PROLOGO

 

El libro ANCASH CAMPESINO, PROCESO Y REVOLUCIÓN, escrito por Julio Olivera Oré, constituye un aporte al conocimiento de la vida social del pueblo ancashino y es un patrón para realizar otros trabajos análogos en nuestros diversos Departamentos.

         Apoyado en un examen de la vida social, plagado de muy antiguas supervivencias, el autor plantea una serie de problemas sobre el hombre, la propiedad de la tierra y las medidas legales o violentas que fueron adoptadas en la época republicana.

 

         Así como el Cuzco tiene la gran tradición de rebeldía, asentada sobre todo en el formidable movimiento de  Túpac Amaru (1781), Ancash tiene el famoso recuerdo del levantamiento de Atusparia (1885), personaje casi legendaria, que generó futuras reformas particularmente durante el gobierno de Leguía.

 

         Cada una de las provincias ha sido motivo de un enfoque breve pero esencial del autor, hito para una posterior labor de análisis local. Entonces principiaremos a conocer la participación del pueblo en la formación del  Perú Contemporáneo, su deseo progresista de romper el paternalismo esclavizante.

         El país vivía aún dentro de un planteamiento de vida social diríamos clásico porque los CIUDADANOS auténticos constituían una minoría comparable a la de los PATRICIOS. A su alrededor vivían gentes dependientes, parecidas a los Clientes, que les servían de instrumentos para sus fines de lucro y dominio. Por debajo estaba ka Plebe (Indios, negros, mestizos) sometidos a las caprichosas fluctuaciones de una minoría oligárquica.

 

         Pero desde el fondo de su desventura, al parecer “eternas”, comienza la lucha de liberación. El pueblo auténtico entra a la competencia, se enriquece con el trabajo organizado y aparece una nueva fase de  Ancash – aplicable a todo el Perú – que vive hoy un proceso histórico irreversible por estar apoyado, precisamente, en una auténtica tradición generadora de un cambio revolucionario.

 

         Con paciente erudición y dominio de las Fuentes, Olivera Oré nos acerca a este libro al conocimiento de cuestiones predominantemente inéditas en Ancash, de sus viejos problemas, de sus posibles soluciones, constituyendo un semillero de sugerencias constructivas orientadas hacia un futuro que avisoramos.

Boston, abril del 2003

 

 

CARLOS DANIEL VALCARCEL

 


PREFACIO

 

 

La consideración de que en Ancash se diera el contraste de existir núcleos campesinos atrasadísimos y que evolucionaran en diez años hasta formar una comunidad cooperativa modelo, de un lado, y de otro, de que comunidades campesinas prósperas hubieran evolucionado hasta el extremo de desaparecer como núcleos agrarios para alistarse en las fábricas en algunos casos y en otros sencillamente se hubieran extinguido por la expansión de las haciendas, del urbanismo, ausentismo o éxodo, nos ha determinado hace la investigación histórica de aquellos cambios.

 

Lo importante es encontrar los elementos que cambian. Sabemos que los cambios culturales son consecuencia de los desplazamientos de población, más bien que de los desarrollos evolucionarios, que es “la simple conducta del movimiento de la sociedad generada por la integración cotidiana de los hombres, la revolución es el resultado de maduración de las condiciones de desarrollo de cada formación social”.

 

         En 1885 la sublevación de Atusparia consiguió la supresión de la Contribución Indígena y en el oncenio de 1919 a 1929, el gobierno del señor Leguía se vio obligado a expropiar las haciendas de  Vilcabamba y Huayopuquio en la provincia de Pomabamba para entregárselos a los feudatarios sublevados. En el período de 1950 a 1960, los feudatarios de la hacienda de Vicos, en un alarde de cooperativismo, compraron la hacienda del que eran yanaconas. En los años de 1961 a 1971, las Comunidades Campesinas de Cotaparaco, Huayllampa, fundan una Cooperativa con el nombre de “Atusparia”, adquiriendo en compra la hacienda “Utcuyacu”, por Resolución 715 – 71.

 

         La inafectabilidad del patrimonio constituyó un excelente baluarte de lucha. Desde ahí empezó la invasión sin tregua a las haciendas y infundios.

 

         Los sindicatos mineros que apoyaban a la comunidad por fraternidad y por principio doctrinario, es un factor más en la independencia del indio. Las escuelas, las asociaciones, la vialidad y la radio completan y contribuyen a los cambios de nivel y no faltan líderes calificados.

 

         Adivinen las nuevas industrias, los campesinos ingresan a las minas, a los  hornos de fundición, se hacen pescadores y empresarios. Desde allí alternan en la cotización del mercado de valores. Los partidos políticos dialogan con los sindicatos, demandan su apoyo en el juego transnacional consiguen algunos escaños en el Parlamento Nacional.

 


Tomaron así  la intención de hacer la historia de la evolución de las comunidades campesinas y sus movimientos a través de los factores que lo han conformado como la naturaleza, el ayllu y la hacienda, la minería, la agresión de la oligarquía, la exacción y la violencia del latifundio, la industria, la vialidad,  las escuelas y ellos sindicatos, en fin, todo lo que ha sido decisivo en los cambios del nivel, incluso su ignorancia  y rebajamiento, que cuando colmó el abuso y la agresión hizo estallar la rebelión y la violencia campesina.

Con el estudio y revisión de estos factores podremos comprender mejor al campesino y explicar los fenómenos del cambios de nivel que han alcanzado.

En el departamento de Ancash no se ha emprendido aún una investigación sobre los movimientos campesinos, de aquí que este trabajo abra una etapa al conocimiento de la realidad social de aquella región .Es indudable que  debido a que a sido marginada la clase campesina  y su condición humana depauperada y proletarizada haya sido un factor para que no se advirtiera su presencia  en la transformación social de su país.

 

Ancash campesino posiblemente no sea más que un  “ayllu” en la gran familia peruana que se está movilizando y transformando. Pero en esta movilización y transformación existen peculiaridades que han sido el motor de cambio donde por primera vez en el país el campesino logró  lotizar haciendas como las de Vilcabamba y Huayo puquio, en 1924 y 1928 en elevar una Cooperativa Modelo como en el caso de Vicos de 1950 a1960.

 

Y con el nuevo derecho agrario el campesinado de Ancash  ha encontrado el instrumento de sus más antiguas luchas de cambio en el régimen de la propiedad y tenencia de la tierra, instrumentos con el cual las grandes mayorías campesinas se están incorporando al organismo de la nueva sociedad nacional.

En el curso de nuestra exposición se verá si la vida rural o campesina se desenvuelve a través de sus patrones tradicionales o esos patrones tradicionales van cediendo a otros factores o sencillamente que los cambios de nivel  son la consiguiente reacción de  las masas subyugadas o que eso, incluso, es el resultado de la evolución  de sus matrices institucionales colectivas y de su cosmovisión mágica- religiosa del mundo.

 

 

 

 

PODER POLITICO, ORGANIZACIÓN Y REGIMEN DE PROPIEDAD DE LA HACIENDA ANCASHINA

Si un concepto sobre la organización de familia, no se puede concebir el régimen de la tierra en el departamento, ni menos el sistema de su régimen político.

Las hordas de cazadores o de recolectores para poder defenderse y ayudarse en los peligros y fatigas estrechan su unión. Esta unión va haciéndose cada vez más afín por, la intimidad y necesidad colectiva, que eran lazos de simpatía y afecto que están en la sangre y en el alma. Las nuevas generaciones serán así, sangre de su cuerpo y alma de su alma. Cuando se asientan y sé sedentarizan esos grupos constituyen células familiares. Los une el recuerdo de sus correrías de cazadores y recolectores. Afincados están al pie de sus “ircas” y con un “huían” que los cobija de la intemperie. Luego la familia se expande o crece.  Primero la labranza de la tierra y luego la familia  son los ejes con que se mueve aquella sociedad naciente.  El sol y mama pacha entran en el campo de la filosofía de entonces y que unido al concepto de familia dan un tipo y una mentalidad colectivista y comunitaria. La tierra es de todos los del grupo y el hombre es de una casta, ayllu y ayne. Bajo el concepto del “ayne” el hombre tiene sentimientos de solidaridad con el grupo. Cada hombre o cada grupo está por ello, no debería decirse obligado, si no preparado para ayudarse recíprocamente..y si alguna vez, alguien no puede devolver un servicio utiliza la  “minca”, en donde otro hará el  trabajo que no pudo hacerlo él. La “minca” en su acepción más propia, es una ayuda de trabajo. Con este sistema de trabajo se compensa la escasez de la mano de obra. Bajo el sistema de la “minca” en Corongo, Aco y Cuzca, una cuadrilla de “mincas”, en un solo día desyerban diez o doce parcelas de maíz o trigo de distintas personas.

 

Cuando alguien no puede devolver la “minca2, en aquellos lugares se hace uso del “rantin”, es decir del reemplazante.

 

El padre, es la autoridad de la familia; más la autoridad de todas las familias del ayllu, es el “auquillo2, es decir el abuelo, y un consejo de los abuelos es la autoridad suprema.

 

El hijo, no solo dice padre a su progenitor, lo dice también a los hermanos de su padre. Entonces los lazos familiares se hacen más estrechos e íntimos. igual ocurre con la hija respecto de la hermana de su madre. Crece la familia y con lazos de sangre  se establecen en un paraje. Es el “marka”, la aldea, la futura población. “marka” es entonces el poblado que agrupa a una población formada por familias emparentadas. El emparentamiento que en un comienzo es endógeno, se ensancha. Primero es el varón que trae como mujer a la hija de otra “marca2 o parcialidad, luego se extiende esta facultad y un foráneo se instala con una mujer de la “marca”, y mas tarde familias foráneas se acercan ala “marka” y se adhieren alas costumbres.

El ayllu primitivo sustentado en el escenario de la “marka”, es decir connaturalizado con el lugar, con las costumbres y los anhelos del grupo; aquel ayllu con sentido místico y legendario, apegado a sus apachetas y connotas, sin dejar sus bases metafísicas, va extendiéndose o ensanchándose. La “marka” vecino tiene iguales ancestros e iguales aspiraciones. Bulle en este sentimiento  comunitario que da al concepto de propiedad de la tierra y de los demás recursos naturales, de los vínculos de sangre y de la familiaridad y de los institutos del “aine” y la minca.

 

Este concepto de ayllu y esta evolución es común a todas las parcialidades de Ancash. El sentido actual en poco ha variado.

 

Los ciclos agrarios y constelares imprimieron sus ritmos en la naturaleza del ayllu. Aquella fuerza telúrica que a diario se renueva y que se manifiesta como acción, fue el fiel ordenador de la comunidad y el eje de su organización y función. Aquel sentimiento cósmico y aquella concepción de la familia, estructuraron el ayllu clásico, en el que el hombre siente a la comunidad como alma y ve al mundo a través de una conciencia de fraternidad y solidaridad. Se diría la metafísica del más decantado socialismo.

 

En la Gramatica y Vocabulario Quechua, editado en Sevilla en 1603, y en el arte y vocabulario de la lengua general del Perú, de francisco del canto (1614) la palabra ayllu es parcialidad o bando .polo le da igual significación. Mas Cieza, lo estima como tribu. Santillan como barrio .en cambio E. Lanchan entiende por ayllu a un grupo de parientes consanguíneos.

 

El Dr. Julio C. Tello en su discurso de 1935, decía que el ayllu era no sólo una célula social, si no un sentimiento íntimo por el lugar donde se ha nacido, como el amor del hijo por su madre, como el vínculo de gratitud por la tierra que vivifica.

 

Sociológicamente el ayllu designa una agrupación social unida por

 

una misma institución; constituyendo una unidad consanguínea y territorial, jurídicamente es una comunidad y sujeto de derecho. Muchas veces, en una comunidad, o mejor en una parcialidad; o para ser más exactos, en una “marka”, o bien en una ciudad, se instalaban dos ayllus, uno en la parte alta y otra en la parte baja, para el mejor gobierno o administración. En Corongo, los barrios de “Tapca” o alto, y “Uran parte” o baj, tienen dos jueves de aguas con sus respectivos “campos” y alguaciles, que reparten el agua para el regadío y vigilan las sementeras. Ambos bandos rivalizan en la mejor administración y en la celebración de la festividad religiosa. Rivalidad, emulación y planificación en el trabajo que muchas veces estalla en verdaderas luchas campales.

 

Dentro de su evolución el ayllu y su significación meramente generalógica va asentándose y habrá de ser la raíz de la unidad o de la gran poblado comunal: “Llacta”, derivado de la partícula “Lla” que adverbialmente significa extensión, es el poblado originario. La desinencia “ta” la limita y la hace suya: “Llactaruna”, es el hombre del poblado o del pueblo” “Llactamasi” es el compoblano “Marka” y “Llacta”, marcan el paso de la evolución de los “clanes” y grupos “hórdicos” primitivos. En el orden económico. La evolución trasciende a que el esfuerzo común se canaliza a fines sociales.

 

Es indudable, antes que la “marka” en su origen fue la “pachaca” el centro de la actividad social de la familia. La “Pachaca”, es la “callpa” desbrazada, es decir el terreno labrado. Lo que induce hacer ingresar el concepto “valor” en la tierra. De importancia en la economía y sociología. Aquella “Pachacha” habría de ser el elemento de una rudimentaria propiedad individual. Cunow, aún cuando trata de asimilar la “marka” peruana a la alemana, conviene en que la “Pachacha” antecedió a la “marka” antecedente que no tuvo la “marka” alemana.

 

Políticamente aparece el “sinchi”, es decir el jefe. El más fuerte y posteriormente el más idóneo, el “camayoc” y no pocas veces fue la mujer, la “Kapullana”, la gobernadora.

 

         La “pachaca” en el ayllu hubo de tener mayor significación que la sencilla roturación de la tierra, siendo la  base de la propiedad familiar tenía que estar regimentada. De aquí que aquel labrador no podía ni debía libremente abandonar su “pachaca” porque ello habría afectado a la comunidad. La “Pachaca”, que es el primer sentimiento de apego a la tierra, no creó sin embargo, el sentimiento de dominio exclusivo quiritario. La rotación de los cultivos de las “pachacas”, por razones técnicas, dio a surgir, más bien el sentido de la posesión, que la misma familia volvía a trabajar su “pachaca” en la siguiente rotación. Entonces la propiedad tenía que ser del Inca, el Jefe Supremos del Imperio, dando, así oportunidad al “ayllu” de la Constitución del Estado y más tarde a su expansión por América.

 

Si el hombre es eminentemente agrícola y pecuario, que estima a la tierra como a una providencia, que la venera  y la adora y cuando cría casi convive con sus animales, la mujer comparte ese sentimiento. También ama y venera a la tierra, hombro a hombro trabaja con el marido y cuando soltera coopera en los trabajos de familia.

 

         Es posible que en las épocas de las hordas hubiera la mujer estado sujeta a un hetarismo o a una promiscuidad. En la legislación del incanato se encuentra prohibiciones y penas contra el incesto. Por razones políticas el Inka Túpac Yupanqui expidió una resolución autorizando a los Inkas el matrimonio entre hermanos. Pero el ayllu clan se afinca en la tierra y aparece el abolengo familiar y sus relaciones con otro grupo.

 

Comienzan las anexiones tribales, se establece algo así como una confederación y llega a la monarquía, dando paso a la familia imperial o al ayllu imperial, en el que la mujer tiene un papel preponderante. La endogamia no importa hetarismo, porque tal endogamia no importa hetarismo, porque tal endogamia se refiere a que las parejas son miembros de un grupo y no entre miembros de la familia. Prueba también la endogamia de los ayllus la ley VII, de 1618, dictada por Felipe III.

 

         Por razones de crianza, la mujer en el período de las hordas tiene a su cuidado a sus hijos. El padre, cazador o recolector, pudo no volver adquiere así una autoridad en su familia. Pero en su evolución el ayllu horda establece normas y presta a la mujer una consideración que su reaparecer y los hijos crecen bajo el amparo de la madre. La madre, condición lo requiere. Es  la madre del hijo la persona entrañable, el ser que comparte sus alegrías y sus penas. De aquí que incluso en el Imperio Inka se tenía apenas noticias remotas del carácter matriarcal del ayllu. En la época de la Conquista, los españoles encontraron el sistema patronímico como regla. En nada amengua el sistema el hecho que Cieza de León en el levantamiento de Canas (Zapata), se hubieran encontrado mujeres esforzadas, como las amazonas. Pues, es tal la fidelidad de la mujer india, que cuando ve amenazado a su esposo se interpone con valentía y en las guerras estaba a su lado para abastecerlo e incitarlo al arrojo.

 

         El respeto a la mujer, por ser el ser que no sólo comparte con las fatigas de varón sino porque es el objeto de su veneración, fue en el indio un fuerte sentimiento de cohesión y fuerza que la impulso a las más pesadas fatigas. Markhan ha recopilado una canción india que traduce el respeto y el hondo sentimiento por la mujer.

 

         Este sentimiento por la mujer india está perfectamente expresado por Alberto Ballón Landa.

         Una de las características que más define la cultura de un pueblo; es el trato y la distinción que se merece la mujer en la sociedad y en el progreso.

 

         El culto al amor le venía al aborigen desde el mito hasta el idilio cortesano. Las parejas de amantes saliendo de los lagos y la pasión encendida desde el humilde runa hasta la nobleza principescas.

 

         El amor lleva consigo las artes. En Ollanta, la pasión amorosa tiene la sublimación, que tanto la trama como el estilo tienen una elevación artística tales que rivalizan con las mejores producciones de Occidente.

 

Y como Ollanta nos hubiera llegado en la forma dramática, generó el más decantado de todas las formas literarias, dice mucho de su valor artístico y de la elevación de los sentimientos de aquellos tiempos.

 

         Todos los cronistas e historiadores están de acuerdo en señalar que el gobierno incaico estuvo organizado a base del ayllu, el que entrar a los consorcios territoriales llegó a unificar un gobierno sólido.

 

         El paso del ayllu horda al ayllu clan se organizan con el nombre de los lugares donde se instalan o con el de sus huacas o pacarinas o con el hombre de algún antepasado epónimo con el de alguna divinidad legendaria. Estas relaciones y esta articulación histórico – social se hacen más notables con las anexiones y, con las transformaciones del gobierno y el régimen de la propiedad.

 

         En este período el ayllu está bajo el gobierno inmediato de los curacas o apus, que  a su vez reciben su autoridad al Jefe Supremo. Es indudable que aquellos jefes inmediatos en un comienzo salieron por elección.

 

         Tales agrupaciones llegaron a ser en los albores de los estados Regionales: Huaylas, Conchucos, Huaraz y Huaris.

 

         El Dr. Román Alzamora dice que la carencia de la propiedad privada como regla o como principio hizo innecesaria una legislación sobre el particular. Existió más bien una profusa legislación municipal que se ocupaba a la posesión y delimitación de los pueblos; una ley agraria que se ocupaba de la división de la tierra, una ley del servicio público, una ley de la hermandad que legislaba sobre la ayuda mutua, una ley de mitas que reglamentaba la rotación en el trabajo y una ley del trabajo que proscribía el ocio y que hasta lo condenaba con la pena de muerte.

