CADA UNO SE MATA CON LA MANO QUE LE DA LA GANA

 

Chupetear las aureolas de mi negra,

llenarme con su embargo la garganta,

es más imperecedero que leer

En busca del tiempo perdido.

¡Qué arte, qué literatura de roces,

qué manifiesto de carne marimorena!

En una esfera nos resguardamos

mientras le hago y me hace.

Con mi entusiasmo silueteo su continente.

La polifagia de amor se calma.

Quedamos sobreseídos de

conocimientos, deliquio, síntesis.