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La Estrella de los Tiempos ~ Varios Autores ~ Fantasía |
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~ Capítulo XXXI ~ por Esdrás ~ |
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Tan pronto como Armwood dio sus instrucciones desapareció por los pasillos seguido por la veloz Rowina. Su aparente frialdad y el enfado con su hija no eran sino los síntomas de su profundo dolor y de su miedo. Dolor por el siniestro fin de Yan, a quien quería como un hijo y miedo por sus hijas. Por Roxana, que ahora estaba en manos de Shàsera, y por Danae. ¿Cómo reaccionaría ésta ante la muerte de su amado? Hizo un gesto en el aire como para espantar estos pensamientos y se detuvo. Respiró profundamente y trató de calmarse. La lucha que estaba por desencadenarse exigiría de él y de Rowina toda su concentración y frialdad. Dubitativo contempló el laberinto de escaleras y corredores que se abrían ante él. Introdujo su mano en el bolsillo y extrajo una pequeña redoma. La abrió y colocó parte del plateado polvo que contenía en la palma de su mano y tras formular un sencillo hechizo de búsqueda, susurró el nombre de su hija: “Roxanaaaaaa”. El polvillo se elevó en una delgadísima espiral e inició su rastreo dejando tras de sí pequeñas partículas que brillaban incandescentes marcando el camino que debían seguir. Armwood se volvió hacia Rowina:
-Bien pequeña juramentada, este es el camino. Hemos llegado lejos y hemos perdido mucho ... todos. Pero aún estás a tiempo de volverte. Esta es casi una batalla imposible de ganar. Shàsera está desesperada, pero en su desesperación es más peligrosa que nunca – señaló Armwood. Repentinamente, su tono se había vuelto duro, corrosivo, y una mirada cargada de pasado atravesó a Rowina -. Yo he de seguir adelante, solo o en compañía. En este último caso, a mi lado necesito una voluntad firme y un compromiso consciente. Y dudo que este sea tu caso, pobre, débil y atormentada asesina. Necesito a alguien fuerte, que no necesite de mí y no a una mojigata asustada imbuida de deseos infantiles de venganza, por cuyas venas corre la sangre de esa maldita.
-Maldito hechicero, calla de una vez – gritó Rowina, al tiempo que le cruzaba la cara-. Soy yo la que no necesita de ti. De ninguno de vosotros. Nadie os pidió que vinierais aquí y nada habéis hecho por mí. Sólo os han movido vuestros propios odios y ambiciones. Si de mí dependiera hace tiempo que ...
-Cálmate Rowina – el tono de Armwood volvía a ser el habitual -. Ahora sé que estarás a mi lado hasta el final. Tus palabras han sido muy convincentes, por no mencionar tu puño. Me has movido hasta la última muela. Creo que si sobrevivimos, no podré comer más que sopas con pan. Pero tu espada de juramentada ya no existe y con tu puñal poco podrás hacer.
Con un gesto rápido Armwood le quitó la daga a Rowina. Profundamente concentrado, formuló un hechizo de transmutación y la pequeña daga empezó a crecer hasta adquirir las dimensiones de una magnífica espada que brillaba con una azulada luminosidad.
-Espero que te sirva bien protegiendo tu vida y la de aquellos que se acojan a ti – dijo ofreciéndosela -.Y ahora sigamos – concluyó mientras tomaba a la sorprendida Rowina de un brazo y la conducía tras la estela de plata -. A propósito. ¿Te he contado alguna vez lo de Gorn el desdentado? Era un hechicero muy poderoso pero tenía el mal hábito de hablar demasiado. La total ausencia de dientes, convertía la experiencia en algo muy húmedo. ¡Y su aliento! Arghhhh. Aún recuerdo ...
* * *
Danae miró en derredor suyo. Los restos de la guardia de Shàsera, salpicaban el suelo y en medio de todo ese caos, la figura cristalizada de Yan. Sus últimas palabras aún resonaban en sus oídos, así como la acusación de su padre. Un brutal acceso de debilidad hizo que se derrumbara sobre sus rodillas y manos. Violentas arcadas la sacudieron, para acabar vomitando poco más que hiel. Emociones contradictorias se sucedían en mareas para finalmente acabar imponiéndose el odio sobre todas. A duras penas consiguió ponerse en pie, contemplada siempre por Ilùn. Su respiración se fue pausando y una firme determinación se asentó en su mirada. En pocos minutos se había operado una terrible transformación, una metamorfosis en la que el rostro dulce y suave de Danae había dejado paso a unos rasgos duros, llenos de determinación y a unos ojos oscuros, profundos en los que brillaba un fondo de tormenta.
