Las
Alturas de las punas
Cabana,
Bolognesi, Huandobal y Pallasca y Puyalli
En Tuctubamba las lagunas de Pachorgo
y los nevados de Ojopito ponen sobre el tablado de
la puna una visión de caravanas. La meseta tapizada de verde y
salpicada de flores amarillas ofrecen su alfombrado velloso a la caricia del
viajero. Sobre la tersidad de las lagunas el viento dibuja ondas turgentes y
sinuosas. La vista se pierde en la planicie y contempla embelezado la albura
ebúrnea de los nevados y la grácil movilidad de los montes. La
altura severa y cavilosa tiene empeños de Protéo
y afanes de titán. Pone en el alma una rara ansiedad de
incursión y una inefable voluptuosidad de interrogación y
ensueño.

El
paisaje desciende ligero y receloso por las ladera
de Ranra. Sobre el césped los pajonales
avientan su cabellera y se escucha una melodía angustiada. En las
pendientes las chorreras se precipitan haciendo brotar copos de espuma; las
pequeñas faldas anidan pozuelos en los que la superficie cristalizada
ofrece una riqueza de figuras geométricas. Castillo Pashas

En Cajapay el paisaje se humaniza. La mano del
hombre le ha añadido un aspecto inusitado de cordialidad. El humo de
las cabañas apunta su nota melancólica y los rebaños y
alcázares decoran el páramo. Málape,
Mashgonga y Cungush
asoman su cerviz de centinelas, advierten la tempestad de la montaña y
oponen sus espaldas a la tormenta, por sobre sus faldas festonean los
terrenos labrados.
Con una extraña emoción de agilidad y salto de desconfianza y medrosidad la población está apiñada
en la ladera. En ella el hombre ensaya el equilibrio y ejercita la
imaginación en los temas más abstractos: se repliega el
espíritu temeroso de caer y se eleva magnífico, conciente de su
poderío. Las calles vencen una pendiente espeluznante. Por las veredas
de laja los viandantes patinan y hay escalas en las calles a manera de
graderías. Por la célebre calle de "Las Siete
Caídas", es difícil no perder el equilibrio, y hay caídas
cómicas que losos celebran con disimulo.
Ruinas De Pashas
Por
un lado las campiñas de Llócover y Huacoloma y por otro Coyopampa
estrechan al poblado con sus mantos de doncellas campesinas, recamados con
flores de moras y crespones de alizares. Más
abajo Ugabú, Ayja
y Cuyubamba insinúan un ligero sabor de
sensualidad; la vegetación de clima templado ofrece una
sensación voluptuosa que viene a poner su nota inesperada de
campiña zalamera y tropical.
A los extremos de este cuadro Huacalmalca y Chunapampa hacen vuelo a la pradera con sus campos tibios
y vegetación tupida, dan al sentimiento lumbre de pasión y al
valle realeza de templo.
En Pasash y Llactabamba el paisaje
está animado de historia. Los monumentos arqueológicos y
cerámicos encontrados atestiguan su grandeza. La tradición ha
conservado el
relato de un idilio principesco y puesto sobre el espíritu
un afán de romance. El pader José de Arriaga, en su libro "Estirpación
de Idolatrías en el Perú" refiere que en Cabana se refugió el dios Catequilla
a raíz de que Húascar mandara
destruir el templo de Huamachuco, donde se hubiera
vaticinado la muerte de Huayna Cápac.
En Shañoc y Trebolpampa la
campiña se enseñorea y colora, sobre relieves de madrigal, de
emoción rara que estremece al corazón y abre los senderos del
amor. En sus estancias el alma tiene angustias de vencimiento.
Cabezas Clavas de Huaylas
El trovador encuentra
motivos propicios y recoge del ambiente temas cautivantes, legendarios,
provocativos del verso y de la música.
En Aracabo y Suraca el
oro por si solo ceba el prisma de la fantasía y da al minero y
sencillo morador una rara inquietud de riqueza y aventura.
Vicuñas donadas por el Dr. A. Toledo
A lo lejos del
horizonte se extiende un semicírculo y las luces del crepúsculo
que van a refundirse al mar ponen la nota soberbia de un ocaso grandioso,
bordado por todas partes con las sedas más ricas y engastada con la
pedrería más rara y fulgente. Todo el paisaje se ilumina del
mágico concierto de tono y color del véspero; la
fantasía abarca temas de infinitud y la estampa de la tarde por su
poderosa y perenne fuerza de ensueño adquiere una irresistible
atracción de misterio y de espiritualidad.
