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Desde el aparcamiento de Canto Cochino bajamos hasta el río por el ramal de acceso que viene desde la carretera, para cruzar el Manzanares por la pasarela peatonal. Al otro lado de la misma, tomamos el camino de la izquierda, que rodea las casas forestales, subiendo ligeramente hacia el Norte, a la vez que nos alejamos del río. A menos de cien metros hay otra bifurcación algo confusa por lo erosionado y pisoteado que está el suelo.
Continuar en diagonal hacia la derecha, siguiendo las marcas de pintura que vemos en los árboles, hasta alcanzar, poco más allá, la orilla del arroyo de la Majadilla. Se da vista, al fondo y hacia el Norte, al Circo de la Pedriza Posterior.
Seguiremos por este camino, que durante algunos metros va junto a la orilla del arroyo. Enseguida sube unos metros, deja a la derecha una pequeña represa en el arroyo y se interna entre los árboles, alejándose poco a poco de la orilla. El camino, conocido como "la autopista de la Pedriza" por estar normalmente muy frecuentado, es amplio y fácil de seguir.
Poco a poco vamos ganando altura por un tramo de piso pedregoso. A unos 20 minutos del inicio, el camino hace un pronunciado giro a la izquierda, subiendo más, y enseguida a la derecha, quedando casi horizontal, suavizándose bastante la pendiente. Se divisa ya el refugio Giner, hacia delante y en la orilla opuesta de la vaguada.
En menos de 10 minutos después de pasar este zig-zag llegamos a otro similar. En el primer recodo, hacia la izquierda, el suelo está bastante erosionado y arenoso.
Nada más pasar el segundo recodo, la pendiente se atenúa mucho y el piso del camino es bastante mejor. El camino se hace horizontal al pasar un bosquete más espeso de pinos, e incluso se inicia una ligera bajada. En este punto, otro sendero, que no tenemos que tomar, se bifurca por la izquierda, dirigiéndose hacia el collado del Cabrón.
Pasamos de largo dicho sendero y continuamos de frente por el camino principal. Cruzando un arroyito, generalmente seco, entramos en el Llano del Peluca, breve tramo de camino horizontal, que discurre hoy día entre espeso y umbroso arbolado de coníferas.
Al final de este agradable llano, el camino pasa sobre otro arroyo y se bifurca inmediatamente en dos. Seguiremos por el ramal que va hacia la izquierda, ascendiendo con buena pendiente, para adentrarnos en el Circo de la Pedriza. El ramal de la derecha, que no hay que seguir, cruza el arroyo por un puentecillo de madera y se dirige al cercano refugio Giner.
Ganaremos altura por el repecho que, por fortuna, se sube en diez minutos. Al terminar este repecho, el camino queda casi horizontal, con estupendas vistas de la cara Sur del Pájaro. Avanzamos por el sendero, que hace dos pequeños zig-zags y alcanzamos en pocos minutos más la orilla del arroyo de los Poyos (50 min; 2,9 kms; 1.255 m). Sin cruzar este arroyo, continuamos por otro sendero que justo en este punto comienza una dura cuesta por la ladera de la orilla derecha, izquierda subiendo, como continuación del sendero por el que hemos llegado hasta aquí.
Ganamos altura de forma continua, haciendo varias zetas en la ladera cubierta de abundante matorral y arbolado. En algún punto la pendiente es notable, e incluso, más arriba, hay que ganar unos metros
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medio trepando por el abrupto camino.
Finalmente, siempre entre espesa vegetación de matorral y arbolado, el camino pierde inclinación, queda casi horizontal, y llega a un marcado cruce de caminos enágulo recto. Estamos en el cruce de los Cuatro Caminos, en los Llanillos, donde antaño no había arbolado alguno.
Seguimos de frente, hacia el norte, y unos cincuenta metros más adelante el camino atraviesa un arroyuelo, que se seca en verano, y desemboca en una extensa afloración rocosa muy característica. Estupenda panorámica circular del circo de la Pedriza Posterior desde este lanchar.
Seguimos por el reborde izquierdo de la lancha rocosa. Donde ésta se termina, giraremos en ángulo recto a la izquierda, avnazando unos metros hasta el cauce del arroyo. Giraremos aquí a la derecha y remontando unos metros por el cauce del arroyuelo, entre matorral, saldremos a una zona algo más despejada.
El camino, señalizado con marcas de pintura blanca y amarilla, va ganando constantemente altura desde aquí, y es necesario poner bastante atención para no perderlo, ya que a veces discurre por zonas algo abruptas y otras por zonas de espesa vegetación. Además de las marcas de pintura, suele haber abundantes hitos de piedras indicando el camino.
Algo más arriba, por una zona con menos arbolado, se remontan unas rocas, tras las cuales continúa el camino. Seguimos avanzando y llegamos a otra zona con más vegetación, donde hay que pasar unas losas a menudo húmedas y resbaladizas. Se ven algunos abedules de tronco plateado en las partes más húmedas. Más arriba aún, cruzamos sobre un arroyo por dos losas colocadas a modo de puente sobre el cauce y llegamos a un bosque bastante espeso.
Nuevamente encontraremos el arroyo, que ahora queda justo a la izquierda del camino. Se remonta un escalón rocoso por una especie de canalizo en diagonal a la derecha, y, siempre entre abundante arbolado, ganamos altura haciendo grandes lazadas.
En un nuevo recodo a la izquierda, dejamos el arroyo de los Poyos pocos metros a nuestra derecha, en un cauce algo rehundido. Continuamos ganando altura fuertemente entre el pinar. Escalones de fuerte pendiente se alternan con tramos más descansados a media ladera.
Hacia los 1.800 metros de altura la vegetación se va aclarando y nuestro camino se dirige largamente hacia la derecha, hasta casi alcanzar el risco de la Bota, que ahora apenas sobresale entre la vegetación. Antes de llegar a este risco, el camino gira bruscamente a la izquierda, avanza un poco, sale del arbolado y haciendo una serie de cortos zig-zags, se dirige claramente al collado del Miradero, que vemos ya poco más arriba, y que alcanzaremos en unos minutos más. El final del camino, bastante empinado y de piso suelto y pedregoso, se hace algo incómodo.
NOTA.- Este collado fue denominado del Miradero por la gente de la Institución Libre de Enseñanza a finales del siglo pasado y así se llamó a comienzos del siglo actual. Unos años después, los primeros escaladores de la Pedriza lo denominarían collado de Prado Pollo y hacia los años 70, los modernos y olvidadizos "pedriceros" lo llamaron collado de la Carabina. Nosotros creemos que su primer nombre, mucho más evocador, se debería mantener y por eso lo incluimos en nuestra descripción.
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