SI TE CUIDAS

DE LOS VIENTOS QUE TUMBAN COCOS

MÁS TE DEBIERAS CUIDAR

DE LAS BRISAS QUE TUMBAN COCOTEROS

 

Cuando el volumen de tus corazones

dejaste entrever, latió mi hombría.

¡Oh corazones de diez y seis,

qué desinhibidamente guardáis el corazón!

Tú no ibas de roca,

¿por qué habría yo de ir de piedra siempre?

Al fin se presentó un colmo del encanto

y los tabúes se ausentaron a tomarse la merienda.

Nos dejamos atraer hasta el contacto mutuo.

Hubo sobrenatural,

hubo ochos con yemas;

hubo, con el alborozo, restregamientos de aledaños.