Es la sugestión del encanto y de lo sublime que han puesto
sobre las almas una rara dulzura y en sus pupilas el hechizo de los ojos que
han absorbido inmensos cuadros de belleza.
El horizonte es otra maravilla de
este paisaje. La línea alada del
límite irreal es como una exhalación. La sucesión
infinita de planos azules, la movilidad del juego de los círculos
concéntricos que se van ensanchando y esfumando en una emoción
de visión y misticismo, los copos de nubes que flotan o estallan en
miríficos colores dan sentido y contenido al simbolismo del paisaje sideral.
En este escenario de recursos
inagotables, de grandes contornos, de superficies extensas y de poderosa
fuerza de sugestión el hombre goza el placer de una edénica
inmersión en la pura y serena albura del espacio.
Por las tardes el paisaje
está animado de las moles de granito como si a su lado lo intemporal
estuviera advirtiendo la eternidad de ésta belleza y comunicando a la
vida el sentimiento de fuerza y masa de toda su
expresión de intensidad y capacidad.
De Cabana a Bolgnesi una
franja de camino luce su vía melódica. A ambos lados de la ruta
las alquerías prestan su animación geórgica. En Shanoc la via se colora de
verdor y en el Alto del Respondón los cascos de los caballos
tamborilean impaciencias y las voces de los viajeros son devueltos por el eco
metálico de la montaña. Un sabor de sortilegio y magia pone su
nota anecdótica a la ruta. En Shambogall
cambia el escenario: al fondo un panorama de campiñas eufóricas
anuncian a Bolognesi. La población de clima
templado es acogedora. Es una estancia del ensueño. Por todas partes
está circundada de alfalfares y la vista se pierde en un océano
de esmeralda. Por sobre estas estampas de suyo tan sugestivas la mano del
hombre ha acicalado encajes de belleza en Mormorullo
y Cambal, filigranas en Chuapi
y Huañubamba y tonalidades apasionadas en Ninabamba. Los cercos rojizos de los corrales y huertos
son como hebras doradas en un campo esmeralda.
Por Huando y Caypana las
vetas de oro y antimonio excitan la ambición. Los escolares juegan con
trozos de talco y laminas de mica que extraen de los yacimientos vecinos. Son
las primeras dosis de fantasía que captan los niños en el
pueblo.
Simbologia Pasash
En Sacaicacha la campiña se reviste de
ornamentos de selva. El clima tropical da a lucir espinos seculares y la
cimera de los árboles mece el rumor de las aguas auríferas de Tablachaca.
En Cabana
y Bolgnesi los ríos están lejanos. En
cambio han jalonado acequias portentosas que recorren distancias
inverosímiles. Pasan por los riscos y quebradas y la música de violin que dejan a su paso borra la oquedad de la puna.
De Cabana a Huandoval
atraviesa el camino por pajonales. Pasa por la cumbre de Cungush
dejando a la izquierda los escarpados inhóspitos y la guarida de
cuatreros de Curkupaico. Más abajo
están las ruinas preincas de Chucana, cuyos
ejemplares más destacados son las finas esculturas liticas
de cabezas, medias lunas, monos y estelas, características de la
cultura Pashas de influencia Recuay.
Luego a un costado del camino están los baños termales,
estancia de reposo de Huandoval. Las
campiñas de Unosácape, Pillaushida, Angaypagua, Sácache y Chauchara por
un lado y por otro La Pampa,
Quimarball y Huarazácape
rodéan a la población con sus
árboles de sauco y sus montes de olorosa úñica. Huandoval
es una población nostálgica. En sus calles solitarias transita
la melancolía.
En el Castillo de Puca quedan las huellas de la cultura aborigen. La
tradición conserva leyendas de poemas indígenas que los
juglares repiten en sus canciones de gesta. Las quebradas de Chonta y Quisuarball tienen cadencias pastoriles. El valido de las
ovejas le han dado su tónica.
De las lagunas de Pusacocha bajan torrenteras. Las
aguas se escurren como manojos de hebras de cristal y se precipitan como agujas
imantadas.
En seguida se entra a los linderos de Pallasca, Chiquida, Huacaschuco, Paccha, Quinocoy, Llaymucha y Sacaicacha son
estampas sugestivas de la campiña que atemperan el pardo rojizo de las
lomas. A la entrada del pueblo está Shuygurán
en evocación de su pasada grandeza minera. Se ingresa a la ciudad por
el espinazo de un bastión y la población está repartida
a ambos lados, teniendo por referencia la plaza. La ciudad es de abolengo
español, lo atestiguan el estilo de sus casas y el magnifico templo de
arte colonial.
