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SI TE CUIDAS DE LOS VIENTOS QUE TUMBAN COCOS MÁS TE DEBIERAS CUIDAR DE LAS BRISAS QUE TUMBAN COCOTEROS Cuando el volumen de tus corazones dejaste entrever, latió mi hombría. ¡Oh corazones de diez y seis, qué desinhibidamente guardáis el corazón! Tú no ibas de roca, ¿por qué habría yo de ir de piedra
siempre? Al fin se presentó un colmo del encanto y los tabúes se ausentaron a tomarse la merienda. Nos dejamos atraer hasta el contacto mutuo. Hubo sobrenatural, hubo ochos con yemas; hubo, con el alborozo, restregamientos de aledaños. |