 

         Dentro de su mentalidad el aborigen estimó que la tierra era una divinidad no susceptible de apropiación individual, por lo que hubo de ser colectiva. A base de este concepto se desenvolvió toda la relación de hombre – tierra y todo convergía en ese sentido. En las estaciones climatéricas del año y en esa rotación constante y uniforme encontró su ritmo la religión y el cultivo de la tierra, ritmo que pasó a las actividades de la vida administrativa y política del imperio, que a la postre culminara con una modalidad especial. Una de las primeras actividades como el “chaco” (cacería) tenía que hacerse en los meses que el reglamento señalaba, la segunda de las actividades era el reparto de las tierras o sea el “chacracona-cuy”, luego el mes de las siembras y desyerbos, las cosechas, el reparto de las cosechas. Y cada una de estas actividades era presidida por una festividad, como aquella celebre de Inti – Raymi, que se celebraba en el Cuzco.

 

         San Martín creó el departamento de Huaylas. Salaverry, el 12 de junio de 1835, agregó a Huaylas de Huanuco; y el 28 de febrero de 1838, el Mariscal Don Agustín Gamarra le cambió  el nombre poniéndole Ancash.

 

         Los campesinos reunidos en las REDUCCIONES o en las COMPOSICIONES estrechan sus vínculos ancestrales y renuevan su régimen ayllal.

 

La tierra y los pastos les son comunes y vuelve el reparto a implantarse como regla, aunque aquel reparto les confirme en la posesión de la tierra.

 

Sólo cuando vaca por muerte se le da a otro comunero que no tiene.

 

Es de estas instituciones que nació la COMUNIDAD DE INDÍGENAS, hoy Comunidades Campesinas (1). Coetáneamente a las Comunidades de Indígenas nace el latifundio:

 

a)     Del reparto hecho a los españoles en la Conquista.

b)     De las encomiendas vacantes, posteriormente adquiridas por la Corona.

c)     De las tierras de los Curacas y Caciques (2).

 

Ambos sistemas coexisten simultáneamente, desde la Colonia hasta la fecha declarada o sórdica los ha mantenido en rivalidad.

 

La Comunidad defiéndese de la ambición expansionista del latifundio o el latifundio resistiendo a la acometida cada vez más aguerrida de la Comunidad.

 

         La República pretendió abolir a las Comunidades de Indígenas, bien sea por estimar que era un reducto retrogrado o por estimularlos con el incentivo del sentimiento de la propiedad individual. Pero las comunidades resistieron a la ley y a la ambición de los depredadores.

 

         En la República se abolieron por Decreto de 27 de Agosto de 1821, de San Martín, el “Tributo” y el “Servicio personal” Por Decreto Supremo del siguiente día. En cambio se creó la “Contribución de Indígenas”. Por Resolución Suprema de 17 de noviembre de  1831, que el Mariscal Castillo hubiera de derogar por Decreto Dictatorial del 5 de Junio de 1854.

 

Si el Virrey no respetó en cierta manera el régimen de propiedad en las Comunidades (“reducciones”) en la República exabruptamente por Decreto de Bolívar de 8 de abril de 1824, introdujo la propiedad individual en las Comunidades Campesinas, autorizando el reparto de las tierras comunales. Esta autorización dio lugar a que los latifundistas se ensañaran y a que se cometieran abusos con los bienes de las Comunidades, por lo que el congreso constituyente el 3 de Agosto de 1827 ordenó la suspensión de las ventas de las tierras de la Comunidad. Pero por Ley de 31 de Marzo de 1828 se reconoció la propiedad de las tierras a los indígenas que las poseyeran por reparto y sin contradicción y se autorizó vender sus bienes a los indígenas que supieran leer y escribir.

 

         En Ancash, en torno de los Curacazgos se establecen las Comunidades Campesinas. Así el Curaca Pumapacha, tenía jurisdicción en Macatey en Tarica; Pumapa-paquillay en Huaraz; Marcona y Collas en Recuay; Aija y Pampas; Coracora; Susuy en Huambacho, etc.

 

         En este estado surge en todo el país un afán por acaparar la propiedad de las comunidades, porque el latifundio ofrecía al dueño, las ventajas de la explotación del indio, como yanacón, aparcero o pongo, que permitía mayor producción y mayores ganancias. Hasta que la Resolución Legislativa del 11 de octubre de 1893 dispuso que los indígenas de toda la República, son legítimos propietarios de las tierras que actualmente están en posesión. Sin embargo de esta disposición el indígena refirió mantener sus hábitos comunitarios, hasta que el Código de Aguas, en su Art. 235, le admite como a Persona Jurídica y más tarde el Código Civil en sus Arts. 70 y 74, le da amplio reconocimiento, a base del Art. 58 de la Constitución de 1920. en el Art. 207 de la C. Se prescribe que las Comunidades de Indígenas tienen existencia legal y personería jurídica y en el Art. 209 se dispone que la propiedad de las comunidades es imprescriptible e inajenable, como inembargable. Por ley 8124 se creó en el Ministerio de Salud la Dirección de Asuntos Indígenas. Finalmente por Decreto Supremo de 2 de Junio de 1961; acabó de perfeccionarse la estructura legal de las Comunidades de Indígenas, disponiendo entre otras cosas. (Art. 6°) quienes son comuneros.

 

         No obstante las leyes de protección, la comunidad siempre ha sido víctima de la oligarquía latifundista. Pero no sólo que ha resistido, sino que ha sobrepasado a todas las previsiones del colonialismo, porque la base de su fortaleza es el colectivismo, principio rector que considera la producción como un fenómeno colectivo y cuyo aprovechamiento debe alcanzar a la comunidad.

 

         Sabemos que los diversos sistemas de explotación de la tierra, a través de un proceso histórico, crearon dos institución es; la Hacienda y la Comunidad, como dos instituciones agrícolas independientes, no obstante esta independencia fue aparente, pues si queremos descubrir un modo de producción agrícola, entre hacienda y comunidad existen intimas relaciones:

 

         Consideramos a la hacienda n sólo como una gran propiedad, sino fundamentalmente, como un conjunto de relaciones económicas y sociales de explotación precapitalista. Este conjunto de relaciones, las hemos encontrado en todas las propiedades cuyas extensiones superficiales varían en las 14 y 178 hectáreas. Las relaciones de producción son las que se establecen entre los hombre en el proceso de producción de bienes materiales.

 

         El hacendado fue dueño y propietario de la tierra y el campesino de un modo u otro vinculado a ella, luego la tierra es la principal condición de producción. En base de monopolio de propiedad que ejercía el hacendado sobre la tierra, funcionando todo un sistema de explotación que se basaba en la renta de la tierra, que es el pago que hubo de dar el campesino no propietario al hacendado, por las tierras de cultivo y de pastos que usufructuaban. Renta en trabajo o prestación personal que don personal que predominó entre las primeras fases del feudalismo. Renta de la tierra en especies; y renta de la tierra en dinero, son los campesinos denominados arrendatarios, y a los que pagaban en trabajo y en especies se les llamaba hacienda – runas, gentes de las haciendas.

 

         En la totalidad de los fundos y haciendas de la zona, la servidumbre se institucionalizó, la forma más general era el semanero, servidumbre prestada en la casa o en la residencia urbana del patrón, realizando trabajos domésticos, etc.

 

         La no propiedad sobre la tierra, de los campesinos de hacienda, determina que estos estén sujetos a servidumbre. Todas estas relaciones tuvieron que concluir necesariamente en clases sociales.

 

         Por otra parte la comunidad no es consecuentemente un determinado sistema de tenencias de la tierra, sino un todo orgánico que todavía conserva, vínculos ancestrales y prácticas colectivistas del trabajo de responsabilidad social; no obstante que a través del tiempo se ha producido un proceso de individualización. Especialmente en cuanto a la posesión de tierras de cultivo se refiera. Esto ha dado por resultado que el comunero se comporte en muchos casos de manera similar a un propietario privado, pese a que la posesión de su parcela no está amparada en un título legal. En aspectos de tenencia de la tierra, las comunidades campesinas, se comportan pues, con cierta frecuencia más como una asociación de minifundistas que como un ente comunal. En términos generales se ha podido hablar del complejo comunidad – minifundio.

 

         Los grados de integración comunal entre los grupos asentados en el área costeña tanto como serrana de Ancash, varían desde la comunidad que sólo practica algunos trabajos alfabetos, desarrollando en mayor o menor grado formas individualistas, empiezan a migrar a las grandes ciudades. Otros grupos en cambio, manejan padrones culturales “Más indígenas”. La tierra como bien natural está íntimamente ligada a su cultura.

 

Aquellas tierras de cultivo estaban en manos de 30 familias. El resto del territorio, es decir aquel sector estéril que no tenía incentivos para la hacienda, estaba bajo el poder de los indígenas. Las Comunidades tenían sus dominios en tierra sin agua y en pastos raquíticos. Ahí vivian su ensueño, estimulados por los patrones para hacerlos vivir una utopía que le apartaba de las luchas de reivindicación.

        

         En la Costa, en Huarmey, Chimbote y Santa, las Haciendas de Culebras, San Jacinto, Tambo Real, Vinzos, San Bartolo y Tanguchi, monopolizaban las tierras de ciltivo y tenían bajo su control a los latifundios pequeños. Los indígenas no tenían acceso alguno, con excepción del Monte de Chimbote  y Koishco. En Pallasca las haciendas de Mayas, Chalán, Llamara, Mongón, San José y Quirumbara pertenecía a la familia de los Gonzáles así como las haciendas de Huataullo, Chichopata, San Pablo y Chindol eran de la familia Acevedo. En la provincia de Corongo la hacienda de Urcón que estuviera enclavada dentro de los límites de tres provincias y tenían dentro de sus dominios a los pueblos de Urcón, Huallcallanca, Huarirca, Yantacón y los Cedros, pertenecía a la familia Oliveri. En Pomabamba Don Joaquín Escudero era dueño de las haciendas Cajas y Cañasbamba enclavado en el distrito de Parobamba y ampliada por sus familiares a las haciendas de Sínai, Llama, Maribamba, Tarapampa y Paulla.

En Piscobamba la hacienda Cascas era de Don Benjamín Oliveros, y Lucma, de la familia Jiménez. En Sihuas, Santa Clara, Changa, Joscobamba y Casa Blanca, pertenecían a la familia Jiménez. En Sihuas, Santa Clara, Changa, Jocosbamba y Casa Blanca, pertenecían a la familia Porturas. Las haciendas de Huascarbamba y Quinuabamba, en Parobamba, fueron de la familia Egúsquiza y González, Ayaviña, Aguitomaga, Cochabamba, Tambillos y Chindol, pequeñas haciendas pero sujetas a severa servidumbre.

         En la misma provincia de Pomabamba, don Jerónimo  Cisneros era dueño de las haciendas de Andaymayo, Mitobamba y Pasacancha, Vilcabamba, Huayopuquio, Collota, Quiruvilca y Siempreviva, todos enclavados en los distritos de Sihuas, Mariscal Luzuriaga y Pomabamba. Además tenía tomado en arriendo las haciendas de Chimbobamba y Viñauya. Todo lo cual hacia una población de 8,000 habitantes.

 

         En Huaylash las haciendas de Santa Rosa y Cajabamba que pertenecieran a los señores Flores y Villón. En Yungay las haciendas de Punpa y Huacuy, de las handabaka y de la Beneficiencia. En Carhuaz Punya y Canchirao de la familia La Rosa Sánchez y Vinatea. En Huaraz, las haciendas de Collón, Huanra y Cachan, de los señores Arias Schreiber, Fernández y Estremadoyro. En Wari, la Hacienda de Uchupata era del Señor Augusto Rodríguez S.A.” y Valenzuela. En Bolognesi, las haciendas de Tallenga, San Isidro y Cutacarcas, de los señores Ramos Espejo y Pardo Lazameta. Y en Aija, San Damián, de la familia Larrañaga.

 

Estas haciendas eran más importantes por el número de peones que por la extensión o productividad. Pues, los peones, no sólo eran utilizados en la agricultura, sino también en las minas. La hacienda era buena fuente para la mano barata del peón minero. Cuando no se utilizaba  al peón en la hacienda, sus obligaciones de siervo las cumplía en las minas o en las haciendas de la costa adonde iban “enganchados”. Tanto en las minas como en la agricultura, el siervo era también una “Bestia de carga”. Los hacendados que siempre vivían en las ciudades, eran mantenidos desde la hacienda. Pero los indios llevaban en sus espaldas la carga para el patrón que residía a muchas leguas de la hacienda.

         Este sistema hubo de provocar la rebelión. El sentido comunitario del indígena es opuesto al derecho quiritario. Dentro del régimen de la propiedad latifundista vive en un ambiente hostil y se ve obligado a vivir apariencias y convencionalismos. Esto es vivir lo absurdo. Sin embargo el nativo de la contradicción y de lo absurdo saca energía para supervivir y razones para aceptar el reto. Esta confrontación con la realidad es una rebeldía. Toda rebeldía termina en una revolución ontológica y metafísica.

 

         El nativo es una simiente de fecundas luchas de liberación. No bien la conquista lo expolió, surgieron para oponerse al abuso Titu Yupanqui, Apo Maita, Manco Inca y Cahuide. Poco después, en 1537, el soldado Sebastián Torres, que hubiera obtenido la encomienda de Conchucos, cuando pretendió recargar el TRIBUTO, provocó una sublevación en contra suya, que lo condujo a la pena de muerte (3).

         Aparte de otras sublevaciones que surgieron en Ancash, tanto en la Colonia como en la República, y que haremos referencia en este trabajo, es oportuno hacer el examen del levantamiento de los campesinos de la hacienda “Huapra”, que usufructaba en Carhuaz, la familia López Mejia.

En 1958 reducrecía el litigio entre los señores López Mejía y el Párroco de La Soledad, del Cercado de Huaraz. “Huapra” era una enfiteusis que, y al estar el Párroco de la Soledad, había caducado. De suerte que los campesinos se encontraban ante dos amos, cada uno de los cuales se ingeniaba para sacar mejor provecho de la hacienda, y cada uno de los cuales exaccionaba cada vez más a los colonos. Pero “Huapra”, que es vecina a Vicos, tenía en la Escuela de aquella comunidad alumnos que al correr del tiempo no se valieron de los métodos Vicos, sino que aprovechando la ocasión de un abuso de sus amos en 1959, se alzaron contra los patrones y rechazaron a la fuerza pública que fue a prestar garantías a la hacienda. En esta jornada murieron dos colonos, que fueron los mártires y que consagraron una posesión que no se les volvió a discutir; primero por miedo al levantamiento de las comunidades y más tarde a la llegada de la Reforma Agraria.

 

         En las HACIENDAS DE LA COSTA la mano de obra escaseaba. Tanto aquellos latifundios como las Empresas Mineras de la Sierra se disputaban la mano de obra. El sistema de los “ENGANCHADORES” y “SOCORREDORES” iba desprestigiándose. Cundía la propaganda socialista y fresco aún o resonado el éxito de la revolución rusa, la peonada se agrupaba y acudía directamente a los centros de trabajo. Hacía su anuncio el sindicalismo. Las haciendas de “Huamba”, “Congón” y “Mandinga” del valle de Huarmey, hacían propagagandas de los beneficios que habría de gozar la “peonada”, tales como salarios elevados, de buena alimentación, confortable habitación, atención médica y medicinas gratuitas. En Huaraz, Carhuaz, Chacas, Coris, Aija, Sucsha, Huayán, Malvas, Tapacocha, Cochapetí y Cotaparaco, tenían agentes calificados, es decir los  más conspicuos  del lugar (4). La Negociación Minera Huana – Cashma, The “Anglo French” Ticapampa Silver Mining Co, hacian publicidad de las ventajas que se concedían a sus jornaleros. Esta rivalidad por conquistar la mano de obra daba lugar a frecuentes levantamientos tanto en la Costa como en la sierra. En la hacienda Tambo Real, en el Valle del Santa, la competencia se hacia sentir, pues los obreros saboteaban a la hacienda porque un Comisario Rural hacia de “caporal”, exigiendo el máximo rendimiento y evitando el éxodo de la gente. La hacienda vinzos, de los señores Leguía, tenía administradores de “Manos de hierro”. Hasta que los hermanos Urcía, de Lacramarca, protestaron, y esa protesta fue acallada en forma temeraria. El Subperfecto don José Castillo y el Comisario don Arnaldo Castillo, reprimieron el levantamiento fusilando en el “Castillo” a los Urcía, uno de los cuales sobrevivió y desembarazándose de la arena que cubría su tumba, se levantó para denunciar a los culpables (5).

 

         El Prefecto del Departamento, entonces don Manuel Pablo Villanueva, se constituyó al lugar del suceso y comprobó que los Castillo, en complicidad con don Joaquín Neyra O. Comisario de Tambo Real, habian sido los autores de la masacre nefasta. Arnaldo Casillo fue detenido en Eten, pero el Subperfecto se dio a la fuga. Posteriormente, por los años de 1923 a 1926, aquel “comisario” Arnaldo Castillo pasaba a ser administrador de la Hacienda Molina, en este departamento, de propiedad del Presidente Señor Leguía: Contra aquél ex – comiario no cayó la acción de la justicia.

 

         La hacienda Tambo Real así, se levantaba poderosa. Uno de los accionistas, el señor Laredo, explotaba las minas de cobre de “magistral”, en Pallasca, y los señores Garragorri contaban con un establecimiento comercial en Cabana, para abastecer la peonada de las minas de Magistral y de Tambo Real. Entre los numerosos “enganchadores”, era notable don Armando Gallarday, personaje distinguido del distrito de Pallasca. Sus maneras afables conquistaron la confianza tanto de los obreros como de las Haciendas de la Costa. Era el más popular y el más austero. Indudablemente era el rival de todos los “comerciantes” Y “enganchadores” de la zona. Ningún peón se quejó de su trato. Sin latifundios, era como dueño de “ingentes masas de colonos” que capitaneaba y hacía que se tratara y respetará bien a su “gente”. El mismo “chequeaba” en las haciendas, tanto la alimentación, habitación y el trato de los “caporales”.

 

Hombre integró, dio a las masas campesinas confianza y a los patrones la voz de alerta de que sabría exigir en su caso todos los derechos que los trabajadores merecían. Don Arnaldo fortaleció en las masas trabajadoras un sentimiento de solidaridad y fraternidad, de unión y de fuerza.

 

Y la peonaba iba dándose cuenta de que mientras más se unían, menos se abusaba con ellos y mayores conquistas adquirían. Era, como un paso más al nivel superior de la vida de los obreros.

 

         En Ancash, todo hacendado era un candidato a Diputado o Senador.

 

En todo caso, de no lograrlo cuando menos debería ser miembro de la Junta Departamental. Una representación nacional era como la corona de su omnipotencia local. Su expansión estaba garantizada con esa ambición.

 

Había que temerle de algún modo. Si no era en una elección, habría de ser en la otra. Algún turno entre hacendados parecía existir. El pequeño propietario o el indígena o la comunidad deberían sometérseles.