-Vámonos Danae. Debemos marchar lo antes posible y cumplir con nuestro cometido. La vida de los tuyos depende de ello.
-De acuerdo, pero antes debo hacer algo.
Y aproximándose a la estatua de cristal, acarició su rostro y le susurró al oído como si pudiera escucharle.
-Yan, de modo que me querías y sólo supiste decírmelo cuando ibas a morir. No tuviste suficiente con que te amara en vida que quisiste que te idolatrara en tu muerte. Lo que siempre quise escuchar me lo escupiste cuando habías de morir. Y ¿qué debo hacer yo? ¿Guardar tu recuerdo como una virgen y llorar tu ausencia? Maldito seas. Maldito seas. MALDITO SEAAAASSSS.
Danae se apartó de la estatua como si estuviera contaminada y con gesto amargo se encaminó hacia Illún.
-Hazme un favor, déjame tu espada.
-¿Estás segura? – dijo tendiéndole el arma y adivinando sus intenciones.
-Compruébalo – respondió mientras la tomaba por su empuñadura. Un amplio giro sobre su cabeza y una miríada de cristales estalló por todas partes -. Ahora estoy lista para irme.
Ilùn recogió su espada sin cruzar palabra con Danae a la que vio marchar decidida hacia la salida. Hacía mucho, ya en su anterior vida, que decidió no intentar comprender las reacciones humanas por muy extrañas que estas fueran. Miró el polvo cristalino del que fue el gran sacerdote nigromante de Ornoi y las huellas de Danae sobre ellas. A un lado la garra de Seloé, olvidada, como si su sacrificio hubiera sido inútil. Un leve suspiro escapó de su boca entreabierta al agacharse a recogerla. Humanos.
* * *
-Maldita bruja, ¿qué me estás haciendo? – barbotó con furia Roxana tras volver en sí.
-Tranquila querida, esto no es sino una pequeña sangría. Tu sangre es un preciado don que me es imprescindible para seguir adelante.
-Y ¿para qué la necesitas?
Sorprendida Shàsera se volvió hacia Roxana:
-Y ¿por qué habría de decírtelo? No seas estúpida. Eres demasiado simple como para entender mis motivaciones, mis deseos. No eres más que una vulgar ladrona del más bajo rango mágico. De hecho me sorprende que hayas llegado hasta aquí, aunque creo que eso hubiera sido imposible si no hubieras contado con la ayuda de tu padre. Él por lo menos es un verdadero enemigo. Y sus hijas dos torpes remedos de magas. ¡Por los dioses! Cómo debe sentirse de frustrado ante vuestra visión.
-Eres una víbora, Shàsera, pero tu veneno no me hace ningún daño. Eres un ser patético y solitario, incapaz de atraer incluso a los de su propia familia. Si ni siquiera puedes mantener a un hombre a tu lado, ni valiéndote de todo tu arsenal mágico. Das pena y asco.
-Debo suponer que este no es sino un bochornoso y lamentable intento de distraerme o incluso de zaherirme. Mejor permanece callada a no ser que tengas algo inteligente que decirme.
Tras estas palabras, Shàsera lanzó un hechizo de mutismo sobre Roxana centrándose después en su labor. La sangre de Roxana fue mezclada con diferentes sustancias; redomas y retortas recogieron elementos mágicos, hierbas y conjuros escritos. Roxana sintió que su sangre se helaba. Sabía perfectamente lo que Shàsera se proponía hacer. Iba a tomar posesión de su cuerpo, deshaciéndose de su cada vez más decrépito organismo. Incapacitada para hablar, la maga ladrona se revolvió intentando liberarse de las ataduras. Tras varios minutos, consiguió aflojar la ligadura de su mano derecha. Concentrándose y procurando no llamar la atención de Shàsera liberó su mano que se encerró sobre su daga. Sólo tendría una oportunidad, cuando empezase la fase final y Shàsera no pudiera preocuparse por su propia seguridad y la ocasión empezaba a brindársele en ese momento justo cuando el tumulto de una pelea atravesó la puerta.
