|
EL REPICAR AMNIÓTICO
Las piedras no, las sombras preciosas a cada instante le relampagueaban que yo siempre me había despedido de todo sin nunca haber tenido de qué despedirme.
Me decreto. Del interior del veneno de plastilina salía una música diminuta que sólo sonaba en mi pensamiento. Nací para no haber nacido. Desde el fin del mundo me socorro, uso mi orientación de ave migratoria para poder llegar al otro extremo y encontrar un caramelo impalpable que justifique mi dolor anterior a mi existir, este dolor que también me trajo a la vida.
Yo no tengo, sólo mi condena tiene edad: Siempre seré un niño asesinando a otro niño por el amor que se tienen. |