|
EL QUE NO DEJA CAER, NO HALLA A QUÉ ABAJARSE Ocupas mi mente, me extraes ya de noche ya de horizonte. Me acompañas, te dedico una inmensa cantidad de pormenores. ¿Cómo queriéndote así no vienes más a menudo a comerme crudo? El amor se nutre de flujos, de negra abracadabrante con albo extraviado, y desvelamientos, destemplanzas, bocaditos, y combustible, degustaciones, conjunción. Por eso que le es propio necesito contemplarte, sentirte, ser tu oblicuo. ¿Qué hace un poeta enamorado del firmamento sin su catacumba? Desesperarse, padecer abandono. ¡No me descuides nieta de África! Bríndame tus bahías para que pueda zambullirme en tu amena negritud. |