 

         De otro lado, la mano de obra no debería emigrar y había que estandarizar el salario. Para ello había que tener las riendas del gobierno por medio de una representación parlamentaria.  Así, la hacienda de “Santa Clara”, en Pomabamba, hubo de tener a don Félix Porturas como Senador y más tarde como Diputado a su hijo Luis. En la misma provincia de Pomabamba, el turno debería llegarle a Don Ruperto Hernández, hacendado de Viñauya y después por la misma hacienda a don Eleazar Hernández. Los hacendados de Cajas, Llama y Sinaí, de la familia Barrón, hubieron de tener en el parlamento a don Wenceslao Barrón. Las haciendas de Pasacancha y Vilcabamba, igualtamente en Pomabamba, tuvieron en don Abel y don Genaro Cisneros sus representantes parlamentarios. En Corongo, la hacienda Urcón; por estar en manos de extranjeros, no tuvo representación nacional propia, pero sí tuvo influencia allegada al poder con sus vínculos de vía diplomática, hasta que don Emiliano Cáceres fue Senador por Ancash. La hacienda Canrray, en la provincia de Huaraz, es una capellana, pero por razones que no son de esta obra, don Dagoberto Cáceres lo capitalizó políticamente, y resultó Senador y Constituyente. En Pallasca, la hacienda Urcón, que tiene dominios por ese lado, hubo de tener como Diputado al señor Aservi, cuñado de Don Emiliano Cáceres y éste, padre político de hacendado Alberto Oliveri Vinatea.

 

         Las haciendas de la costa no  hubieron de monopolizar la actividad parlamentaria. No lo necesitaban, porque siendo sus dueños personajes que vivían en la Capital de la República y hasta cerca del poder presidencial, como en el caso de los señores Romero y Romaña, de la hacienda La Rinconada, les bastaba ocurrir directamente  a los Ministerios si les urgía alguna garantía.

 

         De esta suerte la hacienda era un poder. El indio debería serle sumiso, es decir, servil. José Sabogal, artista nacional de reconocido prestigio, hubo de perennizar esa servilidad del indio en su monumental óleo “El Gamonal”. Hombres y mujeres indígenas como bestias salvajes tienen en sus espaldas los cargamentos del amo.

 

         Entre que el hacendado tenía la ambición de retener al indio para valerse de la mano de obra gratuita y las minas que necesitaban de esa mano de obra gratuita y barata, hubo de librarse contiendas. Las mismas contiendas tuvieron que librarse con los “enganchadores” que llevaban los peones a las haciendas de la costa.

         Para conciliar los intereses en la mano de obra, los minero se hacian hacendados. Es el caso de las haciendas de Tambo Real y de Urcón, que tenían las mimnas de Magistral en Conchucos y las de Vesubio. En Chacas. Los mineros de Tucochira en Chiquián abrían el interés de la masa indígena con salarios alucinantes. Las haciendas se iban despoblando los hacendados hubieron de prohibir ese éxodo obligando a las mujeres de los ausentistas a trabajos forzados y dando caza como animales a los peones que salían de los términos de la hacienda.

         Hasta que un “renegado” como Luis Pardo acaudilló a esos indios perseguidos e hizo una batida a los hacendados. Algo más: Luis Pardo quizo moralizar al hacendado y al Indio: Al hacendado obligándolo a dar trato humano a los indios, y a los indios dándoles conciencia de dignidad.

 

Y para que el indio tuviera conciencia de su poder y dignidad, Luis Pardo con ellos asaltaba a los latifundistas y opresores, les imponía cupos y distribuía éstos entre los desvalidos. Bastaba la más ligera indicación de que en tal hacienda se hubiera cometido un abuso contra algún indígena, para que Luis Pardo y su “banda” se hiciera presente. Por muchos años Luis Pardo reinó sin límites. Hubo necesidad que un destacamento del ejército pusiera término a lo que se llamaba “labor disociadora”, de Luis Pardo. Pardo muerto por traición, no murió en la memoria de los pueblos vecinos. Aquella memoria fue endiosada. Se tiene levantado un monumento a su nombre. Su “banda”, por mucho tiempo siguió actuando, es decir que esos indios supieron conservar su conciencia de rebeldes.

 

Hasta que en Marca, el Subperfecto Don Francisco Moreno Descalzi acabó con el último reducto de aquellos rebeldes.

 

         En Pallasca, don Arturo Lizarzaburu descubrió el tungsteno de Casguitas y en el denuncio hizo partícipes a los propietarios de Conzuso para tener respaldo por que aquellos gozaban de participación en la política. Los de Conzuso aceptaron la participación porque Paredes era hacendado de Mongón y tenía 200 braceros de minas. Pero el señor C. Puente, se ingenió entrar a Mongón y hubo de protestar Paredes. Puente estaba vinculado a Conzuso. La muerte de puente (6) en las refriegas por la hacienda desencadenó una persecución contra Paredes, que no fue el autor de aquella muerte. Pero Paredes, para contrarrestar el poderío de Conzuso armó una banda que asoló la zona. El Gobierno destacó un batallón y en el encuentro de Casgas hubo muertos. Pero Paredes logró ponerse a salvo. El expediente penal a que dieron lugar aquellos acontecimientos, prescribió en 1942 y se halla archivado en la escribanía que corriera a cargo de don Anatolio del Castillo, en Cabana.

 

         Cuando Don César Paredes Bernuy, “El Socialista”, llegara a Corongo, su tierra natal, el salario del peón urbano era diez centavos y el del indígena de campo era de cinco centavos. Los patrones cuando pagaban al contado exigían que el obrero trabajara toda la semana y se pagaba el sábado; y cuando estaban “socorridos” esos indios o peones estaban como esclavizados, porque si tenían que trabajar para pagar su “socorro” tenían que cobrar a fin de semana algo para subsistir. Entonces habían perdido su libertad. Pero la predica de “El socialista” en 1914, hubo de elevar las jornadas, porque entre dejar  que los peones emigraran a Lima o elevarle el salario, fue menester elevarlo a veinte centavos. Este “Socialista”, que tenía familiares de Conchucos, centro minero por excelencia, solía pasar grandes temporadas en aquel lugar. Su prédica conmovía la viaja estructura del “socorro” y el salario minero alcanzó en 1918 a la exorbitante suma de S/.1.50.

 

         En 1920 se daba legalización a las Comunidades de Indígenas y el alboroto de la novedad en Ancash elevó en los valles y ciudades el jornal diario a cincuenta centavos.

 

         Aún cuando el Gobierno dictaba normas salariales, en realidad esas normas tenían que posponerse ante el juego de la oferta y demanda de la mano de obra. De suerte que los salarios no tenían por qué ceñirse a aquellos dispositivos. La necesidad del indio estaba por encima.

 

         El feudalismo como sistema opuesto al colectivismo concentra la propiedad y absorbe a la pequeña convirtiendo a los campesinos en siervos. Es antidemocrático y antieconómico, porque priva la propiedad al que trabaja y porque establece monopolios odiosos. Lo que constituye una rémora y un freno al libre juego de la libertad.

 

         El feudalismo quita al campesino aquel sentimiento ancestral de amor a la tierra. La tierra que no es suya, es como si acariciara lo ajeno o venerara una divinidad prostituida.

 

         El feudalismo introdujo el tráfico de la tierra, es decir para el nativo como si se tratara del tráfico de los más íntimos ensueños de su vida. Y el tráfico de la tierra acaba en extremos destructivos. Pues, quien vende su propiedad es como si vendiera su alma  y la soberanía de la nación en que vive. Para el indígena es aquel, traficante y antipatria.

 

         El feudalismo no estimula la producción. La estanca con grave prejuicio para el progreso y las necesidades sociales. Mientras que con el colectivismo los indígenas se abastecían de sobra, al presente, con menos población, importamos alimentos a un costo de 200 millones de dólares por año.

 

         El feudalismo conduce al absolutismo y a la oligarquía. Feudalismo y colectivismo son dos mentalidades opuestas. El uno individualista en sí y para sí, el otro de masas: por la comunidad y para la comunidad.

 

Es decir el egoísmo como principio en el uno, en el otro el titruísmo como sentimiento fraterno.

 

         La conquista del Perú tuvo su origen en un contrato. Esto es, que fue financiado por una sociedad en forma privada, por lo que poco se obedecía a la corona, cuya bandera se tomó como respaldo. De esta suerte, en nada se tuvo en seria consideración cuando se trató de repartir la tierra entre los conquistadores.

 

         En la República – en sus albores – la nobleza se rindió a Bolívar para conservar sus privilegios feudales. Y en la República se fundó la Sociedad Nacional Agraria que agrupó a la dorada nobleza colonial con los nuevos detentadores liberales.

 

         La “hacienda”, es un sistema, no una propiedad. Esto es un método de explotación. Precisa del engranaje de servidumbre, como del:

a)      “Pongo”, es decir del indio que presta servicios de mano y de mandados.

b)      “Colono”, para que preste trabajo en la hacienda en forma gratuita y en su turno a cambio de dársele tierras para su usufructo.

c)      “Yanacona”, que siembra las tierras de la hacienda, para pagarlo en frutos.

d)      “Partidario”, para sembrar a medias con el patrón, que sólo pone la tierra, (pocas veces la semilla).

e)      “Pisantes”, que con sus ganados abonan los terrenos y que pagan pastos para su ganado.

f)        “Chasquis” que prestan servicios a pie en el oficio de “correos”; y

g)      “Aparicog”, del indio que presta su lomo para transportar la carga del patrón, como si fuera una bestia de carga.

h)       

Frente a aquella gleba, la hacienda, precisa también de dos tipos o de dos instrumentos de explotación como el “enganchador” y el “mayoral”.

 

El “enganchador” busca peones para las haciendas que no tienen “gente propia”. Aparte de que cobra un porcentaje a la hacienda, cobra también al indio y lo exacciona dándole a cuenta de “adelanto”, un poco de plata y el “resto” en mercancías subido de precio y que muchas veces – y la más – no necesita. El “mayoral”, es la persona que tiene a su cargo la organización del trabajo y la distribución del trabajo y la distribución de la peonada: El “Mayoral”, es la persona que tiene a su cargo la organización del trabajo y la distribución del trabajo y la distribución de la peonada: El “mayoral”. Desde este puesto que pareciera no tener significación media opíparamente. La mujer del indígena acude con un “regalo” para que a su marido no lo mande muy lejos y no lo mande a trabajos de “Pirca”, donde la “tarea” es implacable. El “mayordomo”; tiene también otra tarea y es la de buscar al “CAPATAZ” (así en letras mayúsculas). El “capataz” debe tener buen “lomo” y mejor “puño”.

 

Esta a su cargo la vigilancia del indígena que trabaja. El “capataz” tiene también la “vista gorda” y el “oído sordo”. Una “gallinita” o una “sobadita” basta para que un indio le sea simpático y no le “caiga su ojeriza”. Todo lo cual es una “cunderia” del engranaje de la “HACIENDA”.

 

         La “HACIENDA” tiene también dos “TIPOS” sui sui de explotación. El es el “Gamonal” y el “Cacique”. El “Gamonal” es el propietario que reina sobre un territorio y que se aprovecha del trabajo servil de los indios. El “gamonal” confisca en provecho propio parte de los trabajos de los indígenas cuando lo hace trabajar a vil precio. El “gamonal” es acaudalado. Goza de privilegios. En su casa se hace ostentación. Como no tiene escudo de nobleza, pone nombres rimbombantes a la “Villa” en que vive y precisa de los “compadres” que pregonen su fama. El “Cacique” es el patrón que goza de cierta autoridad o que tiene autoridad. Su máxima aspiración es la fama. Se ingenia la manera de distribuir entre sus allegados los favores políticos. Es “capitulero”. En su casa se “alojan” los “hombres públicos” y las eminencias regionales.

 

Cuando no puede conseguir una “representación parlamentaria” coadyuva con el más poderoso o con el “candidato” “oficial”. Tiene “padrones de electores”, guarda las Libertas Electorales de sus “mesnadas” y las financia al mejor postor. El “Cacique” es una “POTENCIA POLÍTICA”. Los vecinos le temen, porque saben que si triunfa va a ser el amo que reparte beneficios; si pierde, saber acomodarse. Pues, el “candidato triunfa” se le “baja” de miedo a que su “política” sufra “sabotaje”.

 

Con esta organización es fácil advertir como las Comunidades Campesinas habrían de supervivir cuando los “BARONES DE LA TIERRA” le cercenen sus linderos. Y en esta brega, el indio con sólo su amor entrañable a la tierra no cejó, ni ante la ambición del dinero ni ante la exacción de la fuerza. Entendido la fuerza en toda l amplitud de los resortes judiciales y administrativos que en sus manos tienen el feudalismo y la oligarquía. Porque ellos nombran a las autoridades un ejército que resguarda sus posesiones o que pone una “punta de lanza” sobre las “Comunidades”.

 

         “Colonialismo” es un término que precisa y determina la mentalidad del “latifundio”. El sistema colonial como método o como doctrina.

 

Es decir el sistema de explotación y avasallamiento. El indio en este sistema no es sino parte de la hacienda. Cuando se vendía la Hacienda, se tenía cuidado de indicar en cláusula especial el número de peones. Cuando más “peones” tiene la hacienda, vale más. Y todo el poder “colonialista” como el “feudalista” tiene la hacienda, vale más. Y todo el poder “colonialista” como el “feudalista” esta en conservar ese patrimonio. Es decir de conservar su calidad de “amos”.

 

         Luego, el sistema colonial tiene que explotar la tierra en forma lo menos costosa y venderlo en lo más altos precios. Limita la producción vecina para que no le haga la competencia y cierra los mercados de venta para reducir a sus rivales. Para algo tienen el poder de “acomodar arancales” y poner “tarifas”.

 

         Los “hacendados” no admiten competencia ni en la venta ni en la compra. Si en su “territorio” alguien quiere negociar, tiene que pagar desde el “peaje” hasta la “licencia”. Pero aquel negocio no debe ser del giro de sus “tambos”. Y si alguien quisiera comprar al indígena tenía el “hacendado” el derecho de “Pernada”. Es decir que el “indio” de su hacienda debía venderle su “buey” a él, en el precio “tarifado” de antemano.

         El “Latifundismo no se rezaga. A diferencia del “colonialismo” se desenvuelve y por sus cauces ingresa al “capitalismo”. La maquinaria agrícola, los mercados, la materia prima, los abonos, los transportes y las “divisas” hacen necesario del “capital”.

 

         El libre cambio que debilitó el sistema “colonial” trajo las primeras simientes del capitalismo. El “CAPITALISMO” es una superestructura de valores en el campo económico. Esto es los bienes producidos por el trabajo que se destinan para producir más. Ordinariamente está representado por el dinero, que ganaba intereses.

 

         El trabajo es un esfuerzo creador; la parte excedente de esa creación es la base del capital. El obrero pudo trabajar lo preciso para su sustento, pero exigió a sus facultadse mayor rendimiento. El capital puede exigir del obrero en un día de trabajo, lo que sin fatiga y desmedro de su salud puede dar. De ese término medio, nace la hora de la jornada y el precio del salario. Ese término medio es el de un “standard universal” todo lo que excede de ese “standard” es una “sobrecarga”. Todo mayor rendimiento y esta sobrecarga, son las bases del capital. Es decir una base inhumana.

 

         El capital se desarrolla y llega a constituir un instrumento de trabajo. Como tiene todo el poder de adquisición, tiene todo el poder de producción. Puede hacer producir toda la tierra de cultivo, como puede dejar de hacerlo si ello conviene a sus intereses. Crea una maquinaria de especulaciones y moviliza su poder para controlar las finanzas y los mercados. Se constituye en sistema. Sus expresiones más sensibles son los trusts, las cadenas de bancos, el juego de bolsa y la mercantilización de los intereses y su tendencia en el orden social es la de un instrumento de dominación como consecuencia de su imperialismo económico. Esta demás anotar que el imperialismo capitalista, además cotiza nuestra moneda, impone precios a nuestros productos, establece industrias extractivas, pero no manufactureras, es decir que es una barrera al progresa nacional.

 

         La OLIGARQUIA aparece en Ancash, en el preciso momento en que los hacendados más conspicuos forman sociedades, aúnan capitales con el fin de orientar la explotación y la negociación y medrar sin temor a la competencia. Estos poderosos hacendados tenían en su apoyo todo el crédito que les es menester y a la vez que procuran también ensanchar sus dominios. Así desde la hacienda, recorren por el comercio y la minería.

Para mantenerse en escena precisan de tal grandeza que estén a salvo de cualquier contingencia. De aquí que busquen cobijarse al amparo de empresas anónimas. En esta escala la oligarquía toma un papel de clase dirigente, con amplio margen en la vida social y política. Pero esta oligarquía que tiene que rozar en su trato con el mercado internacional caen en los brazos de empresas extranjeras, las que movilizan su poder económico y político para sus relaciones comerciales, dando lugar a su ingerencia en la vida nacional, con gravísimo prejuicio para nuestra economía.

 

CHIMBOTE Y KOSHCO

 

         Antes de 1876 en que don Juan Francisco Meiggs trazara Chimbote para una gran urbe futura, estaban establecidos los comuneros de Chimbote y Koshco, que utilizaban las tierras para la labranza y el pastoreo.

Desde el mar se extendían las tierras de la comunidad hasta el kilómetro 10 de la línea férrea, donde comenzaban los límites de la Hacienda Tambo Real. Y entre la comunidad de campesinos y la Hacienda Tamboral, para aquella época, no hubo más problemas que el del agua. Los comuneros se veían precisados a servirse sólo de los remanentes.

         En la sección de El Monte la comunidad tenía cultivos con las aguas de Lacramanga, especialmente en la época de lluvias. Por esto no tuvo  problemas con los vecinos. Y para entonces la población no pasaba de 1,500 habitantes. Y la actividad más lucrativa de la comunidad era la pesca. En lo que es ahora la Plaza de Armas, había un lago para beneficiar sal y con la que salaban los pescados y se dedicaban a la industria.

         Unas cuantas cosas alrededor del Muelle y frente a la Estación del Ferrocarril era toda la parte urbana de Chimbote. Pero el trazo de Meiggs despertó el temor de las haciendas circunvecinas de que Chimbote de progresar habría de ser un vecino molestoso. Hasta que en el gobierno del señor Piérola se dispuso a levantarse las instalaciones que hiciera Meiggs en 1976 del servicio de agua potable con una cañería de fierro de 8 pulgadas que traía el agua potable desde el kilómetro 26 del ferrocarril.

La cañería fue a parar a Trujillo, sin que la Municipalidad de Chimbote hiciera protesta alguna.