Shàsera, haciendo caso omiso del ruido exterior, formuló mentalmente el conjuro final. Todos los prolegómenos habían concluido y sobreponiéndose al cansancio y al dolor de su moribundo cuerpo, lanzó su postrer hechizo sobre el sencillo cáliz que descansaba sobre su mesa. Puntos de luz brillaron sobre y en el líquido ambarino. Shàsera alzó el cáliz y comenzó a beber de él. Roxana notó cómo la vida escapaba de su cuerpo y que la voluntad de la bruja empezaba a sustituir la suya. Desesperada y antes de perder el control de su cuerpo y mente lanzó su puñal hacia ella clavándoselo profundamente en la garganta. Dos agónicos gritos precedieron el crujir de la puerta que reventó como aspirada por un tornado dejando paso a Armwood.
* * *
Cuando Rowina recobró la compostura tras el acceso de risa que le había provocado el chascarrillo de Armwood sobre Gorn el desdentado, o el apestoso según quién hablara de él, le miró agradecida. Tras el duro ataque a su persona no había habido más intención que la de un maestro probando a su alumno, y el absurdo cuento sobre Gorn había servido para aliviar la tensión nerviosa. Sin duda, Armwood era un hombre sabio, alguien digno de quien aprender. Sus hijas tenían suerte de contar con él. Roxana tenía suerte de que su padre fuera a por ella y por primera vez, Rowina sintió esperanza, esperanza de llevar a cabo con éxito su misión. Shàsera o Armwood, Armwood o Shàsera. Las fuerzas estaban muy equilibradas y quizás ella, Rowina, sería quien inclinase la balanza a favor del anciano mago.
Estaban ya al final de su recorrido. La estela plateada acababa junto a una recia puerta de madera tachonada con runas protectoras y rodeada por sombras que ni las resinosas antorchas conseguían romper. Ambos se detuvieron a cierta distancia y se miraron sin decir palabra. Un aura de peligro y amenaza perfectamente palpable se les introdujo en todo su ser provocando una contracción en sus riñones y una fabulosa descarga de adrenalina. “No estamos solos” murmuró Armwood. Rowina asintió con su cabeza. Sacando su espada juramentada y adoptando una pose de en guardia se dispuso a avanzar lentamente, paso a paso. Frente a ella, en la negritud de las sombras dos ojos amarillos se abrieron como dos cráteres de fuego y lava y un cuerpo elástico avanzó perezoso deshaciéndose de la oscuridad e interponiéndose en su camino.
-Mmmm, me temo que no habéis sido invitados a esta fiesta. Mi ama no desea molestas interrupciones. Idos, por favor – dice con un ronroneo.
-Mira minino, pórtate bien y cuando acabe esto te daremos unas raspas para que te entretengas.
-Unas raspas. No está mal, pero siempre he preferido la carne humana. Resulta más divertido obtenerla.
Las palabras fueron sustituidas por un movimiento fulgurante. De un salto el neagy se colocó a la espalda del brujo y de la asesina y lanzó dos poderosos zarpazos hacia ellos. Armwood cayó al suelo, dolorido y sintiendo caer la sangre caliente por su espalda. Rowina en una forzada contorsión se adelanta a la acción del felino y escapa con un simple arañazo.
-¿Estás bien, brujo? – dice preocupada al verlo en el suelo y lanzando un ataque al neagy.
-Sí, estoy bien. A por él.
Armwood se arrastra hacia la pared más próxima y busca con frenesí en sus bolsillos hasta conseguir un objeto. Rezando a los dioses por haber dado con el más adecuado lo mira y profiere un sonado juramento. Un cascabel, un cascabel ¡para gatos! Nervioso mira hacia su compañera que lanza sus estocadas hacia el neagy e intenta escapar de sus garras y colmillos. Las gotas de sudor caen por la frente de Armwood. Rowina siente que sus frescas heridas se reabren y el dolor empieza a ser lacerante. Son ya demasiados los enemigos a los que han tenido que hacer frente en este día. Paso a paso retrocede y cada vez el peso de la espada es mayor. Un zarpazo de la bestia abre dolorosos surcos en su vientre. La voz de Armwood llega entonces hasta ella, imperiosa: ¡cierra los ojos! Automáticamente ella obedece y no puede percibir el violento destello provocado por el hechizo del mago que finalmente ha dado con el frasco correcto. Los sensibles ojos del neagy se cierran, cegados por la fuerte luz y un rugido de furia y frustración provocan la inmediata reacción de Rowina que abriendo los ojos ve la vulnerable situación del hombre pantera. Un rápido y certero mandoble, y la cabeza rueda como una pelota.
