|
CADA UNO SE MATA CON Chupetear las aureolas de mi negra, llenarme con su embargo la garganta, es más imperecedero que leer En busca del tiempo perdido. ¡Qué arte, qué literatura de roces, qué manifiesto de carne marimorena! En una esfera nos resguardamos mientras le hago y me hace. Con mi entusiasmo silueteo su continente. La polifagia de amor se calma. Quedamos sobreseídos de conocimientos, deliquio, síntesis. |