 |
Categorías |
 |
- Ciencia Ficción
- Terror
- Policiaca
- Histórica
- Poesía
 |
Colaboradores |
 |
|
 |
La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
 |
 |
~ Capítulo XXVII ~ por MillerNov ~ |
 |
Su cuerpo se estremeció y tuvo la sensación de que una cortina de espesa niebla se colgaba de sus párpados. A pesar de toda la fortaleza que había adquirido durante los últimos años, Shàsera dudó por un instante. Parte de su magia se había difuminado, fundiéndose en el vacío, dejó de formar parte de la bruja. La desorientación no le permitió reaccionar de inmediato, de hecho, no lo hizo hasta que comprendió que el vínculo por el que recibía la magia de La Estrella de los Tiempos ya no estaba presente en ella.
La rabia fue la que hizo que Shàsera abandonara su desorientado estado. Abandonó el salón corriendo. Dando muestras de una agilidad felina, subió las escaleras rápidamente hacia sus aposentos, mientras que su mente urdía el plan que seguiría a continuación.
* * *
Por un frío pasadizo, sombrío y húmedo, Rowina trataba de culminar su venganza cumpliendo su juramento. Se encontraba desorientada, no tanto por las intrincadas entrañas de Odlon, más bien porque en su cabeza no conseguía encajar que se hubiese visto obligada a matar a su propio hermano. Tampoco era capaz de dejar de pensar en cómo se las había ingeniado la maldita bruja para robar el destino de tantas personas. Su entrenamiento como asesina no la había preparado para luchar ni afrontar ese tipo de situaciones.
La grave herida que se podía distinguir a través de la tela rajada en la pernera de su pantalón, se le antojaba como un simple rasponazo en comparación con la profunda cicatriz que le iba a dejar en la memoria el recuerdo de la muerte de su hermano. Aun así, su mente se negaba a culpar a nadie más que no fuese la bruja Shàsera.
Sacó fuerzas de la nueva venganza y clamando por una vida más. Saltándose una de las más sagradas normas de su gremio, juró en voz alta el nombre de Rothen, mientras sus manos sostenían alzada la espada juramentada a la altura de su corazón.
La sangre comenzaba a secarse, deteniendo así en parte la hemorragia de la fea herida. Rowina se movió algo más relajada, confiando que su entrenado instinto la llevase al encuentro de la odiada Shàsera.
* * *
Yan apareció de improviso como surgido de la nada. Con un gesto paralizó nuevamente a las figuras amenazantes que habían despertado al acabar el poder del talismán. Roxana y Danae no pudieron evitar el grito provocado por el susto ante su aparición y su rápida reacción, pero la sonrisa que mostraba el rostro del hombre pareció calmarlas.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Danae dejando evidente su tono de sorpresa.
-No esperaríais creer que deshacerse de La Estrella de los Tiempos y de su magia sería tan sencillo. -Yan habló mientras en su mano aparecía un minúsculo recipiente de cristal, lo mostró a las dos hermanas, quería asegurarse que lo vieran perfectamente.
-Si no os conociera lo suficiente, no habría necesidad de mi presencia aquí, en este preciso momento. -El tono de reproche del nigromante pareció dar por sentado que prefería no dar más explicaciones por el momento.
Danae y Roxana intercambiaron sendas miradas de incertidumbre, cada una buscaba en su hermana algún signo que indicara que sabía de qué estaba hablando su amigo. Ambas encontraron como respuesta un encogimiento de hombros. Se giraron al unísono para encararse de nuevo a Yan.
-Aquí dentro, -Yan aguantaba el pequeño matraz amenazadoramente delante de sus caras, -se encuentra toda la magia que ha escapado de La Estrella de los Tiempos. -Ahora eran los ojos del nigromante los que se mostraban amenazadores.
-¿Cómo se os ha ocurrido romperla así, sin más?
-Sólo quería librarme de ese artefacto y el poder que contiene -contestó Roxana poniéndose a la defensiva.
-¡El gran poder que contiene! ¡Ahí está la clave! -Yan parecía irritarse más con cada palabra que pronunciaba. -¿No sois conscientes de que todo el poder liberado podría haber ido directamente a formar parte de la magia de Shàsera?
-¿Cómo íbamos a saber eso? -añadió Danae indignada, pero su rostro la delató, sus ojos buscaban en el hombre un poco de comprensión.
-¿Es que no habéis aprendido nada de vuestro padre? -evidentemente Yan no esperaba ninguna contestación a su pregunta.