-Bien hecho, jovencita.
-Sí, pero el mérito no es todo mío. Formamos un buen equipo. –dijo con una sonrisa cansada-. Y ahora, creo ... que voy a ... desmayarme.
-Puedes hacerlo, te lo has ganado. Yo mientras tanto intentaré abrir esta puerta.
Sus palabras son interrumpidas por dos agónicos gritos. Armwood puede reconocer perfectamente a su hija como la emisora de uno de ellos. Con una furia incontenible nacida de la desesperación, el poder mágico de Armwood absorbió literalmente la puerta que como succionada por un tornado crujió y se transformó en astillas.
* * *
Danae alcanzó finalmente el patio de la fortaleza. El calor de los últimos rayos de sol la acarició y por un momento deseó abandonarse a un placer tan mundano. Era como si hubiera pasado décadas en el lóbrego interior y el frío parecía haberse asentado en sus huesos. Cerró sus ojos y alzando el rostro al cielo quiso olvidar por unos segundos el dolor, el frío, la amargura. Escuchó unos pasos y permaneciendo en la misma posición, murmuró:
-Unos segundos Illún, sólo unos segundos. Necesito este calor.
Un profundo gruñido fue la sola respuesta que recibió. Un sonido que la sorprendió y la obligó a abrir los ojos para ver ante ella a un pesado cancerbero, guardián de la fortaleza. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo ante la visión de las dentadas fauces de las cabezas del infernal perro. Retrocedió unos pasos hasta golpear contra el pecho de Illún.
-No te irás a asustar ahora, ¿verdad? – había sarcasmo en su voz - Sólo es un perro, por muchas cabezas que tenga y si es eso lo que te molesta no te preocupes. Yo me encargo. Pero antes, sujeta esto – dijo entregándole la garra de Seloé.
Dejando atrás a Danae, Illún avanzó y se colocó frente al cancerbero. Una extraña distorsión en la atmósfera que le rodeaba fue el preludio de su transformación en el poderoso dragón negro que ahora era. El perro guardián inició un profundo gruñido que acabó rápidamente bajo el peso de una de las poderosas patas de Illún. Su voz profunda despertó a Danae de su estupor:
-Rápido, monta. Debemos llegar al pantano. Ya hemos perdido demasiado tiempo.
Decidida, Danae montó a lomos del gran dragón, que con dos poderosas batidas de alas se elevó en los aires y enfiló hacia los cercanos pantanos. En la remontada Danae vio los cuerpos caídos de los gigantes de roca. Una vez había muerto Yan, la magia que los sustentaba también había muerto y ahora reposaban sin aparentar más de lo que eran, un puñado de rocas. Mientras volaban, Danae preguntó a Illún:
-Háblame de la estrella de los tiempos. ¿Por qué es tan importante?
-La estrella – respondió con la voz grave y profunda que le caracterizaba – no es sino un catalizador, un poderoso objeto de origen desconocido. Se dice que cuando la magia despertó en nuestro mundo, antes incluso de que los dragones aprendiéramos a hablar, una raza de semidioses gobernaba en este mundo. Ellos fueron quienes enseñaron a los de mi raza y los que crearon a los vuestros. Algunos aprendieron a controlar los elementos, pero pronto supieron que debían elegir. La magia impone sus propios límites y no se deja dominar por completo. Por ello los magos se especializan en una escuela. Pero siempre ha habido quien ambiciona el poder de otros. Hubo entre los semidioses un nigromante especialmente poderoso, deseoso de controlar la magia en su totalidad. Durante mucho tiempo estudió y experimentó, hasta finalmente conseguir la estrella de los tiempos, un catalizador que permite concentrar el poder mágico de todos los elementos en las manos de un solo individuo. Los semidioses y las ansias de dominio de sus hechiceros desaparecieron hace ya mucho, tanto que la memoria de los hombres no los recuerda, salvo unos pocos. Ellos han mantenido una encarnizada y secreta lucha por el poder. Y ella es uno de tantos. Si Shàsera llegara a absorber la estrella, se convertiría en la dueña del mundo.
