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LAS LLUVIAS PAGAN SUS DAÑOS De mar vengo a mar quiero. Pienso en mis arrumacos y en sus zalamerías. Acogiéndonos me incoa el desequilibrio. Ella es negra, no la inmejorable pero me familiza y la
vivo. Ella es negra, no la prestigiosa pero la propicio y me hace uno de sus hijos. Cuando me traspasa su temperatura en recogimiento cazaesperma, corro a desbordarme amigo loco de su espíritu. Y si me abraza hasta el recoleto instante, entonces defiendo al paraíso, el cielo, mar, el agua de la vida, la sal, como lo mismo. |