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Tiempos de marcha
Los tiempos de marcha que se indican habitualmente en guías y libros de excursionismo, suelen estimarse a una media de 4 kilómetros por hora, cundo se camina por terreno prácticamente llano o con pequeños desniveles. La media se reduce considerablemente cuando el desnivel a salvar es mayor, la pendiente es fuerte, o cuando, por cualquier circunstancia, aumentan las dificultades del terreno, pudiendo llegar a ser de tres, e incluso a dos, kilómetros por hora. En cualquier caso, los tiempos que se suelen indicar no incluyen nunca los necesarios para cambiarse de ropa, hacer algún descanso, tomar una fotografía, comer, o simplemente admirar el paisaje, tiempos que debemos tener en cuenta, para calcular previamente el tiempo total necesario para llevar a cabo nuestra excursión. Por otra parte, hemos observado en repetidas ocasiones que esos tiempos "muertos" aumentan notablemente con el número de excursionistas que integran el grupo. Un grupo pequeño, de cuatro, seis, y hasta diez excursionistas, gasta mucho menos tiempo en estos menesteres que un grupo numeroso, veinte o más participantes, en función de lo que podríamos llamar "inercia del grupo".
Época más apropiada
La época más bonita para disfrutar de la naturaleza sin complicaciones suele ser el final del invierno y la primavera. Abunda el agua por todas partes, el campo presenta todas sus tonalidades verdes, la floración adorna incomparablemente la naturaleza y podemos contar con largas horas de luz. Durante el verano, los recorridos por zonas sin arbolado pueden resultar penosos al mediodía, a no ser que transcurran por las zonas más altas de las cumbres, donde, por otra parte, no se encuentra agua fácilmente. El otoño es también una estación del año estupenda para toda clase de recorridos. La naturaleza se reviste de variados colores, pero hay que tener en cuenta la escasez de agua potable en muchos recorridos y la disminución de horas de luz solar. A principios del invierno aun se pueden hacer recorridos sin problemas por las zonas montañosas todavía no cubiertas por la nieve. Se ve la naturaleza en su desnudez; la vegetación ya no oculta los caminos, los árboles se quedan en los huesos y nos dejan ver el bosque; los pueblos vuelven a su habitual forma de vida, sin los agobios del turismo veraniego o de fin de semana. Solamente cuando la nieve hace su aparición es necesario utilizar el equipo apropiado para poder moverse por la montaña, o reducir nuestras excursiones a recorridos que no exijan equipo o preparación demasiado especializados.
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