-¿Y por qué no lo ha hecho ya? Ha contado con la estrella durante cierto tiempo.
-Las cosas no son tan fáciles querida. No todos pueden controlar a la estrella y aún menos poseerla o absorberla.
-Pero ella es muy poderosa, si ella no la controla, nadie podría hacerlo.
-En eso te equivocas. Shàsera es poderosa, en efecto, pero su poder viene de un largo aprendizaje, de largos años de estudio y trabajo. Algo similar ocurre con tu padre y si te das cuenta ambos son ya mayores. Y ese es otro obstáculo. Para controlar a la estrella es necesaria cierta juventud y fortaleza, para así poder sobrevivir a la dura lucha que es domar a los elementos. Por ello, la estrella es utilizada normalmente como talismán o como apoyo de la magia. Siempre como algo externo. Pero pocos han interiorizado ese poder, pocos lo han hecho suyo. No importan los años de estudio, investigación, trabajo, ... no. Depende de algo tan simple como de la propia magia. Algunos nacéis rubios, otros morenos, algunos sois mágicos, otros no y dentro de los capacitados para la magia, unos son más ... mágicos. Su potencial es desmesurado y los elementos circulan por su ser de modo natural. Cualquiera de ellos podría poseer la estrella, absorberla, pero también es cierto que podría morir en el intento. Y no hay forma de saber quién ha sido bendecido o maldecido con esa facultad. En la historia del hombre, sólo dos lo consiguieron y fueron muchos los que fracasaron. Y uno de los que triunfó perteneció a la estirpe de Shàsera y de Rowina. Y sospecho que el objetivo de la bruja será remedar a su antepasado. Creerá contar con el potencial mágico.
-Sí, pero como has señalado ella ya es una anciana. Eso va en su contra.
-Sí, pero ese es un accidente que puede ser corregido por medio de las artes oscuras. Y me temo que tu hermana podrá jugar un papel importante en ello. Por eso, es muy importante que nos apresuremos y destruyamos el poder de la estrella. Algo muy sencillo habida cuenta del poder que encierra. Mira, ya llegamos.
* * *
Armwood entró como un torbellino en la habitación de Shàsera, dejando atrás a la inconsciente Rowina, y quedó paralizado ante la escena. La bruja estaba tendida en el suelo en medio de un charco de sangre. El trabajado mango de un puñal asomaba por su garganta, un arma que reconoció rápidamente y que había puesto final a la muerte de su enemiga. Sus manos muertas se extendían como garras en un desesperado intento por atrapar la vida que había escapado por la herida. Próxima, atada a una silla, su hija Roxana igualmente muerta. Armwood se abalanzó hacia ella y desató el único nudo que sujetaba a su hija. Cuando su cuerpo empezó a deslizarse hacia el suelo, la abrazó llorando.
-¡Hija mía!, ¡Roxana!, Tú no, tú no ... No puedes morir. ¡Ha sido mi culpa, mi culpa!, ...
Los sollozos sacudían el cuerpo del anciano y las lágrimas se deslizaban por sus marchitas mejillas, cayendo sobre el rostro de su hija. Un leve y apenas audible jadeo, un levísimo pestañeo paralizó a Armwood. Clavó su mirada en la pálida cara de Roxana y vio regresar la luz a sus facciones.
-Roxana, Roxana despierta, vuelve a mí, pelea por tu vida.
-Pa ... dre, ...
* * *
Danae había llevado a cabo los preparativos tal y como Illún había indicado. En la orilla del pantano, y alrededor de un burbujeante géiser, había trazado una estrella de cinco puntas y en cada ángulo había colocado un objeto simbólico de cada elemento: tierra, aire, agua, fuego y oscuridad. A continuación, colocó la ampolla en la garra de Seloé, aquella por la que habían dado su vida los sacerdotes nigromantes y la sostuvo en alto, mientras Illún utilizaba la arcana lengua de los dragones e invocaba a los elementos. Las cinco puntas de la estrella parecieron arder en un súbito fuego cuyas lenguas confluyeron a cierta altura sobre el géiser. Este empezó a borbotear con una violencia cada vez mayor para finalmente alzarse en una columna de agua hirviente con el fuego por techo. Illún, mirando a Danae, hizo un gesto. Era la señal para que arrojara la garra.
