EL REPICAR AMNIÓTICO

 

Las piedras no, las sombras preciosas

a cada instante le relampagueaban que yo

siempre me había despedido de todo

sin nunca haber tenido de qué despedirme.

 

Me decreto.

Del interior del veneno de plastilina

salía una música diminuta

que sólo sonaba en mi pensamiento.

Nací para no haber nacido.

Desde el fin del mundo me socorro,

uso mi orientación de ave migratoria

para poder llegar al otro extremo

y encontrar un caramelo impalpable

que justifique

mi dolor anterior a mi existir,

este dolor que también me trajo a la vida.

 

Yo no tengo,

sólo mi condena tiene edad:

Siempre seré

un niño asesinando a otro niño

por el amor que se tienen.