En Pallasca el agua es una visión. A lo
lejos el río de Tablachaca remueve la
ambición y excita la sed. Pero el río se escurre esquivo y
huraño. Ante este fenómeno el hombre ha reaccionado y labrado
canales que transportan el agua desde las Alturas nevadas. Alguno que otro
manantial presta su ilusión. No obstante existen campiñas
hermosas. Pambagua, Apuhuanga,
Tambamba y Panguya son
estampas floridas que bordéan la
población y le dan el primor de su aroma. Un sabor de madrigal ronda
en sus aleros. Pero lo que dá a Pallasca abolengo bucólico y fervor
romántico son sus Vegas de Shindol, Matibamba,Arapampa, Shullgomo y Cuyomarca. El clima
templado presta su embrujo y la vegetación tiene tonos vehementes.Los huertos con sus plantaciones de vid y las
alquerías con sus jazmines están denunciando estancias
propicias para el ensueño y para el arte. El escenario se idealiza con
las fiestas campestres y la música le añade su dulzor y fantasía.
En Pampa Negra cobra la campiña arrestos de selva. El clima tropical
da a la vegetación contornos de severidad y coloraciones de verde
oscuro. En la playa los arenales del Tablachaca dan
a lucir el brillo de su oro y las aguas termales sus caudas sensuales. Por
Córdova y Maybur la campiña es un
oasis y una esperanza. Por todas partes lo rodean Colinas deleznables y
tierras cuarteadas y sin embargo persiste Maybur.
Pero lo que más embarga la atención es que no obstante lo
accidentado del terreno una laguna mantuviera incólume sus aguas. De
dónde viene y cómo se sostienen estas aguas?.
Para el regnícola es una cosa de embrujo y sortilegio. Una hechizante
fantasía puebla la campiña, mientras al pie el Tablachaca acaba su base y avienta su limo de oro a las
playas. Caravanas de hombres y mujeres siguen el curso del río que ha
de servir para exaltar la fantasía.
Esta singular forma del paisaje ha dado a Pallasca
su legendaria personalidad. Ni el desmoronamiento de Santa Lucía ni el
deslizamiento de Maybur le amedrentan. Por el
contrario acrecientan su temeridad.. otrora cuando el pallasquino no
saldaba sus querellas a balazos se dedicaba por las noches a hacer luminaria
a tiros de revolver. Y mientras los bardos entonaban sus endechas los mozos
de toga hurtaban doncellas para llevarlas al altar. Este abolengo
romántico les viene desde que una de sus ñustas
cautivara a Huayna Cápac. De este idilio
real nació el Inca Apallasca Vilca Yupanqui Tuquihuaraka,
personaje destacado cuyo hijo, Apu Pumachaiko fue ahijado de Francisco Pizarro. Este
príncipe tuvo como sucesor a Apu Pariacallán Tuquihuarka,
Inca memorable y galante a quien el Emperador Carlos V, por Cédula
Real de 9 de mayo de 1545 reconoció su linaje y nobleza como lo
mencionara el padre Augusto Soriano en la escritura de 2 de octubre de 1737
otorgada a don Eusebio de Santa Cruz dscendiente
del Inaca Apu Pumachaiko…en sus apuntaciones de "Curacazgos y Caciques Principales".
Por Apuhuanga y Cuyumarca
( la estancia del amor) las ruinas pre-incas ofrecen su inquietud histórica y su
belleza nostálgica.
Frente a Pallasca y a la orilla derecha del Tablachaca, en medio del torbellino de colinas resecas
está Puyallí. La población es
más bien cuestión sicológica que geográfica. La
escasez de agua ha puesto su nota melancólica en el paisaje. Pero el
tesón del hombre se ha empeñado y la población va
creciendo como una promesa. Una sucesión de lomas se pierden en el
infinito: en abril y mayo son mantos floreados y en el resto del año
son sábanas rojas que el sol calcina y cuartea el invierno. En los
cerros y en las playas el oro exacerba la ilusión y los hombres
tocados por la fiebre minera catean las cumbres o en caravanas descienden al
río.
Puyallí es más una fantasía
que una realidad. Su cielo azul damasquinado lo absorbe y lo licua y da a
entrever la laguna de Sauracocha. Apu-llacta quiere decir : pueblo principal.