EL POEMA   DE  HIERRO

 

Dame  un poema de hierro que restalle sobre las

         vacías cabezas

y una  mano firme en la muesca de la antorcha,

un poema de sangre y de huesos impacientes

y la pluma de carne firmando sentencias

en las culposas mentes de los jinetes locos;

que convierta en sal a los cobardes, un poema de

         hierro

oxidado y torvo pateando en el estanque a

         medianoche,

cuando ni los muertos sueñan con la aurora.

Un martillo de palabras para  dejar al mundo con las

         cuencas vacías,

rabioso ademán, piedra encendida en la boca  de los

         que duermen

mientras el agua sube  en el Gran Cuarto Esférico;

un puñetazo en el sexo de la muchacha arrodillada,

idiota, paciente humanidad,

que no ve, que no oye,

sólo conversa con las cenizas de sus dioses muertos.


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