Desde la plaza del Ayuntamiento de Valdemanco, salimos hacia el Este por la calle Botero, para alcanzar el entorno del campo de fútbol, que bordearemos por la izquierda, siguiendo una pista asfaltada que lleva hacia el cementerio nuevo.

Dejamos atrás el campo de fútbol y un pabellón polideportivo y comenzamos a subir suavemente hacia la estribación que baja desde las cumbres de la sierra de la Cabrera, limitando la visual en la dirección en que avanzamos.

A los 6 ó 7 minutos la pista pasa sobre el arroyo de Albalá, que desciende por una vaguada pronunciada. Unos metros más adelante, bastante antes de llegar a la entrada del cementerio, dejamos una fuente y una larga mesa de piedra en una explanada a nuestra derecha. Enseguida aparece un camino de tierra a la izquierda, por el que seguimos subiendo, abandonando la pista asfaltada. Poco más arriba vemos una especie de torreta de poca altura, unos metros a la izquierda, cerca del arroyo.

Ganamos altura por este camino, señalizado con marcas de pintura rojas y blancas. Más arriba, un sendero, que no tomaremos, se dirige a la izquierda hacia un collado o escotadura bien visible en los peñascales de ese lado. La pendiente se dulcifica y nuestro camino gira a la derecha entre el matorral, dirigiéndose de nuevo a la estribación de la sierra. A los pocos metros, tomamos a la izquierda otro camino ancho, bien visible, por el que continúan las marcas rojas y blancas. A medida que ganamos altura se va cerrando la vaguada. Finalmente, nuestro camino va en diagonal a la izquierda y atraviesa el roquedo de la cabecera de la vaguada, dejando a la izquierda la Peña del Tejo y, girando a la derecha, desembocamos en una zona llana y despejada, con buenas vistas hacia la Somosierra (1.280 m. de altura; 45 min. desde el inicio).
Al fondo y a la derecha las cumbres de Cancho Largo y Cancho Gordo dominan esta zona. En la estribación que veníamos viendo durante la subida, destaca desde aquí un llamativo gendarme, conocido con el nombre de la Torre de Valdemanco. Hacia el Oeste se adivina el puerto del Medio Celemín, al pie de la imponente ladera del Mondalindo, en cuya cumbre se divisan las antenas de varios repetidores de comunicaciones.
Siguiendo por la pista, atravesamos este llano hacia el Este y enseguida comenzamos a ganar algo de altura para salvar un lomo rocoso que aflora en la ladera. Avanzamos a media ladera por la pista, ahora con menos pendiente, rodeando la zona de cumbres por la parte trasera de la sierra.
Más adelante la pista parece terminar (1 hora). En la ladera de la derecha vemos una zona de grandes retamas dispersas, entre las que se abre paso un senderillo ascendente, por el que continúan las marcas de pintura, que tenemos que seguir. En el borde de la sierra se adivina ya la profunda escotadura del collado al que nos dirigimos.
El sendero que vamos siguiendo llega a un espeso rodal de enebros, a cuya derecha brota un pequeño manantial, generalmente lleno de berros. Continuamos subiendo por el sendero señalizado, que, poco más arriba, atraviesa el eje de la vaguada y sigue hacia la izquierda del collado, para recorrer toda la zona de cumbres. Antes de pasar la vaguada, otro senderillo poco marcado, sin señalizar, sube directamente por una ladera despejada hacia el collado del Alfrecho, que vemos ya perfectamente a escasa distancia.
Llegamos al collado (1 h. 30 min. desde el inicio; 1.420 m.). Asomándonos a la cara sur de la sierra tenemos una impresionante vista panorámica. Este es un buen sitio para hacer un breve descanso, que aprovecharemos para contemplar el paisaje o para tomar algo.
Atravesamos el collado hacia la ladera sur. Inmediatamente se encuentra un sendero por el que se pierde altura entre los jarales con rapidez, con tendencia hacia la izquierda. En la parte alta de la ladera se levantan los cortados del Cancho de la Bola, en los que abundan los nidos de buitres.
Poco más abajo, el sendero, estrecho y terroso, algo resbaladizo, llega a una lancha rocosa cinlinada en el sentido de la bajada, generalmente húmeda, que tenemos que bajar extremando el cuidado, en especial con tiempo húmedo. El sendero, pedregoso y un tanto abrupto, baja rápidamente haciendo zetas alejándose hacia la izquierda de la vaguada del collado. Más abajo, gira a la derecha continúa descendiendo, y llega a cruzar el incipiente arroyo del Alfrecho del Molino, que corre por dicha vaguada (1 h. 30 min.).

Pasado el arroyo, el sendero baja más suavemente. Enseguida dejamos a la izquierda un peñasco en el que hay varias pintadas y una flecha en sentido de subida con un rótulo de "AL CAMINO". El sendero discurre entre abundantes jaras y retamas, dejando a la izquierda una pequeña valla de piedras, con algún corto trecho más pendiente.

La pendiente se suaviza bastante y el sendero serpentea por una zona poco inclinada, entre piedras y matorral, hasta desembocar en una pista de tierra (2 h. 15 min) por la que seguimos ahora hacia la derecha. Tras hacer un par de curvas alcanzamos la carreterilla de piso de hormigón que, desde la Cabrera, sube al convento de San Antonio. Estamos a poco más de 1 kilómetro del pueblo.
Seguimos por esta carretera a la izquierda y, pasando por delante del cementerio, alcanzamos las primeras casas de la Cabrera por el entorno de la calle de Carlos Jiménez Díaz, relativamente cerca de la plaza de la Concepción (3 horas ).
Si continuásemos por la calle del Dr. Jiménez Díaz hacia la derecha, llegaríamos a salir al cruce de carreteras donde se encuentra el hostal Mavi y la gasolinera, un buen sitio para tener un coche de apoyo y para recuperar fuerzas antes de volver a casa


NOTA

Conviene dejar algún coche en la Cabrera, o en hostal Mavi, antes de trasladarnos a Valdemanco, para poder recuperar nuestros coches al final de la excursión.
Este itinerario puede hacerse también en sentido contrario y, si no disponemos de coche de apoyo, podemos comenzar en la Cabrera, subir al collado del Alfrecho, bajar hacia Valdemanco y volver de nuevo a la Cabrera por el pie del peñascal de las Malezas y el convento de San Antonio (4 horas y media de andar).


Lugares interesantes en la zona

El convento de San Antonio.
El castro arévaco en la vaguada ortiental del Cancho de la Cabeza.
Las lagunillas de Pradollano y Mata Torejo.

                              Domingo Pliego Vega

                                              Enero 2003