitáculo había visto que en el mismo no había nadie se sintió observada. Cuando se giró hacia el trono de piedra no podía dar crédito a lo que veían sus ojos.

En el enorme asiento de roca tallada había un hombre sentado. Bien parecido, moreno, cuerpo atlético y rondando la edad de Rowina. Vestía un peto de cuero marrón y unas polainas también marrones. Entre sus manos tenía una daga con la que jugueteaba. Antes de que la sorprendida joven pudiera decir nada el extraño habló.

-Hola hermana. Cuanto tiempo sin vernos.

A Rowina, aun más sorprendida ahora se le atragantaron las palabras y no fue capaz de hablar.

-Tranquila Wina. Mientras tú lo asimilas seguiré hablando y te explicaré algunas cosas. Si a ti te parece bien, claro está.

La joven asesina difícilmente acertó a asentir con la cabeza.
-Seguramente estarás convencida de que no es posible que yo sea tu hermano, lo cual es lógico pues llevas toda tu vida oyendo que tu hermanito murió ahogado en un pozo. ¿Voy bien?
-Eso ha sido lo que me ha contado madre siempre, así que no veo por qué habría de creerte a ti antes que a ella.
-Ya que no me crees dejaré que goces de la visión anterior completamente-la frase vino acompañada de un gesto de su mano que envió a Rowina de nuevo a esos tiempos perdidos.

Tras la salida de su abuelo de la casa y la pequeña discusión con Shàsera, la Bruja dijo lo siguiente:
-Bueno, llegará el día en que ella vendrá por su propia voluntad a mí y tengo la eternidad para esperar, pero no me iré sin cobrarme un tributo.

El error de su abuelo fue salir de la casa pues desde el interior se escuchó el llanto de una criatura. A los pocos segundos salió por la puerta una de las horrendas gárgolas de cristal con un niño en los brazos envuelto en una mantita. Se acercó a Shàsera y se lo tendió. La bruja acunó al niño entre sus brazos y con maléfica sonrisa miró a su hija.
-No has querido darme una heredera Iliana, pero dentro de unos años Rothen comandará mis ejércitos y asolará todas estas patéticas tierras-dijo la anciana que no era tal.

Con un gesto de su mano una nube de humo la hizo desaparecer junto con el niño y la gárgola.

La visión finalizó y Rowina cayó de rodillas al suelo. Aunque quisiera obviarlo sabía que la visión era cierta. El hombre que estaba delante de ella era su hermano. Debía aceptar las evidencias.

-Y bien Rothen, ¿qué quieres de mÍ? Supongo que matarme. Para eso te habrá mandado aquí la abuela.
-Lo que queremos es que aceptes tu destino Rowina y que te unas a nosotros. Debes ocupar tu lugar al lado de Shàsera. Todo esto que intentáis es inútil. Cierto que habéis conseguido entrar en la torre superando incluso algunas de nuestras mejores creaciones, pero moriréis todos aquí. Te damos la opción de vivir. Si rechazas unirte a nosotros me veré obligado a matarte. -Me estás pidiendo que traicione a gente que sin conocerme de nada me ha ayudado a llevar mi misión a cabo, que ha muerto por ayudarme; si piensas que aceptaré es que estás aun más loco que esa vieja bruja.

La expresión del rostro del muchacho se tornó sinceramente triste.
-Así que tendré que derramar de nuevo sangre de mi sangre. Padre tampoco quiso aceptar que luchar contra Shàsera es inútil. Murió entre mis brazos tras una lucha honorable. Sus últimas palabras fueron para su adorada hija. Fui yo quien devolvió al gremio de asesinos esa espada juramentada que portas a la espalda. Y ahora debo matar también a mi hermana.

Acabando estas palabras envainó la daga en su cinturón y cogió la espada que estaba apoyada a un lado del trono de piedra. Dos lágrimas marcaron desigual senda por sus mejillas hasta caer por su mentón. Se dirigió a su hermana.
-A muerte hermana. Hoy uno de nosotros se reunirá con nuestros padres-dijo, para acto seguido realizar la reverencia ritual de los duelos a muerte.

La asesina devolvió la reverencia tras desenvainar la espada y la lucha comenzó.

Las estocadas, fintas y esquives se sucedían a velocidad vertiginosa. Pese a que la espada del joven era más grande y pesada, Rowina paraba los mandobles sin dificultad, aunque sabía que si la lucha se prolongaba, su mayor agilidad no le serviría de nada pues ella se cansaría antes que el fibroso joven.

En una de tantas estocadas de Rothen que la muchacha consiguió desviar quedó indefenso su flanco izquierdo. El temido cansancio no le dejó reaccionar con la velocidad suficiente y la espada de su hermano encontró hueco. El corte en el muslo no era muy profundo, pero era largo y doloroso. La herida sangraba abundantemente.

El joven, como si la visión de la sangre le insuflara nuevas fuerzas hizo sus ataques más violentos. Rowina sabía que ahora se debilitaría mucho más deprisa. A duras penas conseguía mantener a raya a su hermano. El siguiente ataque que halló hueco le dejo el lateral del cuello marcado por un corte muy superficial; la muerte había estado cerca. Rowina respiraba con dificultad por el cansancio y, la sangre perdida hasta el momento la hacía sentirse cada vez más débil.

-Vamos Rowina, aún estás a tiempo. Únete a mí. No seas estúpida como lo fue nuestro padre. No quiero tener que matarte-dijo apoyando la espada en el suelo a unos dos metros de distancia de la joven.
-Jamás. Quizá venda mis servicios como asesina, pero nunca venderé mi alma como tú.
-Sea pues.

Según terminó de decir estas palabras Rothen, con una velocidad endiablada alzo la espada con las dos manos por encima de su cabeza y la dejó caer con toda su fuerza al tiempo que avanzaba hacia la muchacha. Ésta intentó retroceder, pero la pared se lo impidió. Reuniendo las ínfimas fuerzas que restaban en su cuerpo rechazó el violento ataque. Las espadas chocaron, saliendo la de su hermano disparada de sus manos ante el asombro de éste. Rowina desde la posición en cuclillas en que había quedado tras el último ataque, ensartó el abdomen de su hermano, atravesando el duro peto de cuero.

Mientras la asesina sacaba de un tirón la espada que sobresalía por la espalda del muchacho, la cara de éste no habría podido reflejar más asombro. Murió en silencio mientras caía al suelo.

-Lo siento hermano, pero ya he dicho que nadie impediría que realizara mi cometido. Ojalá hubiéramos vivido ambos de otra forma.

Cojeando se dirigió a la única salida que tenía el enorme salón. Las lágrimas volvían de nuevo a quemar en sus ojos pugnando por salir. Al fin y al cabo era poco más que una niña.

 Capítulo XXIII    Capítulo XXV