Ganamos altura de forma continuada, haciendo varias zetas en la ladera cubierta de abundante matorral y arbolado. En algún punto la pendiente es notable, e incluso, más arriba, hay que ganar unos metros casi trepando por el abrupto camino. Finalmente, siempre entre espesa vegetación de matorral y arbolado, el camino pierde inclinación, queda casi horizontal, y llega a un marcado cruce de caminos. Estamos en el llamado cruce de los Cuatro Caminos, en los Llanillos, donde hace menos de cincuenta años no había arbolado alguno(45 minutos desde el refugio).
Si en este cruce continuamos de frente, iremos a parar al collado del Miradero y a las zonas más altas de la Pedriza; si tomásemos el camino de la derecha, recorreríamos los Llanillos y volveríamos a bajar hacia el refugio por la orilla izquierda del arroyo de los Poyos; si subiésemos hacia la izquierda, remontaríamos la parte occidental de los Llanillos, teniendo ocasión de visitar la cueva de la Majada de Quila y el llamativo risco del Puente de los Poyos.
Seguimos hacia el Norte, continuando de frente en la dirección que venimos. A unos cincuenta metros del cruce, el camino atraviesa un arroyuelo, que se seca en verano, y desemboca en una extensa afloración rocosa muy característica, desde la que se tienen estupendas panorámicas del circo de la Pedriza Posterior.
Seguimos por el reborde izquierdo de la afloración. Donde ésta se termina, giramos en ángulo recto a la izquierda, avanzando unos metros hasta el cauce del arroyo. Aquí giramos a la derecha y remontando unos metros por el cauce del arroyuelo entre matorral, salimos a una zona algo más despejada. El camino, señalizado con marcas de pintura blanca y amarilla, va ganando constantemente a partir de aquí, y es necesario poner atención para no perderlo, ya que a veces discurre por zonas algo abruptas o por zonas de espesa vegetación. Además de las marcas de pintura, suele haber abundantes hitos de piedras indicando el camino.
Algo más arriba, por una zona con menos arbolado, se remontan unas rocas, tras las cuales continúa el camino. Seguimos avanzando y llegamos a otra zona con más vegetación, donde hay que pasar unas losas a menudo húmedas y resbaladizas. Se ven algunos abedules de tronco plateado en las partes más húmedas. Más arriba aún, cruzamos sobre un arroyo por dos losas colocadas a  modo de puente sobre el cauce y llegamos a un bosque bastante espeso.
Nuevamente encontraremos el arroyo, que ahora queda justo a la izquierda del camino. Remontamos un escalón rocoso por una especie de canalizo en diagonal a la derecha, y, siempre entre abundante arbolado, ganamos altura haciendo grandes lazadas. En un nuevo recodo a la izquierda, dejamos el arroyo de los Poyos pocos metros a nuestra derecha, en un cauce algo rehundido. Continuamos ganando altura fuertemente entre el pinar. Escalones de fuerte pendiente se alternan con tramos más descansados a media ladera.

Hacia los 1.800 metros de altura la vegetación se va aclarando y nuestro camino se dirige largamente hacia la derecha, hasta casi alcanzar el risco de la Bota, que ahora apenas sobresale entre la vegetación. Antes de llegar a este risco, el camino gira bruscamente a la izquierda, avanza un poco, sale del arbolado y haciendo una serie de cortos zig-zags, se dirige claramente al collado del Miradero, que vemos ya poco más arriba, y que alcanzaremos en unos minutos más. El final del camino, bastante empinado y de piso suelto y pedregoso, se hace algo incómodo (1838 m. de altitud; 1 hora 30 min. desde los Cuatro Caminos; total 2 h. 15 a 2 h. Y media desde el refugio).

NOTA.- Este collado fue conocido por las gentes de la Institución Libre de Enseñanza a fines del siglo XIX y denominado collado del Miradero; así se siguió llamando a comienzos del siglo XX. Unos años después, los primeros escaladores de la Pedriza lo empezaron a llamar collado de Prao Pollo y hacia los años 70, los olvidadizos "pedriceros" más modernos le pusieron el nombre de collado de la Carabina. Nosotros creemos que se debería mantener su primer nombre, mucho más evocador, y así lo hacemos en nuestras descripciones.

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