 

         Después de este primer golpe a Chimbote, cuyos pobladores eran los campesinos de la comunidad con muy pocos empleados de fuera que se habían instalado en el muelle y en la Estación del Ferrocarril, Tambo Real comenzó sus  primeros ataques a los campesinos hasta que en 1920 se declaran sus primeros ataques a los campesinos hasta que en 1920 se declaran inalienables los bienes de la comunidad. Entonces comienza la campaña para solicitar el reconocimiento de la Comunidad de Indígenas de Chimbote y Koshco. Por Resolución Ministerial de 14 de diciembre de 1921, expedida por el Ministerio de Fomento se levantó el plano de la Comunidad de acuerdo a las circunstancias de la época, pese a que en 1860 hubiera sido más extensa cuando estuviera bajo los dominios del último cacique. Los linderos fueron disputados con la Hacienda Tambo Real y las dificultades del reconocimiento que hubieran comenzado en 1920 fueron superadas el 25 de mayo de 1929 y luego el 2 de junio de 1927 fue oficialmente reconocida la Comunidad de Chimbote y Koshco.

Don Leonardo Díaz el líder de este movimiento, estuvo acompañado de don Joaquín Gularte, Pablo Morales, Trinidad Beltrán y Mauricio Beltrán, que más tarde formaron la primera Junta Directiva de la Comunidad.

 

         En 1933 la Comunidad hubo de librar su más cruenta batalla con la Hacienda Tambo Real. Sus dueños, uno de los cuales fuera un descendiente del que fuera Presidente de la República, hubieron de hacer valer su influencia. El representante Ing. Enrique Vivero no los respaldó, por lo que la comunidad sufrió su más grande desmembramiento. La Comunidad tuvo que replegarse hasta el kilómetro 10. según el plano que entonces levanta el Ing. Víctor Aredán, la Comunidad perdió 200 fanegadas.

 

         Cuando se estableciera fraccionada. La población que crecía, se ensanchaba por los terrenos de cultivos y la Comunidad cada vez se iba reduciendo a medida que se ampliaban las áreas urbanas.

 

Una Compañía Venezolana emprendió la irrigación del Monte de Chimbote y se procedió a su venta. Se formó una Asociación y se presentó ante la Dirección de Asuntos Indígenas solicitando la disolución de la Comunidad de Indígenas de Chimbote y Koshco. Los que iniciaran esta campaña fueron el comerciante Gustavo Cano y los ciudadanos Manuel Flores y Toribio Arteaga. Tan insólita pretensión fue denegada en 16 de noviembre de 1967.

 

Crece más la Ciudad de Chimbote a costa de los terrenos de la Comunidad. A lo largo de la Panamericana y en más de 8 kilómetros, la población ocupa las tierras de comunidad. Esta población es foránea establecida por al industria de la pesca y del hierro. Una población cosmopolita.

 

El progreso industrial y comercial de Chimbote ha tocado todos los ámbitos de la comunidad de Indígenas. Las tierras que en un comienzo se dieran en turno y rotación o que se concediera el usufructo a los empadronados se han convertido en propiedad o se han urbanizado o han sido invadidos por barriadas. Cesiones, transferencias y ventas están haciendo desaparecer a las tierras de la Comunidad. Muy pocas extensiones rurales quedan bajo el control de la Comunidad. El Ministerio de Vivienda ha verificado estudios de ampliación urbana y las tierras que para ello se destinan indudablemente que recortan los de la Comunidad. Finalmente la población se extiende en forma vertiginosa y las tierras de la Comunidad cada vez se convierten en zonas urbanas. Y con fecha 23 de setiembre de 1970 se a expedido a Ley Nro. 18974, por lo cual se le faculta a la CRYRZA, hoy ORDESA, remodelar el plano urbano de Chimbote y tomar los terrenos que son necesarios para ello a fin de reubicar a la población.

 

De otro lado la mentalidad de los campesinos ha evolucionado a tal punto que poco se han ido adentrando a la industria y al comercio. El campo no les queda sino como un pasatiempo. Muy pocos de los primitivos comuneros perseveran en el campo. Han incursionado por la pesca y la industria pesada del acero. Alguno que otro indígena foráneo se ha yaconizado en la tierra, y éste mismo el tiempo que le queda libre el agro lo dedica a la pesca.

 

El campesino de Chimbote está al tanto del movimiento social del obrerismo. Esta incluso sindicalizado. La tierra ya no es común, ni hay tierras para comunidad. Y la Comunidad de Indígenas de Chimbote y Koshco en realidad no existe sino como un blasón de lo que fuera una comunidad campesina. Ha evolucionado de tal manera que aquellos pobladores lo veremos en el capítulo del obrerismo laboral en la industria.

Es tal la indiferencia agraria del chimbotano, que pese a existir un pleito sobre línderos con la hacienda Tambo Real, poco caso se hace de ello.

 

Es que los campesinos que laboran en el kilómetro 3, acaso en el último reducto comunal, son foráneos. De comuneros no tienen sino la matricula. Tampoco tienen interés en recuperar la parte llamada de Los Pinos, que ha sido detentada por la Corporación Peruana del Santa. Es decir que se trata de una Comunidad casi abstracta. En los altos del Mercado Central funciona la Oficina de la Comunidad y en ella se atiende algún pago de usufructo de alguien que quiere hacer valer un derecho de posesión para cuando celebra un contrato de venta.

 

En la época pre-inca, Chimbote había desarrollado una agricultura portentosa. Bastará tener presente la canalería que transportaba el agua de regadío por dentro de los arenales por todas las latitudes de Chimbote. Así como bastará saber que para facilitar el tránsito por la arena se tendían esteras y para contener la intromisión levantaron una muralla desde Huadalupito hasta el río Marañón.

 

La Comunidad de Campesinos de Chimbote y Koshco prácticamente ha desaparecido y sus componentes desde hace años pasaron a la industria de la pesca, del hierro, del carbón y finalmente al de la construcción.

Aquellos campesinos ingresaron a los sindicatos y desde allí levantan cada vez su voz para demandar nuevos derechos sociales y nuevas reivindicaciones. Y sobre lo que antes fuera una comunidad de campesinos hoy se levanta la Ciudad Industrial más fuerte del País y es el Centro Pesquero más Grande del Mundo. Su población está por encima de los 700,000 habitantes, y lo que antes era un barrio de esteras es hoy una ciudad de cemento y acero.

 

PALLASCA

 

En 9 de mayo de 1545 por Cédula Real del Emperador Carlos V fue reconocido el Inca Pariacallán, Tuqui Huaraca como bisnieto de Huayna Cápac y Cacique de Pallasca. Apallasca Vilca Huaraca había sido hijo de Túpac Yupanqui. De suerte que en Pallasca existía una nobleza inca que le daba señorío a la zona. Era también notable por sus construcciones militares y sus templos, ahí están los del Pasha y Taule y también Adamalca, donde según el historiador Félix Alvarez Brun fue dada al Inca Huáscar y pese a su fuerte ancestro inca en Pallasca se asentaron colonias europeas al punto que a mediados de la Colonia y a comienzos de la República ya nadie hablaba el quechua. Se habían transculturado. Pero ello no importó para que mantuvieran un colectivismo agrario en el régimen familiar íntimo.

 

En cuanto a la propiedad de las tierras no las habían comunales. Las haciendas las habían succionado y las pocas propiedades comunales estaban asentadas en Conchucos y Tauca. El resto de la propiedad estaba dividida entre los campesinos a título de propiedad privada, pero una propiedad muy parca y muy pobre. Pero el 27 de mayo de 1849 el Gobierno del Perú vendía o cedía al Prefecto de Ancash, Coronel Domingo Casanova la estancia de “Cochaconhucos”, alegando ser del ramo de censos. La extensión de la hacienda era inmensa, comenzando por el Oeste y cerca la costa tenía como punto de partida Sacaicacha en el río Chuquicara, de allí al Norte llegaba al río Marañón, por el Este con la Hacienda de Urcón en la provincia de Corongo y también con Santa Clara en la provincia de Sihuas. En esta extensión de tierras, casi la quinta pare de Ancash, estaban enclavados los pueblos de Pallasca, Chora, Lacabamba, Cochaconchucos, Tilao, Pampas y Conchucos. Aquella cesión indignó a los campesinos y lso reunió para hacer su protesta y su decisión de no consentir que el Coronel Casanova asumiera la posesión de la hacienda. Desde entonces los campesinos depusieron al administrador y enviaron una delegación a Huaraz a comunicar al Coronel que habían asumido el domino de la hacienda y que les traspasará el dominio. El Coronel no tuvo más camino que aceptar los 4,000 pesos. El 25 de abril de 1850 se extendió la venta a favor de las comunidades de Pallasca y Pampas.

 

Con la creación del distrito de Conchuscos la Comunidad de Cochaconchucos se desmembró, porque para cuando se adquirió la hacienda Conchucos, era anexo de Pampas, por consiguiente hubo de participar en el bien.

 

En el transcurso de los años la hacienda de “Cochaconchucos ha sufrido mutilaciones, al presente no queda sino un pequeño fondo en Cochaconchucos y la parte de puna que usufructúa Pampas y Conchcuos en sus respectivas jurisdicciones. Pallasca también tenía una faja de puna que alcanzaba hasta Tumabamba. Por este lado la hacienda “coachaconchucos” colinda con la hacienda Urcón y por los años de 1935 a 1945 Urcón invadió una sección de Tumabamba y se fue hasta Taule donde alzó un campamento con miras de expansión. Más, en Conchucos hbía por entonces un ciudadano, don César Paredes Bernus. “El Socialista”, personaje éste hijo de los primeros tejedores de la hacienda de Urcón y que siguiendo el ofico del padre había trabajado en la Fábrica de Tejidos Santa Catalina, de Lima. Este señor Paredes había viajado de Lima a Pallasca en compañía de don Arturo Sabroso, y ambos eran de tendencia socialista. De manera que su presencia en la provincia provocó cierto temor en las autoridades . Don César Paredes organizó reuniones y conferencias y su prédica era estimada en los obreros y campesinos. Y cuando chucos, donde tenía parientes y su influencia era destacada. Fue asi que en el año de 1941 la Comunidad de Indígenas de Conchucos y la Municipalidad del mismo lugar, asistidos por el pueblo ocuparon Taule y desalojaron el ganado de la hacienda de Urcón. Lo que dio lugar para que se instaurara contra la Comunidad un juicio de interdicto de recobrar. De otro lado el Diputado por Pallasca, señor Aservi, hizo todo lo posible para que tanto la autoridad política como la judicial prestaran su ayuda a Urcón; y, aún cuando la Subprefactura a cargo de don Benjamín Rivero hubiera pretendido restablecer la posesión de Urcón, el Juez de Primera Instancia no le permitió. La sentencia final, confirmada por la Corte dio razón a la Comunidad de Conchucos. Posteriormente a estos acontecimientos el señor Alberto Oliveri Vinatea, hijo del hacendado de Urcón y Administrador de la hacienda fue requerido e hizo resistencia. Pero fue en vano. La Guardia Civil lo capturó y lo puso a disposición del Juez.

 

El mito del poder se derrumbó. Desde Urcón entonces no volvió a intentar expandirse.

 

Anteriormente a los sucesos expuestos los campesinos se movilizaron para defender las tierras de la Iglesia que ellos usufructuaban en forma colectiva. Entre el año de 1920 y 1925 se organizaban las Beneficencias Públicas en Pallasca a base de los bienes de la Iglesia. La Iglesia fue vencida en el juicio y la Beneficencia solicitó posesión y nombró a don Arturo Macari como su personero. Los comuneros se opusieron a la toma de posesión y la fuerza pública que asistió a la diligencia hubo de entrar en acción. Hubieron heridos en el lado de la Beneficencia y 7 muertes en el de los comuneros. Pero la oposición se reforzó y los representantes de la Beneficencia se dieron a la fuga. No más se intentó volver por aquellos bienes.

 

Conchucos es la comunidad más activa y próspera de Pallasca. En estos últimos años han adquirido la hacienda de Chalán de sus dueños señores Cardoso Quiñónez y el ganado lanar del señor Alvaro Aguilar. Han formado una cooperativa, debido a su mentor el antiguo comunero de Conchucos señor Fernando Lara. Esta comunidad de campesinos han prestado su asistencia a los colonos y yanaconas de las haciendas Huautaullo y, Santa Ana, cuando después de la muerte de su dueño el señor Carlos Bocanegra sus sucesores exaccionaron a los campesinos, éstos se revelaron y depusieron a los dueños entre los años de 1962 y 1968.

 

Una de las propietarias residente en Norte América, doña Paula Bocanegra, enterada de los sucesos, ha enviado poder a su hijo don Carlos Murphy Bocanegra para que obsequie la hacienda a los comuneros o a la Oficina de la Reforma Agraria. Se trata de una hacienda valiosísima en las orillas del Marañón, tanto por sus cultivos de café, cacao y coca, como los enormes extensiones de cedro que constituyen una industria.

 

En la misma provincia de Pallasca, se ha oficializado las Comunidades de Cabañas, de Lacabamba, de Pallasca, se ha oficializado las Comunidades tienen por eje de referencia activa la propiedad colectiva de pastos en cuanto a terrenos de sécano todos ellos son transmitidos por venta o sucesión, no quedando sino como una formalidad de “reparto”; practican la minca y los trabajos de “faena” para las obras de bien común.

 

Pero merece mención especial la Comunidad de Campesinos de Tauca. En este distrito se fundaron dos Comunidades y las dos fueron reconocidas oficialmente. La primera, la de Calaball se fundó y reconoció oficialmente el 1ro. de febrero de 1929 y la otra el 1939.

 

La de Calaball fue para defender las tierras de este mismo, en la parte baja de Tauca y de clima templado. Estas tierras fueron denunciadas como crianzas por don Gregorio Ghilardi y entonces los comuneros que aprovechaban los pastos y las tierras rechazaron a Ghilardi, se amotinaron ante el Puesto de la Guardia Civil que pretendía amparar a Ghilardi, destruyeron el campamento que se hubiera instalado. Un ruidoso juicio criminal contra los comuneros que iniciara Ghilardi terminó con la prescripción y Ghilardi jamás volvió a aparecer ni siquiera por el vecindario.

 

La segunda Comunidad llamada de Tauca se organizó para defender los pastos de Tuctubamba y Huamayara invadidos por don Pedro Glenny, un ganadero de Cabana que viendo que aquellos pastos no fueran utilizados, concibio la idea de hacer con ellos una empresa ganadera.

Estableció sus campamentos de pastoreo y puso más de 7 mil cabezas de ganado fina lanar. El ataque a Glenny comenzó en Cabana por la Comunidad y por don Manuel Hidalgo Álvarez, en Tauca de un lado el Concejo Municipal y de otro los directivos campesinos en el campo administrativo y judicial acometieron a Glenny. Pero lo que más doblegó a Glenny fue la invasión de la Comunidad de Tauca y las correrías de los abigeos que diezmaron a Glenny. A la postre, Glenny hubo de reducirse a Huamayara y dejar las pumas de Tuctubamba. Con lo que la Comunidad logró la paz.

 

CORONGO

En 1ro de julio de 1927 se organizaba legalmente la primera comunidad de Campesinos de la provincia de Corongo fue nada menos que la de Cuzca, en cuya jurisdicción estaba asentada Urcón. A su vez esta hacienda por el lado de Huatirca invadía las propiedades comunales de Cuzca. De otro lado existía en Cuzca la hacienda “Querobamba” que la Iglesia y la Beneficiencia se disputaban. Unas veces la Iglesia tomaba la administración y la alquilaba a la Comunidad de Cuzca, y otras veces la Beneficiencia lograba asumir la posesión y también la alquilaba a la Comunidad. Desde luego los campesinos habrían de prestar a los que se titulaban propietarios todos los servicios de pongaje de las haciendas amén de primicias y pitanzas. La merced conductiva era aumentada en forma inconsulta las exigencias de otros servicios eran también mayores.

 

Aquella hacienda que hubiera pertenecido a la Comunidad era todo el territorio necesario para la agricultura y la ganaderia y sin embargo fue arrebatada a sus primitivos dueños de indígenas. Y mientras la lucha entre la Iglesia y la Beneficiencia se libraba en los estrados judiciales, los campesinos se organizaron en Comunidad y pidieron su cooperación a los del distrito de Aco, los que tenían igual problema en la hacienda “Ocshamarca”. Entonces el 26 de enero de 1942, la Comunidad de Aco es reconocida oficialmente y mientras en Lima, las Colonias de Aco y Cuzca, celebran el acontecimiento, en los distritos de Aco y Cuzca, se procedía a sentar actas de declaración de haber asumido el dominio de las haciendas de “Ocshamarca” y “Querobamba”.

 

La Iglesia y la Beneficencia hicieron valer acciones judiciales contra las Comunidades, fuera de que se valieron de las vías administrativas en las que sendas notas de garantías no se pudieron cumplir porque los campesinos amenazaron con un “levantamiento”. En el juicio las comunidades ganaron el pleito, pese a que se les hizo reconocer los contratos de arriendo que habían suscrito tanto con la Iglesia como con la Beneficencia. Es que ni la Beneficencia ni la Iglesia tenían títulos, la Iglesia no los tenía, sostenían los indios, porque la Iglesia Católica y Romana, era foránea, no lo tenía la Beneficencia porque esa Institución era posterior y no existió el fervor indígena.

 

La misma COMUNIDA DDE CUZCA respaldó a los yanaconas de Urcón a sublevarse en 1918 a 20. Urcón está en la jurisdicción de Cuzca y era una de las haciendas más grandes de Ancash. Están asentados sus dominios entre las provincias de Corongo, Pallaca, Sihuas y Pomabamba y en sus tierras están establecidos los pueblos de Urcón, Huallcallanca, Huarirea y Yantacón con una población de más de 3,000 h,. Para entonces la hacienda estaba organizada científicamente por expertos agrónomos y ganaderos. Se trataba de una negociación próspera. Antes en aquella hacienda se había instalado la primera fábrica de casímires del Perú y en Tarica se explotaba yacimientos de plata de tal magnitud que permitió establecerse la primera carrera para el servicio de los primeros carros a motor que funcionaron en el país. La fabrica de casimires fue desmontada por la invasión chilena, y las minas de Tarica se han expandido por Pasacancha. Todo lo cual daba a los moradores indígenas de la hacienda tal movilidad que alte el abuso y la agresión de los nuevos dueños de la hacienda se vieron obligados a resistir.

Los nuevos dueños de la hacienda, señores Oliveri ampliaron la explotaci{on ganadera tanto lanar como vacuno y entonces se estrecharon los campos de cultivo con desmedro de que los yanaconas cultivaban. De otro lado se les destaco el pastoreo en gran escala y las perdidas del ganado eran sancionadas a los pastores con crueldad. En cada uno de los pueblos enclavados en la hacienda habían cárceles y estas sellaron. Entonces los indigenas se levantaron y depusieron a los administradores y los dueños despavoridos hubieron de huir.