Ninguna de las dos hermanas pudo exteriorizar la réplica que estaba apunto de salir de sus labios. Yan, alzó su dedo índice frente a ellas y la expresión de su rostro las terminó de convencer para seguir en silencio.
Yan se giró y comenzó a caminar, las dos jóvenes le siguieron.
-Por cierto, será mejor no comentar nada sobre este; pequeño incidente. -Yan les habló sin siquiera volverse hacia ellas.
-Y, ¿qué propones? -preguntó con desaire Roxana.
-Lo primero será buscar a vuestro padre, seguro que es tan insensato como para enfrentarse él solo a Shàsera. -Roxana y Danae escucharon el comentario con cierta intranquilidad y de pronto les pareció que caminaban muy despacio. Yan pareció notar su inquietud, pero no aceleró el paso. -Y si es necesario, utilizaremos el poder rescatado en contra de la bruja. -Ahora el tono de Yan parecía más airado, mientras daba unas palmadas al bolsillo donde habría guardado el frasco de cristal.
-Pero sólo si es realmente necesario -sentenció el nigromante. Paró repentinamente su marcha y se giró bruscamente, encontrándose cara a cara con las dos hermanas. Estas tuvieron tan poco tiempo para reaccionar que casi tropiezan con él.
Sus ojos pasaban rápidamente de Danae a Roxana. Y sus labios apretados, mostrando determinación, no dejaban lugar a duda alguna de la gravedad de lo ocurrido. Ambas se sentían muy incómodas, y no precisamente por los mismos motivos. Danae, en un gesto inconsciente se separó ligeramente del lado de Roxana. Cuando Yan apreció que había captado toda su atención dijo: -Os lo recuerdo y os lo advierto; sólo si es necesario. Y la decisión será únicamente mía.
Roxana pareció de nuevo querer contestar, pero de nuevo la voz del nigromante se impuso firme, más seria que antes, casi amenazadora: -Sí no es necesario utilizarlo no lo haré, además, nunca saldrá de vuestras bocas comentario alguno sobre este asunto. -Yan pronunció las últimas palabras mientras sus ojos dejaban ver el interrogante de una pregunta. Las dos hermanas asintieron, dejando claramente que habían entendido las intenciones de su amigo. Aunque ninguna de ellas entendiera exactamente lo que el nigromante se proponía.
-Shàsera espera que la amenaza le venga de los pisos inferiores y eso, es lo que está haciendo Armwood . Nosotros buscaremos y nos enfrentaremos a la bruja desde las plantas superiores. Deberíamos encontrarla antes que el viejo, será la única ventaja que tenga vuestro padre. - Cuándo Yan terminó de hablar, esperó hasta ver la silenciosa confirmación reflejada en el gesto de las jóvenes.
Cogió la mano de Danae, y tendió la mano libre ofreciéndosela a Roxana. Cuando la chica aceptó y asió la mano de Yan, este hizo un gesto con la cara. Las hermanas se agarraron las manos, formando así un círculo entre los tres.
-A partir de ahora no nos separaremos. Los peligros de esta torre son muchos, el tiempo no espera y va en nuestra contra. Vamos a retroceder un lapso en el tiempo, tanto como mi magia nos permita. Eso nos dará una amplia ventaja, además de ofrecer a Armwood algo más que una oportunidad. -Las dos hermanas notaban como las palabras de Yan hacían crecer la incertidumbre que iba adueñándose de ellas. Ni siquiera imaginaban cuan fuerte sería el poder del nigromante para atreverse a realizar semejante sortilegio.
-Tened en cuenta que cuando retoméis el control de vuestros cuerpos, no estaremos en esta sala. Apareceremos en el Torreón de los Vigías, dos pisos más arriba que los aposentos donde se encuentra Shàsera. Y sólo unos instantes antes de que irrumpa vuestro padre en ellos.
Las manos de Roxana temblaban tanto como las de su hermana. No sólo iban a saltarse las normas del tiempo, si no que además, iban a ser testigos y protagonistas de una translocación. Cuando asimilaron lo que Yan pretendía hacer, apretaron fuertemente sus manos, ninguna quería romper el anillo mágico que formaban sus cuerpos unidos. Aunque Danae lo hacía más por miedo, Roxana lo vivía con más excitación. Yan mostró una sonrisa de satisfacción, estaba disfrutando, la situación no era para menos. Aunque ellas, ignorantes del fondo de toda la cuestión y totalmente ajenas a los intereses en parte ya cumplidos del nigromante, iban a ser sometidas a una prueba.