* * *
-Roxana, ¿estás bien? Veo que el color regresa a tus mejillas. Dioses, creí haberte perdido y eso es algo que jamás me hubiera perdonado. Cuéntame, ¿qué ha ocurrido?
-Ahhh, - gime -. Ayúdame a ponerme en pie. Creo que estoy bien, dolorida y como si me hubiera pisoteado una manada de caballos, pero bien. ¿Que qué ha pasado? Ni yo misma lo sé muy bien. Shàsera tras apresarme y traerme aquí inició un ritual de sustitución. Estoy segura de que quería poseer mi cuerpo. Conseguí liberar mi brazo y alcancé a acertarle con mi daga, justo en el último momento. Después de eso sentí un profundo dolor y caí inconsciente. No recuerdo más. -Mejor que no recuerdes más. Además bien está lo que bien acaba. La maldita bruja ha muerto – señaló Armwood que se aproximó al cadáver y extrajo el puñal - y quizás podamos gozar de una vez de la paz y tranquilidad que merecemos. Hemos sufrido mucho y hay pérdidas irrecuperables. Anda recupera tu puñal. Te ha servido bien y estaría bien que lo conservaras.
-Gracias padre – dijo Roxana tomando el puñal, para a continuación abrir sus brazos y apuntar con una sonrisa cansada -, pero lo que más necesito en estos momentos es un abrazo.
Armwood se entregó al abrazo de su hija y no llegó a saber que el pinchazo que sintió en su pecho no era de felicidad hasta que ya fue demasiado tarde. Miró sorprendido la mancha rojiza que crecía y por la cual moría, y alzó incrédulo su mirada. Roxana le miraba con un profundo desprecio y una sonrisa cruel. Sólo entonces comprendió:
-Shàsera, tú, ... – acertó a decir mientras caía al suelo. Unas pequeñas burbujas sanguinolentas se formaron en sus labios y un último pensamiento recorrió su mente, Danae.
* * *
Danae vio caer a su padre en un destello fugaz y un atroz dolor atravesó su cuerpo. Inmediatamente supo que Shàsera había matado a su padre y a su hermana. Su mente pareció disociarse de su cuerpo, incapaz de soportar aquel desgarrador sufrimiento. Illún, ignorante de cuanto ocurría, bramó ante el retraso de Danae:
-Arroja ya la estrella.
Como una autómata Danae contempló la garra y el poder de la estrella que contenía y tomó una decisión final. Con su destrucción Shàsera fracasaría en sus propósitos, pero la vida ya no tenía sentido para ella. Demasiada muerte y soledad. Con paso resuelto se introdujo en el pentagrama y, lanzando una última mirada al desconcertado Illún, se arrojó a la columna de agua del géiser sin que el dragón pudiera evitarlo. Su cuerpo fue alzado hacia los cielos y frenado por el techo de fuego elemental. La ampolla con el poder de la estrella se fragmentó y su contenido se fusionó con los otros elementos e inundó cada célula de Danae que se disolvía bajo el poder de la magia más primitiva. Destruida hasta su esencia renacía constantemente en un ciclo de vida y muerte, en un proceso eterno que llevó sólo unos segundos. Una silenciosa onda expansiva puso fin a todo y arrasó en su avance cuanto encontró a su paso.
Cuando Illún volvió en sí, comprobó que la onda lo había arrojado a un centenar de metros. Machacado pero sin ningún hueso roto, observó los árboles caídos y la hierba calcinada y al fondo, la silueta de Danae. Torpemente corrió hacia ella.
-¡Danae!
-Shhhh, viejo dragón. Espérame aquí. Hay algo que debo hacer – dijo mientras se desvanecía en el aire.
* * *
-Ja, ja, ja, ... Viejo estúpido. Caíste en mis redes y has muerto. El mundo ahora será mío. Ya nada se interpone en mi destino. Encontraré la estrella y gobernaré sobre todos.
-No rías tan pronto, zorra. Aún quedo yo – gritó Rowina con el rostro arrasado por las lágrimas.
