LAS LLUVIAS PAGAN SUS DAÑOS

 

De mar vengo

a mar quiero.

Pienso en mis arrumacos y en sus zalamerías.

Acogiéndonos

me incoa el desequilibrio.

Ella es negra, no la inmejorable

pero me familiza y la vivo.

Ella es negra,  no la prestigiosa

pero la propicio y me hace uno de sus hijos.

Cuando me traspasa su temperatura

en recogimiento cazaesperma,

corro a desbordarme amigo loco de su espíritu.

Y si me abraza hasta el recoleto instante,

entonces defiendo

al paraíso, el cielo, mar,

el agua de la vida,  la sal,

como lo mismo.