-Dejad que os guíe, dejad que la mágica energía fluya sin resistencia por vuestros cuerpos. Pero también debéis estar muy alerta a mis señales. -Antes de terminar de hablar, Yan ya había cerrado sus ojos. Una corriente de aire fresco pareció girar en torno al círculo que habían formado.
Yan comenzó a articular el complicado sortilegio. Sus brazos vibraron, transmitiendo la poderosa magia hasta las manos de las dos jóvenes. La energía siguió su curso, inundó y atravesó sus cuerpos, hasta que finalmente los dos flujos de energía se encontraron en las apretadas manos de Danae y Roxana.
El aire comenzó a cobrar una vertiginosa velocidad alrededor de ellos, el fuerte zumbido que producía atrajo a varios no-muertos, que aunque no se atrevieron a acercarse mucho, se quedaron al acecho. Cuando el aire se convirtió en un torbellino, ceñido a las tres figuras, comenzó a ascender, formando una columna que en breves instantes alcanzó el techo, lo atravesó y desapareció.
Los no-muertos se abalanzaron sobre las tres inertes figuras, que inmóviles e inmutables al ataque, seguían unidas por sus manos.
En ese mismo instante, en el Torreón de los Vigías, un ligero cambió en el ambiente, una suave corriente de aire fue el único anticipo a la materialización de los tres cuerpos. Durante un corto espacio de tiempo siguieron unidos, sujetos por sus manos. La primera en volver de nuevo a la consciencia fue Danae.
-¡Ahhhggg, ayuda Yan, ayúdame! -El grito de urgente socorro de Danae fue el fulminante para que el nigromante y su hermana volvieran en sí después de la translocación.
-¡Socorro, por favor, Yan quítamelos de encima! -Al nuevo grito desesperado de Danae se unió también un chillido cargado de terror de Roxana. Las dos hermanas habían soltado sus manos, y sus brazos se agitaban en el aire desatinadamente.
-Tranquilas chicas, calmaos, ¿Qué os pasa?
-¡Yan por favor, ayúdame! -El grito de Roxana se fue perdiendo, tanto su voz como su cuerpo se fundieron en la habitación hasta desaparecer. Yan se abalanzó hacia Roxana, pero sus brazos se cerraron en el vacío, atrapando sólo una sensación de impotencia. No entendía lo que estaba pasando. Se giró con la intención de ayudar a Danae, que no dejaba de gritar. La chica agitaba sus brazos enloquecidamente, como si se estuviera defendiendo de algún enemigo invisible, mientras que su rostro reflejaba la más horrorosa de las visiones.
Todos los esfuerzos de Yan fueron inútiles. Danae desapareció ante sus ojos de la misma manera que lo había hecho su hermana. Todavía resonaban en el torreón los gritos desesperados de ambas.
El cálculo de Yan para proteger a las dos hermanas había resultado ser insuficiente. Sus cuerpos quedaron sin protección durante el lapso común de la traslocación, cuando los cuerpos permanecen en dos lugares diferentes a la vez, hasta que la diferencia de tiempo compensa el espacio, uniendo finalmente ambas entidades. Los no-muertos no desaprovecharon el momento preciso. Habían percibido la debilidad de aquellos cuerpos desprovistos de voluntad. Los capturaron, mientras que el resto de los sentidos de Danae y Roxana eran conscientes desde su impotencia del horror que las acechaba.
La rabia bullía dentro de Yan, quería vengarse en persona. Pero en su interior, el mayor de los reproches no salía de su propia cabeza. Él era el único culpable, había vuelto a pecar de orgullo. Y lo que era peor de todo, ahora debería afrontar la situación frente a Armwood. Sabía perfectamente que el viejo mago no era alguien a tomarse a la ligera en ciertas circunstancias, y esta parecía muy grave.
Tampoco se podía permitir desperdiciar el tiempo que había ganado. Iría al encuentro de Shàsera antes que llegara Armwood y le facilitaría al viejo la lucha contra la bruja. Sabedor de la ventaja que ahora tenían frente a ella, se podría permitir dejar que el mago terminara con la hechicera. Entonces se podría encargar de la búsqueda de Roxana y Danae.
* * *
Aunque sólo contaba con sus sentidos, a pesar de sus recientes heridas y de la lucha interna que no cesaba de atormentar sus pensamientos, Rowina esperaba oculta en el lugar oportuno. Su entrenado instinto había superado de grado los últimos acontecimientos.