 

Las garantías que demandaron los dueños fueron infructuosas. La gendarmería de entonces era deficiente  y las autoridades cívicas de Corongo y Cuzca mas bien prestaban su apoyo a los indios que habian sido masacrados en la contienda de toma de la hacienda. El gobernador de Cuzca asesorado por don Alberto Botiquín, tenía perseguidos a los administradores hasta que aparecio en el escenario un defensor honorario de campesinos, el Director de La Prensa, de Hueylas, don Arturo Alva , quien fustigo a los Oliveri y tomó la causa de los indios, hasta que la intervencion de los señores Alberto Salomon  y Alejandro Maguiña  calmo y apaciguó a los indios y en 1921 se cortaba los juicios contra los rebeldes  y se hacia un nuevo trato entre le hacienda y los campesinos . El gobierno del señor Leguía hubo de pagar una fuerte indemnización a los señores Oliveri por los daños que hubieran de sufrir por el tiempo que la hacienda estuviera en las manos de los campesinos. Los señores Oliveri tenían el amparo diplomático de la embajada de Italia y de otro lado se habían emparentado con personas influyentes  de la política de entonces. Lo que impidió que urcon fuera descartado de constituirse en distrito, como era la ambición de los campesinos .

 

Tal aventura de los campesinos de urcon , que por muchos alos mantuvo en la provincia de corongo levantados los ánimos .

 

MUCHOS AÑOS ANTES, O SEA EN 1760, don silvestre de la cruz huayna capac ligua , cacique principal y gobernador de la hueranga de requisen el repartamiento de apallasca de san pedro de corongo, encabezó un levantamiento contra el general buena ventura jimenez azaña, dueño de la hacienda de hurcon , {que pretendía extender sus dominios hasta el río Cuyllorón. Huayna capac , según para entonces era maestro del campo del batallón de los indios de la región de conchucos. Es decir que los indígenas de urcon eran tan explotados que no podían menos que reaccionar en la forma de “levantamientos.

Como la hacienda de Urcón colinda con Yanác por el lado de Los Cedros y para rechazar la invasión se constituyó la comunidad campesina de Yánac el 23 de setiembre de 1963 por Resolución Ministerial que obra en el Legajo N° 7 de la Dirección  de Asuntos Indígenas. De esta manera Urcón fue cejado y contenido. Algo más, Yánac aprovechándose del fervor que ha despertado la reforma agraria, ha invadido la parte de Los Cedros que correspondía a la hacienda Urcón y los pueblos de Urcón, Huallcallanca y Huarirca se ha movilizado en el mismo sentido, dándolo lugar para que el Gobierno interviniera. En la actualidad la hacienda de Urcón se ha liquidado y pagado todo su patrimonio al Estado. Se hubo estudiando la forma de establecer una cooperativa agrícola y ganadera con participación de los campesinos (S.A.I.S.).

En Yánac, la Comunidad no tuvo mucho que pelear con Urcón, porque esta hacienda para entonces era atacada por todos sus linderos tanto por los pueblos como por las comunidades de campesinos, por lo que Urcón cedió ante Yánac. Pero los vecinos de Yánac, es decir, los de Ganguas que hubieron sido partidarios de los señores Romero Izaguirre en “Llachi”; se rebelaron y depusieron a los dueños. Expulsados éstos, hubieron de recurrir a la vía de las garantías y de los interdictos. La comunidad lo avasalló todo y en 1966, despúes de más de seis años de juicios, los campesinos obtuvieron el éxito final. Con lo que la paz reino en esa comunidad.

 

La comunidad de Corongo. No se llegó a oficializar. En 1960 tuvo una intervención destacada en la lucha de límites con la Hacienda de Urcón. Antes de esta performance, Corongo era una Comunidad que tenía el usufructo de los terrenos de secano aledaños a la población. Se hacia el reparto anual de las tierras y hasta muchos ocupaban en el reparto las mismas parcelas. Y aún cuando las parcelas entraban a la herencia, siempre se llenaba el formulismo del “reparto”, “URAN PARTE” como “UMAN PARTE”, zonas en que se dividía agrícolamente la población  y también para las festividades patronales. En cuanto a pastos no tenían comunales habían sido arrebatados en el pasado por los “Mistis” o “Wiracochas”.

 

         Una de aquellas parcelas que colinda con Urcón, se llama “Acoragra” La familia Izaguirre tenía una parte de esas tierras a título de “Composición”. El resto de aquellas parcelas pertenecían al usufructo del Común y se sembraban cada 4 años en razón de la rotación de cultivos. Pero estas tierras eran y son las mejores tanto por su calidad como por ser de clima templado. En el Incanato fue regada con las aguas de reservorios que se hubieron construido en la puna de Tuctubamba y una canalería de más de treinta kilómetros. Las aguas se desempeñaban por Churtay.

 

“Acoragra” tiene más de 2,000 habitantes, y se halla protegida por altos macizos de granito y por el pie con el río Manta. De manera que era magnifica tierra para despertar la voracidad de una hacienda como Urcón. Uno de aquellos “usufructuarios” entre en el juego con Urcón.

 

Para entonces – 1955 – 60 -, estaba como apoderado judicial de la hacienda un tinterillo apellidado Valdivia. Valdivia era paisano y amigo del Juez de Primera Instancia de entonces de Corongo, señor Francisco Velarde. Aquel “usufructuario” había aceptado una letra de cambio a Urcón y por la via de ejecución se libró un mandamiento de embargo de “Acoragra”. Advertida la comunidad de esta maniobra, trató de rehacer la Comunidad de Indígenas, y a continuación se organizó un Comité, ProComunidad, a la cabeza: Dr. Fausto Linan. El Comité luego de haberse instruido del plan el desistimiento a Valdivia  y la revocación al Juez, dándoles un plazo de 24 horas, bajo la amenaza de ser expulsados violentamente del pueblo. Y como el señor valdivia huyo, el juez no pudo expedir ninguna resolución; entonces comenzó la agitación de campesinos las campanas tocaron alarma y la gente salió a las calles resuelta a expulsar al juez y exponerlo  de su cargo. El Juez, que compulsó la situación, trató de huir pero ya era tarde y tuvo que pasar por la humillación de ser depuesto. Lo expulsaron del pueblo. La instrucción que por el delito de faltamiento a la tranquilidad pública se hubiera abierto, fue archivado. La propia Corte Superior de Ancash no respaldó al Juez, sino que consideró dañina su presencia en la Judicatura de Corongo. Este acontecimiento marcó época y la hacienda de “Urcón no volvió a tratar de expandirse.

 

La Comunidad de Indígenas de Corongo, indudablemente la más logrado en los primeros años de la República, poco a poco a ha sido disolviéndose por el éxodo de sus miembros. NO hay coronguino que no haya estado en Lima y su transculturación ha sido un fenómeno de viabilidad y de educación. Fue de las poblaciones de sierra de Ancash la que primero vio recorrer en su territorio automóviles, la primera que antes de la guerra con Chile tuviera una fábrica de casimires, la primera que conociera la luz eléctrica. Todo esto antes de 1870. Los coronguinos que emigraron a la costa educación a sus hijos para profesionales y éstos han transculturado a su pueblo. De tal suerte que ya no existe en realidad Comunidad de Campesinos y las tierras que fueran de reparto periódico ahora se trasmiten por herencia o venta. Es decir, que la Comunidad de Campesinos como comunidad económica ha desaparecido. Quedan como rezago algunas costumbres como la minca y la faena.

 

POMABAMBA, SIGUAS Y MARISCAL LUZURIAGA

Para 1920 no se había dividido en tres la provincia de Pomabamba y las comunidades campesinas, se hallaban circunscritas en Luena, Parobamba y Sihuas. En el resto de los pueblos los campesinos se encontraban sujetos s servidumbre en las haciendas, sin terreno comunal estaban apegados al patrón sin esperanza alguna. Fue de esta postración y de aquel estado de explotación que Pomabamba estalló el primer grito reivindicatorio comunal.

 

En la década de 1920 a 1930 en Pomabamba se fundaba la Asociación de Artesanos con tendencia indigenista porque sus integrantes eran trenzadores, alfareros de origen campesino. Esta Asociación tenía por mentores s los profesores de la Escuela de Artesanía que recientemente se hubieran instalado y que daba cierta tónica de agitación social a la provincia. Los indígenas de la hacienda Urcón que expulsados por “indeseables” o en libre emigración, pero ambos por rebeldes, se instalaban en las haciendas vecinas. La hacienda más próxima era la de “Pasacancha”W y la más propicia porque sus dueños los señores Cisneros no vivían en ella, ni les interesaba la suerte de sus intereses menos la de sus colonos. De manera que “Pasacancha” era una cédula apropiada para instalar el baluarte revolucionario. Los invasores urconistas que ya habían hecho experiencia con el “levantamiento” de 1915 a 20 en agravio de los señores Oliveri, pronto soliviantaron a los indígenas de “Pasacancha”. Los Colonos de esta hacienda con la ayuda de los urconistas tomaron el gobiernos del fundo y pronto las haciendas de “Vilcabamba” y Huayopuquio”, de las mismas firma Cisneros, cayeron en manos de los mismos.

 

Los señores Cisneros tenían una estrecha vinculación política con el señor Leguia y uno de ellos parlamentario. Y entre que reclamar un desalojo como en Urcón y reclamar una indemnización, que en el caso de Urcón había sido visto con disgusto para el país, optaron por venderlo al Estado, para que lo pareciera entre los indios.

 

 

Una vez adquiridas por el Estado aquellas haciendas, la Beneficencia Pública de Pomabamba, tuvo el encargo de administrarlas, hasta que se cumplieran con los objetivos del Estado. Lotizada la hacienda, los campesinos fundaron una comunidad en cada una de ellas y se dedicaron a realizar obras de mejoramiento. Así, en Ancash, se dio el primer paso de la Reforma Agraria en el Perú.

 

 

Los campesinos de “Pasacancha”, tienen en su jurisdicción los yacimientos mineros de “Pasachancha”; de los señores Añorga. Y están también a inmediaciones de la antigua Empresa Minera de Tarica. De suerte que cuando sus tareas agrícolas les dan tiempo alternan en las minas.

 

 

VICOS DE CARHUAZ

 

Vicos a 35 kilómetros de la ciudad de Huaraz está al pie de la cordillera nevada entre una altura de 3,000 a 4,500 metros. Su extensión es de 7,350 hectáreas. La población cuenta con 2,100 habitantes. Desde 1611 a 1952 fue propiedad de la Beneficencia Pública de Lima. Desde esta última fecha pasó a ser propiedad de la Beneficencia Pública de Huaraz. Los arredantarios de fundo trataban de sacar el mayor provecho de las tierras como de los indios. Y aún cuando los feudatarios se sucedían en sus parcelas, para 1952 la tierra se repartía casi por surco. El arrendatario exigía a la gente tres días de trabajo gratuito para la hacienda, aparte de que cada grupo familiar debería prestar servicios domésticos y de pastoreo. Por razones de su apartamiento de los centros urbanos, los vicosinos vivían en un retraso culpable y eran victimas de todo género de abusos.

 

El 90 por ciento de la población era analfabeta. Se trataba, pues, de una comunidad casi primitiva en la que se habían olvidado hasta la tradicional cultura aborigen de la que les quedaba la idea del ayllu y las costumbres del ayne, la mita y el trabajo colectivo de las faenas.

 

 

En Vicos no habían mestizos, tampoco el cholo, ni siquiera el comunero; había sólo el “chara-runa”, es decir el esclavo de la tierra. De ser sus tierras más productivas, habrían sido arrebatadas por los vecinos.

 

De manera, pues, que se trataba de una comunidad original para acometer una labor de transculturación. Y como en 1947, la Universidad de Cornell iniciara un programa de Estudios en Cultura y Ciencia Social Aplicada para investigaciones en regiones no DESARROLLADAS, aquella Universidad un convenio para el desarrollo de un plan de Antropología y Ciencias Sociales Aplicadas en la Zona de Vicos. El 4 de diciembre de 1951 se expidió la Resolución Suprema Nro. 99 creando el Proyecto Perú-Cornell, bajo la supervisión del Ministerio de Trabajo y Asuntos Indígenas.

 

El desarrollo del Proyecto Perú-Cornell precisó de dos años de labores preliminares y de estudios antropológicos en el gabinete y en el campo de especialista. Fue menester familiarizarse con la cultura vicésima y con el idioma y luego coordinar esta labor con las instituciones nacionales.

 

El vicosino tenia para entonces como lo tiene ahora con más conciencia un apego a la tierra. No buscó la comodidad de emigrar y pasarse a las barriadas marginales de las ciudades. Perseveró en su aldea y hubo de soportar con valentía tanto la agresión del hombre como la de la naturaleza. El patrón exigía del indio tres días de trabajo gratuito y obligatorio y por el resto del tiempo le abonaba la suma de 20 centavos por salario diario. Otras veces el patrón exigía la clase de gente que debería prestar su trabajo en la hacienda, y la que debería dar en alquiler a los fundos vecinos, donde les ocupaba para labores de campo o construcción o de carga como si fueran bestias. Los indios que no se alquilaban emprendían industrias rudimentarias como la de hacer leña y de transportar nieve para su venta a las ciudades vecinas. Las mujeres que no se les utilizaba en el pastoreo, eran obligada al servicio doméstico de las amistades del patrón. Alguna que otra mujer se dedicaba a la cría de gallinas para venderlas en la ciudad. Desnutridos y mal vestidos eran una caricatura humillante que los turistas de las Termas de Chanchos perseguían para fotografiarlos.

 

Para penetrar en la mentalidad de este vicosimo sin darles la molestia de que se hubieran sentido incomodados o sin crearles desconfianza y si más bien un ambiente de comprensión y simpatía hubo necesidad de trazarse un esquema metodológico, consistente en el método de observación, mediante encuestas, inspecciones, entrevistadas y confrontaciones constantes y debidamente registradas y comprobadas en las reiteradas pruebas. En el método de “OBSERVACIÓN” se llevó un diario, anotando los sucesos y clasificándolos en el sistema de “standard”; las encuestas de tipo “panel” fueron cuestionarios ad-hoc para ciertas personas o para ciertos grupo, y la “entrevistas” eran con el fin de aclarar cuestiones del Proyecto.

 

El personal técnico que desarrolló el programa estuvo constituido, entre otros, por los eminentes científicos y maestros Dr. Fred Allen, serólogo que hizo estudios sanguíneos, Clifford Barnett, antropólogo que estudió la aculturación del vicosino, Allen R. Homberg que planificó el Proyecto Cornell, Srta. May Kennedy que hizo estudios e investigaciones sobre artes visuales y educación, Dr. William Mangin, Director de Campo del Proyecto, señor Pedro Ortiz, etnólogo, Robert Stevens, agrónomo que tuvo a su cargo el estudio de las condiciones y posibilidades socio-económicas de la comunidad de Vicos, el Dr. Mario Vásquez uno de los Directores de Campo y que hiciera los estudios básicos de la comunidad que sirvió para la planificación del Proyecto Perú-Cornell y que tuvo una participación activa en la aculturación de Vicos, y el Dr. Carlos Monje que hiciera estudios de altura y tuviera a su cargo gran parte de la dirección de Salubridad.

 

 

En la primera etapa del Proyecto-Conell como la hacienda en arriendo y los trabajos de campo insensiblemente se iban transformando al dárseles iniciativa y responsabilidad, liberándoles de la servidumbre y de la miseria, haciendo que se sintieran haberse elevado su Standard de vida y que su comportamiento fuera franco. El cambio de sistema en el cultivo de las tierras, el uso de abonos, e insecticidas dieron mejores resultados. El Alcalde Pedáneo era sustituido por una Junta de Delegados y el adiestramiento de líderes dio resultados insospechados en la personalidad del vicosino.

 

 

En la segunda etapa los campesinos de Vicos son directamente los arrendatarios de la hacienda y cumplen con abonar la suma de S/. 14,000.00 anuales de merced conductiva. El Proyecto Perú – Conell en esta etapa le prestó su asesoramiento. El control económico de la comunidad está bajo la Junta de Delegados y como el Proyecto Perú-Cornell hubiera establecido el sistema cooperativo comunal, la comunidad es autogestionaria de sus actividades económicas. Formaron un “Fondo Comunal” que en 1959 alcanzaba a S/. 200,000.00. El 33% de estos fondos son el aporte personal de cada jefe de familia. El resto son las utilidades netas de la compañía agrícola de 1957-58.

 

 

MARIA DE AQUÍ EMPIEZO A TIPEAR

En esta segunda etapa los campesinos de Vicos entraron al campo financiero logrando un crédito del Banco de Fomento Agropecuario, bajo la asesoría del SCIPA y del Proyecto Perú-Cornell hasta por la suma de S/. 250,000.00 y que en los cultivos de papas, maíz, cebada y trigo diera un rendimiento de S/. 137,072.29 de utilidad neta.

 

 

La gran experiencia de Vicos llegó a tal prestigio y bonanza que hubo de atender con préstamo y ayuda a la Comunidad de Llipta, así como de poner al servicio de aquella Comunidad los nuevos conocimientos en la técnica de cultivo y comercialización.

 

Como resumen del desarrollo a que llegara Vicos a 1958 será bastante referirse al Manifiesto de Producción que el Agente de la SCIPA en Huaraz, Ing. A. Farromeque Dueñas emitiera en agosto de aquel año.

 

CUADRO DE VENTAS

Lotes

 

Papa Común

 

Semilla

 

Total

Parte Baja

Parte Alta

Pañash

Oqo-Kuta

Puna

 

S/. 82,086.50

 

S/. 92,661.00

S/. 33,068.84

S/. 12,874.98

 

 

S/. 3,197.59

 

S/. 2,877.84

S/. 1,751.06

S/. 35,173.51

 

S/. 85,294.09

 

S/. 95,538.84

S/. 34,757.90

S/. 48,048.49

Totales

 

S/. 220,639.32

 

S/. 43,000.00

 

S/. 263,639.32

 

 

El estado de CUENTA para mediados de 1958 resultada:

 

Por venta de papa común.................................S/. 263,639.32

Por su Cuenta a favor en Cuenta Corriente del Banco.....       107,25

Por varios en deposito...................................     7,073.35

Utilidad neta............................................         270,820.22

 

 

 

 

Educación. Es un capitulo que p,recisa relevarlo porque es debido a una labor de aculturación profunda que se ha podido lograr los cambios de movilización masiva de los campesinos de Vicos. En 1957 hubo necesidad de crear ya el Núcleo Escolar Campesino de Vivos no sólo para esta comunidad sino para las vecinas dado que de no educarse a éstos en los que los vicosinos tenían sus medios de relación no se habría avanzado gran cosa, sino que más bien se perdería el trabajo en la heterogeneidad.

 

El Núcleo Escolar está bajo la dirección de un especialista en Educación Fundamental y tres Supervisores; por un Ingeniero Agrónomo encargado de los estudios Económicos y Agropecuarios, por un Normalista que tenía a su cargo el Programa de Alfabetización y por un Médico que tenía a su cargo la Sanidad. Este personal hubo de estudiar primero los recursos naturales, humanos e institucionales de Vicos y de las zonas de influencia, luego tuvo que entrar en contacto con ellos y continuar su observación realizando a su vez intercambio de experiencias.

 

Se estableció también un Jardín de la Infancia a cargo de una profesora y de acuerdo con los lineamientos de la Educación Fundamental Aquella profesora llegó a adentrarse en el hogar para cumplir mejor con su tarea y formar una verdadera conciencia de responsabilidad desde la infancia y desde el hogar.