-¡Tú! ¡Aún vives! Miserable despojo humano. Tú que me has arrebatado a lo que más quería, tú que renunciaste a todo el poder que te ofrecí, tú, fraticida. Ten por seguro que me regodearé en tu muerte – dijo Sáshera/Roxana revolviéndose como mordida por una serpiente..
-Calla y pelea si tienes el valor de hacerlo – le espetó Rowina lanzando un letal golpe de espada.
-Tú lo has querido – respondió la bruja esquivando el ataque y contraatacando con un hechizo de paralización que dio de lleno en la debilitada asesina.
Rowina se vio súbitamente congelada, incapaz de todo movimiento, salvo el de sus ojos. Shàsera se aproximó lentamente, disfrutando de antemano de su victoria.
-Mírame bien. Yo seré tu verdugo y disfrutaré matándote. Tenlo por seguro – susurró cruelmente Shàsera cerrando sus manos en torno al cuello de su descendiente.
Rowina sintió la presión cada vez más fuerte impidiéndole respirar. Miró impotente a la bruja en cuyos ojos brillaba la victoria e incapaz de soportar aquella mirada clavó sus ojos en el cuerpo de Armwood.
-Bien anciano, nos veremos dentro de poco. Fue un placer pelear a tu lado en esta vida. También lo será en la otra – pensó y bajó sus párpados mientras el recuerdo de Gorn el apestoso la hacía sonreír.
-Aún no ha llegado tu hora, joven señora – escucho en su mente.
Sorprendida miró al frente y contempló la figura de Danae. Pudo reconocerla pero algo era distinto e imposible de definir. La vio avanzar y sujetar a Shàsera que aflojó inmediatamente su mortal presión. Soltando a su presa se volvió hacia Danae y no supo reconocer el cambio que se había operado en ella. Artera como siempre, quiso sacar provecho de la nueva situación:
-Danae, hermana, ayúdame contra la asesina. Al final su sangre traidora se ha revelado y poniéndose del lado de la bruja Shàsera ha asesinado a nuestro padre. Debe morir.
-Y morirá, llegado su momento. Cuando su ciclo vital haya acabado de forma natural. No me engañas Shàsera pese a que tu cuerpo fue el de mi hermana. Son muchos tus pecados y mucho el dolor que tú provocaste, y nada de ello quedará sin castigo. Muchas veces desearás en el futuro la muerte que tan fácil administraste y yo te la negaré. Hay lugares mucho peores que los infiernos de Sorlom, y tú los vivirás todos.
En este punto, Danae puso su mano sobre la frente de Shàsera y unas inaudibles palabras volaron alrededor de la bruja. Su espíritu recuperó el primitivo cuerpo muerto que comenzó a respirar de nuevo, mientras el de Roxana caía definitivamente. Tras ello, Shàsera empezó a desvanecerse para viajar a los destinos marcados por el poder de Danae y que la llevarían a gritar por su propia muerte mil y una veces, sin que nadie pudiera escuchar sus súplicas ni ayudarla.
* * *
Danae y Rowina contemplaban cogidas de la mano la piras funerarias en las que ardían Armwood, Roxana y el hermano de Rowina. Illún en un respetuoso segundo plano aguardaba el momento de la despedida.
-¿De verdad tienes que irte? – sollozó Rowina.
-Sí. Este ya no es ni mi lugar, ni mi mundo. Ni siquiera estoy segura de que sea mi tiempo.
-Danae, por favor, no te vayas. Te necesito.
-Es una oferta tentadora, pero no me necesitas. Tienes un gran valor y sabrás salir adelante sin mí. De hecho, te será más fácil si yo no estoy aquí. Tienes trabajo por hacer. La fortaleza es ahora tuya y hay mucho que reconstruir, muchas heridas que restañar, mucho por hacer. La gente repoblará estas tierras y serás un buen gobernante para todos ellos. Has sufrido y sabes lo que es la justicia. Tienes un largo camino por recorrer. Adiós.
Danae montó a lomos de Illún que despegó poderoso. Ya en el aire, lanzó un enérgico rugido de despedida.
-¿No hubieras querido quedarte?
-No – contestó Danae tras un breve silencio -. Si me quedara, quién sabe, quizás me sintiera tentada a seguir el camino de Shàsera. Y yo no fracasaría.
-Entiendo. Entonces, ¿hacia dónde vamos?
-Lejos Illún, muy lejos.
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~ Fin ~ |
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