Su mente detuvo cualquier pensamiento que no fueran los cálculos necesarios para conocer la velocidad de sus movimientos y el alcance de su espada, además de la posibilidad de una retirada a otra posición más cómoda. Como un jugador de ajedrez, no arriesga su siguiente jugada sin haber calculado todas las posibilidades, eso también incluye las del enemigo. El recuerdo de los consejos de su padre la distrajo por un instante, pero nada más.
El momento más anhelado por la asesina le estaba siendo servido en ese preciso momento.
Unos pasos rápidos y muy ágiles, que apenas dejaban escuchar el ruido de sus pisadas por encima del frufrú de la pesada falda de terciopelo, bajaban los escalones acercándose a Rowina. La asesina respiró profundamente, muy despacio y reteniendo el aire esperó el momento oportuno.
* * *
Shàsera nunca se había caracterizado por su falta de inteligencia y tampoco se había dejado llevar por las circunstancias. Conocía muy bien cuál era su desventaja. Aunque no sabía a ciencia cierta qué era lo que había ocurrido con la fuerza que extraía de La Estrella de los Tiempos, al menos había recibido lo que ella consideraba una pista. Las gárgolas de cristal le habían informado de la captura de dos mujeres. Un grupo de no-muertos las había hecho prisioneras en la misma sala donde se hallaba la Estrella. Siguiendo las instrucciones que les diera la bruja, estaban llevando a las cautivas a las mazmorras subterráneas. Las órdenes también dejaban bien claro que para su llegada, las dos jóvenes se encontrarían al menos en condiciones de responder a sus preguntas.
Estaba esperando a su viejo mago y antaño amigo, pero Armwood tardaba demasiado. Aun mermado en gran parte su poder, Shàsera tenía la seguridad de que el viejo no sería rival para ella. Las dos cautivas podían esperar, además, así recibirían la fatídica noticia de la muerte de su padre.
Su sonrisa de triunfo ante sus pensamientos, enseguida se tornó en una arrugada y tensa mueca. Una fuerza descomunal se cernía sobre ella. En algún punto por encima de su cabeza, el poder del inconfundible Yan se acercaba y lo hacía muy rápido. No estaba dispuesta a enfrentarse en una lucha desigual. Aunque no le habría importado luchar con cada uno de ellos por separado, la bruja sabía que este no era el momento adecuado para enfrentarse a los dos al mismo tiempo. Shàsera nunca había tenido reparos en improvisar y los escrúpulos tampoco formaban parte de sus remordimientos. Abrió la puerta disimulada por un falso murete y bajó en dirección hacia las mazmorras. Estaba dispuesta a recuperar La Estrella de los Tiempos antes de enfrentarse a dos magos juntos.
Cuando Yan irrumpió en los aposentos de Shàsera, sus manos, envueltas por un aura chispeante, buscaron a la bruja, prestas para descargar la fuerza del hechizo que había conjurado. Pero sólo encontró una estancia vacía. El nigromante apenas podía contener el sortilegio, que con vida propia, pugnaba por buscar un cuerpo en el que estrellarse y descargar su mortífera magia.
Una puerta, al otro lado de la lujosa sala, se abrió tímidamente. La afable cara de Armwood, ahora convertida en una fría e insondable máscara, se asomó por la abertura que había quedado. Sus labios se movían rápidamente, formando un conjuro que nunca llegó a terminar. Cuando vio que el único ocupante de aquel aposento era Yan, se relajó un tanto, pero la pregunta que formuló no se hizo esperar.
* * *
Al pie de la escalinata, Rowina salió de su escondite sin dar tiempo a Shàsera para reaccionar. La punta de su espada se hundió casi un palmo en el vientre de la bruja. Y allí, durante una fracción de tiempo, en la que hasta el universo pareció detener su avance, las dos mujeres permanecieron frente a frente. Rowina con su brazo totalmente firme, mostraba una sonrisa triunfal, mientras que Shàsera, con los ojos totalmente abiertos por el asombro, parecía no entender la situación.
La resplandeciente hoja de la espada juramentada se iba cubriendo de color carmesí. La asesina quiso retirar la espada, pero en esta ocasión, la bruja fue más rápida. Su mano firme, casi presumiendo de una fortaleza inaudita, agarró el teñido filo. Rowina dudó cuando la situación se convirtió en un pulso de fuerza. La escena pareció cambiar de posición y la sonrisa que se evaporaba del rostro de la asesina, iba apareciendo en el gesto de la bruja.
