Relatos - La página de MillerNov




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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía
 ~ Capítulo XXIX ~ por Ayoze ~
Yan seguía corriendo en solitario en busca de las dos hechiceras. Evidentemente se sentía responsable de lo que pudiera pasarles, y además estaba enamorado de la joven y hermosa Danae. Sus pies bajaban por las escaleras a toda velocidad. Varias auras mágicas hacían vibrar el aire. Una de ellas, inmóvil, era la de Danae, la reconocería entre cientos. Las otras dos, que se alejaban, debían pertenecer a Shásera y Roxana.

Roxana sabía que la bruja no tardaría en darse cuenta del engaño, y de que ella no tenía ni sabía dónde estaba el elixir. Shàsera debía pensar que lo habían ocultado en la torre tras romper el recipiente.
-Todos habéis creído que sería muy fácil vencerme, ¿no es así?-dijo la bruja de repente.-Llevo sobre esta tierra demasiado tiempo para que un grupo de pusilánimes como vosotros acabéis conmigo. Muchos lo han intentado antes y han terminado como alimento para mis criaturas.
La joven ladrona no supo qué contestar ante esta fanfarronada de la bruja, aunque sabía que ciertamente sería difícil vencer a Shàsera.

Finalmente Yan llegó a la mazmorra donde estaba Danae. Atisbó desde la puerta para calibrar la situación. Su desventaja era bastante evidente. Cuatro zombis y otras tantas gárgolas de cristal custodiaban a la joven hechicera. Sacó de su bolsillo el pequeño frasco de cristal que contenía el elixir y lo colgó de un saquillo de cuero que llevaba en el cuello. Tardó unos segundos en pergeñar su plan y entró en la sala.

Pronunció unas arcanas palabras dirigidas a los no muertos, los cuales acto seguido comenzaron a atacarse unos a otros. Yan, cogió la garra de dragón que llevaba consigo y cargó entonces contra las gárgolas. Esquivó el ataque de la primera y, entonando salmos que daban más poder al arcano objeto que portaba entre sus manos, descargó con toda su fuerza un golpe que cercenó el brazo de una de las horripilantes criaturas vítreas.

El grito del horrendo ser casi le rompe los tímpanos, aunque aprovechó el momento de dolor de su víctima para, con otro certero golpe, romper en mil pedazos su horrible cabeza de cristal. Tras finalizar este golpe notó como la garra de una de las compañeras de la criatura muerta laceraba la parte posterior de su muslo. El dolor hizo que se girase lanzando una acometida brutal que partió en dos a la gárgola, pero el mal ya estaba hecho.

Lo primero que notó fue como la sangre dejaba de manar por la herida rápidamente, cristalizándose sobre su piel. Poco a poco la cristalización se iría extendiendo a través de su sangre a todo su cuerpo. Pero no volvería a fallarle a Armwood.

Con enorme dificultad consiguió mover su pierna derecha que ya empezaba a convertirse en cristal. La mueca de satisfacción de las dos gárgolas restantes hacía que aun fueran más horripilantes.

-Vamos cobardes- instó Yan a las criaturas.- No tendréis miedo de un hombre lisiado.

El nigromante fue capaz de fintar con dificultad ante el ataque de la primera de las criaturas, cercenando con un rápido movimiento una de las piernas de la bestia de cristal. Por desgracia el envite de la segunda gárgola fue demasiado rápido y su garra abrió tres surcos largos y profundos en el pecho del corpulento hombre. La risa de la vítrea criatura producía escalofríos en Danae, que asistía impotente a la batalla de Yan contra los horribles seres de Shàsera.

La joven no había sido capaz de articular palabra desde que Yan había entrado como una exhalación en la mazmorra. Colgada por aquellas cadenas que laceraban sus muñecas se sentía tremendamente impotente. Además el veneno vítreo de las criaturas se extendía rápidamente por el cuerpo de Yan, herido ahora por segunda vez. Pero Danae conocía bien al nigromante y sabía que éste no se rendiría y así fue.

La infección ya había convertido toda su pierna derecha en cristal. Aun con todo, Yan asestó el golpe de gracia a la gárgola que, sin una de sus piernas, trataba de escapar arrastrándose por el suelo. El cristal de su cabeza hecho añicos se esparció por el suelo. El nigromante era ya únicamente capaz de mover la parte superior de su cuerpo pues su pierna izquierda era ya también de cristal desde la cadera hasta la rodilla. De nuevo instó al último ser de cristal con bravuconería para que lo atacara. La gárgola tomo impulso frente a él y realizando un tremendo salto se precipitó contra su torso. Yan usó la garra de dragón como si de su propio puño se tratase. Al chocar con tal fuerza la criatura contra el arcano y poderoso objeto quedó pulverizada en pequeñas partículas de polvo de cristal.

El nigromante sabía que era tarde para él. Únicamente podía mover ya sus brazos y la cabeza. Con gestos de sus manos y palabras ininteligibles ordenó a los dos no muertos que quedaban en pie que descolgaran a Danae de la pared. Una vez estuvo la chica liberada pronunció unas pocas palabras más y los no muertos cayeron desmembrados al suelo. Dejó caer la garra de dragón al suelo y antes de que el veneno convirtiera en cristal su cuello, cogió con su mano la bolsita de cuero que pendía de él y contenía lo que habían venido buscando. El cordel de la bolsita quedó atrapado en el cristal en que se convirtió su mano.

Danae corrió hacia el que en secreto era su amado para oír de sus labios que al instante se convertirían en cristal lo siguiente:

-Quiero que sepas que yo también te amo mi preciosa Danae.

Tales fueron las últimas palabras de Yan antes de que la cristalización terminase por convertir su cuerpo en una estatua de frío cristal.

Unos segundos después aparecieron en la mazmorra Armwood, Ilùn y Rowina, encontrándose con la dantesca escena. El suelo lleno por todos lados de fragmentos de cristal roto, trozos de cuerpos no muertos arrastrándose por el suelo y a la joven arrodillada y llorando frente a una estatua de cristal que antes había sido Yan.

 Capítulo XXVIII    Capítulo XXX