 

 

Los VICOSINOS construyeron su Escuela bajo la dirección y Técnicos del Plan Perú-Cornell. El loca es un modelo de su género y tiene los compartimientos para aulas de estudios y talleres. Tiene además un Teatro Escolar donde se da una educación audiovisual. Un programa de actuaciones del Teatro Educativo de Vicos; llevó su labor hasta los pueblos vecinos y también hasta la provincia de Huari. Se pusieron en escena dos boras especialmente escritas para las comunidades rurales llamadas “Saliendo de las Tinieblas”, de Alfredo Mendoza y “El Poder del Amor”. De Félix Núñez Fernández.

 

Un boletín mensual “Vicos” informaba las actividades de la Comunidad y del Núcleo Escolar.

 

Este Núcleo Escolar no se aportó de la estrategia del plan agrario del Perú-Cornell y con su colaboración implantó una EDUCACIÓN ORIENTADA para el trabajo y el desarrollo, para la erradicación del atraco y la pobreza, para el cambio de estructuras y para la capacitación y afirmación de la conciencia nacional.

 

La Escuela Central de Vicos es Pre-Vocacional y los escolares intervienen como actores principales en el desarrollo del programa.

Existe un Refectorio Escolar y también se implantó una Escuela Vespertina para Adultos que mantiene el entusiasmo de cómo medio centenar de alumnos.

 

Es indudable que de esta experiencia está saliendo la nueva orientación en los cambios estructurales de la educación que permitirá una mayor movilización de las masas para el desarrollo y el progreso.

 

 

Cuando en 1959 asumió el Gobierno el control de Vicos, su intervención a través del Programa de Ancash se hizo extensivo en cinco comunidades del Valle de Maracará. El método que se implantó fue el de la “intervención participante” y se siguió la técnica establecida por la Fundación Carnegie, de Nueva York, a través de Perú-Cornell, cuyos fines fueron:

 

1.      Conducir una forma de investigación experimental en el estudio de los procesos de cambios sociales y culturales;

 

2.      Mejorar el standard de vida de los indios, orientándolos hacia una independencia y de auto-determinación para desempeñarse dentro de la vida nacional; y

 

3.      Promover investigaciones interdisciplinarias sobre problemas de tecnología y cambios socio-culturales.

 

 

Huelga decir que el Proyecto hubo de erradicar y eliminar los patrones tradicionales de servidumbre y abolir el sistema colonial de explotación del hombre por el hombre.

 

 

PPC se valió de laboratorios, gabinetes de etnólogos, antropólogos, sociólogos, médicos, sicólogos, lingüistas, planificadores y agrónomos.

Aparte de que rompieran las barreras de la ignorancia en Vicos elevaron el STATUS del indígena y socialmente levantaron su dignidad y sus hábitos tuvieron la soltura del hombre medianamente civilizado. Aquel hombre metido en la quebrada a espaldas de la cultura, aquel indio introvertido desaparecía para dar paso al indígena viril que trabaja con estímulo, que se viste bien y disfruta mejor y que negocia sus productos con libertad. El vicosimo no es ya el hombre sojuzgado.

 

Tal es la obra del Proyecto Perú-Cornell que contó con la colaboración del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo Nacional de Historia y del Instituto de Etnología de la Universidad de San Marcos. Contó también con la ayuda de eminentes antropólogos como el Dr. Marshali Neuman, William Blanchard, Humberto Chersi, Richard Patch, Srta. Joan Sneyder, William Stein, etnólogos como Juan Elias Flores, Abner Montalvo, Eduardo Soler, Froilán Soto Flores y por los sociólogos Dra. Rose Goldesen y Bryce Ryan.

 

 

La mayor parte de la intelectualidad nacional y americano interesada en la aculturación del aborigen han acudido a Vicos y se han hecho estudios de investigación y tesis sobre el experimento Perú-Cornell.

Mención especial merecen en el movimiento social de Vicos, el Dr. Mario Vásquez, Carlos Monge, Ing. Carlos Chueca, Ing. Carlos Ferromeque, Alian Homberg, Buenaventura Armas, Aida Milla, Pompilio Picon, Carlos Montes, Subvierto Vidal Ramos, Carlos Collazos y Luisa Palanques que, de cerca y dentro del tobellino del trabajo laboraron hasta la culminación de la obra. El Dr. Mario Vásquez que fuera Director de Asuntos Indígenas del Perú y tiene una cátedra universitaria Constantemente es consultado por los países vecinos que tienen problemas de aculturación.

 

HUARAZ Y EL LEVENTAMIENTO DE ATUSPARI

EN EL AÑO DE 1885

 

La Comunidad de San Pedro de Colcabamba, situada entre los distritos de Pampas Grande y Cajamarquilla, tiene títulos desde el 6 de diciembre de 1954. Aquellas tierras pertenecieron al Cacique de Colcabamba, don Juan Atusparia Nivin. Esas tierras fueron destinadas de la posesión del Cancique de Pac-Pac, Miguel Huaranga, en 23 de mayo de 1783. Sin embargo los Concejos Municipales de Pampas Grande como de Cajamarquilla, atentaron contra ese patrimonio dando lugar a constantes luchas.

 

 

De aquí que pese a haberse gestado su reconocimiento en 1927, sólo en 7 de junio de 1964 fue reconocida. La Comunidad tiene una extensión de 180 km2 es de clima templado y pertenece a la provincia de Huaraz.

Con 165 familias se han establecido en terrenos que llaman de “vertientes” y que son cabecera de “costa”. La proximidad, de un lado a las poblaciones del Callejón de Huaylas y de otra a la costa, dan a esta comunidad una movilidad constante de intercambio social y comercial. La Comunidad inicio sus actividades pecuarias con 450 cabezas de ganado vacuno y 270 de ovinos. Al presente es una comunidad próspera. Sus disputas con los Concejos vecinos han sido saldados con la Reforma Agraria, que ha dado la razón a la Comunidad.

 

 

Esta Comunidad de Campesinos ha recibido la tónica del movimiento minero de Huinac, que queda a sus inmediaciones. Además, tiene la ventaja de estar asistida por Escuelas Fiscales y de disponer de carreteras.

Y aún cuando la mayoría habla el quechua, entienden el castellano. Propiamente son bilingües.

 

La unidad de esta Comunidad le ha permitido resistir a la ambición de los Concejos de Pampas Grande y Cajamarquilla como al de las haciendas vecinas.

 

 

En la misma provincia de Huaraz se organizaron la Comunidad de Cajamarquilla, en 8.3.65 la de Huanchac, el 4.3.33; la de Pira, en 22.11.35; y la de Cochabamba, en 10.3.33. La Comunidad de Cochabamba data del año de 1570, y la de la Pira del año de 1824. La más sobresaliente de estas comunidades es la de Cochabamba, que hubo de enfrentarse con don Alfonso Palacios, un español propietario de la Hacienda Ucrucancha, que por muchos años hostilizó con acciones judiciales a la Comunidad.

El Señor Palacios, aparte de ser un hombre de trabajo y de empresa, estaba vinculado con altos dignatarios judiciales de Ancash. Don Alfonso Palacios ganó el juicio de propiedad, pero la Comunidad no dejó un palmo de terrenos y rechazó a Palacios. En aquella campaña la Comunidad sostenía líderes de capacitación y estudio, uno de los cuales llego a ser abogado y posteriormente ocupó un escaño en el Parlamento nacional. Como abogado defendió a la Comunidad de un supuesto robo de ganado que hubiera denunciado Palacios, y como parlamentario, presto su más decidido apoyo a su Comunidad. Don Alfonso Palacios fue puesto del lado.

 

 

En Huanchac y Marlan, del distrito de Huaraz, los indígenas usufructuaban la Hacienda de “Huanchac”, al pie de los nevados de San Cristóbal, como locatarios y como comuneros, la parte de la hacienda. Pero los “mitis” de la ciudad Huaraz, una vez organizada la Beneficiencia, tomaron en arriendo la parte baja y comenzaron su expansión en la parte alta, que era de la Comunidad. Lo que dio lugar a una lucha sin tregua.

La guerra con Chile había dejado empobrecidos a los “mistis” que hubieron de pagar “cupos” y que ambicionaban rehacer su fortuna a costa del indio exigiéndole mayores obligaciones y mayores tributos.

 

En 1885 se prohibió a los indígenas la libre extracción de la sal, además pesaba ya el impuesto de dos soles por contribución personal.

Hay que agregar entonces la explotación del indio, el recargo en las faenas hasta a favor de las autoridades principales, la elevación de los diezmos, primicias, pitanzas y demás regalías. Todo lo cual tenía al indio oprimido, mucho más si se tiene en cuenta el mísero salario de 5 a 10 centavos de aquellos tiempos. El indio, que no tenía ningún derecho, soportaba estoicamente todas las cargas. Esta explotación logró despertar al indígena de su habitual apatía. Entonces la opresión le hizo estallar. Bajo la iniciativa del Cacique de Marian, don Pedro Pablo Atusparia, todos los alcaldes de las estancias de Huaraz presentaron un memorial al Prefecto don Francisco Noriega, solicitando la supresión de la servidumbre, la abolición del tributo personal y la libre extracción de la sal. Era un pliego que contenía la exposición de sus desventuras y la reivindicación de sus derechos.

 

El sistema oligárquico representado en la persona del señor Prefecto, no pudo menos que condenar la osadía del Cacique El derecho del reclamo fue condenado al látigo. El “zambo” Vergara, sargento de gendarmería, recibió la orden de flagelar al Cacique. Previamente se le cortó las trenzas, símbolo de su nobleza y autoridad. Ante tamaña vejación, se presentaron los alcaldes de las estancias y protestaron ante el Prefecto por el abuso perpetrado en la persona de Atusparía. Aquellos alcaldes sufrieron igual humillación. Con lo que la paciencia indígena llegó a sus límites.

 

 

Apenas Atusparia consiguió estar libre, organizó el levantamiento. Reunidos los alcaldes, en Marían acordaron aprobar los planes de Atusparia. La aversión al abuso indujo a los indios a correr al albur de una aventura, tentada ya en aquellos escenarios en la Colonia en la insurrección contra el Visitador Areche, en la época en que fuera Corregidor de Huaraz, el Marquez de la Casa Hermosa.

 

El 1ro. De marzo de 1885 los rebeldes tomaron el Castillo de Pumacayán y encargaron su defensa al indígena Pedro Granados. El Coronel Vidaurre, Jefe de las Fuerzas del Gobierno en Ancash, y el Gobernador Collazos, atacaron a los indígenas en su empeño de desalojarlos de la ciudad. El indígena Angel Bailón destruyó a la caballería del gobierno, y el resto de la tropa hubo de huir despavorida, sufriendo pérdidas considerables, así como toda su artilleria. Angel Bailón, cuñado de Atuparia, persiguió a los fugitivos y tomó los barrios de la Soledad y San Francisco.

 

El resto de la población caía en poder los indígenas el 4 de marzo. No hubo cuartel para los vencidos. El “zambo” Vergara fue decapitado y los capitanes Delario y Protasio Gonzáles, así como los oficiales de La Roix, Smith y Lazarte fueron pasados por las armas. Sólo los presbíteros Fidel Olivas Escudero y Amadeo Figueroa lograron calmar la furia indígena. El Coronel Vidaure y el Gobernador Collazos huyeron a Recuay. El Prefecto, que se encontraba en Aija, pretendió en un rasgo de orgullo, regresar a Huaraz, pero en Recuay encontró a los indígenas y a los fugitivos que lo conocían y casi lo linchan. No tuvo más camino que el de la fuga. En Huarney se embarcó con rumbo al Callao y dejó atrás los alaridos de la revolución que su temeridad desencadenara.

 

Atusparia se proclamó Jefe Supremo y nombró Prefecto al Dr. Manuel Mosquera y como Secretario a Felipe de Montestrueque, célebre redactor de “El Sol de los Incas”. Nombró también como Alcalde de Huaraz al Dr. Federico Olivera, el que quedó instalado el 12 de marzo.

 

Atusparia erigió como a su Lugarteniente al indígena carhuasine Pedro Cochachín, llamado “Uchuco Pedro”. Este indio astuto y de enoerme ascendencia entre los indivios, tomó a su cargo al sometimiento de los demás pueblos. Y así luego de establecer su régimen en Carhuan, invadió Yungay a sangre y fuego, pese al heroico resentimiento de la Guardia Urbana. El indígena José Orobio descolló en aquellas jornadas. En defensa de Yungay murieron sus más ilustres personalidades.

 

Sometida Yungay, la ciudad de Caraz fue invadida sin resistencia. Con lo que el Callejón de Huaylas quedó bajo el mando de Atusparia. Las demás provincias de Ancash se sometieron al nuevo régimen, y hasta los indígenas de Ayacucho, Junin, Huanuco y  Cajamarca enviaron delegaciones anunciando su adhesión.

 

 

En Huancavelica, Cuzco y Puno; los indígenas se movilizaban y había en el paí tal intranquilidad por la revolución de Atusparia, que el General, Iglesias, Presidente Constitucional, hubo de enviar un fuerte destacamento del ejército para debelar el levantamiento. El batallón Canta, a cargo del Coronel Callirgos, desembarcó en Casma el 13 de abril. Uchuco Pedro avanzó contra Callirgos y logró rechazarlo. Luego se refplegó a la cordillera y avanzó a Yungay para unirse a Atusparia. El 21 de abril se dio la batalla de Yungay. Las escaramuzas del 22 y 29 del mismo mes dieron oportunidad a los indígenas para replegarse a Huaraz. Pero el 3 de mayo el General Callirgos ingresó a Huaraz y se libró la más cruenta batalla. Los indígenas fueron masacrados sin piedad. Sin embargo, la resistencia indígena se prolongó hasta el 23 de agosto, en que se perdió la batalla de Mato. Y cuando en Quillo pensaba Uchuco Pedro rehacer sus huestes, fue traicionado y capturado. El 30 de setiembre fue fusilado a inmediaciones del templo de Casma. Montestruque y otros jefes habían muerto en la brega y Atusparia hacía herido. En el antiguo cementerio de Huaraz el resto de los indígenas prisioneros fueron fusilados sin más trámite. Hasta hace más de un año se podía ver en la pared del cementerio miles de orificios de bala que atravesaron los pechos de los indígenas.

 

En el cambio de Gobierno asumió la presidencia el Mariscal Cáceres tuvo interés en conocer a Atusparia. Ante el Presidente, el Cacique Atusparia hizo valer los mismos derechos de reivindicación.

 

Esta revolución, no ya levantamiento, tuvo la intención de volver al régimen del incanato. Atusparia asi lo proclamó. La insurrección fue eminentemente campesinas, sus móviles eminentemente políticos, sus líderes también fueron campesinos. Aquel movimiento era de liberación de la explotación y la servidumbre que pesaba sobre ellos.

 

El “tributo” fue abolido y quedó en el ambiente el eco de la revolución como una advertencia contra los déspotas.

 

El prefecto José Iraola, en 26 de abril de 1885, expedía un comunicado manifestando que el Gobierno con fecha 14 de marzo había abolido la contribución personal.

 

Para dar una idea de la trascendencia del levantamiento de los campesinos de Ancash en 1885 que trascendió en una guerra civil, bastará transcribir algunos párrafos de las comunicaciones oficiales que se cursaran los Jefes de los Ejércitos en Campaña. El 26 de abril de 1885, desde Mancos el Prefecto Revolucionario Mosquera, decía al Coronel don José Yraola: “Las horas que se rodean me obligan tomar a sangre y fuego Yungay. Si Ud. No entra en el término de la distancia el armamento”.

 

Por su parte el general Yraola, en su oficio de 1ro. De mayo de 1885, decía desde Yungay: “Los tres ataques, a Yungay no han  logrado sino sembrar cadáveres en el campo. Acepto las negociaciones que se llevarán en Huaraz”. El mismo Dr. Mosquera, Prefecto y Comandante General del Departamento de Ancash, en su notal del 27 de abril decía al General Iraola: “Si a Ud. Le place, puede salir al campo y librar una batalla decisiva y no comprometer a esas desagraciadas familias de Yungay; porque acabo de recibir mis guerrilleros de Cajacay, Huari y otros, de manera que mañana temprano tendrá Ud. En Yungay 50,000 guerrilleros, que no dejarán en esa desgraciada población piedras sobre piedras en sus cimientos”.

 

 

HUARI.-

En 1937 y 1965 se oficilaizaron las Comunidades de Campesinos de Rambran y Yurayacu en los distritos de Pontó y Huantar. Y pese a que en su provincia tan extensa y tan poblada y a existir parcialidades que viven organizadas en la ancestral colectividad de campesinos, no llegaron a organizarse oficialmente por la fuerte oposición de los hacendados. No es fácil imaginarse como en Huari ya hay hacendados que tienen a su cargo tierras e indios, de los que disponen como cosas. El indígena así está atrasado y tan pocos líderes hay que no han salido de su postración.

 

“Uchusquillos” es una hacienda sobre la que pesa una enfiteusis. Se trata de una de las haciendas más pobladas y más atrasadas. Todavía se usa el “chaqui-taclla” y los peones hacer el servicio de carga, como si fueran acémilas. El administrador se las pasaba en la capital del departamento es decir, en Huaraz, porque los indios amenazaron sublevarse por las exacciones que cometía. Este señor Ortiz, prácticamente estaba como expulsado de la hacienda mientras otros de los usufructuarios, como los señores Pasco, podían conducir algunas secciones del fundo.

 

Hasta que en los años de 1958 a 1960, un desacuerdo entre el señor Ortiz y el señor Pasco dio pié a los indígenas para “levantarse”. Incluso la renta destinada para un Colegio Nacional fue copada por los campesinos.

 

En este estado de cosas llega la Reforma Agraria y los campesinos están en espera de que se  les adjudique oficialmente lo que de hecho han tomado.

 

En Yurayacu los campesinos ampararon a los colonos de la hacienda Uchupata en las jornadas de “levantamientos” de 1955 y 1958. Para entonces, aquella hacienda, una de las más prósperas de Huari, tenía el mejor ganado vacuno y porcino, estaba bajo la vigilancia de sus dueños, el Coronel don Enrique Cornejo Villanueva y el extranjero Tadew. Este hubo de tratar de regimentar tanto el horario de trabajo como los métodos agrícolas, pero olvidando mejorar la retribución y el trato. Entonces los campesinos se “levantaron” Tadew trató de dominar el descontentó e hizo uso de las armas de fuego y hasta hubieron muertos y heridos, pero los campesinos tomaron la hacienda y Tadew hubo de huir.

 

Ni las autoridades de Policia ni las del Poder Judicial pudieron entrar, porque toda la zona se conmoncionó y amenazó con una sublevación o “levantamiento” general. En aquella oportunidad se infiltraron agitadores, profesionales. Tadew trató por la vía judicial arreglar los derechos, su situación, en eso la Reforma Agraria ha consolidado la situación de los campesinos.

 

Como se ve esta situación de los campesinos y esta movilidad es más frecuente cuanto más déspota es el patrón.

