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INICIACIÓN AL LABERINTO LA CIUDAD No es
sólo una ciudad: es la ciudad, como el libro de libros es el
Libro. Es malla de avenidas y de
luces, Argos sin sueño pero con más
ojos, San Sebastián herido por los
taxis, Gran Cloaca cegada por el
humo. En su Downtown trafican con el
humo las corbatas de toda la
ciudad. Rascacielos insomnes como
taxis custodian los balances en el
libro, te uncen los aguijones de sus
ojos inyectados de sombras y de
luces. En China Town, con las
primeras luces, desaparece Fu Manchú entre el
humo para encarnarse en mil pares
de ojos. Y se revoluciona la ciudad, en vez de tras de Mao y tras
su libro, tras el dólar sobado por los
taxis. Baja el río revuelto de los
taxis desde brillos que le robó al pueblo
del Libro, y halla la 5ª un hombre casi
humo mendigando a los pies de la
ciudad con la angustia del frente
entre los ojos. Es Central Park un intermedio
en ojos de ardillas tan esquivas como
taxis. En el pulmón azul de la ciudad la claridad no necesita luces: se ha descorrido la cortina de
humo y la naturaleza se abre como
un libro. La miseria no cabe en ningún
libro, prefiere hacer su nido entre
los ojos que ha roto el crack y ahora vela el humo. Donde no se aventuran ni los taxis, no llegan los destellos de las
luces que deslumbran a toda la
ciudad. A nadie la ciudad mira a los
ojos. Plena de taxis, te dará en su
libro las
luces, el embauco, el sueño, el humo. |