Rowina no supo en qué momento había comenzado el encantamiento. Su mano se tornó rígida y quiso soltar la empuñadura pero sus músculos estaban totalmente agarrotados. Tampoco pudo retroceder, pues Shàsera sujetaba la espada con tal fuerza que impedía cualquier movimiento.
La ponzoñosa sangre derramada por la bruja cobró vida ante la atónita mirada de Rowina. Como un río que fluye con voluntad propia, el rojo líquido cubrió toda la superficie de la hoja, hasta que llegó a la empuñadura. Siguió su avance, gangrenando por debajo de la piel la carne de la mano de la asesina. Luego, comenzó a subir por su brazo.
La espada se deshizo en finas volutas que flotaron en el aire hasta desaparecer, como lo hacen las brasas de carbón una vez consumidas. La mano de la bruja se abrió victoriosa, mostrando a su rival una palma limpia, sin marca alguna. Rowina dejó de sentir todo un costado de su cuerpo, trastabilló y cayó indefensa al suelo. Incapaz de articular una sola palabra, siquiera un grito, mientras la gangrena iba pudriendo poco a poco el resto de su cuerpo.
Yan bajaba a toda prisa los escalones de tres en tres. Algunos pisos más arriba, Armwood hacía lo que podía para seguirle. Pese a su respiración entrecortada, el mago no dejaba de lanzar juramentos, derrochando imaginación sobre el futuro próximo de Shàsera. Aunque de vez en cuando, intercalaba entre ellos, alguno bastante especial para el nigromante.
Cuando Yan alcanzó el rellano detuvo su carrera. Una rápida y fría mirada hacia el cuerpo de Rowina bastó para convencerse que no merecía la pena perder el tiempo allí. Podía percibir en el ambiente la reciente presencia de Shàsera. Husmeó el aire y sin mostrar más interés por la asesina, continuó su carrera en busca de la bruja.
Armwood lanzó una maldición sin mucho entusiasmo, pues la carrera le había fatigado en exceso. La visión apenas reconocible del cuerpo de Rowina, le hizo replantearse la persecución de Yan y de Shàsera.
-Vaya, ¿Qué tenemos aquí? -dijo Armwood casi sin aliento.
La asesina apenas conseguía hacer un mínimo gesto, pero el viejo mago no veía las pústulas en la piel ni las llagas en la carne. Armwood vio vida, vio el herido orgullo de la juventud. Se vio a sí mismo en muchas ocasiones, aunque no recordó cuanto tiempo hacía de aquello.
-Yan, -susurró el mago mientras se agachaba para ayudar a Rowina, -más te vale devolverme a mis dos hijas, o juro por los dioses que conocerás el mismo destino que le aguarda a esa maldita bruja.
En ese preciso instante, el estridente grito de un joven dragón atravesó la noche, las resquebrajadas murallas de la torre de Odlon temblaron impotentes. El eco se dejó oír largo tiempo, como si pretendiera dejar constancia del juramento del mago.
-No te preocupes asesina. -La voz de Armwood recobró su tono natural. -Sólo se trata de un hechizo desesperado lanzado por una bruja desesperada. -El mago hizo una pausa mientras que sus manos, perdidas dentro de sus insondables bolsillos, buscaban el remedio para anular los efectos del encantamiento de Shàsera.
Cuando por fin, una de sus manos halló el pequeño frasco que buscaba, una leve sonrisa afloró en su arrugado rostro. Sigo en forma pensó. Lo abrió como si se tratara de un objeto muy delicado y esparció algunas gotas sobre las palmas de sus manos. Después lo cerró y lo devolvió a un lugar impreciso de alguno de sus bolsillos.
Con las manos levantadas por encima de su cabeza, dibujó extrañas figuras en el aire, mientras que su voz emitía un canto con cierta entonación gutural. Después repitió el mismo ritual sobre el tendido y maltrecho cuerpo de Rowina. La asesina sólo escuchó una sentencia que salía de los labios de Armwood: -Ahora que tu insensata vida me pertenece, espero que seas más juiciosa.
Cuando la fuerza volvió a su cuerpo, se incorporó y pudo ver como su piel recuperaba rápidamente su color natural. Y cuando levantó un poco más la vista se encontró con la mirada del mago. No fueron necesarias las palabras. El acuerdo tácito flotaba entre ellos. Armwood emprendió de nuevo una carrera siguiendo el mismo camino que había tomado momentos antes Yan en persecución de la bruja.
Rowina no perdió el tiempo. Se levantó y comenzó a seguir al mago. Su mano ya acariciaba la empuñadura del puñal que sujetaba su cinturón.
|