 

 

RECUAY.

 

Por los años de 1931 y 1932 se oficilizaron las Comunidades de Campesinos de Recuay. Desde antiguo y luego de establecido el Repartimiento de Pedro Candia en Recuay por Catac y Tapacocha se consolidaban los indios en las “majadas” de pastoreo. Los pastos más ricos como los de Utucuyacu, Conococha y La Rinconada, pasaron a formar haciendas. Pero como los españoles en Recuay estaban más interesados en las minas en las que esa región es rica, dejaron que las tierras pasaran a manos de los “indios”. Asi se formaron las Comunidades de Llacllín, Pararín, Catac, Cotaparaco, Huambo, Huayllapampa, Tapacocha. San Jerónimo de Pocllu y Huaquión. Los pastos de Llacllín y Huaquión dan a la cabecera de la costa y son muy requeridos; y aún cuando los hacendados vecinos no los perturbaron, en cambio entre Huaquión y Llacllín surgió una disputa que duró muchos años, estimulada más por los hacendados vecinos y por los “tinterillos”, hasta que en 1950 una inspección ocular, del Juez de Primera Instancia de Huaraz puso fin a aquel pleito. Por lo escarpado del macizo los jueces que precedieron al de 1950, las inspecciones, oculares las hacían a distancia o desde distancia y por referencias, pero aquel Juez logró ascender y puso de acuerdo a las comunidades respecto de sus linderos, pues los abogados que nunca llegaron a esa altura no repararon en el error de la titulación.

 

 

La Comunidad de TAPACOCHA, asentada en la villa de su nombre, villa rica y asiento de notables alcurnias, españolas por la calidad e sus minas de oro, fue aquella, Comunidad muy celebrada. Edificó uno de los templos, más ricos, del país. Artísticos motivos decorativos de gusto barroco y pan de oro dan a la Iglesia de Tappacocha, celebridad nacional.

Pero la tranquilidad de la Comunidad se vio turbada en la República por la vencidad de la hacienda. La Rinconada y cuando esta hacienda estuviera más tarde en manos de don Aurelio Valenzuela, los comuneros, de Papacocha, hasta parecían asociarse, porque el señor Valenzuela era un pionero de la democria y gran indigenista. A la muerte de don Aurelio, la hacienda pasó a otras manos y hubo de entrar en disputa de límites con Tapacocha. Entonces comenzó la lucha cruenta que no acabaría sino con la desaparición de uno de ellos. Los sucesores de don Aurelio Valenzuela frente a altos cargos públicos en la Capital de la República, no podían estar al frente de la hacienda y el resto de familiares no tuvieron el tino necesario. La hacienda fue invadida por los comuneros cuando uno de los señores Valenzuela era Presidente de la Corte Superior de Justicia de Lima, en el año de 1969. En 1971 la hacienda La Rinconada fue afectada a favor de los campesinos.

 

Esta ruta de Recuay fue prospera en frutos altivez y hombría. Por ahí pasearon su gallardía Luis Pardo y más tarde don Aurelio Valenzuela, propietario de la Rinconada, hizo de la hacienda un baluarte de la democracia desde ahí lanzaba sus ataques contra la oligarquía que tenía su cabeza en Canray, donde más de dos mil indios eran explotados por los administradores de aquella hacienda.

 

En 12 de octubre de 1971, las comunidades de Cotaparaco, Huayla, pampa, Huambo, Ichoca, San Lorenzo de Marca, Paspas, Chico y Tapaocha han formado una Cooperativa con el nombre de Sociedad Agrícola de Interés Social “Atusparia” Ltda., y han comprado la hacienda de Utucyacu por la suma de S/. 14’000,000.000 al Estado. Dicha hacienda era del Ramo de Instrucción. La Resolución Supremo Nro. 715-71.A.G. le ha dado su respaldo oficial.

 

BOLOGNESI. EL BANDOSERISMO Y LUIS PARDO

 

         En mayo y junio de 1929 se organizaron oficialmente las antiguas Comunidades de Campesinos de Cuspón y Yamor en los distritos de Chiquián y Antonio Raymondi. Le siguieron Copa, Aquia, Chiaquián y Acas, en los años de 1930 a 1938. Especial mención merece la Comunidad Campesina de Aquia, que por sus luchas con los hacendados vecinos y las Cías.

 

Mineras hubiera mantenido vivo el espíritu de lucha de las comunidades vecinas que le prestaban su apoyo. En estas luchas surgió el bandolerismo como un medio de combatir la prepotencia de los “hacendados” y el poder de los “mineros”. La hacienda “Tallenga”, del distrito de Aquia, se formó por el establecimiento en sus tierras de campamentos mineros”. Una lucha sin cuartel se inició y que habría de terminar con el triunfo de la Comunidad, como se verá.

 

La pampa de Lampas, una rica extensión de pastos naturales, estaba sujeta a la propiedad privada. Por un lado los señores Icasa y por el otro los señores Ramos, se disputaban su hegemonía. Los feudatarios y yanaconas que se permitían apacentar sus ganados con víctimas de los hacendados que junto a sus manadas entropaban los pobres indios.

 

Los señores Morán y Sotelo, que por razón de su investidura de altas autoridades judiciales del país, se mantenían al margen de las contiendas. Pero los hacendados vecinos querían hacerlos entrar en el juego de la “expansión” o les pedían su apoyo o incitaban a los indios a invadir sus dominios. Es así como los campesinos invadieron el territorio de los Morán y pese a que in ruidoso juicio comprendiera a más de treinta encausados, la acción se declaró prescrita.

 

Los mineros de Tucuchira y Tallenga hostilizaban a los campesinos y bajo el pretexto de campamentos mineros se constituían en haciendas.

 

La aparición de Luis Pardo en el escenario de la “puna”, acabó con la prepotencia de los hacendados y mineros. Algo más, Luis Pardo quiso moralizar al hacendado y al indio; al hacendado, obligándole a dar trato humano a los indios, y a los indios dándoles conciencia y dignidad.

 

Y para que el indio tuviera conciencia de su poder y dignidad, con ellos asaltó los latifundios, a los latifundistas y opresores. Les imponía cupos y distribuía esos cupos entre los desvalidos. Bastaba la más ligera indicación de que en tal hacienda se hubiera cometido un abuso contra algún indígena para que Luis Pardo y su “banda” se hubieran hecho presentes.

 

Por muchos años Luis Pardo reinó sin límites. Hubo necesidad de que un destacamento del ejército pusiera término a lo que se le llama “bandolerismo”. Pardo, muerto por traición, no murió en la memoria de los pueblos vecinos. Aquella memoria fue endiosada. Se tiene levantado un monumento a su nombre, y su prestigio fue tal que no solo en el país sino en el extranjero se aplaudió la gesta romántica de quien cómo él amparara al indio desvalido. La musa popular se enriqueció con canciones a él dedicadas, y hasta se llegó a firmar una película que por muchos años concitó la atención del país. La “banda” de Luis Pardo siguió actuando pese a su muerte. Es que muy pocos creían que Pardo hubiera muerto. El subprefecto Francisco Moreno Descalzi acabó con el último reducto de aquellos rebeldes.

 

Entretanto las comunidades campesinas lograron sosiego y se dedicaron al trabajo.

 

La Comunidad de Campesinos de Aquía al amparo de la paz que le dieran sus líderes, consiguió formar una Cooperativa Comunidad denominada “Rimay Cóndor”. Esta Cooperativa ha sido reconocida oficialmente con arreglo a lo que dispone el Art. 12vo. de la Ley General de Cooperativas Nro. 15260.

 

Las Comunidades de Chiquián, por su inmediación, unos de otros, por la facilidad de sus vías de comunicación, por su proximidad a la costa y por su gran espíritu emprendedor no han sucumbido ni han sido en los tiempos posteriores a Luis Pardo molestados.

 

 

CONFEDERACIÓN DE LAS COMUNIDADES CAMPESINAS DE ANCASH

 

Para cumplir los objetivos comunes y para respaldarse mutuamente y así constituir un frente unido y fuerte, se formó el 1ro. De agosto de 1932, la Confederación de Comunidades. El plan de acción abarca cuatro aspectos; Social, Político, Económico y Religioso. El aspecto social comprende la organización de comunidades en agrícolas, ganaderas e industriales, en un plan cultural, prensa propia, escuelas comunales prácticas, en el establecimiento de Comunidades Arbitrales, encargadas de resolver los conflictos entre comunidades, y finalmente, en la organización sanitaria y de defensa social. En el aspecto económico, sus objetivos son el de reivindicación de las tierras detentadas, irrigación, ferias artesanales y pecuarias, y organización  de cooperativas. En el aspecto político e intervención en el proceso eleccionario. En el aspecto religioso se  perseguiría luchas contra el fanatismo en todas sus manifestaciones.

 

El plan de referencia fue aprobado el 5 de agosto dell 1934, en un Congreso de Delegados. Y las comunidades que aquella vez organizará la Confederación, fueron de Huaraz Pira, Cajamarquilla, Huanchay, Cochabamba, Colcabamba, Huambo, Huamarin, Shansha, anta, Huayán, Malvas, Cochpeti, tapacocha, Huayllapampa, Huaquión, Marca, Pampas-Chico, lechoca,

 

Chaucayán y Huacllán. También las comunidades de Bolognesi fueron las más activas y estando presentes las de Chiquián, Huasta, Aquia, Racrachaca, Pomapata, Huacllón, Llama, Vuzpon, Corpanqui, Roca, Quero, Llclla, Copa, Chilcas, Pomachi, Huayllacayan Colquiyoc, Cajacay, Raquia, Yamor, Raján, Chamas, Coris, Pocpa; estuvieron presentes las comunidades de Chimbote y Coishco. Alcanzaron a 60,000 los comuneros confederados.

 

La Confederación se organizó en Cajacay, una comunidad próspera que bajo los auspicios de su mentor, señor Erasmo Trinidad, y asesorado por el intelectual don Rufino Méndez Ramos.

 

 

Ya aquella vez Cajacay era una comunidad adelantada. Producía más de dos mil libras de  mantequilla de primera clase. Por la misma época Tapacocha producía 500 quintales de queso de buena calidad y Huanchay producía mil cargas de naranjas, mil cargas de paltas y mil cargas de plátanos. En la actualidad aquellas comunidades han duplicado su producción.

 

 

La Confederación prestó gran ayuda a la organización de nuevas comunidades, y su apoyo a las comunidades que fueron hostilizada por las haciendas. De manera, que en Ancash, las Comunidades de campesinos llegaron a tener en su movilización una institución capaz de prestar garantías a sus asociados mediante la unión y la fuerza.

 

 

ORGANIZACIONES SOCIALES Y OBRERAS

 

 

La peonada que laboraba de 1910 a 1920 en la línea férrea de Chimbote y posteriormente en la Galgada, se agrupaba con fines de clase.

 

Los maestros de las Escuelas Fiscales constituían Asociaciones, porque los Comisionados Escolares o los Diputados abusaban de ellos. Luego, entre 1914 a 1920, los minerales para la industria bélica dieron gran movimiento de obreros en Pallasca y la corriente bolchevique de entonces los agrupaba en organizaciones de extrema izquierda. La Confederación de Asociaciones de Instituciones Pallasquinas en Lima, era formada por muchos estudiantes universitarios del Grupo Rojo de Vanguardia, los que hacían trascender su influencia en los pueblso de la sierra de Ancash.

 

En la Central Minera de La Galgara y Cocabal, entre los años de 1935 y 1945, lso hermanos Armando y Celamir Pineda organizaron el Sindicato Obrero de esos centros mineros con calificada filiación comunista.

 

De aquí que cuando el señor don Víctor Raúl Haya de la Torre hiciera una gira por Ancash, cuando ingresó por el ferrocarril de Chimbote con destino a Pallasca, donde debía una atención, por haber sido Pallasca el centro principal de la revolución aprista ahí se hizo sin conocer a altos jefes dirigentes y prosiguió por Huaylas, Yungay,, hasta Carhuaz, donde se formó el Gabinete Ministerial con Ancashinos. Era cuestión de ideas y no de dirigentes. Habia tal madurez social y política, que las clases trabajadores estaban unidas en sus metas y destinos. En Caraz había una Universidad Popular Gonzáles Prada, con una lista ilustre de profesores.

 

En la Central Hidroeléctrica de Huallanca, en su etapa formativa, se hacía efectivo el peso de los sindicatos. No sólo se reclamaba buen trato sino aumentos de salarios por costo de vida. Los frecuentes y las huelgas amenazaban a los empresarios de la obra. Terminaba la Planta Hidroeléctrica, se instalaban en Chimbote los Hornos de Fundición y los sindicatos se reforzaban; por doquier se organizaba en todos los ramos fabriles y entraba el campo tomando a los campesinos e indígenas. La pesca y la harina de pescado hubieron de aumentar la población obrera, se trataba de industrias florecientes. Para 1965 había sólo en Chimbote, 4,300 pescadores, 2,757 obreras y 533 en las plantas. La participación para los trabajadores al año era de S/.307,094,404.00. Para 1965, Chimbote produjo 1’282,011 T.M. de harina de pescado, que es la mayor producción mundial, haciendo de Chimbote el Primer Puerto Pesquero del Mundo.

 

 

La Hidroeléctrica del Cañón del Pató, es también un centro de obrerismo. La enorme potencia de la Empresa es bastante para sopesar el tráfico de la peonada. En 1965 la Hidroeléctrica produjo 228’289,510 kilowatios hora de energía. De las que 66.77% consume la Planta Siderúrgica de Chimbote. La Sociedad Siderúrgica de Chimbote S.A. (SIDER PERU) al presente ha exportado más de 22,000 toneladas de acero, y arrbió a Japón, Israel, Filipinas, Ecuador y Colombia.

 

 

Lo original en la pesca es que los naturales de Chimbote, es decir los pobladores pallasquinos, huailinos y coronguinos con los nativos explotaban la pesca para salarla y mandarla al interior. Don César Ganosas y don Gustavo Ghilardi Gonzáles fueron los primeros en industrializar la pesca. El primero se proveyó de embarcaciones y el segundo montó una fábrica para envasar atunes. Se hacía fortuna de la noche a la mañana. Bastaba una buena redala. Trabajadores humildes forman cooperativas y rivalizan con los capitalistas nacionales y extranjeros. Aparece Novoa Claudett y luego Quiñónez, destajadores del mar y naturales de conchucos, y se constituyen en empresarios de la gran industria pesquera.

Con Chimbote hay cabida para los técnicos. La Corporación Peruana del Santa, creada en 1943 para estimular el progreso de Ancash, encuentra en los propios hijos de Ancash su mejor personal. El 23 de noviembre se formó la “Cía. Hidroeléctrica del Cañón del Pato”, organizado por su creador el Ing. Santiago Antúnez de Mayolo, con sus socios Marcial Pastor y Arturo F. Alva, representante por Huaylas. En 1940, el Gobierno del señor prado creó la Corporación Peruana del Santa, a base de la trascendencia que habría de significar el proyecto del ancashino Ing. Antúnez de Mayolo. Y hasta el año 73, otro ancashino, experto en electricidad, el Ing. Humberto Zelaya Sotomayor, tenía los destinos de la Corporación en su calidad de Presidente.

 

No sólo la Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato fue obra de un ancashino, sino también la de Machu Picchu.

 

En el comercio, en las agriculturas, en la minería, hubo menester de asociar los pequeños capitales y romper con la argolla de los MAYORISTAS”. Así caía en Cabana la Casa Comercial “Garragorri” en Huaraz las casas Secovick y Estremadoyro. Entre los mismos MARYORISTAS, las rivalidades les sumban en la quiebra. En el gobierno del señor Leguía, las haciendas cañaveleras de la costa consiguieron una ley de impuesto al cultivo de la caña de azúcar, que era una fuente para los pequeños agricultures de la sierra y la montaña. El impuesto a la chancaca y al cañazo dañó a los pequeños agricultores una fuente de ingresos y de trabajo. En Tambo Reaql se elaboraba azúcar y alcohol, sin cuidado de la competencia de los agricultores de la sierra. Y como en la sierra se consumía chancaca, elaboraban chancaca con la azúcar “moscabada”. Pero pronto las haciendas de Tambo Real, Vinzos y demás del santa, se vieron al borde la quiebra por el resurgimiento de San Jacinto. En Tambo Real se cerró la industria azucarera.

 

Al presente, aquellos indígenas que pasando por el campesino si obrerismo libre y luego sindicalizado, instalaron en Chimbote cooperativas y hasta comunidades industriales. Y en Pallasca, en el distrito de Conchucos, se hubo formado el año 71 en el último semestre, una Cooperativa Agropecuaria organizada por don Fernando Lara, actual Presidente en Lima del Sindicato de Cooperativas del Café Nacional.

 

 

SOCIEDAD Y COOPERATIVA AGRARIA

 

En el enfrentamiento humano ante la naturaleza en los albores de su vida acondicionan sus relaciones sociales. Y la expresión de esas experiencias es la historia de una cultura. Aquel enfrentamiento crea una técnica y una mística. Tecnología y mística que habrán de gravitar y conformar una cosmovisión del mundo. Y en el devenir esas culturas habrán de sufrir alteraciones, mutaciones; se darán puntos de ruptura y enlace o de afectación o remodelación, pero no desaparecerán los patrones originales. La historia de ese comportamiento es la crítica de los cambios a través del juego de las presiones y resistencias en el tiempo.

 

El “ayllu” pre-inca en Ancash, que se había constituido a base de un vínculo de sangre en la “marca” dio a brotar una cultura colectiva.

 

Como para el “ayllu” la propiedad de la tierra era del Sol, es decir de Dios, la Conquista y la Colonia aprovecharon de esta mentalidad para adoctrinarlos en la Religión Católica y cambiarle de Dios. De aquí que como el mundo fue hecho por el Dios de los Católicos, su representante subyugó a los hombres, tenían que estar a las órdenes de la Corona Española. He aquí la primera ruptura del proceso civiliza torio del “ayllu”.

 

 

El “repartimiento” fue otra de las estructuras que amputó el sentido de la propiedad de la tierra. Pero la misma Corona permitió el reagrupamiento de los indios en la tierra mediante las “encomiendas” y “composiciones”. Entonces vuelve el enlace del “ayllu” en su evolución. Iniciada la República, se dieron leyes para la disolución de las Comunidades y, aún cuando el indígena es amante de la propiedad de la tierra, en verdad la propiedad quiritaria no le alucinó, por lo que mantuvieron la Comunidad. Más, como en esta beatería el latifundio trataba de ensancharse a costa de la propiedad indígena, se volvió a dar leyes de conservación y finalmente la Constitución de 1920 la declara inalienable e inajenable.

 

 

El “ayllu” en las Comunidades de Ancash se matenía como un principio de colectivismo, cooperativismo, fruto de las disposiciones y determinaciones de su contexto y estratificación cultural. Muy pocos son los regionales que estaban en el círculo cerrado de la Comunidad, pues, muchos de los miembros de las comunidades fueron propietarios a título individual y vivían en la ciudad, el pueblo o la estancia, y tenían de común los terrenos de sécono y los pastos. Los terrenos siguen repartiéndose periódicamente, aún cuando tengan que quedarse en sus posesiones y más de las veces pasa a los herederos. Practican la “minca” y la “república” o “faenas” y tienen de uso colectivo la leñan, el cushuro, los frutos silvestres como las tunas, pitajayas o porogshos; se consumen en común los pastos, el monte, la arcilla, el pecado, la caza, la nieve, se siven del agua y de los lagos.

 

De otro lado el “ayllu” socializó el “yo” del individuo. El egoísmo no sobrepasó al altruismo. El término “ayllu” responde a una personalidad comunitaria y es más transubstancial que el término “camarada”, porque el “ayllu” no sólo es cuestión de hermandad sino también de mística.

 

Indudablemente que el “ayllu” es un organismo evolutivo, tiene capacidad para autotransformarse y autosuperarse. Se trata, pues, de una cultura evolutiva. Y al presente están ganando terreno las doctrinas evolucionistas.

 

El sentimiento colectividad en las comunidades es una dinámica social real, pese a tres siglos de opresión en la Colonia y de siglo y medio de extorsión en la República.

 

 

Va desapareciendo el “trueque” y aquel rezago paternalista de la antigua comunidad. Su mentalidad colectivista va desembocando como a un cauce natural al cooperativismo. Es de imaginarse el acontecimiento que significará verse vertido en el cooperativismo a millones de indígenas que han vivido marginados.

 

El cooperativismo no busca la utilidad personal sino de grupo, suprime a los intermediarios –comerciantes y capitalistas-. Se trata de una sociedad de personas y no de capitales. El Cooperativismo no excluye la propiedad privada ni la libertad de asociación. Su mentalidad está en la reciprocidad de servicios y el reparto de riesgos en el mayor número de asociados.

 

Es así pues, que aquellos núcleos comunitarios son los más apropiados organismos donde las cooperativas puedan prosperar. Y si se tiene en cuenta que sólo en 1961 había en el Perú 1,500 comunidades con una población de más de 1’300,000 habitantes, fácil será hacerse cargo del impulso que habrá de alcanzar en el país el establecimiento de las cooperativas en cada una de las comunidades.

 

 

Los agricultores individuales son eliminados y las tierras se reúnen en una sola extensión anónima. El cultivo se hace en común y los tractores y demás instrumentos de trabajo están en manos de los campesinos sin tener que recurrir a la mano de obra asalariada. Ya en 26 de octubre de 1917, un Decreto suprimía la propiedad privada sin indemnización.

 

En 22 de mayo de 1922 se daba la ley de usufructo de la tierra por los trabajadores y el 30 de octubre del mismo año se dio el Código Agrario que confirmó la nacionalización de la tierra. Los ciudadanos no habrían de tener sino el usufructo. Se admite la tenencia del lote individual y la comunidad rural. Pero Lenin no aplicó asa reforma en todos sus extremos. El 29 de enero de 1926 se restableció el derecho de herencia y el campesino que es una “potencia verde” no es comunista. La propiedad individual está reconocida.

 

En el Perú no ha habido necesidad de nuevas estructuras. La Reforma Agraria al establecer y fijar los límites de la propiedad rural, sólo ha querido evitar el latifundio y que el pequeño propietario no se transforme en proletario, haciendo revivir las instituciones o relaciones pre-capitalistas de regímenes de servidumbre.

 

En la Ley Agraria peruana la tierra deja de ser renta, para ser instrumento de función social, de quien la trabaja. Recusa la producción y los modos feudales, donde el indio entraba como capital de la hacienda; va también contra la producción capitalista que produce el asalaramiento y pauperización de las masas obreras y proclama la “cooperativa” como estructura de superación.

 

 

En la cooperativa no se trata de reemplazar la propiedad privada por la propiedad social. De otro lado el aporte del socio no gana interés. Se trata de una propiedad no capitalista. Tampoco con la cooperativa es que se quiera hacer regresar al indio al pasado. Aquel imperio esclavista está liquidado como sistema. El cooperativismo es una teoría social y como social, actual.

 

 

Los valores colectivistas de nuestros campesinos siempre han sido reconocidos y estimulados por D.S. de 24 de marzo de 1922 tras la Constitución del 20 se creó el Patronato de la Raza Indígena. La R.M. de 15 de mayo de 1944, ratificatoria de la Convención Internacional del Instituto Indigenista de Patzcuaro (Méjico), creó el Instituto Indigenista Peruano. Por R.M. de agosto de 1945 se creó la Cooperativa Indígena, y por Ley Nro. 10356, de 31 de diciembre de 1945, el Día de Tahuantinsuyo. La Organización Internacional del Trabajo (sede de Suiza) filial de la ONU, en 1953 resolvió establecer en Muquiyauyo (Jauja) un centro de capacitación para dirigentes indigenistas y la Décima Conferencia Internacional de Caracas (1954) recomendó que en los países donde subsistían las Comunidades de Indígenas se tienda a transformarlas en Cooperativas Agrarias de Producción. Por Ley Nro. 152, de 14 de diciembre de 1964 se creó la COOPERATIVA y por Ley Nro. 17716, se ha reemplazado a la Ley Agraria Nro. 15037. Finalmente se ha establecido la Oficina Nacional de Desarrollo Cooperativo por Decreto Ley Nro. 17713 de 17 de julio de 1969 que ha reemplazado al Instituto Nacional de Cooperativas. Por el Art. 115° de la ley de Reforma Agraria las Comunidades de Indígenas se denominan “Comunidades Campesinas” y por los Arts. 117° y 118° se dispone su tecnificación y adjudicación de tierras.

 

 

La metodología de aplicación de la Reforma Agraria es la transformación de la estructura agraria, mediante Proyectos Integrales de Asentamiento Rural (PIAR), que incluyen estudios del área, recursos naturales, infraestructura vial, situación económica y social, etc. De tal modo que se crean las empresas campesinas y las Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS) que se han  formado casi en todo el Departamento, como la SAIS de “Huaylas”, “Carhuaz-Yungay”, “Huaraz”, “Luis Pardo”, “José Maria Arguedas”, “Chavín” y las empresas comunales de “Ecash”, “Cochabamba”, “Cutacarcas” en Chiquián y “Cochabamba” en Pariacoto.

 

 

La SAIS “Luis Pardo” Ltda.. 21, es un ejemplo, tiene su sede en lo que fuera la hacienda de San Antonio de Urcón y lo integran 23 predios en una superficie de 141,1054 hectáreas y beneficia a 3,544 familias.

 

Para este año se ha programado la adjudicación en todo el departamento, de 490 precios con 611,840 hectáreas, beneficiando a 23,584 familias.

 

Mientras el sentimiento colectivo persiste en las Comunidades, toda reforma de ella encaminada a evolucionarla o encanzarla a mejores metas, es recibida con anuencia y hasta con ansiedad. De aquí que para Ancash constituyó un acontecimiento histórico. Pues el mismo día que para se dictara la Ley Nro. 17716, de 24 de junio de 1969 (Ley Agraria) se declaró la provincia de Bolognesi “Zona de Reforma Agraria”. De esta manera en Ancash por primera vez en el Perú, se instalaba la reforma legal agraria. Para ello debería tenerse en cuenta que en Bolognesi existe 43 comunidades organizadas y sus 22 distritos han estado en constante agitación, Bolognesi, como Pallasca en Ancash son provincias serranas que tienen un bajo índice de analfabetismo y sus habitantes están en constante contacto con la costa, por lo que su aculturación y cambio de nivel ha sido más fácil.

 

 

Mucho antes y tan pronto como se expidió el Decreto Supremo Nro. 51-70.A.G. de 10 de marzo de 1970, las Comunidades de Indígenas de Conchucos anunciaron la ocupación de la hacienda Urcón. En Huaraz, los indígenas ocupaban la hacienda Canrray, los de Recuay ingresaron a La Rinconada, de los señores Valenzuela. Las haciendas de Huataullo, Santa Ana Chindol y Chalán, en Pallasca, eran tomadas por los colonos. En la costa, las haciendas de Tambo Real y la Rinconada entraban a un proceso de parcelación y en la Hacienda una Empresa Cubana estaba reduciendo el sembrío de caña de azúcar y encareciendo este producto y el del alcohol. Como consecuencia de esta política agraria, la mano de obra se reducía y se paurizab a el peonaje, se les obligaba a emigrar.

En todas las haciendas de Ancash entre el decenio comprendido de 1959 a 1969, se seguía la política de eliminar al “yanaconaje” o al “partidario”, bajo el pretexto de tecnificar la administración y de establecer la industria ganadera. Ya Urcón, había ensayado con provecho este sistema, licenciando a los indios del yanaconaje, suprimiendo la actividad agraria de la hacienda y recuperando las parcelas de los indios para dedicarlos a la ganadería, Urcón, no se sabe, si por ensayar introdujo entre los años de 1922 a 30 el “kincuyo”. Ese Kincuyo” se extendió como una plaga para toda la hacienda y hasta se propagó en Ancash. El campesino tuvo que ceder ante la impotencia de vencer al “kincuyo”. En el mismo período del 59 al 69 en Bolognesi, la hacienda de “Tallenga” y la Comunidad de “Llamac”, daban que hacer con la tranquilidad pública. En 1963 la Comunidad de Aquia recuperaba las tierras de la hacienda “Tallenga” y en la Comunidad de “Llamac” la represión policial dejaba algunos indígenas muertos.

 

El sismo del 70 hubo suspendido temporalmente el fervor de la “Revolución Verde”, en Ancash. Fervor que es un femeninito de actividad agraria y una escala de efectivos cambios de nivel. De esta manera la Reforma haroto el espinazo de la oligarquía feudal y lo sigue haciendo en todo el Departamento y todo eel país.

 

 

COMUNIDAD INDUSTRIAL Y PROPIEDAD SOCIAL

 

Históricamente la conciencia del hombre nace de su existencia y no está en su conciencia. Y económicamente de las formas de producción y de la tenencia de los recursos naturales –la tierra entre otros- nace la estructura de sus instituciones políticas, jurídicas, religiosas y filosóficas.

 

En el ayllu no se conoció el salario. El trabajo estuvo socializado. Existió el aine, la minca, el ranti, el yanapag para las actividades privadas, pero sin carácter de abono o compra de trabajo. Para la satisfacción de sus necesidades bastaba el producto de su “tupo” o llevar el “catu” para buscar su “rantin”, los productos que confeccionaba. Cuando le faltaba, estaban ahí las “collcas” o “tambos” comunales. “Chanin” no es precio, sino es un concepto de valor. De tal manera que no existió la comercialización del capitalismo. La palabra “kelle”, no es moneda, sino es plata. En la Colonia y la República “kelle”, no es moneda, sino es plata. En la Colonia y la República “kelle” ha adquirido concepto de dinero, pero originariamente para la Comunidad significaba sólo plata. No es que no tenían nociones económicas no; lo que no entendían era la deshumanización del trabajo por el comercio.

 

Cuando sobrevino la Colonia, el indígena ingresa al trabajo como “mitayo”. Es decir casi como esclavo. En la República pasa como “yanacón”, entre siervo peón. Ni en la Colonia ni en la República el indígena llegó a saber qué su trabajo envolvía un concepto de valor. Es en los tiempos del “capitalismo” que sabe que su trabajo es una “mercancía” más. ¿Y el valor de esa mercancía” cómo es cotizada?¿ Por la cantidad de trabajo o por la habilidad que va incorporada al producto del trabajo, es decir a la obra? Y es aquí donde entra a un laberinto. Pues mientras los economistas dicen que el valor del trabajo se mide por los costos de producción, resulta que en el mercado de oferta y demanda de la mano de obra esos costos no son la base. De otro lado, el valor de producción –aquí el valor de los costos- y el valor de cambio no van parejos. Además el valor de un producto está en sus cualidades y propiedades. Pero el precio natural y el precio del mercado se hallan subordinados muchas veces a la competencia o al monopolio. Tanto el precio natural y el mercado sufren las altas y bajas de la moneda cuando la relación de valor pasa al precio, es decir cuando el valor se transforma en precio o mejor cuando la mercancía producto cambia por la mercancía moneda(28).

 

Por otra parte existe un valor social. Valor y necesidad social que son explotados por el capital indebida e inhumanamente. Indebida, porque no contribuye a su afianzamiento e inhumana porque la explota sin costos.

 

Estos problemas fueron introducidos a la vida del indígena como a las postrimerías de la Colonia. Su crisis llegó a su climax hasta estos últimos decenios donde burguesía y capitalismo se disputan la mano de obra. La teoría burguesa y la capitalista que difieren poco, puede concretarse en dos principios:

a.      En que existe identidad de intereses entre el capital y el trabajo; y

b.      En que la libre concurrencia busca un nivel social.

Al Amparo de estos principios el capital se ha acumulado en pocas manos y los obreros no han mejorado de condición, ni siquiera con el descubrimiento de la plusvalía.

 

Entre los que tienen el capital y los que tienen la mano de obra, se ha establecido una diferencia de categorías, a la que se ha dado en llamar clases, sin más vínculo que la relación de exigencias recíprocas y las fricciones permanentes, a las que también se ha dado en llamar “lucha de clases”.

 

Aquellas luchas existirán mientras se sociabilicen los capitales y las fuentes de producción, y sobre todo mientras no quede discriminada la proporción de beneficio que se debe a cada cual.

Ese beneficio, como margen de utilidad para el trabajador o para el capital y/o la idea o conceptos promocionales que van entendidos en él, es cuestión de estudiarlo bajo dos aspectos, el del valor o plusvalía.

Ubiquemos un centro de trabajo en Huaraz. El obrero confecciona en un día un par de calzados y cobra S/. 100.00. Los gastos de material son de S/. 100.00 más y entre transporte, impuestos e intereses, el costo de ese par de calzados en Huaraz es de 220 soles, y en Lima de S/. 250.00.

En Huaraz, ese calzado no se puede vender en más de S/.300.00, pero en Lima, ese mismo calzado se vende en S/.500.00. Ese calzado en Huaraz se vendería en un término medio de 6 días y en Lima de 10. Pero si se vende por mayor, condescuento o a plazos, se vendería en menos días. De tal manera que por cada unidad de capital de S/. 250.00 el comerciante tiene un beneficio o ganancia de S/. 250.00 en menos de 15 días. Es decir que un capital de S/. 250.00 colocado o un interés mensual astronómico

 

Como es de verse del siguiente cuadro:

 

Capitales:  Precio de Costo: Valor de producto

S/.250.00            S/.250.00                              S/.250.00

 

 

Mercado:            Plusvalía:

S/. 500.00  S/. 250.00

 

 

Si la obra que llega a costar S/. 250.00 se vende en el día por capital. Pero como se vende en “mercado” por S/. 500.00, se obtiene una utilidad de S/. 250.00.

 

¿A quién corresponde esa mayor utilidad? El salario de 100.00 soles corresponde a un promedio de fuerza y habilidad y tiempo de trabajo estandarizado en determinado lugar y tiempo. Cubre todos los riesgos de capital humano. El “capital” ha pagado todo el esfuerzo de la producción en las concesiones y modos exigibles y posibles, sin abusos de ninguna de las partes y dentro de los límites del mercado obra. De tal manera que el obrero no puede reclamar beneficio alguno por el mayor precio en su pérdida que el capital pudiera tener en el negocio de esa obra.

 

 

Esa mayor utilidad reposa en tres factores. El primero es el menor costo de la mano de obra en provincia, el segundo, es que la mercadería ha buscado un “mercado” apropiado; y tercero, la “demanda” de ese “mercado” ha pagado buenos precios y agotado el producto.

 

 

Ocurre igual con los otros productos que se venden en plazas y mercados “superpoblados”, donde no entra ni hace falta el primer factor.

 

Entonces esa mayor utilidad no será la parte del salario no pagado, sino efecto de la “gran demanda” de los centros superpoblados o sencillamente “demanda” y “mercado” son superestructuras sociales, en las que nada ha aportado el comerciante o el capital sino la sociedad o el Estado. Ese mayor valor proporcional creado por la “demanda” y el “mercado”, corresponde al Estado. Es decir es la Propiedad Social.

 

Aquella riqueza del “mercado”, es como aquellas riquezas naturales consistentes en los mercados mineros, pluviales, de los bosques o de otras fuentes naturales que pueden no digamos centuplicar el capital sino, millonizarlo en pocas horas o con poco esfuerzo. Un juego de bolsa comercial es una especulación sobre valores de crédito, en las que si el Estado no lo avala con las garantías de la ley, no hay operación. La plusvalía aquí radica en que el Estado no se le toma en cuenta como beneficiario.

Citemos un ejemplo objetivo sobre la plusvalía social que resulta en la explotación se un ÓMNIBUS que basta que se acerque a un “paradero” para que encuentre una “cola” o colas de multitudes” que desean transportarse. Pues esa empresa de ómnibus aprovecha con creces y lucra de un “mercado” formado sin costos para ella. Así como esa empresa de transportes, otras empresas y otros productos ingresan a ese mercado, lo atosigan, lo exaccionan y hasta lo monopolizan o lo esclavizan. Una serie de productos –una línea de productos- de la “casa” y un “sistema de créditos de la casa se han asegurado de un “mercado”.

El derecho del Estado en la plusvalía que crea el mercado de demanda es incuestionable. El ha contribuido a esa mayor riqueza y además es dueño de los recursos naturales de producción. Nada tiene que ver en ello lo que el Estado se cobra por IMPUESTOS. El impuesto es un gasto de sostenimiento del Estado, no es una participación de utilidades. De manera que cuando el Estado Peruano ha dictado la Ley de Comunidad Industrial, no es que es apropie de la propiedad privada, sino que la revierte sencillamente, y, en vez de pasarla a las arcas fiscales la pone en manos de quienes la trabajan.

En el “ayllu” la riqueza es un bien colectivo. Las cosechas, como los hilados excedentes iban a las “collcas” comunales. El producto de la labranza de las tierras del Sol y del Inca también a las “collcas”. De ahí salía para cubrir las necesidades del ejército y del culto, de las gentes desvalidas, pobres o necesitadas.

Esta mentalidad colectiva y comunitaria se ha venido conservando con las modificaciones que la aculturalización a la civilización occidental ha sufrido. En las Comunidades de Ancash se observa aún que en tiempos de cosechas los “campos” recogen de cada labrador una cantidad de cosecha para el “común” y otra cantidad de “primicias” para la Iglesia.

También hay las “pitanzas” para el maestro de escuela. Todo lo cual justifica que los recursos naturales o los superestructurales eran de la comunidad, lo que permite entender a los campesinos de hoy que la plusvalía de mercado es una riqueza colectiva y que cuando la Ley de la Comunidad Industrial ha dispuesto que un 10% de la renta neta es por participación de utilidades y que el 15% de esa misma renta en cada ejercicio promocional hasta llegar al 50% del capital de la Empresa en su patrimonio no ha hecho más que dar forma legal a una práctica ancestral del “ayllu”.Esta última participación que incentiva a los trabajadores es mientras el Estado no disponga otra cosa de aquel Patrimonio Social.